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Brasil: visita reciente de Bush
revive el viejo juego de suma cero
por Durval de Noronha Goyos
Bajo
un nuevo ropaje, la reciente visita del presidente
George W. Bush a algunos países seleccionados de
América del Sur procuró promover, una vez más y,
naturalmente a su favor, la política externa
comercial del juego de suma cero, donde la ganancia
del vencedor es la pérdida del derrotado.
Por consiguiente, al
representar los intereses comerciales más
proteccionistas de los Estados Unidos (EE.UU.), el
presidente norteamericano procuró inicialmente
causar fisuras diplomáticas en la región, al
promover la tradicional dicotomía maniqueísta entre
países buenos y países malos.
En realidad, la región tiene hoy,
conquistada a duras penas, una situación envidiable
de estado de Derecho y de libertades democráticas,
que inclusive ofrece una lección a los EE.UU. de
Bush. Así, son hoy en día los países sudamericanos
sociedades democráticas en busca de desarrollo
económico y del progreso social, arduas tareas
conducidas por gobiernos legítimos. Brasil no es un
país
bueno,
de la misma forma que Argentina, Bolivia y Venezuela
no son países
malos.
Al promover su agenda de visita, el
presidente de los EE.UU. asignó con una anacrónica
ayuda,
que consistiría en el envío de un navío hospital al
Caribe, migajas para el aprendizaje de la lengua
inglesa, y un monto de recursos, doblado para U$S 14
mil millones, la mitad de los cuales para que
Colombia adquiriese equipamiento militar en su país,
a fin de sustentar una política, tan estancada como
fallida, en la guerra civil que asola hace décadas a
los colombianos.
Esta política se
asemeja a lo que ya se hacía hace más de un siglo,
en la época del presidente Theodore Roosevelt, y
debe ser pulida, aunque enérgicamente rechazada,
pues es afrentosa, además de vil.
El enorme egoísmo
vigente en los círculos oficiales norteamericanos
impide que los líderes de los EE.UU. se guíen, por
ejemplo, por lo que ocurrió en Europa en términos de
desarrollo regional desde que el Tratado de Roma fue
firmado, hace exactamente medio siglo.
En ningún lugar, el
juego de suma cero se planteó con mayor cinismo,
incluso, que en Brasil. La cuestión del etanol, muy
alardeada, fue un ejemplo determinante. De hecho,
los EE.UU., al mismo tiempo en que reconocen la
importancia del combustible renovable, penalizan a
Brasil con un arancel del 2,5%, más que el doble de
su promedio, así como una tasa suplementaria de U$S
0,54 el galón, lo que representa un tributo
arancelario de más de veinte veces su arancel
medial.
Tan escandaloso
proteccionismo está fundado en los grupos de presión
de los estados productores de maíz de los EE.UU. y
fue acogida en las líneas generales de la política
comercial norteamericana de libre comercio
selectivo, apenas donde interesa. Con todo, la
necesidad de una alternativa estratégica al petróleo
empuja al país a buscar en el etanol uno de los
remedios.
Sin embargo, tal búsqueda, dentro de
las doctrinas tradicionales de política comercial
norteamericanas, debe ser hecha de manera de
permitir que solamente sus empresarios sean
beneficiados en el emprendimiento.
Old
habits die hard
(Viejos hábitos difícilmente mueren, en traducción
libre).
De esta manera, al
mismo tiempo en que mantienen los elevadísimos
aranceles de importación, los EE.UU. quieren buscar
la importación del etanol, no de Brasil, que
continuará siendo discriminado, sino de países de
América Central y del Caribe, donde los miembros de
otro poderoso grupo de presión, los
cubano-americanos de Miami, tienen sus propiedades.
Así, Brasil
suministraría su tecnología y capitales a dichos
países, que producirían para atender el mercado
norteamericano, mientras las fronteras de los EE.UU.
continuarían cerradas a los productores
sudamericanos, teniendo en cuenta el elevado tributo
arancelario. Así, vencerían el grupo de presión del
maíz y el lobby de los cubanos americanos de Miami,
al tiempo que los brasileños continuarían como
perdedores, alienados del mercado norteamericano.
Para lidiar con los
estrategas de la política comercial exterior de los
EE.UU. los brasileños deben aprender a reconocer sus
fríos fundamentos, basados en la primacía del lucro
absoluto por medio del juego de suma cero.
No podemos
comportarnos como debutantes excitados, deslumbrados
y desorientados frente a los especiosos argumentos
diplomáticos, del verdadero carnaval de ilusiones
que se nos presenta.
El desarrollo de un
mercado internacional para el etanol exige socios
más confiables que los EE.UU. de George W. Bush.
Traducido para LA ONDA DIGITAL por
Cristina Iriarte
(*)
Árbitro de la Organización Mundial de Comercio (OMC)
y profesor de post-grado en Derecho Comercial
Internacional. Es socio senior de la oficina de
abogacía Noronha Abogados y fue representante ad hoc
del gobierno brasileño para la Ronda Uruguay del
GATT.
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