Cumbre de Energía
Isla Margarita: objetivos en conflicto
Brasil; análisis de prensa

El pasado 17 de abril se realizó la Cumbre Energética de Isla Margarita, donde se  reconoció la importancia de la integración, el papel de las iniciativas como Petrocaribe y Petroamérica y también el valor de los biocombustibles para desarrollar la matriz energética común del continente. Participaron once Presientes, entre ellos Luis Inacio Lula Da Silva y Hugo Chávez, quienes previamente habían tenido discrepancias sobre el papel de los biocombustibles. Lo que sigue es el análisis que hacen dos periódicos de Brasil

“Hay que endurecerse” 

Celso Ming

(O Estado de S. Paulo )

 

“Alguna cosa está cambiando (para mejor) en la política externa brasileña para  América del Sur. Esto parece un efecto de la nueva sociedad estratégica en torno al desarrollo del mercado del etanol entre Brasil y Estados Unidos.

 

La Cúpula Energética Sudamericana, realizada el martes, en la Isla Margarita, en Venezuela, mostró el cambio. Algunos analistas enfatizaron el bajo resultado de la reunión basándose en el hecho de que una pauta extensa de discusiones desembocó apenas en la creación de una comisión técnica para sugerir formas de integración energética y en la adopción, en definitiva, de la sigla Unasur (propuesta venezolana) en vez de Casa (propuesta brasileña) para la entidad que cuida de la unión de los países de la región. Para estos, fue poco para demasiada espuma.

 

Pero este encuentro fue un éxito, no por lo que salió, sino por lo que dejó de salir. Lula al final pasó a aplicar la enseñanza de Che Guevara: Endurecerse, pero sin perder la ternura jamás.

 

El presidente venezolano, Hugo Chávez, había montado el evento con el objetivo de construir máquinas destinadas a reforzar su influencia en la vecindad.  Pretendía sabotear proyectos de biocombustibles y crear dos entidades delirantes: el Banco del Sur y la Opep del Gas.

 

Semanas antes atacó los programas del etanol. Dijo que, así como había contribuido para enterrar el Alca (Área de Libre Comercio de las Américas), acabaría con el alcohol  - deformación verbal inventada por él para ridiculizar la competencia que el alcohol comienza a hacerle a la gasolina.

 

En combinación con el presidente cubano, Fidel Castro, Chávez declaró que el plan del etanol es 'irracional y anti-ético'.  Lo acusó de perjudicar la producción de alimentos y, de contribuir, así,  para el esparcimiento del hambre en el mundo para sustentar el estilo de vida de los ricos americanos.

 

El presidente Lula rebatió el argumento. Dijo que nadie destruiría plantaciones de porotos para plantar caña de azúcar.

 

El Banco del Sur es un proyecto del presidente Chávez para institucionalizar su influencia sobre la vecindad. Tendría sede en Caracas y recursos desviados de las reservas de los países miembros, probablemente para cubrir la irresponsabilidad fiscal de los gobernantes.  El presidente Lula recusó  el plato preparado (en la expresión del asesor para Asuntos Internacionales de la Presidencia, Marco Aurelio García) y exigió que, antes de adherir, es preciso definir si este banco tiene la finalidad del FMI, del Banco Mundial o del BNDES. Parece haber sido  suficiente para desencadenar la aventura.

 

La mencionada  Opep del Gasni llegó a ser discutida. En la víspera, el canciller brasileño, Celso Amorim, había rechazado la idea. Dijo que sería un factor de división entre productores y consumidores de gas, lo que contrariaría la propuesta de integración en la región.

 

Finalmente, Lula aprovechó su encuentro con el presidente boliviano Evo Morales para decirle que, si hace una nueva burrada con las refinerías de la Petrobrás en Bolivia, la Petrobrás suspenderá nuevas inversiones.

 

Es una nueva actitud para un gobierno que, desde 2003, no hizo otra cosa que tragar desafueros, en el presupuesto de que éste sería el precio por el liderazgo.  Lula parece haber entendido que el liderazgo no se compra, simplemente se impone mediante la defensa de los intereses de Brasil. Y esto es nuevo”. 


