Mujica compite con Tabaré
y precipita los tiempos electorales

por José De Lukas

 

La campaña electoral para elegir o reelegir un presidente en octubre del 2009, está en plena marcha. En Uruguay esto no es noticia, siempre ha sido así. Pero con este gobierno este síndrome se acentuó por la misma naturaleza o composición de sus integrantes; se trata de una administración constituida por jefes o lideres políticos, con funciones ministeriales, competitivos electoralmente entre sí.

 

La carrera electoral se acelera tan rápidamente que desde hace varios meses casi no pasa una semana donde alguno de los actores políticos, con o sin representación parlamentaria, no se vea en la necesidad voluntaria de candidatearse.

 

Pero es en la izquierda donde la velocidad ya es casi un vértigo e impregna todo el comportamiento gubernamental. No es casualidad que en el mismo momento que se discute los contenidos de la última “Rendición de Cuenta” del ejercicio con posibilidad de aumentar los gastos de este gobierno, prácticamente y en especial los principales presidenciables se pronuncien directa o indirectamente por el tema electoral. Tampoco es un secreto para nadie, que de cómo transcurra la salud económica de este país empobrecido, dependerán en gran medida los éxitos electorales futuros, más cuando el significado que tuvo el voto de la mayoría al Frente Amplio, fue el de buscar un cambio en la economía nacional.

 

El ministro José Mujica con sus últimas declaraciones, parece querer precipitar los acontecimientos. Quiere ser el futuro presidente, casi desde el mismo primero de marzo del 2005 cuando salió brazos en alto, al balcón de la casa de gobierno y sorprendió al también reiteradamente aspirante, ministro Danilo Astori, que solo atinó a mirar en dirección contraria.

 

Pero hoy no es Astori el obstáculo para que él pueda ser candidato, la valla insalvable para el exitoso político, es el presidente Vázquez y Mujica desde hace mucho busca ganar tiempo empujándolo a un pronunciamiento concreto por su reelección. Lo hace con habilidad y astucia maquiavélica. Se ha convertido él mismo en el mayor promotor de una reelección de Vázquez, sabiendo que más temprano que tarde se creará un estado de opinión sobre la reelección que obligará al presidente a pronunciarse.

 

Todos los hechos y acontecimientos públicos y no públicos demuestran que el Presidente juega desde hace mucho tiempo también su juego, compitiendo con Mujica y con otros de sus ministros.

 

Observemos  solo algunos hechos de los últimos días. Gerardo Bleier, director de Comunicación Institucional del presidente Tabaré Vázquez, dijo en un reportaje al diario Últimas Noticias con respecto a la reelección (sin que nadie desmintiera): “Vázquez no se está negando a ser reelecto sino ´a hablar”. “Yo no conozco a nadie que se niegue a ser reelecto en la hipótesis de que la sociedad le pida la reelección mayoritariamente porque confía en él, en su estabilidad, en su espíritu transformador, en su capacidad de articulación". A su entender, la negativa del mandatario a tocar el tema responde a que "no es un problema de él, sino de la sociedad. Su tiempo político no es el de pensar en cuestiones electorales. Puede que para otros actores que ansían llegar al poder el tiempo electoral llegue en tres o cuatro meses, pero eso no es así para el presidente de la República, que en este momento cumple con la tarea de gobernar".

 

Es legítimo pensar que si alguien que trabaja “Institucionalmente”, diariamente y bajo el mismo techo que el Presidente dice esto, algo de legitimidad tiene. De lo contrario Bleier hoy estaría en otro lado.

 

Pero reparemos en otra “casualidad” o “causalidad”. Más reciente, hace pocas horas; según sostuvo el sociólogo Luís Eduardo González, titular de la consultora Cifra, "a más de la mitad de los uruguayos le agrada la imagen del presidente"

( 53%). Además, "seis de cada diez aprueba la gestión del actual gobierno"(59%), simultáneamente el 58% se manifiesta con respecto a la posibilidad de establecer los mecanismos necesarios para un sistema de posible reelección presidencial. Los uruguayos ven con "buenos ojos" la posibilidad de que se modifiquen las normas constitucionales, sostuvo González.

 

El testeo de distintas encuestadoras se ha venido realizando desde los primeros meses de la gestión del gobierno del presidente Vázquez, esta podría tomarse como una más. Lo que habilita concatenar los hechos es el universo derivado de la encuesta de González y el universo de conceptos de lo dicho por Bleier  a Últimas Noticias.

 

Los datos aportados por la encuesta de González  le dieron una excelente oportunidad al ministro Mujica no solo ahora para competir con el presidente Vázquez, empujándolo a pronunciarse sobre el tema reelección, sino para hablar en sí mismo del futuro acto electoral, cuando su otro competidor el también ministro Astori pasa por el momento más difícil, Rendición de Cuenta mediante y Ley Tributaria, con inmensas interrogantes de opinión publica.

 

El “gran juego” ha seguido: consultado por tales datos, el presidente Tabaré Vázquez sostuvo que las encuestas "son una referencia del momento" y luego agregó "el rumbo del gobierno está fijado, con encuestas o sin ellas vamos a seguir el compromiso adquirido".

 

Al  día siguiente Mujica redobló la apuesta diciendo “Soy un recontra reelecionista de Tabaré”(diario La Republica 13/05). Y para que no quedara duda de sus intenciones y que necesita ganar tiempo (electoral) agregó: “Meto para adelante porque además tengo que ganarle un partido a la biología”.

 

Mujica, como todos los demás, sabe que una reelección en Uruguay necesita una reforma constitucional que también tiene inevitablemente plazos y tiempos acotados a cumplir. Hoy más allá de los actores y sus intenciones está todo mezclado, gestión de gobierno y campaña electoral.

 

Si tomáramos también los datos de Cifras como válidos, los ciudadanos  se han sumado al “ruedo”. Nos espera una larga campaña electoral, pero también  como resolverle los sueldos decorosos a los maestros y profesores y el techo a los desplazados por inundaciones.

 

Difícil predecir resultados en una ecuación  no deseada.

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