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Biografía de la
primera dama argentina
Cristina K. La dama rebelde
por José Angel Di
Mauro*
Cristina K. La dama rebelde, es una
biografía de la primera dama argentina, que, según
trascendió en estos días, sería la candidata a la
presidencia de la República Argentina en las
elecciones nacionales del próximo 8 de octubre.
Su autor, José Angel Di Mauro,
recorre todo sobre la vida personal y política de
Cristina Fernández de Kirchner. Desde su infancia,
hasta su actual protagonismo. Sus primeros novios y
su militancia en los años 70.
Su
encuentro con Néstor Kirchner y sus estudios en La
Plata. Su entrada en la política, la gobernación de
su marido y su sostenido crecimiento político hasta
llegar al Senado de la Nación. La expulsión del
bloque del PJ, su participación en las comisiones
investigadoras... También están presentes las
preocupaciones estéticas de la primera dama, su
personalidad, la relación con sus hijos y su
incalculable proyección política.
Lo que se puede leer a continuación
son algunos pasajes del libro que se encuentra en
las librerías de Buenos Aires.
Cristina
Fernández de Kirchner llegó al Senado con la primer
camada que amplió el Cuerpo. La Legislatura de su
provincia la había elegido para ese cargo dos meses
antes, para reemplazar a Pedro Molina, quien hasta
entonces había sido presidente de la bancada
justicialista. Junto a ella, que fue votada por 19
de los 22 legisladores presentes, llegó el radical
Juan Ignacio Melgarejo, nominado por la minoría con
apenas cinco votos.
(...) El
enfrentamiento con Menem no fue de entrada una
guerra declarada. Cristina respetaba por entonces la
investidura del riojano más famoso, limitándose a
plantear sus diferencias en temas puntuales como por
ejemplo el indulto de los carapintadas y los
miembros del MTP con el que se especulaba a fines
del 95. Le pediría al Presidente que si tiene in
mente esta decisión, por favor recapacite y no la
tome, porque creo que no se puede dar mensajes y
señales tan confusas al conjunto de la sociedad
-diría entonces-. No puede ser que un ciudadano
común, cuando infringe la ley, sea castigado con
toda dureza, y quienes han hecho de esto
prácticamente un deporte, caminen por las calles sin
problemas.
Paso por paso, a los
que primero les marcó la cancha Cristina fue a sus
futuros compañeros de bancada. Acá todos somos
representantes de las provincias y no pasa por
apoyar o combatir las decisiones del Ejecutivo;
pasa por discutir y analizar lo que le conviene al
conjunto del país, y en especial a las
provincias. Obviamente entonces que en aquellas
cuestiones que estén en contradicción con los
intereses de la región, voy a optar por una postura
provincial, advertía, poniendo como ejemplo
reciente la experiencia de la reforma constituyente.
(...) No llevaba
cinco meses en el cargo cuando Cristina se convirtió
en la excepción de su bloque al votar en contra del
proyecto de prórroga del Pacto Fiscal II, que
extendía su vigencia hasta fines de 1996. La
prórroga del Pacto le permitía a Economía disponer
de un piso de coparticipación de 740 millones de
pesos mensuales a distribuir entre las provincias,
las cuales no recibían fondos desde hacía cinco
meses. Un retraso que incidió directamente en la
decisión de varios senadores radicales que
terminaron sumándose insólitamente al oficialismo
para lograr que se aprobara la norma.
La rotura de lanzas
con sus pares tendría lugar por esos mismos días,
aunque no por su oposición a la prórroga del Pacto
Fiscal. Acababa de estallar el escándalo por la
venta de armas argentinas a Ecuador, país que
libraba con Perú lo que se conoció como la Guerra
del Cóndor, y un conflicto en el que Argentina
ocupaba el rol de garante de la paz.
(...) Con la
intención de que ella misma se apartara de la
bancada, según confiaron fuentes del propio
oficialismo, la mesa directiva del bloque resolvió
expulsarla de las comisiones de las que formaba
parte.
La medida fue
sorpresiva y la involucrada se enteró al cabo de una
reunión de comisión celebrada el 7 de mayo de 1997
en la que nadie le avisó de nada, cuando llegó un
memo al despacho en el que le indicaban que había
quedado fuera de todas las comisiones que integraba:
Relaciones Exteriores y Culto; Asuntos Penales y
Regímenes Carcelarios; Educación; Familia y
Minoridad; Economías Regionales; Coparticipación
Federal de Impuestos; Asuntos Administrativos y
Municipales, y hasta de la Bicameral de
Esclarecimiento del Atentado a la Embajada de Israel
y la AMIA. La nota estaba firmada por el jefe de los
senadores justicialistas, Augusto Alasino, y el
secretario general del bloque, Angel Pardo. Allí se
indicaba además quienes serían los senadores que la
sustituirían en esos grupos de trabajo.
