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Reforma tributaria: fin
del modelo conservador
por Héctor Acosta*
El
31 de marzo de 1990, concluyendo apenas el primer
mes de su mandato, el gobierno de Coincidencia
Nacional del doctor Luis Alberto Lacalle vota en el
Parlamento Nacional la primera de las leyes
fundamentales de su propuesta política: la Ley de
Ajuste Fiscal.
Recurriendo a los mismos argumentos y herramientas
utilizados por el equipo económico de la dictadura,
promueve un reordenamiento de las finanzas públicas
sobre la premisa de que un recorte en el nivel del
gasto y del salario resultaban fundamentales para
generar el ámbito propicio para la inversión y el
desarrollo posterior del país.
La Ley
16.107, titulada Ley de Ajuste Fiscal, tributario y
de aportaciones, además de promover una rebaja
sustantiva del gasto público, de modificar la tasa
del IVA elevándola del 21% al 22 y de aumentar las
aportaciones personales y patronales a la Seguridad
Social, recurrió al Impuesto a las Retribuciones
Personales engendro creado por el Cr. Valentín
Arismendi en 1982 y elevó sus tasas de aportación,
tanto a trabajadores en actividad como a jubilados,
hasta niveles del 7,5% sobre el monto total de sus
prestaciones.
¿Y
cuáles fueron las razones argumentadas para ello?
Al
presentar la ley ante el país, el gobierno reclamaba
de la población un gran esfuerzo pues, con este
ajuste fiscal, empezamos a cambiar el rumbo del
país. Con el equilibrio de las cuentas públicas
habrá mayores oportunidades de empleo, mejores
salarios y se podrá distribuir mejor lo que
produzcamos.
Se
podrá, asimismo, contrarrestar los efectos nocivos
de la herencia maldita derivada de la anterior
administración, y que hace a las consecuencias de
la reforma del Art. 67 de la Constitución, aprobada
en el plebiscito del 26 de noviembre del año pasado,
relativa al ajuste de las pasividades, que involucra
un incremento sustancial del gasto y por
consiguiente un relevante efecto de acrecentamiento
del ya elevado déficit fiscal.
Coincidiendo con la visión de la dictadura en el
sentido de que, cual un agujero negro, la Seguridad
Social es el polo de atracción de nuestra crisis,
el gobierno blanquicolorado hace recaer en los
sectores de jubilados gran parte de la
responsabilidad de la crisis social y económica del
país, y los utiliza como justificativo para el
brutal mazazo impositivo que descarga sobre los
salario dependientes.
Pero
aún, disponiendo por ley de la facultad exclusiva en
la fijación del valor del Salario Mínimo Nacional
variable a la que están atadas las franjas del
I.R.P. el gobierno de los doctores Luis Alberto
Lacalle y Gonzalo Aguirre comprime el valor del
indicador a efectos de que los contribuyentes del
impuesto en los límites superiores de cada franja,
fueran paulatinamente trasladándose hacia la franja
inmediata superior y pagando, por tanto, una tasa
cada vez mayor del I.R.P.
Sólo
durante la gestión de dicho gobierno, el S.M.N.
perdió un 66% de valor respecto del IPC, motivando
que más de la cuarta parte de los trabajadores de
cada franja finalizaran el período aportando en la
franja inmediata superior.
Fue así
que las previsiones de recaudación del Impuesto se
vieron totalmente desbordadas al final del
quinquenio, alcanzándose una recaudación superior a
los u$s 730 millones y pasando su incidencia en el
total de los recursos fiscales del 3,9% al 5,9%, con
un pico de 8,3% en el año 1991.
Esta
política expoliadora y expresamente perversa
estrenada por el gobierno del doctor Lacalle, fue la
plataforma de lanzamiento de un modelo de ajuste
fiscal permanente que, a través de versiones
renovadas de una idéntica trama, el país ha venido
sufriendo desde entonces hasta la asunción del
gobierno actual.
Y fue
así que el Julio María Sanguinetti con el argumento
de afrontar el déficit fiscal generado por el
carnaval electoral del gobierno del doctor Lacalle,
insistió con nuevos aumentos de las tasas del IVA,
con la reimplantación transitoria del I.R.P. y con
la utilización del S.M.N. como variable de ajuste
permanente.
Y fue
así también que el doctor Batlle que en su
discurso electoral proclamaba a los cuatro vientos
un ajuste fiscal al revés, eliminando impuestos
porque la capacidad contributiva de la gente esta
agotada impuso no uno, sino tres ajustes
fiscales, creó más 16 nuevos impuestos, agregó
nuevas franjas al I.R.P, ensanchó su base de
aplicación y elevó sus tasas a niveles de hasta el
20%.
Hoy,
cuando un nuevo gobierno, sobre nuevas bases y
nuevas visiones socio económicas ensaya una reforma
tributaria en serio, integral, que implica a la
estructura impositiva, a los organismos de
recaudación, a la filosofía del modelo, que deja sin
efecto impuestos ineficientes, que rebaja las tasas
del IVA, que deroga por fin el I.R.P. y que sienta
las bases de un nuevo paradigma que pague más,
quien tiene más aparecen las voces y las
actitudes de quienes impulsaron la situación
anterior, presentándose como los abanderados en la
defensa de los intereses de los jubilados, de las
capas medias, de los asalariados.
¡Cuánta
hipocresía! ¡Cuánta deshonestidad intelectual!
Y es que
el Impuesto a la Renta representa el comienzo del
fin del modelo conservador de los privilegios. Es el
inicio de una nueva línea filosófica en materia de
tributación, asentada en la justicia y la
solidaridad, por oposición a la concentradora,
egoísta y regresiva del modelo neoliberal. Es el
triunfo de la justicia social, por sobre el
paradigma de la cultura del éxito.
El
debate está planteado en esa perspectiva, en esa
confrontación ideológica.
* Asesor en temas tributarios
de la Alianza Progresista, 738
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