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José Martí en Nueva York:
un cónsul uruguayo fuera de serie,
según tres fuentes
Profesor Mario H. Otero
No
haré una exposición sobre ese Martí, ni efectuaré
una lectura comentada. Casi me limitaré a leer
ciertos textos. Lo lamento, o no, pero eso es lo que
me cabe hacer: transmitir a Martí en textos poco
conocidos. La personalidad de Martí ha sido
estudiada en muchos de sus múltiples aspectos. Sólo
voy a referirme aquí, a través de sus textos
especialmente disponibles en mi país, a tres breves
períodos de su vida y obra, aunque muy próximos
entre sí, para los que se poseen fuentes especiales.
Los temas en sus escritos, fueran generales, de
amplia trascendencia, o particulares, reflejan la
seriedad con que Martí los encaraba. Ellos aparecen
aquí: 1. en sus cartas a Enrique Estrázulas, cónsul
del Uruguay en Nueva York, pero entonces en París,
del 9 de junio de 1887 al 23 de abril de 1889, 2. en
sus crónicas para La Opinión Pública, diario de
Montevideo, sobre los Estados Unidos, fechadas en
Nueva York del 17 de abril al 26 de agosto de 1889,
y 3. en sus escritos sobre la Conferencia Monetaria
Internacional Americana, fundamentalmente de 1891.
1. Así le escribe a
Estrázulas, aparte de tomarle el pelo por las
aventuras galantes de éste en París: La Nación me
manda buscar de Buenos Aires que claro está no puedo
ir, con mi tierra sufriendo a la puerta, que algún
día pueda tal vez necesitarme... De los
acontecimientos del consulado le decía:
Precisamente ha sido notable hoy el día, por lo
singular de las visitas, Un caballerete, nacido por
supuesto en el riñón de Montevideo, naufragó en San
Thomas, y vino a New York a pedirme ayuda. Otro
montevideano, que no sabe hablar español, tuvo la
desgracia de que le robasen las valijas con todos
sus haberes en una pícara ciudad del Sur, y,
mientras recibe el dinero que ha pedido a Turín,
también solicita la ayuda consular. Y un irlandés
regocijado por el whisky, vino a vender jabón, y a
contarme que estuvo por la bandera blanca y azul,
que vio matar a Flores. Le compré un jabón. Por lo
pequeño de la letra verá que el espíritu anda chico,
y que tengo la mano helada; pero ya sabe que a mí no
me acobardan los fríos ni las penas...
Y refiriéndose a las
pinturas de Estrázulas: Para todo lo bueno lo hizo
Dios, y sobre todo para artista, como en realidad no
tiene usted más penas que las que le vienen, a usted
y a los que no tenemos más que bigote, de no poder
conformar la vida con el arte Pero Martí también le
trasmite a Estrázulas sus conocimientos y sus
averiguaciones sobre un tema bien particular pero no
menos importante, el del ganado: y termina la carta
diciendo sí mi señor, París es grato, pero a la
corta nomás. No es allí, aún cuando usted no lo
crea, donde se calmará la inquietud, en cuanto a las
condiciones rudimentarias en que a los de nuestros
pueblos les ha tocado vivir...
En la carta siguiente
escribe: Tan en sus manos tienen los criadores este
negocio, que a pesar de toda mi diligencia no he
podido encontrar aquí más que una sola persona que
me diera datos no muchos mejores que los que ya yo
tenía. Las compras hay que hacerlas a los criadores
directamente; unas veces los venden puestos a bordo
en N. York; pero lo más común es que el comprador
haga el embarque por su cuenta, y aun la transmisión
por ferrocarril; en eso no hay nada fijo; lo
probable es que el vendedor quede encargado de los
animales hasta su llegada al puerto de embarque, y
el comprador se valga de hombre inteligente para el
embarque en el puerto; suelen los compradores
facilitar el hombre. Conozco aquí un Iraola,
ganadero rico en Cuba, y hoy ocupado de vez en
cuando en este oficio. Pero las compras deben
hacerse directamente. El secretario me ha confirmado
todos los datos que di a Vd., sólo que ni él allá,
ni yo aquí hemos podido averiguar de qué cría compró
Hill. Día por día revisé todo el Sun del año pasado,
donde a la fecha del embarque se publicó un artículo
con los detalles del embarque y nombre del
embarcador. No lo he hallado; acaso porque fue
antes, como creo. Ya mi memoria está muy lastimada.
Si Vd. Me dice de Montevideo cuándo llego Hill allá,
poco más o menos, y Farini debe saber, de seguro
damos con la pista, por el artículo del Sun u otro
del Tribune. Hacia el fin de la misma carta dice:
Tengo 35 años. Necesito tres años más antes de
elegir lugar para morir, sin perder, sin embargo, un
solo día de estos tres años. Por supuesto no me
quedaré a morir aquí.
Sobre el tema del
petróleo dice a Estrázulas: ...pero he sabido algo
nuevo del petróleo, y estoy ya en el camino por
donde usted deseaba saber todo lo que sea necesario.
He corregido algunos de los informes que le mandé en
mi última. He visto destilar el aceite. Me he
relacionado con un inspector oficial, que fue el que
preparó los planos para dos refinerías que llevaron
de aquí a España. A México han llevado ya refinerías
completas de aquí. Lo esencial es que para comenzar
negociaciones serias en esto hay menos dificultades
aún de las que le describí en mi carta anterior. He
confirmado que no hay patentes, o que las que hay
son insignificantes. La destilación que he visto yo
mismo (la nafta primero, luego la bencina, y a los
50º el aceite water white, y a los 46 el aceite
fino) es lo más simple del mundo, así como el
procedimiento del blanqueo con el tratamiento por el
ácido. Pero no hay tales diferencias importantes
entre los diversos planos, ni es necesario encargar
de ellos al mismo que vaya a dirigir las obras, ni
para éstas se requiere más que un experto usual, que
no hay aquí dificultad de hallar, como no la hay
tampoco en encontrar una casa constructora (ya en
Pittsburg sé de una buena, Cuddy) que, dada la clase
de aceite y la capacidad que se desee dar a la
refinería (tantos tanques, tantos galones por
semana) puede dar un cálculo preciso o muy
aproximado de su costo total a bordo en New York, y
tomar a su cargo la construcción y embarque. Es
inútil que le cuente idas, venidas, laboratorios,
Columbia College, túneles. Esos son los resultados.
