Situación de los inmigrantes
peruanos en Chile
por Gonzalo Wielandt*

Una característica de las inmigraciones que han llegado a Chile son las estrategias de inserción que han ocupado de tal modo de efectuar su proceso de identificación con la sociedad de destino. En el caso de los inmigrantes peruanos, éstos evalúan por una parte negativamente a la sociedad chilena como una sociedad injusta donde no hay igualdad de oportunidades, es una sociedad burocratizada, segregada, no libre, difícil de entender y lo más negativo, fuertemente dividida en clases sociales (Mella O. y A. Stoherel, 1999, p. 187).

 

En este sentido cabe entender que mientras más dificultoso es el proceso de inserción, más negativa será la opinión que se tiene de la sociedad de destino. Por otra parte, la evaluación de los inmigrantes peruanos sobre la sociedad chilena es positiva en comparación con la de otros grupos de inmigrantes, lo que se podría deducir que se está en presencia de una inserción no conflictual. Esto se explica porque la mayor parte de los peruanos se inserta socialmente en los sectores populares, a pesar de que no son un grupo de inmigrantes exitosos económicamente (Mella O. y A. Stoherel, 1999, p. 188).

 

Panorama general

Chile en general y comparativamente no ha sido un país que haya recibido grandes masas de población de inmigrantes, ya que como lo muestra el Cuadro 1 los años censales que presentan mayor peso porcentual de inmigrantes fueron 1885 y 1907, seguidos de 1920,pero en la medida que avanzan los periodos intercensales se refleja una disminución notoria del peso porcentual de los inmigrantes, hasta el último periodo intercensal, en donde la tendencia se revierte.

 

En el último periodo intercensal se aprecia un aumento considerable entre la población inmigrante, ya que de 1992 a 2002 ésta aumentó en 69 867 personas. Esto puede explicarse por el importante desarrollo económico, la estabilidad política y social del país combinado con una serie de factores expulsivos en los países de origen, sobretodo en los países vecinos.

 

El último Censo de Población llevado a cabo en el año 2002 muestra que del total de inmigrantes registrados 149.762 provenían de otros países del continente americano, es decir, el 81,19% del número total de la población inmigrante. Dentro de estas cifras los inmigrantes argentinos alcanzan los 50.448 y los peruanos 39.084, o sea, 33,69% y 26,10% respectivamente de la población total de inmigrantes americanos. La diferencia entre ambas poblaciones de inmigrantes se aprecia fundamentalmente en las condiciones de vida que poseen unos respecto de los otros y de la situación legal en la que se encuentran. Mientras la población argentina se asimila a la población chilena, la peruana presenta acentuadas precariedades debido que a pesar de la heterogeneidad socioeconómica de los inmigrantes, esta población se ve expuesta a una fuerte segmentación laboral.

 

Asimismo, esta inmigración se desarrolla como una estrategia de sobrevivencia (Fundación Instituto de la Mujer, Octubre 2002, p. 39), ya que con el objeto de ayudar a sus familias, se emplean en oficios de bajas remuneraciones, como obreros o asesoras del hogar, pero cuyos ingresos les permite enviar remesas a sus familiares en Perú. Junto a ello, se observa que muchos inmigrantes peruanos ingresan ilegalmente a Chile y se encuentran indocumentados y por cierto en situación ilegal.

 

Procesos de la población inmigrante peruana en Chile

La inmigración peruana es un flujo reciente en comparación con los volúmenes de otros grupos de inmigrantes que llegaron anteriormente. Podríamos decir que dentro de la última década dicha población de inmigrantes ha aumentado considerablemente su flujo a Chile. Además, este grupo ha establecido redes de apoyo posibilitando la creación de actividades económicas, organizaciones y la utilización de los espacios públicos (Fundación Instituto de la Mujer, Octubre

2002, p. 37).

