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Argentina: un
país autobloqueado
por Pablo Broder *
Las
últimas pascuas, en la Argentina, permitieron
presenciar una serie de hechos, que constituyen la
imagen opuesta a la de redención y de libertad, que
sugieren tanto la conmemoración católica como la
judía.
En un inteligente comentario, un
lúcido columnista (1) señalaba:
Hordas. Hordas uniformadas con gases
lacrimógenos asesinos; hordas de encapuchados con
garrotes que rompen o incendian a su paso; hordas de
ambientalistas que cortan rutas y puentes
internacionales; hordas de delincuentes que roban y
matan sin piedad.
Las calles argentinas hace rato
que se han canibalizado, sea por el crimen
organizado que hace correr la droga o que producen
"a la carta" oleadas extrañas de muy puntuales tipos
de delito, y por los nuevos agentes sociales que se
apropiaron de la protesta callejera y acampan en
medio de una avenida cada vez que se les ocurre.
Grupos de choque compactos o dispersos producen
imparables actos de vandalismo en las ciudades ante
la anomia de la ley y de una autoridad que se
repliega o que cuando avanza, como en Neuquén, mata.
Plazas y edificios públicos enrejados; servicios de
seguridad parapetados en sus garitas;
. energúmenos
que desde la función pública crispan los nervios,
reavivan viejas discordias y esconden la mano
después de tirar la piedra.
Los hechos.
Los sucesos de la reciente Semana
Santa del 2007 no fueron ni santos ni pacíficos.
Una movilización violenta del gremio docente, en una
lejana (y rica) provincia argentina, Neuquén, generó
una acción policial que costó, una vez más, un
muerto. Extraño país en el que la policía sólo
puede hacer dos cosas: mirar o matar (2). Así
comentaba el editorialista de La Nación, quien
agregaba, ese mismo día
El segundo muerto de la
era Kirchner,
Esas dos muertes inútiles fueron
inexplicables consecuencias de conflictos sociales
.
Kirchner no estuvo el
jueves ingrato. Otra extrañeza de la Argentina: hay
un presidente omnipresente cuando se trata de
vapulear desde el atril o cuando le toca la buena
hora de hacer pomposos anuncios oficiales. Encuentra
refugio en los hielos del Sur, en cambio, cuando la
contrariedad se abate sobre su país y su gobierno
En esos días, una vez desencadenada
la tragedia, grupos de bandoleros , con sus rostros
tapados tan amenazadores como los palos y elementos
contundentes que portan, destrozaron impunemente las
oficinas que el Gobernador de Neuquén instaló en la
ciudad de Buenos Aires, para promover su candidatura
( a estas horas quimérica) a Presidente de la
Nación. La policía, una vez consumado el ataque con
incendio incluído, prolijamente filmado por las
cámaras de las distintas emisoras televisivas,
recién entonces intentaron reprimir. No se hizo
intento de disuasión. De otro modo, el vandalismo no
se hubiera consumado.
Agrega Morales Solá: En el
origen del drama neuquino está el método Kirchner. A
estas alturas ya no caben dudas de que fue un enorme
error aquel anuncio
sobre el aumento del sueldo
básico de los docentes.
Debieron producirse
previamente el diálogo y la reflexión, dos notables
ausencias en los tiempos de Kirchner. ...(cuya
prioridad)
era otra: hacer
de Daniel Filmus, ministro de Educación, un
candidato conocido y popular a jefe de gobierno de
la Capital.
. Filmus, una persona capaz y
honorable, es ahora más conocido, pero no más
popular.
.
El método Kirchner
Recién pasadas 48 horas del pico de
tensión, el Presidente, una vez más en un acto
público, rodeado de seguidores vociferantes, arengó,
nuevamente contra la prensa y contra sus opositores,
y defendió su actitud prescindente en materia de
violencia y disturbios callejeros, como si la única
opción fuera observar pasivamente mientras las
hordas a que hacía referencia La Nación, se adueñan
de las calles, puentes, avenidas, bloquean la ciudad
de Neuquén, interrumpen el tránsito de los puentes
vitales que conectan el Mercosur desde el territorio
argentino hacia el Uruguay, como si la simple
enunciación de una reivindicación, una protesta o un
reclamo fuera justificación suficiente para ejercer
cualquier tipo de acción, toda clase de desmán,
ante la pasiva inacción de quienes no solo tienen el
derecho sino la obligación de preservar el orden y
defender a los ciudadanos pacíficos del accionar de
la violencia.
El eje de la discusión, del análisis
no está en el planteado por el Presidente Kirchner:
asistir pasivamente a los desórdenes o reprimir,
sino en: cumplir o no
cumplir la Ley.
Muchos países, - algunos vecinos como
Chile, Francia, Corea, etc. sufren periódicamente la
aparición de disturbios callejeros. Estos países,
con la ley en la mano, hacen uso de los instrumentos
que les otorga la misma, justamente para preservar
el orden público, y proteger a la sociedad de
transgresiones y violencias, que una vez
desencadenadas, pueden tener límites inimaginables.
Como la muerte de humildes ciudadanos, o de honestos
policías.
No cumplir con la obligación que la
ley acuerda e impone a los gobiernos, deja a la
ciudadanía inerme a manos de los violentos que por
diversas razones se adueñan del país. Muchos
conflictos sindicales (como el docente que
desencadenó los hechos de Neuquén) tienen como
metodología, una vez desatados, cortes de rutas,
puentes, bloqueos de empresas, de accesos a
depósitos, etc. ¿Esto es un instrumento legal para
hacer valer derechos -que pueden o no ser legítimos-
, en el marco de una confrontación social?
El Estado de Derecho entre paréntesis
Argentina es un país donde la
vigencia de las leyes, el Estado de Derecho, en su
más absoluta expresión, está entre paréntesis. Como
se escucha comúnmente en los comentarios de los
ciudadanos: Aquí cada uno hace lo que quiere
. .
Verdad a medias, pues es así mientras obtenga la
tácita o expresa aprobación del Gobierno. Porque en
lo económico, los exportadores de carne, aun
queriendo tuvieron dificultades para exportar, las
empresas de servicios públicos hace años que tienen
sus tarifas congeladas, las autoridades
universitarias de Buenos Aires penaron un año (por
acción de los violentos) para reunirse a efectos de
elegir su rector, etc.
Frente al avance de los datos
económicos publicados por el Gobierno, (salvo cuando
no le son tan favorables, -para lo cual interviene
el Instituto Nacional de Estadística y Censos a fin
de morigerar el índice de la inevitable
inflación-), Argentina ha perdido calidad de vida.
La inseguridad general, el clima de
intolerancia, la violencia e intemperancia
declamadas desde el púlpito presidencial y por otros
funcionarios oficiales, la falta de aceptación de
disenso y de confrontación civilizada de ideas,
diversos actores sociales cooptados, sea
voluntariamente, sea por necesidad económica o por
temor, incluyendo sectores de la prensa, dan la
imagen, en algunos casos, de una monocorde
expresión masiva, o de resignación en otros, pero
que para los ciudadanos que añoran un diferente
clima convivencial, resulta en muchos momentos,
agobiante.
Y que conduce inevitable a
violencias, desencuentros, desasosiegos. Y también a
la muerte como le sucedió al maestro Carlos
Fuentealba, allá en el lejano Neuquen.
* Economista argentino. Su último
libro: Dos años en la era K. Editorial Planeta.
Buenos Aires.2005
(1)
Sirven Pablo. Diario LA NACION de
Buenos Aires. Abril 8 de 2007.
(2)
Morales Solá
Joaquin. Op. Cit. Abril 8 de 2007
LA
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