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El comandante Rosales:
discurso con limitaciones
por Raúl Legnani
El
18 de mayo, Día del Ejército, fecha de la Batalla de
las Piedras en la que José Artigas venció a los
españoles, los militares retomaron la palabra.
Hablaron ¿pero expresaron algo nuevo? Veamos.
Quizás
lo más interesante sea que Gregorio Alvarez sigue en
la paranoia anticomunista y que el comandante Jorge
Rosales no calza los puntos necesarios para comandar
un proceso de cambio que lleve al instituto armado a
su reconciliación con el resto de la sociedad,
aunque haya hablado de reconciliación.
El
Ejército y las Fuerzas Armadas siguen sin tener a
una figura democrática, culta, con visión de futuro
como lo fueron en su momento Líber Seregni y Oscar
Baliñas, que sea capaz de resolver el pasado
atendiendo los próximos 20 años. Seamos justos: si
vemos otras corporaciones, encontramos la misma
carencia, si es que miramos por el lado de la
Educación o de la Salud, donde no aparece un José
Pedro Varela o un Carlos María Fosalba.
El
teniente general Rosales se mostró, a través de su
discurso, como un hombre que siente las tensiones de
la sociedad y de su interna, por eso permanentemente
hace equilibrios para mantener la unidad del
Ejército, elemento imprescindible para hacer avanzar
el proceso democratizador del instituto armado,
mientras que muestra intenciones de avanzar y de
superar el pasado, sin dar el examen del pasado.
Fue así
que se mostró a favor de que el 19 de junio sea el
día del Nunca Más propuesto por el presidente Tabaré
Vázquez, con la esperanza de que esa jornada genere
una actitud de compromiso social positivo. Tenemos
plena confianza en que se concrete la reconciliación
que propone el presidente Vázquez, agregó,
Pero, a
la vez, pidió un gesto y una actitud de
tolerancia de los sufrientes de la dictadura, a la
vez que señaló que el Ejército no quiere ser juzgado
por eventuales acciones individuales incorrectas.
Con
estas palabras Rosales toma distancia de los
militares que están siendo procesados o ya fueron
procesados, pero no va al fondo del asunto. Deja la
sensación de que quiere salvar al instituto militar,
pero sin encarar las responsabilidades del
instituto, en tanto no puede ocultar que las Fuerzas
Armadas asumieron, como tales, el poder en nuestro
país y construyeron la peor historia de la sociedad
uruguaya.
Rosales
tiene derecho más discutibles es si tiene razón o
no - a sentirse agraviado porque antes de 1973, año
del quiebre institucional, surgieron grupos civiles
que tomaron las armas para tomar el poder. Pero a la
vez debe encarar con valentía y dignidad democrática
que las Fuerzas Armadas dieron un golpe de Estado,
terminaron con el parlamento y la legalidad,
construyeron una enseñanza pública propia del
paleolítico, y torturaron, asesinaron,
desaparecieron y mandaron al exilio a miles de
uruguayos, violando todos los derechos humanos.
A
Rosales le falta mucho, aunque sus intenciones sean
las mejores. Y no creo que eso que le falta sea
porque está condicionado por el chantaje militar de
los golpistas, sino porque se comió la pastilla de
que el país saltó en pedazos en 1973 por la
desgraciada teoría de que el Uruguay vivió el
enfrentamiento entre dos bandos, dos demonios.
A pesar
de esta situación compleja y contradictoria del
discurso militar oficial, desde el campo de lo civil
hay que actuar con cautela, sabiendo que el planteo
del Presidente a favor de la reconciliación no nos
aleja de la verdad, sino que favorece el encuentro
con la verdad.
Los
demócratas tenemos que seguir trabajando para
impedir que Rosales se vea obligado a recostarse en
Gregorio Alvarez y su patota. Verdad, Justicia y
Reconciliación no son paradas de un ómnibus, donde
primero hay que partir de la Verdad, para después
bajarse en Justicia y de allí hacer un trasbordo
hacia la Reconciliación. Son tres sentimientos,
objetivos o como usted quiera llamarle, que deben de
ir de la mano, sabiendo que nunca se va a llegar a
la Reconciliación con los militares, por lo menos
con estos militares, mostrando un discurso con una
interpretación histórica igual al de la izquierda.
Hoy
Rosales habla como blanco y colorado. Todo un
avance, porque ya el comando del Ejército no habla
como Gregorio Alvarez, ni Silva Ledesma, aunque sea
un análisis que salva a los civiles de la dictadura.
El
desafío es seguir avanzando y posibilitando que un
día las Fuerzas Armadas quieran realmente saber
quien mató al Coronel Ramón Trabal y se atrevan a
analizar con rigurosidad por qué llegaron a tomar
por asalto a la democracia.
Para
esto falta tiempo, quizás más de lo que pensamos en
algún momento. La bandera de la Reconciliación debe
ser de la izquierda porque es lo justo, pero también
porque genera las mejores condiciones para que la
vida, en todos sus matrices, ingrese por las puertas
y ventanas de los cuarteles, donde habrá sin duda
un cartel que diga, con orgullo y dignidad: Nunca
Más. El orgullo de un militar que no se sintió
derrotado, sino de un militar que supo derrotar por
sí mismo y junto a todos los orientales a la peor
época de nuestras Fuerzas Armadas.
* Ver en Documentos,
discurso completo del comandante en jefe del
Ejército, Jorge Rosales.
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