 

La inmigración peruana, debido a las dificultades socioeconómicas que presenta aún Perú, mantiene un ritmo estable y por lo tanto los flujos de retorno son cada vez menores. Junto a esto, es importante señalar que Chile no les brinda una gran capacidad de ahorro, lo que dificulta aún más la salida a un tercer país de destino. Se podría decir, entonces, que Chile les ofrece condiciones de sobrevivencia en el marco de deterioro de la población inmigrante peruana. Esto ha hecho que dicha inmigración se convierta en un proceso constante y que las estadías de los inmigrantes se prolonguen o bien se establezcan permanentemente (Fundación Instituto de la Mujer, Octubre 2002, p. 37).

 

La migración peruana se caracteriza fundamentalmente por una mayoría femenina del contingente migratorio, personas jóvenes y nivel de preparación heteroge    Cabe destacar que el 20% de los inmigrantes son profesionales y técnicos (Stefoni, 2003, p. 77).

 

La inmigración peruana experimenta una importante feminización. La presencia de peruanas, como lo afirma el experto de Cepal Jorge Martínez Pizarro, se deduce de las visas concedidas, pero dicha información depende de la exigencia de contratos de trabajo, por lo que cabe suponer que dicha información ignora un fuerte probable subregistro de la población masculina (Martínez, 2003, p. 28). Según dicho autor, que de suponer la hipótesis de que la inserción laboral de población femenina peruana, mayormente ocupada en el servicio doméstico, está sujeta a un contrato de trabajo, cabe considerar una mayor informalidad en los hombres. (Martínez, 2003, p. 28)

 

Esta conclusión permite describir una segmentación laboral de los inmigrantes. Lo que se une a ello es la preocupante intolerancia en algunos sectores de la población chilena. De esta situación resulta que muchas de las mujeres que desarrollan trabajos domésticos lo realizan, aunque posean calificación necesaria para desempeñarse en otras ocupaciones (Stefoni, 2003, p. 79). En ese sentido, Carolina Stefoni (2003, p. 79) menciona el planteamiento de Kristen Lijíl Maher,1 el cual consiste en que las consecuencias de la concentración de mujeres inmigrantes en trabajos de servicios domésticos y el cuidado de enfermos, ancianos y niños, tiene que ver con la realización de labores de reproducción social y no de producción social, o sea, el traslado de la división internacional del trabajo al mundo privado. Esto constituye la base para la globalización de la reproducción social, lo que conlleva tres consecuencias: a) vulnerabilidad de las trabajadoras debido a la pérdida de sus derechos y de ciudadanía, b) consecuencias para las familias de inmigrantes en los países de origen, en donde los niños pagan los costos y c) consecuencias a nivel estructural de la migración femenina, donde el trabajo reproductivo lo realizan mujeres inmigrantes (Stefoni, 2003, PP. 80-81)

 

La feminización de la migración permite explicar una llegada de mujeres principalmente solas, ya sea quizás por una alta condición de autonomía o bien de estrategia familiar en el marco de una economía de cuidado (Sunkel, 2006, PP. 55-56) que se explica por el envío de remesas a sus familiares en el país de origen. Esto lleva a reflexionar sobre el tipo de racionalidad que portan los inmigrantes, pero ¿cuándo se constituye una inmigración permanente o bien temporal? A partir de ello, en el caso de la inmigración peruana es importante dilucidar las condiciones del ciclo de vida, las redes sociales así como el tipo de organización y de actividades económicas que llevan consigo y que establecen en el lugar de destino. La situación preocupante de las inmigrantes peruanas es la precariedad laboral en las que se encuentran con motivo del trabajo de baja calificación que asumen y por lo tanto la alta vulnerabilidad social que presentan (Martínez, 2003, p, 29).

 

La motivación laboral de la inmigración sigue siendo la causa más importante. Esto se demuestra debido a que las y los peruanos tienen las mayores tasas de actividad, atendiendo incluso que las peruanas más que duplican la participación estimada para las mujeres chilenas en la población total del país. Esta intensidad en la participación laboral de las mujeres peruanas es similar a la de los hombres ecuatorianos, que es otro de los grupos inmigrantes que destaca por su alta participación laboral, a pesar del elevado número de niños.

