El legado de Horkheimer
II – Libertad con responsabilidad social

por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

Recuerdo las palabras del querido maestro Marc Bloch, cuando afirmaba que la historia es un esfuerzo por conocer mejor y, consiguientemente, una cosa en movimiento. Más, nos decía, un esfuerzo semejante exige del analista, forzosamente, una dosis bastante amplia de selección personal[i].

 

Pues bien, en este repaso a la obra horkheimeriana, que lleva como intención subterránea y de largo plazo, la construcción de una teoría crítica latinoamericana, es que quiero destacar, y por ello persisto en el esfuerzo, la vocación de ser libre y a la vez, responsable socialmente, del filósofo judío alemán Max Horkheimer, como de nosotros mismos.

 

Este segundo paso en tal sendero[ii], lleva la impronta de una obra colosal de nuestro recordado filósofo: “Crítica de la Razón Instrumental”[iii].

 

Hoy por hoy, a inicios del año 2007, en que permanece con fuerza una cultura del miedo[iv] propalada desde la Nueva Roma, hay conceptos que por su cruda realidad, léase virulencia, laceran y llaman a reflexionar, a ahondar en nuestro pasado, para ver qué hubo y qué hay que debemos atender y corregir para que esto no prospere hacia la ausencia más absoluta de lo humano en el hombre.

 

Así, y en el artículo citado, se da cuenta de la cultura del miedo que vive el mundo en estas épocas de oscurantismo no ya de la razón sino de la ramplona y torpe “guerra contra el terrorismo” otro nombre para el despliegue de la barbarie en función de un modo de dominio que comienza a ceder lugar y control.

 

La cultura del miedo nacida de una razón instrumental en franco despliegue de sus “potencialidades” y ya convertida, qué duda cabe, en dogma, luego en predicamento que no precisa –ni espera- validación, verificación alguna, el hombre deviene cada día más animal y menos, mucho menos, humano.

 

Dice el autor del citado artículo, que el miedo nubla la razón y que tal cultura, la del miedo,  es como un geniecillo al que se ha permitido salir de su botella. Que cobra vida propia y puede llegar a ser desmoralizador. Finaliza, apelando a las tradiciones, esto es, al pleno, o semipleno, despliegue de la libertad de conciencia, la libertad de expresión y, convengamos, la libertad de religión.

 

Pero ¿cómo dar un paso en el sentido de la afirmación, o quizá deba decir reafirmación, de tales libertades si antes bien no volvemos la mirada hacia aquel otro momento de pleno terror y plena barbarie en nuestro mundo?

 

Una vez más, en este caso ahora recordado, decimos que uno y otro ejemplo no son, nadie debe esperar que sean, accidentes en la vida de los pueblos del mundo. No. Son consecuencias, modos de concluir fases de negación de lo sensible en la intelección de las grandes y vitales cuestiones del hombre.

 

Ningún mandamás de turno, junto a sus secuaces y a lo largo de la Historia, pasada como presente, sea en América Latina, como en América del Norte, Europa o donde fuere, que los ha habido y hay en cada una de las zonas de nuestro planeta, fue, en sí mismo, una excepción.

 

Tampoco lo han sido ni lo son los diferentes fundamentalismos en curso –religiosos como políticos y económicos- y todo aquel régimen que haya instalado el terror, o se valga del mismo, o incluso aquel que se vale del amedrentamiento –pongo por caso a esos hombres, militares o civiles, que suelen recrear visiones maniqueas de ciertos y supuestos próceres para desplegar meramente su dominio permanente en el asunto de sus pueblos-, como medio práctico y cotidiano de dominación, fuere del signo, aparente o real, que fuere.

 

Es el despliegue de una razón bastarda, de una razón sin conmiseración sin complementación con lo sensible, es decir, una razón que sólo se valida a sí misma como, y sólo como, instrumento de dominación de unos sobre los otros la que obra y pare instancias de barbarie en el mundo.

 

Somos nosotros, los hombres y las mujeres de a pie, siempre y en todo tiempo, los llamados a enfrentar, en el descampado, todo atisbo de intemperancia, de dominio y despliegue de brutalidad en el modo de vida de cada una de nuestras circunstancias.

 

Somos, ciertamente, corresponsables de la suerte del mundo y de nuestra propia circunstancia de vida. En grados, sí, pero igualmente la responsabilidad está en nosotros y en las acciones, como en las inacciones, que, en tal sentido, despleguemos.

 

En fin, que la denuncia formulada fuertemente por Horkheimer en el pasado, tenga eco en la conciencia de nosotros mismos y, así, nos lleve al recordarla, a actuar en pro de lo humano, a favor del otro, con solidaridad, en equidad, desde el respeto pleno y cotidiano a todas las libertades. En suma, a recordar y hacernos parte, de nuestros derechos como de nuestras obligaciones.

 

Dijo Horkheimer, en un pasaje de la obra que de inmediato comenzaré a releer con usted, lo siguiente: “Una sociedad que frente a la muerte por inanición común en amplias zonas del mundo renuncia a utilizar buena parte de su maquinaria, que deja de lado inventos importantes y que dedica innumerables horas a anuncios publicitarios imbéciles y a la producción de instrumentos de distracción, una sociedad que hace gala de semejante lujo, ha convertido, paradójicamente, la utilidad en evangelio.”[v]

 

Esto fue escrito en inglés en el año de 1947, en alemán en 1967 y en español, traducida con la altura y profundad que se debe atender a una creación de tales características, recién en el año 2002.

 

Por ello, porque hay mucho por decir pero antes mucho que reflexionar, desde la lectura de este vitalísimo texto, es que emprendo la tarea tan difícil como inexcusable, de leer, críticamente, la misma, exponiendo –que es, también y especialmente, exponerme- un pensamiento y un modo de ser manifiestamente humanista.

 

Tenemos, pues, una lucha desigual y larga frente al evangelio de la utilidad, y a sus clérigos, los hombres prácticos. Pero es una lucha que al mismo tiempo precede todo cálculo utilitario pues, es y debe ser tomada así, una apuesta por la vida, un compromiso por la mejora cierta y constatable en el llano y mirándonos a los ojos, del otro hombre, de la otra mujer.

 

Vamos, es ser coherente con el pensamiento desde una acción en pro del otro y así, intentar siquiera, reconocernos en él, en ella y avanzar, humanamente, en un progreso que consiga no apenas la obtención de cosas sino y primeramente, un mejor aire, en dignidad y en condiciones de vida, para todos los seres humanos.

 

Ese es el desafío. Esa, convengamos, es la tarea de un humano.

[i]Bloch, Marc, Introducción a la Historia, México, D.F., año 2006, Pág. 17.

[ii] Valle, Héctor, El legado de Horkheimer – Trascender desde la acción, revista Vetas del Colegio de San Luis Potosí, México, año 2006.

[iii] Horkheimer, Max, Crítica de la Razón Instrumental, Editorial Trotta, Madrid, año 2002.

[iv] Brzezinski, Zbigniew, Terrorized by 'War on Terror', The Washington Post, Domingo 25.03.2007, B01, Washington.

[v] Horkheimer, Max, Crítica de la Razón Instrumental, Editorial Trotta, Madrid, año 2002, pág. 154.

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