Reeleccionitis y la
puerta de atrás
por Jorge García Alberti

Desde hace varias semanas, los políticos uruguayos se han visto afectados por un nuevo virus que aparece, en principio, como bastante contagioso y que tiene preocupados a todos, sin importar el partido al que cada uno pertenezca.

Ya hay montados debates y foros de discusión, sobre la oportunidad o no de plantear la reelección presidencial, se realizan cálculos para determinar cuál sería la forma en que podría plantearse el tema, si por Asamblea Constituyente, por iniciativa parlamentaria o si se incluirá, entre otros ítems, en una reforma de la Constitución.

 

El Presidente del Directorio del Partido Nacional, Jorge Larrañaga, dijo que el

“gobierno no tiene derecho a jugar con las especulaciones electorales” mientras que uno de los posibles candidatos a Presidente del Partido Colorado, Luis Hierro, manifestó que es “ indecoroso” que el Frente Amplio especule con este tema y “ tire los principios por la borda”.

 

Luego se hacen todo tipo de reflexiones en función de lo que estaría bien o lo que estaría mal para la “ciudadanía” o sea para el conjunto de los uruguayos, manteniendo la arrogancia de sentirse dueños de lo que “debe” pensar la mayoría sobre una posible reelección.

 

Nadie parece haberse percatado de que vivimos en un régimen democrático y todo lo que pueda suceder dentro de ese marco, incluso una reforma constitucional donde se incluya la reelección presidencial, es necesario que sea  atendido y discutido con fundamentos y, posterior a eso, ratificado o no por los ciudadanos con el voto secreto.

 

Si la mayoría de la población acepta la reelección será porque no ve en ello algo malo o será porque desde las tiendas de la oposición no se presentan ni candidatos ni ideas alternativas cautivantes, que puedan evitar esa decisión.

Pero lo más llamativo de todo este tema, es que nadie de la oposición ha percibido la cautela con la que se está manejando el propio Presidente Vázquez en este asunto.

 

Los políticos opositores, lo han desafiado a que descarte públicamente el punto en cuestión y lo único que se ha limitado a decir el Presidente es que la posible reelección “ni se le ha pasado por la cabeza”.

 

Vázquez, en la historia contemporánea del Uruguay, seguramente quedará inscripto como uno de los políticos- líderes con mayor sentido de la oportunidad.

 

Cuando fue intendente de Montevideo, lo llamaban “outsider”, un recién llegado a la política y si alguien se toma el trabajo de analizar su primer paso por la comuna capitalina, verá que tampoco se pronunciaba por su eventual reelección.

Más tarde, las circunstancias y la gestión de gobierno en Montevideo, hizo factible un segundo mandato para Vázquez y allí optó por la candidatura.

Da la sensación que nadie lo conoce y que tampoco se han tomado el trabajo de analizarlo como eventual adversario. Pero ya pasaron veinte años de su incursión en la política.

 

Vázquez sabe, y la oposición parece que no, que su posible permanencia en el poder estará dependiendo exclusivamente de los resultados que se obtengan de las reformas estructurales que están planteadas en el país, en especial de la Reforma Tributaria y la prevista en el Estado.

 

Si esos dos caballos de batalla salen airosos y la mayoría de la población percibe que recibió mejoras, en relación a cómo vive hoy, será muy difícil evitar un segundo mandato. Si eso sale mal, habrá que presentar otras propuestas y será momento para la oposición de generar nuevas ideas. En ese momento, se terminó la posible reelección.

 

Los dirigentes de los partidos tradicionales, no terminan de entender que el actual gobierno del Frente Amplio, no es una circunstancia fortuita, no es un accidente en el camino, como no lo es la permanencia del gobierno en la Intendencia de Montevideo y el haber conseguido la mayoría en otros municipios.

 

El actual gobierno del país, es producto del desgaste de los partidos tradicionales, de haber conducido el Uruguay en forma alternada desde el comienzo de la historia con aciertos pero también con muchos errores, muy pocas veces reconocidos y de la soberbia de algunos dirigentes que no han tomado conciencia que no van a ser eternos y que su tiempo se terminó.

 

Por eso, que ahora les afecte el virus de la “reeleccionitis”, no hace más que confirmar su mirada de corto plazo, su poco interés por los temas de fondo que afectan a los uruguayos y su gran temor por tener que abandonar la política, de la que han vivido durante décadas, por la puerta de atrás, sin que la ciudadanía se acuerde de ellos.

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