 

 En este sentido, se aprecia una población de inmigrantes con una alta contribución productiva, contradiciendo de este modo las críticas por los costos de las demandas sobre salud y educación (Martínez, 2003, p. 29). De esto cabe explicar que la heterogeneidad de la participación de niños y personas en edad activa junto con la intensa participación laboral de algunos grupos de inmigrantes logra cimentar para el debate público un conjunto de demandas de educación (Martínez, 2003, p. 29), sobretodo por la contribución productiva de los inmigrantes, en especial la de la población de origen peruano. El Censo de Población de 2002 muestra un cambio en la estructura ocupacional de los inmigrantes respecto de 1992, lo que se refleja en el desplazamiento del empleo en el comercio minorista al trabajo en el servicio doméstico. Estos cambios observados pueden explicarse por la composición de la inmigración como también de la demanda laboral (Martínez, 2003, p. 43).

 

Esto permite decidir que la segmentación laboral se ha hecho más visible y que la estructura de actividades depende en modo importante del origen de los inmigrantes. Esto nos lleva a entender que la inserción laboral es heterogénea, lo que se refleja, por ejemplo, en el hecho de que la población peruana está concentrada en el servicio doméstico y la ecuatoriana en los servicios sociales y de salud (Martínez, 2003, p. 44).

 

 Una consecuencia riesgosa de este hecho es que surja el problema del estrechamiento de la segmentación laboral respecto de las posibilidades de inserción laboral frente a contracciones en la dinámica de los mercados de trabajo, lo que significa una fuente de vulnerabilidad entre los trabajadores extranjeros, sumada a la estigmatización del trabajo en el servicio doméstico (Martínez, 2003, p. 44)

 

La inmigración peruana puede ser concebida, más que como una resolución de expectativas, una estrategia de vida (Altamirano, 1992, p. 215), por lo que es importante incorporar ese elemento dentrn de las hipótesis de estudio de políticas públicas. Es en este momento donde surge la oportunidad para un proceso de elaboración de política de gestión migratoria, fundada en el respeto a los derechos humanos (Martínez, 2003, p. 35) y en ese contexto en las medidas propuestas por el Programa de Acción de la Conferencia de Durban. A partir de esto, la feminización de la inmigración peruana y la segmentación laboral que la caracteriza presenta diversos riesgos entre los que cabe destacar el cumplimiento de los derechos civiles y sociales de los inmigrantes.

 

Escenario legal y político en Chile

Aún persiste la discusión sobre la política migratoria, sin embargo se mantiene vigente la ley dictada en 1975 (Stefoni, 2003, p. 115). Los criterios de dicha ley sobre la migración se sustentan en el principio de la seguridad nacional, por lo tanto, existe un marco legal restrictivo. A pesar de intentos de cambio a la normativa legal vigente, Chile muestra una política incoherente respecto de los derechos de los inmigrantes (CODEPU, 2001, p. 22) y sujeta a dependencias institucionales dispersas que deja a la situación de los inmigrantes al arbitrio de los funcionarios. Junto a ello la incertidumbre laboral determina la legalidad de la residencia de los inmigrantes, por cuanto la vigencia del contrato determina la visa de residencia. De este modo el trabajador inmigrante está en condiciones de vulnerabilidad social y legal. Esta vulnerabilidad de los trabajadores inmigrantes se presta para la violación de sus derechos (CODEPU, 2001, p. 23) y de las leyes propiamente tales.

 

