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Forestación y una
nueva polémica:
los árboles crecen
por Jorge García Alberti
Mientras
en la capital de España, uruguayos y argentinos
intentaban acercar posiciones para superar el
polémico diferendo por la instalación de la planta
de producción de pasta de celulosa cerca de la
ciudad de Fray Bentos, otros datos sobre ésta
polémica industria comenzaron a hacerse públicos.
Los habitantes de la
ciudad de Gualeguaychú, dicen estar preocupados por
la contaminación visual que genera la avanzada
construcción industrial y unos pocos se mantienen
empecinados en el corte de rutas que, valga la
expresión, no conduce a nada.
Los verdaderos
defensores del medio ambiente poco dicen.
Sin embargo, en estos
días se hizo público uno de los primeros estudios
con base científica que intenta reunir elementos que
permitan explicar la relación que existe entre las
plantaciones forestales a gran escala y las
modificaciones que sufre el ciclo del agua y su
futuro impacto en la economía nacional.
Esto es lo que debió
siempre llamar la atención a uruguayos y argentinos
si, realmente, les preocupa el futuro de sus hijos y
sus nietos.
Guayubirá, el grupo
ambientalista sobre montes y forestación, presentó
el pasado viernes en Montevideo un pequeño libro de
56 páginas, donde se exponen argumentos que intentan
llevar algo de luz al polémico asunto de plantar
pinos y eucaliptos para la producción en grandes
masas de árboles que terminan modificando el medio
ambiente.
Este punto no sería
tan grave si no fuera porque uno de los aspectos
fundamentales que se ven modificados es el ciclo del
agua. Todos sabemos que el agua potable es un bien
escaso, que los últimos trabajos presentados por los
científicos determinan que el cambio climático va a
incrementar, en importantes zonas del planeta, la
escasez del vital liquido elemento y que en un plazo
no mayor a cincuenta años, a mediados de éste siglo,
se prevén guerras causadas por la falta de agua.
A partir del año
2000, cuando la masa forestal ya era importante en
Uruguay, comenzó un proyecto de investigación sobre
el impacto de las plantaciones forestales en los
recursos hídricos, que sirvió para una tesis de
maestría que se presentó en abril de 2005 en la
Universidad de Carolina del Norte, EE.UU.
Entre las
conclusiones, según el libro, se estima que la
disminución de los recursos hídricos, provocada por
la plantación de pinos en suelos de la cuenca del
Río Tacuarembó, será de del orden del 30%, con un
margen de error de más- menos 5%.
Otro estudio,
realizado por un equipo de investigadores de
Argentina, Uruguay y EE.UU en los últimos seis años,
concluye que la mayor productividad va acompañada
por un mayor uso del agua por parte de los árboles,
aumentando la cantidad de agua evaporada y
disminuyendo el rendimiento hidrológico.
Agrega que las
disminuciones en el caudal de escorrentía serían
cercanas al 50% mientras que las evidencias son aun
inciertas acerca de las recarga de los acuíferos.
Otro punto que se
incluye en este informe, hace referencia a que las
plantaciones forestales acidifican el suelo y el
agua de los arroyos de las cuencas que ocupan,
principalmente debido a una elevada acumulación de
cationes (calcio y magnesio) en la biomasa arbórea.
Merece atención también la acumulación de aluminio
en el suelo, pero es aun incierta su incidencia en
el agua.
El libro destaca
también que las tasas medias diarias de
evapotranspiración para plantaciones de distintas
edades, sugieren que en solo dos años las
forestaciones superan en su capacidad evaporativa a
los pastizales y que en solo cuatro o cinco años al
menos la duplican. Esto significa que si se
proyectan los resultados del análisis satelital a la
escala anual, de los 1350 mm/año provistos por las
lluvias se obtendría un rendimiento hidrológico de
720mm/año bajo pastizal y de aproximadamente
200mm/año bajo forestación.
Este último dato no
es para nada menor en el caso de Uruguay. No
olvidemos que, históricamente, nuestro país ha sido
ganadero y hoy, una de las fuentes de riqueza y de
motor de la economía es la exportación de carne, con
el plus de ser natural, es decir animales
alimentados en pradera.
En caso de verse
afectado el ciclo de pasturas, no disponemos de
tanto territorio como para modificar las zonas de
cría de ganado.
Por lo tanto, los
árboles crecen y con ellos los problemas. Las
autoridades deberían comenzar a analizar con mayor
profundidad si las inversiones, tan necesarias en
Uruguay, ya nos son suficientes en el sector
forestal y ver si no sería recomendable enfocarse
hacia otro tipo de emprendimientos industriales.
LA
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