El senador
entrerriano Héctor Maya se encargó ante la prensa de
justificar los motivos que llevaron al bloque a
tomar la inédita medida: Nosotros venimos
registrando una serie de cuestiones donde la
senadora Kirchner se maneja con excesiva
individualidad, lo cual es respetable, pero no es
muy común dentro del peronismo... En un bloque hay
que debatir, pero para mantener la unidad de un
cuerpo es necesario que nos sometamos a distintas
reglas.
(...) Con la guerra
ya abiertamente declarada para 1998, los Kirchner
ampliaban su abanico de enemigos en el gobierno.
Cristina ya era diputada nacional y disparaba contra
el canciller Guido Di Tella ya no por el tema
Hielos, sino por Malvinas, considerando un fracaso
su política de seducción de los kelpers. El terminó
seducido por los intereses de los usurpadores de las
Malvinas, advirtió la ahora diputada.
Una semana después de
que saliera con los tacos de punta a embestir contra
Di Tella, volvería a estallar, al trascender los
detalles de una nueva elaboración de la poligonal
surgida de negociaciones secretas auspiciadas por la
Cancillería y con la participación de legisladores
justicialistas y de la Alianza. Se trataba de una
nueva poligonal, distinta a la acordada el 2 de
agosto del 91 entre los presidentes Menem y Aylwin,
establecida a partir del trabajo de una comisión de
técnicos conducida por el ingeniero Bruno Ferrari
Bono, un ex funcionario del gobierno de Alfonsín,
miembro titular de la Academia Nacional de
Geografía, por el lado argentino, y María Teresa
Infante Cafi, titular de la Comisión de Límites y
Fronteras de la Cancillería chilena.
(...) - Lo peligroso
fue que Cristina se enamoró de su rol de opositora y
no había forma de hacerle entender que este tratado
era digno para el país, razonable y, además,
contribuía a resolver el problema y no agrandarlo
como la poligonal de Olima. Así, se quedó sola
votando en contra en la Cámara de Diputados
-recuerda un legislador del PJ de esos tiempos.
Con esa media
sanción, todavía faltaría medio año para que el
tratado se convirtiera en ley en el Senado, donde
los únicos votos en contra fueron los de los
kirchneristas Daniel Varizat y Eduardo Arnold.
A la distancia,
allegados a los Kirchner admiten que el cometido
emprendido en la cuestión Hielos se cumplió en gran
medida, más allá de los reparos expresados por lo
aprobado. La poligonal era absolutamente rechazada y
esa fue la campaña que llevó a Cristina a recorrer
el país y, por qué no admitirlo, a que el país se
familiarizara con ese apellido.
(...) El informe de
Cristina de 1997 hizo en sus consideraciones finales
todo un manifiesto político, al señalar que ambos
atentados se produjeron en un marco
histórico-institucional absolutamente favorable a la
impunidad y que la prolongada sucesión de
interrupciones y quiebres institucionales durante
décadas y la consiguiente instalación de la doctrina
de seguridad nacional que vertebró y estructuró la
organización y funcionalidad de los organismos de
seguridad e inteligencia de nuestro país, no es una
cuestión menor (...) El advenimiento de la
democracia en 1983 se caracterizó en esta materia
por marchas y contramarchas que neutralizaron la
voluntad de cambio al no poder traducirse la
misma en la depuración de dichos organismos. En este
sentido, decisiones políticas tales como la
obediencia debida y el punto final -para las que se
esgrimieron razones de Estado- no sólo han
contribuido a profundizar la cultura de la
impunidad, sino que han obstaculizado objetivamente
la depuración de los organismos de seguridad e
inteligencia de aquellos elementos que operaron en
forma paralela, clandestina e ilegal al sistema. Los
decretos de indulto constituyeron el acto final.
Con ese escenario
previo y esos organismos de seguridad e
inteligencia, señaló Cristina en su dictamen,
sobrevinieron los atentados.
Sobre el papel de la
Justicia, reconoció la labor desarrollada por el
juez federal Juan José Galeano y los fiscales Eamon
Müllen y José Barbaccia, pese a los obstáculos.
Sugirió además otorgarle al juez y a la fiscalía la
más absoluta disponibilidad de los recursos humanos
y materiales que se requieren para afrontar la
investigación.
(...) Poner a Carrió
y Kirchner juntas en una misma comisión terminó
haciendo confrontar juntas a dos prima donnas. No
había lugar para dos personalidades tan fuertes en
un mismo espacio, donde ninguna de las dos estaría
dispuesta a disciplinarse a la otra. Amén de lo que
sostienen los allegados a la santacruceña.
