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Estuve con Raúl Alfonsín,
lo que viene a continuación
no lo conversé con él
por Alfredo E. Allende
Estuve
con Raúl Alfonsín, siempre brioso, preocupado por
las instituciones que hacen a la dignidad ciudadana
y a la organización republicana y democrática. Con
la noble madurez que otorga cierta edad y
experiencias recogidas en un largo andar de amor por
la Patria se halla alejado de toda preocupación
personal, de toda inquietud que no sea el bienestar
nacional, el diálogo entre los sectores, la
convivencia civilizada. Creo conveniente enmarcarse
en su orientación general porque le veo agallas pero
también mesura y honduras de miras. Y quede en
claro: lo que viene a continuación no lo conversé
con él.
No estuve con el
Presidente de la República, pero sé más allá de las
legítimas objeciones que se pueden hacer a su
administración, que: la República posee las mayores
reservas monetarias de su historia; se ha hecho
frente con la debida firmeza al organismo
burocrático-oligárquico -el FMI- que ha pretendido
manejar las economías de los países rezagados para
beneficio exclusivo de las empresas multinacionales
mayores.
Sé, sabemos todos,
que lenta pero firmemente avanzan y se crean nuevas
PyMES. Y que se ha roto con el mito retrógrado y
ladrón del sistema de capitalización para las
jubilaciones.
Que en resumen, hoy
se está menos mal que ayer, con un PBI en constante
y hasta mayúsculo aumento.
No estuve con los
Rodríguez Sáa, pero leí en los diarios que van en
camino cuatro diques más en la provincia con vista a
poseer reservas de aguas y contribuir a la energía
local y nacional; que se inaugura en primer
telescopio Latino americano comandado a distancia
conectado con todas las escuelas puntanas para que
los alumnos desenvuelvan vocaciones por las
investigaciones; y a fin de que la comunidad
científica reciba información de la nave SOHO,
resultado de una cooperación entre la Agencia
Espacial Europea y la NASA; sé que se están
comenzando nuevas rutas inteligentes allí además de
las que ya cuenta esa provincia, ahora orientadas
hacia La Pampa; sé que es centro de inmigración
desde otros puntos del país, en tanto los jefes de
hogar trabajan para hacerse acreedores al
beneficio. Y recuerdo que un Rodríguez Sáa inició el
camino de la reconstrucción cuando declaró -en medio
de los aspavientos de los neoliberales y de los
asustadizos- la insolvencia para el pago de la
usuraria y tramposa deuda externa.
Entonces ahora
pregunto ingenuamente: ¿No se pueden reunir estas
personalidades, Lavagna también orientador
primigenio de las políticas actuales, y abrir la
perspectiva de políticas de Estado? ¿No se cree que
se deba saltar del crecimiento al desarrollo para
otorgar mayor valor agregado, infraestructuras,
trabajo a todos?.
La Argentina es el
país con mayor posibilidad de dar ese cambio
decisivo en pocos años, en un lustro, si se comienza
por un programa que mire el futuro, que haga de unos
10 puntos claves políticas nacionales. Imaginemos
que en cinco años, con un decrecimiento progresivo
se restringen las retenciones a las exportaciones a
niveles simplemente fiscales, a un 20% como máximo
de lo que ahora significan, con premios que
incentiven el compre argentino de los productores
rurales y para la erección de agroindustrias; que se
arribe al contralor de las inundaciones de acuerdo a
planes ya archi-estudiados y de rápida ejecución que
promoverían la creación de un nuevo territorio
húmedo desafectado de los padecimientos actuales y
con incorporación de cientos de miles de hectáreas a
la creación de riquezas; que se mantendrá y
profundizará el mantenimiento del poder de compra y
la contención de emisiones monetarias.
