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La Universidad: tema
de nuestro tiempo
por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis
En
general, las universidades de Iberoamérica carecen
de una mística; y este hecho, evidente, es una de
las causas en nuestro tiempo de inquietudes
estudiantiles, de la deserción universitaria y de la
deficiente preparación profesional de la mayoría de
quienes egresan de ellas.
Recuerdo
haber leído a José Ortega y Gasset cuando, al
analizar la decadencia europea de su tiempo
(primeras décadas del siglo XX), en medio de ese
escenario yermo de valores, él mira hacia la
Universidad como institucionalización del
intelecto, a la que le exige una
interfaz con el entorno. Ortega en su ensayo
Misión de la Universidad quiere a ésta inmersa
con la realidad histórica y en íntimo contacto con
la existencia pública.
La Universidad:
casa abierta al tiempo
La
situación de muchas universidades de Iberoamérica
(caso Argentina para citar los más cercanos y
conocidos recientemente) indica que carecen de una
bandera, de una razón espiritual en la base y de un
ideal en la cumbre que la sepa ennoblecer. En
concreto: de una mística.
La
Universidad en la casi totalidad de los países
iberoamericanos, no tiene respuesta alguna que sea
satisfactoria a los interrogantes de la mayoría de
las nuevas generaciones. Existe un estado crítico
generalizado, que incluye la desorientación en
universidades europeas y estadounidenses, las que
suelen en algunos países de Iberoamérica
presentarse como modelos destacados.
Werner
Weber -profesor de la Universidad de Gotinga
(Alemania) hace unas semanas expresó que la
Universidad en su país, consolidó nuevamente su
orden político y social, hecho que quedó demostrado
por la abundante literatura que se ha ocupado de
recoger los problemas de reforma, de la crisis y
del destino que dicha gran casa de estudio venía
señalando; caso similar a Universidades francesas.
El tema,
el gran tema, es que la crisis de la Universidad en
Iberoamérica se ha transformado en uno de los
problemas centrales de la sociedad contemporánea de
la región. Tal crisis es más honda en nuestro
continente puesto que ellas siempre han vivido a
la zaga de las de Europa y de Estados Unidos y,
ante este mundo globalizado no han logrado aún
introducir en su organización los conocimientos
profesionales, científicos, técnicos, culturales y
modificaciones indispensables que nuestro tiempo
exige. .
La
necesidad de reforma, el proceso de renovación
profunda de la enseñanza universitaria y de
reorganización de estas Máximas Casas de Estudio,
se viene notando desde hace mucho tiempo en este
continente. Y a ello se agrega otra demostración,
para nada académica: la frecuencia de los desórdenes
estudiantiles. Consideraba el citado José Ortega y
Gasset:, hace 80 años. Cuando hechos tan
repugnantes se producen y además con frecuencia, no
tiene nadie en particular la culpa sino la
Institución misma que está mal planteada. (Misión
de la Universidad)
La Universidad
en los tiempos modernos
Hace
medio siglo, en Uruguay, el Dr. Antonio M. Grompone,
en su libro Universidad oficial y Universidad
viva planteaba una reforma del
método catedrático que se usaba y, lamentablemente,
se sigue usando. El procedimiento tradicional
que viene desde la universidad medieval, es el
dictado de clase: el profesor era el eje de la
actividad docente, leía, dictaba, exponía y el
estudiante atendía, tomaba notas, se preparaba para
repetir. .......Se contempla sólo la actuación en
la cátedra como un derecho del profesor o como la
oportunidad de demostrar (el profesor) sus
conocimientos, su aptitud de exponer los resultados
de sus investigaciones. Se elimina el otro factor
que es la formación educacional y la subordinación
de la actuación del profesor a obtener un resultado
a ese respecto.
Si en el
mundo actual, el conocimiento es novedad y cambio,
en las Universidades radica el desafío de
reflexionar sobre el tipo de transformación que se
está operando en la sociedad universal. Es
imperativo practicar un estudio permanente, de
diagnóstico y prospectiva, actitud que exige ver con
certeza y responsabilidad, dado que ningún Estado
escapa a las tensiones y presiones de la dinámica
mundial.
Uruguay
-como Estado que diariamente se hace- enfrenta hoy
la prueba de una disyuntiva histórica: o da el salto
cualitativo y amplía lo que su capacidad de
influencia le permite o, caso contrario, la
situación de dependencia aumentará en proporción al
desnivel creciente que se da entre las sociedades
de avanzada y los países adormecidos en el tiempo,
otrora quizás con laureles; sociedades nostálgicas
de un pasado superado, que lejos de servir como
base al futuro, lo estorba.
El
ser Iberoamericano
De una
manera u otra, los pueblos iberoamericanos -unos
más otros menos- fueron haciendo historia y con la
historia una cultura. Las universidades, por tanto,
en cada país, se constituyen en el referente
nacional; el ámbito donde repensar y -desde un alto
nivel académico- analizar los cambios históricos que
se plantean en el contexto mundial.
En
el proceso formativo que cubre el siglo siglo XIX,
Iberoamérica comenzó a descubrirse y, a su vez, dar
respuesta a la antigua y angustiosa pregunta
referida al perfil y entraña del
ser iberoamericano
.
Simón Bolívar escribía a Juan Martín de Pueyrredón
en 1818: Una sola debe ser
la patria de todos los americanos ya que todos hemos
tenido una perfecta unidad. . . Cuando el triunfo de
las armas complete la obra de su independencia, o
que circunstancias más favorables nos permitan
comunicaciones más estrechas, nosotros nos
apresuraremos con el más vivo interés, a entablar
el pacto cultural americano que,
presenta
la América al mundo con aspecto de majestad y
grandeza sin ejemplo en las naciones antiguas.
En
el MERCOSUR y en particular en Uruguay , si se
dejara de divagar con esa predilección particular
que nuestro pueblo tiene por la historia chica,
y contrario sensu
intensificara la imaginación y
la reflexión, con seguridad podría encontrar el
camino más favorable, para soberanamente,
insertarse en el proceso de desarrollo -que en el
país pareciera estar absurdamente suspendido en el
tiempo.
En
cualquier Estado, una Universidad debe responder a
las aspiraciones del pueblo que la sostiene. Es la
sociedad la que debe señalar a la Universidad los
hitos de los que no debe apartarse, para que aquélla
luego de comprenderlos, sin ideologías políticas
que no le corresponden, pueda elaborarlos y
devolverlos a la comunidad traducidos en soluciones
realizables.
En
resumen: el proceso de integración regional
iberoamericano debe crear un espacio cultural
con el objetivo de fecundar y fortalecer el
ideario continental que le sirva para participar con
fuerte protagonismo en el sistema global. Un gran
espacio para la actividad científica y tecnológica,
donde pueda desarrollar los grandes valores que
posee el hombre iberoamericano.
Los
cambios que se desarrollan en el mundo así se lo
exigen. Hay que tener presente las conductas
seguidas por algunos actores que intentan establecer
un cierto orden internacional que finalmente
enfrenta culturalmente a los pueblos. Ha llegado la
hora decisiva , coherente y final de pretendidos feudalismos
políticos y económicos regionales. Se acabaron los
tiempos en que todo se conquistaba y solucionaba con
espejitos de colores.
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