Un basta a Chávez y Morales

(O Estado de S. Paulo )

 

“El gobierno boliviano podrá embestir una vez más contra la Petrobrás el 1° de mayo, un año después de haber invadido las instalaciones de la estatal brasileña con tropas del Ejército.  Esta vez, si la amenaza se confirma, será para expropiar dos refinerías.  El aviso fue dado al presidente Luiz Inácio Lula da Silva por el compañero Evo Morales, durante la reunión de cúpula sudamericana culminada el martes en la Isla Margarita en Venezuela. En esta oportunidad Lula fue menos comprensivo que el año pasado.  Al saber de la amenaza y de la intención del gobierno boliviano de pagar menos de la mitad del valor de las instalaciones, estimado entre U$S 160 millones y U$S 180 millones, prometió abandonar todos los planes de la Petrobrás en Bolivia y trabajar  para que otros inversores dejen el país.

 

Si hubiese dado esta respuesta hace un año, tal vez el presidente brasileño hubiese evitado muchos dolores de cabeza.  Brasil se había tornado un blanco preferencial del nacional-populismo del nuevo gobierno boliviano.  Era previsible la multiplicación de conflictos, no sólo por las pretensiones políticas de Evo Morales, sino también por su disposición de actuar bajo la orientación del compañero venezolano Hugo Chávez.

 

La actividad principal de Lula y de sus asesores, en la 1ª Cúpula Energética Sudamericana, realizada en Venezuela, fue neutralizar iniciativas contrarias a los intereses brasileños.  El balance de este trabajo es apreciable.  En dos días, la  delegación de Brasil consiguió detener una campaña contraria al programa  nacional de biocombustibles, frenar el proyecto de creación del Banco del Sur e impedir, por lo menos por el momento, el proyecto de formación  de una "Opep del Gas", defendido principalmente por los gobiernos boliviano, venezolano y argentino.

 

El ministro boliviano de Energía, Carlos Villegas, llegó a anunciar la intención brasileña de participar del cartel, pero esta información fue rápidamente desmentida por el canciller Celso Amorim.  No tiene cabida defender la Opep del Gas en una reunión como esta, dijo el ministro brasileño.  Si estamos involucrados en un esfuerzo de integración no podemos dividir consumidores de productores de gas.  Al contrario, tenemos que conciliar y armonizar sus intereses.

 

El miércoles, diarios de Argentina consideraron a Brasil como victorioso en la conferencia de la Isla Margarita. En el balance de la reunión, mencionaron el rechazo de la Opep del Gas, la resistencia brasileña a la propuesta del Banco del Sur en los términos defendidos por otros gobiernos y la eliminación de toda referencia crítica a los biocombustibles en el comunicado final.  El diario Ámbito Financiero citó también la virtual paralización de las negociaciones sobre el gasoducto entre Venezuela y Argentina, propuesto inicialmente por los presidentes Hugo Chávez y Néstor Kirchner.  Quedó todo en manos de Lula, según el diario.

 

La mención a vencedores y vencidos puede parecer extraña cuando se refiere a una reunión de cúpula destinada, según la propaganda oficial, a fortalecer la integración de América del Sur. Toda la retórica de la integración ha sido basada en la tesis de un amplia comunidad de intereses. La conferencia, sin embargo, mostró una realidad muy diferente. Sirvió principalmente para evidenciar divergencias políticas y objetivos económicos en conflicto.

 

El presidente Lula volvió de Venezuela y al día siguiente se reunió durante cerca de cuatro horas con el presidente de la Petrobrás, Sergio Gabrielli.  La duración de la conversación forzó el cambio de su agenda y la cancelación de la reunión con el grupo de coordinación política.

 

Al llegar a la Cámara de Diputados, para hablar a una comisión especial, Gabrielli rehusó comentar con los periodistas el largo encuentro con Lula.  Pero anunció a los diputados inversiones de U$S 22,4 mil millones en la cadena del gas hasta 2011.  La oferta será triplicada hasta 2010, debiendo pasar de los actuales 42 millones de metros cúbicos diarios para 121 millones.  La mayor parte del aumento será garantizada por la producción nacional.  El volumen comprado de Bolivia  deberá crecer poco, debiendo llegar a 30 millones de metros cúbicos.  Otros 20 millones serán importados en estado líquido y 71 millones serán producidos internamente.  Estos números seguramente serán leídos con atención en La Paz”.

Traducido para La ONDA digital por Cristina Iriarte

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