El ataque por el
flanco inesperado
por Jorge García Alberti

Las reformas que se puso como objetivo impulsar el gobierno desde el momento de asumir pretendían cerrar, en una primera instancia y así se hizo, los posibles reclamos de parte de los trabajadores. Para eso se convocaron los Consejos de Salarios, que permitieron mejorar los convenios de los trabajadores y las empresas.

 

La teoría indicaba que logrando aumentar los ingresos de los trabajadores, en algunos casos en forma sustancial con relación a períodos anteriores, se iba a poder contar con los sindicatos para abordar otro tipo de reformas que el país necesita. Se contempló también a los trabajadores del Estado, por lo menos a los que tienen los salarios más sumergidos.

 

Más aún, las circunstancias parecían ideales en un marco de crecimiento económico sostenido, con aumento del empleo y, por otro lado, brindando atención también a los sectores más necesitados mediante una fuerte inversión en un Plan de Emergencia que abarcaba a los jefes y jefas de hogar en mayores dificultades.

 

Todo cerraba perfecto. El partido de gobierno con mayoría absoluta en ambas cámaras, no tendría ningún tipo de complicaciones para afrontar los cambios.

Muy pocos pensaron que una cosa es la teoría, por mejores intenciones que se tengan y otra muy distinta la práctica.

 

Y la sorpresa llegó por el lugar menos esperado. Se podía pensar en una fuerte reacción de los empresarios contra el gobierno o de sectores conservadores para que llevaran adelante una política desleal o desestabilizadora. Pero no, fue la central de trabajadores sindicalizados, de incuestionable afinidad con el gobierno, estimulados por sectores del propio partido de gobierno que no comparten la línea económica, que comenzaron a presionar y a generar una serie de reclamos que terminan desencadenando, otra vez, una inesperada conflictividad laboral.

 

Si alguien hubiera anticipado hace un mes que se declararía servicio esencial el de contralor del tráfico aéreo, porque no iba a producirse ningún tipo de acercamiento entre las partes, habría sido calificado, por lo menos, de agente infiltrado de la CIA. No sería la primera vez que se utilizaba ese mecanismo en el actual período, pero nadie preveía que habría que volver a hacerlo.

A priori, parecía impensable que desde este gobierno se debiera llegar tan lejos.

 

Pero no son sólo los trabajadores del Estado quienes están en pie de guerra. También lo está el conjunto de la Enseñanza por razones de presupuesto, el sector de la Salud y la pesca, entre otros.

 

Quizá lo más grave sea la sensación de parálisis que causa en el conjunto de la población este tipo de hechos.

 

Si recordamos lo que ocurría en períodos anteriores, cada vez que se acercaba la discusión en el Parlamento de la Rendición de Cuentas, es decir la aprobación de los gastos para el año siguiente, notaremos que muy poco se diferencia con lo que ocurre hoy.

 

La explicación será tan fácil, como lo quieren hacer aparecer algunos integrantes del gobierno y lo expresan públicamente, que todo es producto de una manipulación de los medios que están en poder de la derecha y por lo tanto destacan siempre lo negativo.

 

No habrá que hacer otro tipo de análisis, un poco más profundo, quizá una autocrítica a modo de balance de mitad del período, donde se diga claramente cuáles son los objetivos y que parte de ellos podrán cumplirse en su totalidad y que otros quedarán relegados o fueron corregidos.

 

Si no es así, entraremos nuevamente en un período de inestabilidad para el país, con un fuerte descenso de la productividad, que por ahora no lo notamos debido a lo favorable que resulta para Uruguay la economía internacional.

Esta vez, el gobierno sufre el ataque por el flanco menos esperado y desde las propias líneas. Imaginemos que puede pasar cuando el ataque sea generalizado donde participen, además, los eventuales adversarios.

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