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Corrupción:
unos y otros
por Jorge García Alberti
La
leyenda popular, en numerosas ocasiones, aporta
elementos culturales que sirven para ir conformando
la idiosincrasia de la sociedad.
Hace ya varios años,
en una fiesta familiar que se realizó en Montevideo,
cuando no había tantos controles sobre el ingreso de
las personas a los clubes sociales, el cabeza de
familia se vio desbordado porque la capacidad del
local parecía quedar chica ante aquel tumulto de
personas que estaban en la pista de baile. En
determinado momento, hizo detener la música y
dirigiéndose a los presentes, pidió a los amigos del
novio que se dirigieran hacia el lado izquierdo de
la pista y a los amigos de la novia, que lo hicieran
hacia el lado derecho. Un grupo más o menos
similar, de unas veinte personas, se recostaron
hacia un lado y otro del local. Entonces, el padre
les pidió a todos ellos que hicieran el favor de
retirarse del lugar porque esa fiesta correspondía a
un cumpleaños de quince.
Esta anécdota jocosa,
pinta de cuerpo entero a los uruguayos y también nos
permite apreciar que no están los buenos de un lado
y los malos de otro. En definitiva, la sociedad se
conforma por una mezcla de conductas humanas que va
y viene.
Por estos días, en
materia política, los uruguayos estamos presenciando
hechos que tienen que ver con asuntos relacionados
con la corrupción, que muchas veces llegan a
sorprendernos. A la vez , algunos actores nos
quieren hacer creer que eso sólo ocurre en el
Partido Colorado y en el Partido Nacional y que el
Frente Amplio está libre de cualquier problema
porque el Presidente siempre dijo que podríamos
meter la pata, pero no la mano en la lata,
argumentan convencidos.
Y a muchos
ciudadanos, ni siquiera se les pasa por la cabeza
que pudiera ocurrir algo semejante a corrupción en
el Frente Amplio. No tienen un argumento válido para
afirmar esto último, pero justifican cualquier
acción. Como si los malos estuvieran de un solo
lado.
El pasado jueves, en
la Junta Departamental de Montevideo, los ediles
oficialistas, con su mayoría natural, dieron por
finalizadas las actuaciones de la Comisión
Investigadora sobre los casinos municipales de la
capital, con el argumento de que el intendente ya
había pasado el tema a la Justicia y por lo tanto
era inútil seguir con la indagatoria a nivel
político.
En la Junta de
Montevideo, los ediles blancos y colorados, pese a
todas las dificultades, ya habían avanzado bastante,
aunque faltaba mucho, para tratar de dilucidar cómo
los casinos capitalinos habían acumulado una pérdida
de 14 millones de dólares en las salas de juego. No
pudo ser.
A partir de ahora,
será la lenta Justicia uruguaya la que comenzará a
desentrañar la compleja madeja que, de acuerdo a los
datos conocidos, puede determinar responsabilidades
penales de algunos ex jerarcas municipales de
Montevideo.
La dilucidación de
este caso, por los tiempos que faltan, quizá llegue
a explotar y caer de lleno en plena campaña
electoral para las próximas elecciones nacionales y,
en ese caso, afectar la imagen de dirigentes
políticos que solo por el hecho de integrar un
sector determinado, creen que no serán salpicados.
Leemos, vemos y oímos
todos los días, apoyos incondicionales a personas
que hoy ocupan otros cargos de responsabilidad en la
administración pública, antes de que se investiguen
hechos que, a los ojos de cualquier persona, tienen
indicios de irregulares. También, argumentos de
dirigentes que intentan defender a algún ex jerarca
municipal, porque el que actuó en el caso de los
casinos era alguien que estaba por debajo de su
escalafón y el superior no tenía conocimiento de lo
que se hacía. Argumento por demás curioso.
Todos intentando
hacer creer que son inmaculados y que ellos están
libres de sospecha, simplemente porque están
colocados de este lado de la fiesta.
Qué pasará cuando
tomemos conciencia que somos todos uruguayos,
provenimos de un mismo tronco, estamos en la misma
fiesta y que hay cosas inevitables. Solo es cuestión
de tiempo.
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