Hecho este último que
comenzó a hacerse pero que necesita rigurosa
continuidad con disminución del gasto público no
productivo; que con la efectiva realización masiva
de construcciones habitacionales dignas se
dispararán el trabajo y la producción; que se
proveerá a la formación tecnológica-científica con
estímulos para salidas laborales inmediatas mediante
acuerdos con empresas, municipalidades, provincias y
creación de centros de investigación con ellas y las
universidades; que se profundizarán los planes de
industrias navieras y la construcción local de
barcos con capitales nativos y extranjeros y se
replantearán los programas cancelados de misiles y
aviones con fines pacíficos y vigorizará la
industria de energía atómica con similares objetivos
manteniéndose por ese lapso el valor de la divisa,
sin necesidad de protecciones aduaneras exageradas,
protecciones sólo enfatizadas con relación a
producciones de base que necesiten tiempo para su
desenvolvimiento; que se lanzarán los planes también
archi-conocidos de 10.000 kilómetros de rutas
nacionales y se promoverá el amor a la cultura
nacional, a su folklore, a la recreación de una
industria editorial de alta calidad, con respeto
irrestricto a la opinión de todos.
Al fin de un lustro,
otro sería el país, se ubicaría en un nivel de
perspectivas indefinidas de progreso material y
moral, de disminución del la inseguridad pública, de
acrecentamiento de riquezas para mejorar la
educación y la asistencia sanitaria de la población.
¿Qué? ¿No es posible?
Sólo basta la decisión política y el patriotismo que
yo no puedo dudar en un Alfonsín, en un Lavagna, en
un Kirchner o en un Rodríguez Sáa porque ya lo han
demostrado en hechos. Por supuesto son nombres que
doy a los que podrían juntarse otros -Terragno,
Lozano, quizá Macri- y hasta se podría integrar otra
mesa consultiva permanente con representantes de
estudios geopolíticos de las FFAA, con miembros de
la Iglesia y de los credos con más presencias en el
país, con miembros de la intelectualidad y de los
partidos políticos de mayor recaudación electoral,
sin olvidar a los provinciales y a las
organizaciones gremiales de trabajadores y
empresarios y, obviamente, con la presencia de
parlamentarios de peso en el Congreso.
Pero si se hace una
mesa chica con aquellos nombres y sin duda con
algún otro, si ellos se ponen de acuerdo en las
realizaciones mencionadas, todas posibles dentro de
un marco de expansión y desarrollo, nada ni nadie
podrá detener la marcha ascendente del país.
Agréguese uno o dos puntos que se consideren
vitales, pero no se reste nada.
No se trata de
disminuir al Presidente poderes que le son
indelegables. Él dirigiría los encuentros, él
ejecutaría el programa, él vetaría lo que
considerare inoportuno. Nada de los que esté fuera
de esos puntos podrá ser retaceado al Presidente.
Todas las decisiones
adoptadas deberían pasar por las etapas y
procedimientos constitucionales. Los demás se
comprometerían en apoyar los 10 o 12 puntos
acordados. Por supuesto todo esto se debe hacer
después de las elecciones porque no creo que antes
estén en condiciones de ponerse de acuerdo. O sea no
se trata del actual jefe de Estado sino de
cualquiera que llegare a ocupar ese cargo.
Aprovechemos el
impulso actual para transformar definitivamente a
la Nación.
Desafío a que se me
niegue la posibilidad económica-política de
semejantes realizaciones. Sólo las enemistades, los
rencores mutuos de los intervinientes podrían
imposibilitar una construcción con tales estadistas,
que dejarían de serlo si no fuesen capaces de
superar esos escollos subjetivos.
¿Qué no se quiere la
presencia de alguno de los mencionados en esa mesa
chica de consenso nacional? Bien, que quede afuera,
que los demás se encarguen de darle forma al
compromiso patriótico. Si es el Presidente el que no
quiere tal acuerdo, que los demás lancen al país y
al gobierno el desafío.
Si soy candoroso, que
se me lo pruebe, intentando la realización antes.
LA
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