En realidad, la idea
de motorizar la creación de una comisión de
diputados que investigara un tema donde convergían
la corrupción, la evasión y las causas de la grave
crisis económica que vivía el país venía siendo
reclamada por Cristina Fernández y otros
legisladores justicialistas. Ella, junto a Eduardo
Di Cola, Arturo Lafalla y Carlos Soria habían pedido
en marzo de 2001 la constitución de una comisión
especial investigadora, cuyo objetivo sería
deslindar y atribuir responsabilidades en las
maniobras de lavado de dinero a las que se
vinculaban diversos bancos y financieras argentinos.
Los legisladores justicialistas proponían como tarea
una investigación y determinación de la masa de
dinero mal habido o de dudoso origen, ingresado al
circuito financiero legal por el sistema bancario
argentino, especialmente a través de dos bancos:
Citibank, Federal Bank, Mercado Abierto, Banco
República, Banco Macro y de los que surjan de la
investigación, señalaron a través de un proyecto
cuando ya se tenía conocimiento de las
investigaciones desarrolladas en el Senado
estadounidense sobre el lavado de dinero en la
Argentina. De hecho, la Cámara de Diputados ya había
aprobado un proyecto del cordobés Di Cola pidiendo
que el Senado norteamericano remitiera esa
documentación a la Argentina.
(...) Arturo Lafalla,
Eduardo Di Cola y Cristina Kirchner eran de los
primeros justicialistas en presionar por la
constitución de esa comisión, y peleaban por el
puesto restante. El mendocino Lafalla quedó fuera
por temor a que en la investigación surgieran datos
sobre la privatización del Banco de Mendoza,
realizada durante su gestión como gobernador; el
cordobés Di Cola tenía prácticamente asegurado el
lugar hasta que Néstor Kirchner llamó directamente
al gobernador José Manuel de la Sota para pedirle
que le dejara el lugar a su esposa, a lo que el
cordobés accedió, en aras del buen entendimiento que
por entonces buscaba para mantener el respaldo de
los gobernadores para su objetivo presidencialista.
(...) Las chicanas
entre ambas estaban a la orden del día. Cuando
algunos legisladores se ilusionaron con hallar
-además de casos de lavado de dinero- elementos que
comprobaran evasión fiscal, inspectores e la AFIP
advirtieron que existía un impedimento por el
bloqueo fiscal que establecía la ley tapón.
- ¿Qué es la ley
tapón? -preguntó Elisa Carrió.
- ¿No te acordás? Si
vos la votaste... -la toreó Cristina.
(...) La tolerancia
no es una virtud que se le pueda asignar a Cristina
Fernández. A la hora de enumerar sus cualidades, los
cristinos sostienen que ella es un cuadro político
-caracterización que más les agrada a ella y su
esposo- de innegable capacidad y con una trayectoria
absolutamente limpia y reconocida, que avala su
volumen político. Sus críticos, que se cuentan
por decenas -aunque con el acceso del kirchnerismo
al poder muchos hayan mutado o morigerado sus
comentarios-, expresan que la irascible platense
es una pésima negociadora, incapaz de apagar el
rencor cuando se ha encendido.
(...) En el ejercicio
del poder, debieron echar mano a la indulgencia,
porque de lo contrario no hubieran alcanzado los
cuadros propios para gobernar. Miguel Angel Pichetto
se convirtió en un elogiado soldado kirchnerista al
tomar sobre sí la responsabilidad de conducir el
bloque del Senado, donde debió manejarse auscultado
permanentemente por la propia Cristina, quien nunca
se llevó mal con él, pero bien sabía de su pasado
menemista.
Hagamos de cuenta
que eso nunca existió, dicen que le dijo Cristina a
la hora de absolverlo.
No es buena
negociadora, es verdad. En rigor, jamás consideró
que esa fuera una función que le correspondiera.
Desde sus tiempos de legisladora provincial, siempre
se manejó con objetivos bien concreto que tenían la
generación de poder como fin primordial, y en ese
marco no tenía necesidad de hacer concesiones ni
entrar en componendas. Su esposo siempre contó con
ella como mascarón de proa para embestir contra sus
enemigos, guardándose para sí mismo la función
contemporizadora.
(...) Con Eduardo
Menem la disputa era diferente y hasta existía
cierto respeto de parte de ambos, a pesar del nivel
de la confrontación alcanzado en numerosas
ocasiones. Cristina lo diferenciaba a él del resto
de los senadores con los que se peleaba, a los que
consideraba una banda organizada en beneficio
propio. Ella le tiene en cambio a Eduardo cierto
respeto, porque lo considera un tipo
legislativamente bien considerado y no un runfla que
usó la banca para enriquecerse, detalla el vocero
de la senadora.