Además de la amnistía provisoria decretada por el Ministerio del Interior en 1998, la cual concedió una visa temporaria de residencia por dos años, sin necesidad de exhibir un contrato de trabajo, especialistas en el tema de la migración coinciden sobre la carencia de una política de gestión migratoria en Chile. Hasta el momento la última iniciativa ha sido elaborar una política global de migraciones, para lo cual se formó un comité, compuesto por representantes de los Ministerios de Economía, Trabajo y Relaciones Exteriores. En este sentido, la entonces Canciller de Chile Soledad Alvear manifestó que la política migratoria debía canalizar los flujos migratorios de tal modo que sean un factor de desarrollo para el país y de progreso para los propios inmigrantes y sus familias. Junto con ello, debe fijar un marco legal que permita a los inmigrantes establecerse en Chile de manera digna, atendiendo a sus problemas sociales y a sus aspiraciones en educación, trabajo, salud, vivienda y seguridad social. Por último, debe disminuir al máximo el número de inmigrantes ilegales (Revista Mensaje, Agosto 2003, p. 41). No obstante de aquellas intenciones y objetivos, no se ha avanzado mayormente en la elaboración de una política y de un marco legal correspondiente, de tal modo haber institucionalizado una cultura de acogida de los inmigrantes. Cabe destacar en consecuencia que los mecanismos de acogida de los inmigrantes se encuentran en organismos privados, particularmente dependientes de la Iglesia Católica, ejemplarmente el Instituto Católico de Migraciones (INCAMI), perteneciente a la Pastoral social.

 

Ante los muy escasos intentos de elaboración de una política de migraciones, lo único concreto que registra el Estado de Chile es el proyecto de ley de migraciones, cuyo mensaje N0 102-327 presenta la fecha del 7 de Octubre de 1993 e inserto en el Boletín N0 1114-06 de la Cámara de Diputados con fecha del 2 de Noviembre de 1993. Este proyecto de ley sobre migraciones establece en su artículo 4 del título 1 una política nacional migratoria destinada a promover la inserción y reinserción de los nacionales y extranjeros necesarios para el país, orientando según sea el caso, su asentamiento y localización geográfica y por ramas de actividad en pos del desarrollo del país.

 

Respecto de los inmigrantes peruanos desde el año 2002 se aceptó el documento Nacional de Identidad peruano como documento suficiente para ingresar a la provincia de Anca. Asimismo, está vigente el tratado sobre "Controles Integrales de Fronteras" con Argentina, que establece sistemas administrativos compatibles y simultáneos respecto del flujo de personas entre ambos países (Revista Mensaje, Agosto 2003, p. 41). Recientemente, el 4 de Agosto de 2005 se dicta una resolución exenta N0 3734 de la Subsecretaría del Interior, la cual autoriza el ingreso al país como turistas de los ciudadanos de nacionalidad peruana, premunidos de sus documentos nacionales de identidad vigentes. Esta resolución declara que este documento sólo puede utilizarse en condición de turista, por lo tanto, si desea obtener un permiso de residencia en el país, deberá poseer pasaporte vigente.

 

 Esta resolución resuelve de alguna manera la propensión de irregularidad de muchos inmigrantes, en el sentido que pueden ingresar como turistas con la sola posesión de su documento nacional de identidad, evitando la inducción a la irregularidad inmediata debido a la política restrictiva sobre los ingresos de los peruanos a Chile.

 

Los grandes problemas que sufren actualmente los inmigrantes peruanos en Chile, son por una parte, la situación de ilegalidad de muchos de ellos, lo que sumado a un ambiente de discriminación agrava la vulnerabilidad de sus derechos. Por otra parte, la inexistencia aún de una política coherente de gestión migratoria mantiene la situación de los inmigrantes en general dentro de una dinámica de autorregulación en materia de integración social, con todas las consecuencias adversas que ello puede implicar. El ambiente de discriminación y la carencia de una política de gestión migratoria crea tensiones y precariedades sobre los derechos laborales, a la previsión social, a la salud y a la vivienda. Esto se corresponde con la carencia de instrumentos jurídicos adecuados para regular las actividades de los inmigrantes económicos o laborales que permita evitar los abusos y las discriminaciones. Los instrumentos jurídicos en cuestión son además por ejemplo los relativos a regular institucionalmente la información, capacitación y asistencia a los inmigrantes en materia de sus derechos así como la asistencia social acompañada de una eficiente fiscalización.

 

De acuerdo a la Política de Inmigración que se presentó al parlamento en 1993 se puede inferir un privilegio analítico por los criterios de elegibilidad de los inmigrantes económicos. Por cierto, el fenómeno de la inmigración económica es fundamental en Chile, por cuánto se puede observar que la explicación de ella se debe en el caso de los y las peruanas a una decisión en base a consideraciones de índole económica. Es decir, se evalúan las posibilidades reales que ofrece un país distinto, para mejorar su propia situación socio-económica y desarrollar con mejores expectativas su actividad. Este tipo de inmigrante está fuertemente motivado por el trabajo (Vargas del Campo, 1997, p. 60).

