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Un país productivo
¿de qué?
por Jorge García Alberti
Desde
hace algunas semanas, los integrantes del equipo de
gobierno, tras la solicitud que les hiciera el
presidente Tabaré Vázquez , están intentando
presentar proyectos que permitan poner en marcha uno
de los objetivos principales de este período:
convertir a Uruguay en un país productivo.
Si bien cada uno de
los uruguayos, más allá del color político al que
pertenezca, puede compartir, en general, esa
filosofía, no resulta fácil lograr interpretar cuál
es el significado de ese concepto. En principio,
porque el mismo es tan amplio que permite numerosas
interpretaciones.
Para comenzar un
razonamiento, deberíamos preguntarnos país
productivo ¿de qué?
Porque no podemos ser
eficientes en todo lo que podamos producir. Luego
que encontremos alguna respuesta adecuada a éste
planteo, nos enfrentaremos ante la duda de si eso
que pretendamos producir, se puede hacer en una
escala suficientemente grande como para ser
competitivos a nivel internacional y obtener mejores
resultados, tanto en calidad como en cantidad, al de
otros países que pretendan hacer lo mismo.
Si llegamos a definir
esos aspectos, surgirán luego las interrogantes de
si la población, especialmente los jóvenes, tendrán
las herramientas suficientes en materia de formación
como para afrontar, a mediano y largo plazo, una
mejora continua en ese o esos rubros que les permita
avanzar en las premisas de generar empleo y por lo
tanto riqueza para el país y sus ciudadanos.
Esto es tan solo una
aproximación al tema y, como vemos, desde el
comienzo aparece como un objetivo de largo aliento
que va a involucrar a varias generaciones de
uruguayos. Es cierto que podemos seguir en la
inercia de producir lo tradicional: carne, algunos
productos lácteos, arroz, lana pero da la sensación
que para ser productivos en esos rubros, también hay
que mejorar mucho.
Quien en los últimos
días comenzó a realizarse algunos cuestionamientos
sobre estos puntos fue el Ministro de Ganadería
Agricultura y Pesca, José Mujica.
El líder del
Movimiento de Participación Popular, desde su
espacio Hablando al Sur, reflexionó sobre algunos
aspectos básicos que hacen a la cuestión.
Señaló, por ejemplo,
lo lejos que está la Universidad de trabajar en
armonía con algo que se parezca a un país
productivo.
Insistió también con
la reforma del Estado. Un Estado al que Mujica viene
criticando de forma muy cruda desde hace un largo
tiempo, no solo por la burocracia que existe y que
impide avanzar, y su Ministerio lo sufre en
particular, sino también a los funcionarios,
uruguayos que se niegan a cualquier tipo de cambio
porque pueden ver afectados algunos de sus
privilegios.
Habló también de los
intereses sectoriales y fue muy claro al afirmar que
para lograr que algo cambie en este país algunos
sectores, que se han visto beneficiados desde
siempre, deberían perder algunas de sus jugosas
prebendas y también dejar de utilizar al Estado en
beneficio propio.
Todos nos imaginamos
que si la sociedad uruguaya ingresa a esta
discusión, para lograr los objetivos a los que se
pretende arribar, estaremos años dando vueltas sin
sentido, con todo tipo de trabas.
No hay que olvidar la
premisa que señala que la mejor forma para que todo
siga como está, es intentar cambiarlo todo. Una de
las consignas del PSOE
( Partido Socialista
Obrero Español), cuando pretendía llegar al poder,
fue el cambio posible, tratando de hacer
referencia a que no se podía pasar de una sociedad
atrasada a la más avanzada de la noche a la mañana.
En Uruguay, han
transcurrido dos años de gobierno y todavía no
sabemos adónde apuntamos, cuando hacemos referencia
al país productivo.
No veo que esté en
los planes a corto plazo iniciar una discusión a
fondo sobre el futuro del Uruguay y del concepto de
país productivo.
Para eso habría que
generar un gran participación en el debate de ideas
de todos los sectores, partiendo del propio Partido
de gobierno y, como dijo una vez Vázquez, ir hasta
las raíces de los árboles.
Lo cierto es que, en
forma urgente, por algún lado debemos empezar para
evitar seguir siendo un país productivo pero de
emigrantes y jóvenes desilusionados.
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