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El liderazgo de Brasil y la
retirada de México de la región
por (PhD ) Susanne Gratius
Este
es un capítulo del amplio informe sobre Brasil en
las Américas: ¿Una potencia regional
pacificadora?, de la investigadora Susanne Gratius
para La Fundación para las Relaciones
Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE), con
sede en Madrid. Con la presente publicación, FRIDE
abre un debate sobre el papel de las potencias
medias como Brasil, en la prevención y resolución de
conflictos políticos y crisis de Estado en su
entorno geográfico, dice el informe en su
presentación.
Al usar instrumentos blandos para
objetivos duros (crear a largo plazo un contrapoder
sudamericano), Brasil podría calificarse como una
hegemonía cooperativa.
Ésta tiene la capacidad de
acumulación de poder Al no ser una potencia nuclear
ni disponer de grandes recursos militares, Brasil es
un soft powercomprometido con valores cívicos tales
como la paz, la democracia y la integración o
cooperación entre Estados.
Como potencia civil no aspira al
dominio militar en América Latina, una región
carente de conflictos interestatales, pero plagada
de crisis intraestatales o intermésticas que
difícilmente se resuelven por la vía militar. Con su
enfoque cooperativo, a largo plazo, Brasil podría
ser más efectivo a la hora de contribuir a la
prevención y resolución de conflictos en la propia
región que EE.UU.(
)
El fin de la era mexicana y el factor
Chávez
El principal problema de liderazgo
político que tiene Brasil es la falta de
reconocimiento o aceptación por parte de sus
vecinos. Mientras que Bolivia e incluso su potencial
rival Venezuela son más favorables a reconocer un
liderazgo político de Brasil en la región, 74 su
principal aliado Argentina es el país más reacio.
Entre otros, es uno de los mayores
opositores al ingreso de
Brasil
al Consejo de Seguridad. Es un juego difícil: si
Brasil actúa con demasiada discreción o
understatement regional, no logra ser reconocido
como líder; y si ejerce el poder de manera visible,
su liderazgo es rechazado por sus vecinos. Otro
obstáculo a un
liderazgo político regional de Brasil
es la rivalidad con dos potenciales poderes
regionales: México y Venezuela. Por su peso
económico (es la 11ª economía del mundo) y su
histórico papel en el movimiento tercermundista,
México es el tradicional rival de Brasil en América
Latina. México fue hasta los años ochenta el fin de
la era del Partido Revolucionario Institucional
(PRI) el actor latinoamericano con mayor peso
político regional e internacional.
A partir de los
noventa, el liderazgo fue asumido por Brasil. La
retirada de México de la región y la entrada de
Brasil ocurre en paralelo y está estrechamente
vinculada con su compromiso con dos iniciativas:
NAFTA y MERCOSUR. Si la primera norteamericanizó
la política exterior mexicana, la segunda
sudamericanizó la agenda exterior de Brasil. En la
medida en que avanza la separación geopolítica,
existe un pacto no escrito de que Brasil es la
potencia sudamericana y México una sub potencia
centroamericana.
A diferencia de
Brasil, México no dispone de una política exterior
pro-activa comparable con la de Itamaraty. Desde su
entrada en NAFTA, las relaciones exteriores de
México se concentran en su compleja relación con
Estados Unidos. Así, México es considerado como un
país birregional con una doble identidad norte y
latinoamericana que ha dejado de aspirar a un
liderazgo regional o global. La fuerte dependencia y
alianza de México con EE.UU. representa la principal
limitación a un liderazgo regional, pero también una
clara ventaja al permitirle jugar en la primera liga
de países e ingresar en la OCDE. Pese a su
relevancia económica y demográfica, varios factores
adicionales impiden que México sea una potencia
regional: la falta de voluntad política para ejercer
de potencia regional, un escaso protagonismo
internacional y un entorno poco proclive a reconocer
su liderazgo.
Cuando México se
retiró, desde el norte de Sudamérica surgió otro
rival de Brasil: Venezuela. Este país tiene tres
ventajas comparativas frente a Brasil: un proyecto
político, un líder
carismático y recursos financieros. A diferencia de
Brasil y de forma mucho más directa, la Venezuela de
Hugo Chávez ofrece petrodólares a sus países
vecinos, un discurso político regional y un proyecto
político-ideológico. Venezuela ha lanzado varias
iniciativas concretas en la región, la mayoría de
ellas
en el ámbito
energético: el acuerdo Petrocaribe, un intercambio
petróleo/ know-how con Cuba, el canal de televisión
latinoamericano Telesur y la idea de crear una
empresa petrolera sudamericana, Petrosur.
A diferencia de Lula,
Chávez lanza un nuevo proyecto político regional: el
socialismo del siglo XXI y/o la Revolución
Bolivariana. Aunque ideológicamente difuso, incluye
elementos negativos de fácil identificación
latinoamericana: el antiimperialismo y el rechazo
del papel intervencionista de EE.UU., la oposición a
las políticas económicas de corte neoliberal, el
empoderamiento de los pobres y la redistribución de
recursos. Aparte de su protagonismo en los foros
regionales (sobre todo CASA y MERCOSUR), Hugo Chávez
se perfila como nuevo icono de la izquierda
latinoamericana.
Muestra de ello fue
su protagonismo en el Foro Social Mundial celebrado
en 2006 en Caracas. No obstante, hay que distinguir
entre el poder potencial y efectivo. En el caso de
Venezuela, ni los petrodólares ni el proyecto del
Socialismo del Siglo XXI son ingredientes
suficientes para asumir un liderazgo regional.
Así, los recursos
económicos de Venezuela no son una constante sino
que dependen del mercado internacional, su proyecto
político polariza más que une y su férrea oposición
a EE.UU. disminuye sus posibilidades de éxito en la
región.
Además, por su
reducido peso económico, su limitada extensión
territorial y con 24 millones de habitantes,
Venezuela no tiene la capacidad material para
proyectarse
como una potencia
media (en términos cuantitativos) ni tampoco para
ejercer de potencia regional.
Otro factor
importante que limita su actuación en la región es
su dependencia de los ingresos petrolíferos que, a
su vez, dependen de las fluctuaciones del mercado
internacional y de
EE.UU., el principal socio comercial de Venezuela.
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FRIDE:
Centro de estudios independiente, con sede en
Madrid, dedicado a cuestiones relativas a la
democracia y los derechos humanos, la paz y la
seguridad, y la acción humanitaria y el desarrollo.
A través de la investigación en estas áreas, FRIDE
trata de influir en la formulación de las políticas
públicas y de informar a la opinión pública.
Susanne Gratius:
investigadora Senior, Programas de Paz y Seguridad y
de Derechos Humanos, FRIDE PhD en Ciencias Políticas
por la Universidad de Hamburgo. Durante los últimos
15 años ha sido Investigadora especialista en
América Latina en distintas instituciones europeas
tales como el Instituto Alemán de
Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP) de
Berlín, el Instituto de Estudios Iberoamericanos (IIK)
de Hamburgo y el Instituto de Relaciones
Europeo-Latinoamericanas (IRELA) de Madrid.
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