Los cristinos
coinciden en hablar de un reconocimiento profesional
que se da entre ambos, más allá de que se hayan
peleado a muerte en todas las reuniones de comisión
y aun en el recinto.
(...) La senadora
santacruceña tomó siempre el tema de la reforma
laboral como una cuestión personal, y como tal
había presentado un proyecto de ley en sus tiempos
de diputada, pidiendo la suspensión de los alcances
de la norma hasta tanto la Justicia se expidiese
sobre la existencia o no de sobornos. Incluso el 11
de mayo del año 2000, cuando nadie hablaba del tema,
había denunciado durante una sesión de Diputados la
existencia de sobornos para que los senadores
aprobaran la reforma, razón por la cual terminó
siendo citada por el entonces juez Carlos Liporaci
para declarar en la causa.
Textualmente,
Cristina había dicho durante esa sesión que debemos
ejercer la defensa de las instituciones, que no es
la de los partidos que representamos y mucho menos
la de sus dirigentes circunstanciales. Todo ello me
lleva a decir lo que pensamos, que es lo que muchas
veces se murmura en los pasillos o cuando se apagan
los micrófonos o las luces de las cámaras de
televisión, porque las circunstancias que rodearon
el proceso de revisión en el Honorable Senado no
sólo fueron escandalosas sino penosas, decadentes y
hasta sospechadas.
(...) Hay quienes
afirman que el encono verdadero de Cristina
Fernández con Barrionuevo viene en realidad de
cuando en plena campaña el sindicalista definió a su
esposo como un perro muerto al que los intendentes
bonaerenses sacaban a pasear. Pero en rigor de
verdad, no es Barrionuevo el dueño del copyright de
esa frase, sino el intendente Hugo Curto.
(...) Bien podía
Cristina Fernández haber perdido su lugar al frente
de Asuntos Constitucionales el año anterior, cuando
se especuló con ese castigo luego de que los ocho
rebeldes de entonces -a los que encabezaba la
santacruceña- quedaron en la mira por su actitud en
la derogación de la ley de Subversión Económica. Y
esa decisión estuvo a punto de ser adoptada en el
marco de la reducción de las 47 comisiones de
entonces a 25. Sin embargo no se aplicó el
escarmiento por sugerencia del propio presidente
Duhalde, quien estaba más preocupado entonces por
cerrarle a Menem los caminos de retorno a la Rosada,
y lo que menos quería entonces era despertar la ira
de Cristina, que tan bien era conocida. Luego,
cuando Kirchner fue bendecido como candidato,
Cristina se aseguró la permanencia al frente de
Asuntos Constitucionales y en esa condición había
manejado el embate contra Barrionuevo, amén de la
decisión de sus pares de protegerlo.
(...) Peor fue la vez
que Cristina decidió aleccionar públicamente a
Scioli cuando se establecían los pasos a seguir
respecto al juicio político a Eduardo Moliné
O'Connor. Con poco espacio para la tolerancia,
Cristina explicó en forma vehemente cada uno de los
pasos que debían seguirse a su juicio, luego de que
Scioli -que llevaba en la función menos de tres
meses, contra años de la primera dama- propusiera la
constitución de la Cámara en tribunal para tomar
juramento a los presentes y fijar así el
procedimiento.
Cristina le marcó que
correspondía darle entrada a un proyecto suyo que
proponía lo mismo, en virtud de haber dado lugar a
conformación de causa, de conformidad al artículo 53
de la Constitución Nacional. Voluntarioso, Scioli
propuso someter a votación el proyecto, que resultó
aprobado. Pero trastabilló luego cuando llegó un
pedido de excusación de parte del senador radical
Raúl Baglini, que parecía obligar a ser debatido
previamente a la toma de juramento.
Ahí saltó nuevamente
Cristina quien, fastidiada, resolvió que la salvedad
que planteaba Baglini debía pasar a la Comisión de
Asuntos Constitucionales, que ella presidía, que
funciona como secretaría del tribunal.
No fueron pocos los
que advirtieron que el enojo de Cristina Kirchner
con Scioli tenía que ver con el castigo impuesto por
su esposo, pero un cristino se encargó de poner las
cosas en su lugar: Ojo que Cristina tiene sus
propios disgustos, que no necesariamente coinciden
con los de su esposo
* José Angel Di Mauro
nació en 1961 y lleva más de 20 años ejerciendo el
periodismo. Pasó por los diarios El Día de La Plata,
La Gaceta de Hoy y Diario Popular, donde es
secretario de Redacción. Dirigió la revista Opinión
Pública y las publicaciones Brief y Diario Gremial.
Actualmente codirige la revista Semanario
Parlamentario, único medio semanal especializado en
temas legislativos y los sitios de Internet
Parlamentario.com y Diario Gremial.com. En
televisión es uno de los conductores del programa
Parlamentario TV.
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