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¡La Falta ataca otra vez!
por el Ingeniero
Agrónomo Gonzalo Pereira
Debo
comenzar contándoles que disfruté como loco el cuplé
de la murga Falta y Resto que nos critica (es decir,
a quienes nos sentimos en el gobierno junto al
Frente Amplio) porque la reforma agraria deberá
esperar una oportunidad futura para ser aplicada
Ciertamente, quienes
lucimos canas no olvidamos haber coreado (u oído)
durante nuestra juventud la consigna Reforma
Agraria eliminar la traba histórica del
latifundio. Sin dudas que el reparto de tierras fue
una clave de la izquierda y del movimiento
estudiantil.
Pero ocurrieron
cambios. Por ejemplo, el primer Congreso del Frente
Amplio aprobó en 1987 una propuesta para el agro
mediante
formación de nuevas unidades viables en
las áreas de agricultura familiar pobre;
defensa de
la agricultura familiar de mediana dimensión,
promoviendo agrupaciones
Dinamización del proceso
tecnológico... Industrialización del agro
. Pero
nada decía sobre eliminar la traba histórica del
latifundio. Además sostenía:
es preciso
perfilar con claridad la propuesta programática
frenteamplista
con propuestas viables y concretas
para los problemas actuales
Y en el discurso
inaugural del Congreso, Seregni convocaba a:
examinar la realidad, si no se comprende la
realidad, mal se puede intentar cambiarla.
Varios años más
adelante y con tales recomendaciones, el Congreso
Extraordinario del Frente Amplio en 1994 sostuvo:
El agro padece una grave situación cuyas
principales causas son la caída constante de los
precios en el mercado internacional debido a los
subsidios de los países industrializados a su
producción y a la protección que practican con
barreras arancelarias y no arancelarias
Por tal
razón se prestará especial atención a las medidas de
políticas comerciales que pueden tener influencia
sobre dichos mercados así como políticas
que
permitan aprovechar plenamente las posibilidades que
se abran. Se plantearon 10 páginas con propuestas,
incluyendo el problema del atraso cambiario del
momento, el fortalecimiento del Instituto Nacional
de Colonización, etc. Pero nada se dice sobre
eliminar el latifundio.
Ciertamente que la
murga Falta y Resto no tiene porqué saber que por
lo menos - desde el 1er. Congreso en 1987, el Frente
Amplio planteó un programa que no incluía eliminar
el latifundio. Quien lo sepa no reclamará al FA
acciones para eliminar al latifundio que nunca
propuso. Sí lo puede hacer la murga ejerciendo su
derecho a la crítica. Y bienvenida tal crítica pues
coloca sobre la mesa la verdadera cuestión: ¿Por qué
el programa de la izquierda cambió?
Desde mi punto de
vista hay que descartar una respuesta sencilla del
tipo: el programa descartó la reforma agraria
porque se fueron ampliando las alianzas, se
incorporaron nuevos sectores políticos y sociales (y
en la última elección aportaron su voto muchos
productores rurales nada pequeños). Creo que no es
el quid de la cuestión. ¿El FA redujo sus
aspiraciones programáticas y se disfrazó para no
asustar votantes en pos de tener la mayoría de las
voluntades?. ¿Cometió una picardía electoral? Veamos
la aparición de nuevos elementos económicos,
sociales y políticos que niegan tal simplismo:
1º En lo económico:
de manera lenta, no deja de desarrollarse la
acumulación de capital rural mediante la conversión
del latifundio heredado de la colonia española
hacia estancias capitalistas, con mano de obra
asalariada y guiadas por la maximización de la
ganancia. Mayoritariamente ganaderas y de cara al
mercado de exportación. También en la agricultura
extensiva, sobre todo del litoral oeste, con una
fuerte tecnificación obligada por la competencia que
marginó miles de pequeños y medianos productores. Lo
mismo ocurrió en la producción lechera, la
producción arrocera y otras actividades rurales. La
sobrevivencia económica de las explotaciones
agropecuarias requirió cada vez más superficie, más
equipos, más tecnología; en síntesis: mayor capital
agrícola. Muchos lo lograron pero muchos emigraron a
la ciudad, como parte de un fenómeno mundial. Pero
en nuestro caso agudizó el histórico vacío rural.
2º En lo social:
la población rural bajó de 318 mil personas en 1970
a 188 mil en el año 2000. Se va consolidando así un
escenario social inverso al de países como México,
donde masas inmensas de campesinos llevaron adelante
luchas exitosas - frecuentemente sangrientas - por
la tierra.
Y el desarrollo del
capitalismo agrario nativo orientó prácticamente
toda la producción al mercado, a la venta; casi no
persisten predios que sobrevivan mediante
autoconsumo. La producción agropecuaria solo permite
vivir si logra la competitividad antes indicada,
cosa que sabe la población rural. No existe, salvo
en la lechería, reclamo de tierra: está a la vista
la ruina de los pequeños agricultores, en particular
los colonos. Y tampoco existen sectores urbanos
dispuestos a repoblar el campo; que yo sepa, salvo
una excepción mundial que no toco aquí, no hay
condiciones para una marcha atrás de la
urbanización. Por si fuera poco, comprobamos que las
más importantes movilizaciones de la población rural
como el paro cívico contra la dictadura en 1983 y la
gran manifestación en Montevideo, abril del año
2002, no fueron por reclamo de tierras sino por
problemas ligados a su peripecia debida al atraso
cambiario ocurrido en ambos momentos y sus
consecuencias sobre el endeudamiento rural.
Ni la reforma agraria
ni la eliminación del latifundio son posibles sin
una poderosa población rural que reclame tierras.
Tal cosa no sucede en Uruguay.
3º En lo político:
la derrota de la dictadura abrió un periodo
histórico novedoso, con imposibilidad de impedir la
llegada al gobierno de fuerzas de izquierda y
progresistas triunfantes en elecciones. Cabe la
esperanza que en adelante la Constitución Nacional
sea respetada por todos. Incluyendo sus Artículos 7
y 32 que establecen el derecho a la propiedad
privada. Hoy, eliminar la traba histórica del
latifundio con cumplimiento de la Constitución
significa la compra de tierras de tal carácter por
parte del estado. El valor de los campos de más de
2.5 mil hectáreas es del orden de 8 mil millones de
dólares. ¿Está dispuesto el pueblo uruguayo a pagar
impuestos dirigidos a tal fin?. Y sobre todo:
¿actualmente tenemos certeza que la distribución de
tierras mejoraría las condiciones tecnológicas, de
productividad, de empleo y de vida en el campo? Creo
que no, con la excepción del redimensionamiento de
tamberos pequeños.
Mi opinión, en
síntesis, es que el avance del desarrollo del
capitalismo agrario por la vía prusiana cerró el
camino a vías alternativas más deseables y rápidas,
como la norteamericana (o farmer); el programa del
Frente Amplio no retrocedió sino que registró las
nuevas condiciones del campo y del país. En efecto,
el gobierno encara y encarará otras tareas
institucionales pendientes y necesarias para el
progreso rural y nacional.
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