|
Las asimetrías entre China e India,
Brasil y África del Sur
por el profesor José Luís Fiori*
No
existen países satisfechos, todos quieren aumentar
su poder y riqueza, y algunos sueñan con la
condición de potencia. Pero el agujero de la aguja
que conduce al reino de los poderosos es muy
estrecho, y el club de los grandes siempre tuvo
pocos socios. Nunca más de seis o siete, desde el
siglo XVI, además de uno de los candidatos a la
entrada que tuvieron éxito, en cada siglo, siempre y
cuando algún viejo socio haya perdido su posición en
la dirección. Muchos analistas políticos y
financieros acostumbran clasificar a los países
según su potencial de entrada a este grupo
restringido de naciones, y en la entrada del Siglo
XXI, muchos hablan de China, India, Brasil y África
del Sur. Pero en general basados en similitudes
estadísticas o analogías financieras, que no
tienen en cuenta que estos cuatro países son
completamente diferentes, del punto de vista de
su inserción política y económica internacional, y
de su capacidad autónoma de iniciativa estratégica.
China e India poseen
civilizaciones milenarias, un tercio de la población
mundial, 3.200 kilómetros de frontera común, y
además de esto, son potencias atómicas. Dentro del
ajedrez geopolítico asiático, los hindúes consideran
que las relaciones amistosas de China con Paquistán,
con Bangladesh y con Sri Lanka, forman parte de una
estrategia de cerco de India, y de expansión china
en el Sur de Asia, la zona de influencia
inmediata de los hindúes.
Por su parte, los
chinos consideran que la aproximación reciente entre
los Estados Unidos y la India, y su nueva sociedad
atómica forman parte de una estrategia de cerco de
China, en la competencia territorial y bélica por la
hegemonía en el Sur y en el Sudeste de Asia,
involucrando también a los Estados Unidos. Además de
esto, China e India también compiten, en este
momento, en Asia Central, en el Oriente Medio y en
África, por recursos capaces de asegurar su
seguridad energética.
Por esto, China
invierte hoy pesados recursos en la modernización de
sus fuerzas armadas y ocupa un lugar central en la
planificación estratégica de los Estados Unidos. Al
final, China tuvo un papel decisivo en las Guerras
de Corea y de Vietnam, y tiene - cada vez más - las
características de todas las Grandes Potencias que
existieron dentro del sistema mundial. India, por su
lado, abandonó el idealismo práctico de su
política externa inicial, después de la primera
explosión nuclear china, en 1964, cuando el primer
ministro Bahadur Shastri autorizó el inicio del
programa atómico hindú, que alcanzó su madurez, con
las explosiones nucleares, de 1998, y con el éxito
del misil balístico hindú Agni II, en 1999. Momento
en que la India asumió plenamente la condición de
potencia nuclear, y definió su nueva estrategia de
inserción regional e internacional, con base en la
expansión simultánea de su poder económico y
militar. Por otro lado, del punto de vista
económico, China e India, ya se transformaron en
la nueva frontera de expansión y de acumulación
capitalista del sistema mundial, estableciendo
una relación virtuosa de crecimiento económico con
los Estados Unidos, y produciendo un efecto de
crecimiento en cadena en casi toda la economía
mundial.
Ahora bien, Brasil y
África del Sur, comparten con China e India, el
hecho de ser los estados y las economías más
importantes de sus respectivas regiones,
responsables por una parte expresiva de la
población, del producto, y del comercio interno y
externo de América del Sur y de África. Pero no
tiene disputas territoriales con sus vecinos, no
enfrentan amenazas internas o externas a su
seguridad, y no son potencias militares relevantes.
Después de su democratización, África del Sur
abandonó su programa nuclear y se involucró en casi
todas las negociaciones de paz dentro del continente
negro, pero sin presentar jamás ningún gesto
expansivo, o disposición para una lucha hegemónica
dentro de África.
Además de esto,
desde el primer gobierno de Mandela, África del Sur
se ha propuesto cumplir un papel de puente entre
Asia y América Latina, pero el volumen y el
ritmo de crecimiento del PBI sudafricano, el tamaño
de su población, sus limitaciones militares y su
falta de cohesión interna impiden que África del Sur
pueda aspirar a ningún tipo de expansión o
supremacía, que no sea en su región inmediata, en
África Austral, o en la condición de un estado
relevante para los asuntos de África Negra. Brasil,
por otro lado, nunca fue un estado con
características expansivas, ni disputó jamás la
hegemonía de América del Sur, con Gran Bretaña, o
con los Estados Unidos.
Después de 1850,
Brasil no enfrentó más guerras civiles o amenazas de
división interna, y después de la Guerra del
Paraguay, en la década de 1860, Brasil mantuvo una
relación pacífica y de poca competitividad o
integración política y económica con sus vecinos
latinoamericanos, actuando durante todo el siglo XX,
como una especie de auxiliar de la hegemonía
continental de los Estados Unidos.
Más recientemente,
después de 2001, la política externa brasileña se
volvió fuertemente hacia América del Sur, pero
enfrenta algunas limitaciones importantes en esta
reaproximación, debido a su bajo crecimiento
económico y a su poca capacidad de inversiones
públicas y privadas, en el propio continente, y
también debido a la gran dificultad de iniciativa y
coordinación estratégica del estado brasileño,
después de su crisis de los años 80, y de la
adopción de su estrategia neoliberal, en los años
90.
Como consecuencia, en
este comienzo del siglo XXI, China e India se
proyectan dentro del sistema mundial como potencias
económicas y militares, tienen claras pretensiones
hegemónicas en sus respectivas regiones, y ocupan
una posición geopolítica y geo-económica global
absolutamente asimétrica, con relación a Brasil y
África del Sur.
Y de aquí para
delante, China debe seguir los pasos de todas las
Grandes Potencias que forman, o formaron parte del
círculo dirigente del sistema mundial, y lo mismo
deberá darse progresivamente con India. Pero Brasil
y África del Sur no cuentan con la unidad, las
herramientas de poder y con los desafíos externos
indispensables, y deben mantenerse en su condición
de estados relevantes pero no expansivos,
portavoces pacíficos del buen sentido ético
universal.
Una especie de grupo
del dejate de eso.
Traducido para LA ONDA digital
por Cristina Iriarte
Este trabajo no puede ser reproducido sin la
autorización expresa de La ONDA digital
LA
ONDA®
DIGITAL |
|