 

El país de destino recibe los efectos del flujo de inmigrantes en el mercado laboral, que debe ser considerado por una política nacional de inmigración. La orientación de dichos flujos son reflejo de la demanda laboral, de expectativas de adquisición de bienes y servicios y mejores condiciones de vida que ofrece el país de destino, por lo tanto, el flujo está definido por la forma cómo se inserta y adecua en el mercado laboral local (Vargas del Campo, 1997, p. 61). De este modo, la inmigración económica puede adoptar las siguientes modalidades:

 

a) Marginal: cuando no afecta el mercado del trabajo local, o su efecto es demasiado bajo, por lo tanto, probablemente las causas del flujo migratorio tienen una explicación extraeconómica.

 

b) Supletoria: cuando ocupa puestos de trabajo disponibles en el mercado que no pueden ser cubiertos cualitativa o cuantitativamente por la fuerza de trabajo local.

 

c) Complementaria o Adicional: cuando ocupa puestos de trabajo que se encuentran disponibles debido al rechazo de esos trabajos por parte de la fuerza de trabajo local, o por desinterés de la misma (malas condiciones de trabajo, bajos sueldos, etc.) u otras consideraciones.

 

d) Independiente: cuando auto-genera su propio trabajo incentivando la actividad productiva del país de destino.

 

e) Competitiva:  cuando desplaza a la fuerza de trabajo local. El efecto aquí se resiente en el mercado laboral local, por cuanto la fuerza de trabajo extranjera es de menor costo.

 

En el ámbito de la clasificación jurídica de los inmigrantes económicos, de acuerdo a la Ley de Extranjería y su respectivo reglamento, éstos presentan dos categorías de visas de residente; La Visa de Residente Temporario y la Visa de Residente Sujeto a Contrato (Vargas del Campo, 1997, p. 62).

 

Respecto del residente sujeto a contrato se encuentran aquellos extranjeros que su ingreso y permanencia en el país depende del contrato que da origen a la visa respectiva.

 

La categoría de residente temporario, desde la perspectiva económica, comprende a aquellos extranjeros que tienen intereses en Chile, o cuya permanencia en el país es considerada útil o ventajosa.

 

Las descripciones deducidas de la Ley de Extranjería-D.L. N0 1.094 - y su respectivo Reglamento son demasiado generales e inducen a las autoridades migratorias a una discriminación muy superficial de los distintos solicitantes de residencia (Vargas del Campo, 1997, p. 62). Estas descripciones no consideran otros tipos de intereses o realidades tanto de parte del país de destino como de los propios solicitantes.

 

A partir de lo anterior surgen subcategorías de inmigrantes económicos que comprenden los distintos tipos de visas de residencia: Inmigrantes con capital e Inmigrantes laborales. Dentro de los primeros se encuentran los inversionistas en general y los inversionistas focalizados en programas estatales. Dentro de los segundos, se encuentran los expertos de alto nivel; directores, ejecutivos y empleados de empresas transnacionales, multinacionales o binacionales; trabajadores con calificación; trabajadores de temporada y trabajadores sin calificación (Vargas del Campo, 1997, PP. 62-63).

 

Tomando en consideración el escenario legal y de hecho de las categorías expuestas es necesario en Chile una Política Nacional de Inmigración que reconozca la diversidad actual de los flujos migratorios, evitando reduccionismos económicos que ignoran las nuevas realidades. En ese sentido, sería importante distinguir el rol de una Ley de Extranjería así como de una Ley de Política de Migración. En ambos casos, debe existir el consenso que la globalización de la migración es una realidad, la cual debe ser regulada y abordada de modo razonable y con criterios de una eficiente política de gestión migratoria y de integración social.

* Este trabajo fue preparado por Gonzalo Wielandt, como consultor de la Unidad de derechos Humanos para la ONU.

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