Me llega ahora mismo un cálculo que confirma el que
ya le mandé. De 10 a 18.000 cuesta aquí toda la
refinería, según el tamaño. Lo mejor de todo es que
para saber algo preciso sobre el costo no tiene más
que mandar una muestra de aceite, y decir el número
de galones que se desea producir, aunque esto ha de
depender en parte del poder del aceite, y todos me
dicen que vale la pena hacer la refinería lo mas
grande posible dentro de lo necesario, no siendo,
como no es, mucha la diferencia por un poco más de
tamaño. Fue errado el cálculo sobre el aceite que
queda después de la refinación. En 100 galones del
crudo, quedan de 60 a 73 de refino, si el crudo es
como el de Pennsylvania. En lo que no hubo error es
en la comparación entre Pennsylvania y Rusia.
También sacan muy poco del de Lima, por lo
sulfuroso, y de otro del Canadá.
En carta posterior
afirma: Con las cartas para aquellos a quienes
quiero, me pasa lo que al enamorado cuando va de
visita a su novia, que cuando no puede ir con lo
mejorcito de su ropa, prefiere no ir y, más
adelante En eso de los nervios del espíritu, sé yo
tanto como Charcot con los del cuerpo...Aquel que no
hace todo lo que puede hacer, peca contra lo natural
y paga la culpa de su pecado.
En otra: Nunca me
regañe porque le escriba poco. Llevo en mí un león
preso que me hace pedazos las plumas... Está
demasiado lejos la cumbre de los montes de la faena
humana. Y en otra carta más: Los argentinos me han
estado visitando estos días, y trayéndome diarios
sobre Sarmiento, porque quiero decir algo sobre él
en El Economista. Ahí le va el número de hoy, con un
laudo a las damas de Montevideo Sobre el hábitat
del Consulado a su cargo dice: ¡Viera usted ahora
el Consulado! Dos estantes de libros, una librería
giratoria, libros en los rincones. A mi derecha, en
una mesa pequeña, todo lo consular. ¡Y qué libros!
Se los compro, real a real, a un anciano pelón que
me ha tomado cariño, aunque me está dejando sin
pelo. No se ría. La semana pasada compré 33 tomos de
teatro francés, de Beaumarchais, Diderot, hermosuras
en -¡oh villanía!- dos pesos y medio. Y hoy, por
tres y medio, he comprado toda la Historia
Parlamentaria de la Revolución, y en pasta fina.
2. Tantos temas
particulares, entre otros que les ahorro de la
primer fuente referida, dan una idea clara de la
actitud de Martí en relación con lo que le preocupa.
Su seriedad en la investigación de temas
tecnológicos de interés para Uruguay y para otros
países americanos, es notoria y persistente. Mucho
más complejas y vívidas son, según la segunda
fuente, las crónicas que envía a La Opinión
Pública de Montevideo. La primera crónica es sobre
el centenario de la primera jura de George
Washington. El fasto nos recuerda una reciente
celebración de la nobleza europea bien conocida.
Pero Martí señala algunos aspectos muy particulares.
De lo que no se cansan de hablar pobres y ricos es
del baile famoso; de la fatiga de los linajudos
porque el baile no se les fuera de las manos, y
parase en cosa pública; de las escaleras que hay que
subir, y los pesos que hay que pagar, para obtener
de los ceñudos caballeros una papeleta de entrada,
impresa en letras de oro, con el medallón del
prohombre en el centro, de que por fin vendrán al
baile los representantes y senadores del Estado de
Nueva York, entre quienes resulta que anda un
encubridor de bandoleros que no hace malos
discursos, y cobra al barato a las cuadrillas de
jugadores y asesinos... Y así sigue relatando esos
fastos en forme seria y descacharrante a la vez;
pero no se trata sólo del espíritu de Martí sino de
lo fabuloso y frondoso de la realidad que sabe
describir detalladamente, y con suma gracia.
Como tantas veces se
ha dicho, la realidad del juego del aniversario
supera toda ficción. Como sabe hacerlo con el resto
de los paisajes casi increíbles de los Estéits. De
los de entonces, y de los que son en lo esencial muy
parecidos a los de ahora. Todo lo olvida Nueva York
en un instante Y más adelante: El millonario se
deja en calma pisar los talones por el tendero
judío: leguas cubre la gente, que va toda de
estreno, los hombres de corbata lila y clavel rojo,
de gabán claro y sombrero que chispea, las mujeres
con toda la gloria y pasamanería, vestidas con la
chaqueta graciosa del Directorio, de botones como
ruedas y abrigos de Cachemira, cuando no de oro y
plata... ¿Qué importa que a sus mujeres les parezca
poco toda la riqueza de la tienda, y carguen túnica
morada sobre saya roja, o traje violeta y mantón
negro y amarillo?....Sobre el reparto nada suave de
las tierras relata: Y a esa misma hora en las
llanuras desiertas, los colonos ávidos de la tierra
india, esperando el mediodía del lunes para invadir
la nueva Canaán, la morada antigua del pobre
semínola, el país de la leche y de la miel, limpian
sus rifles, oran o alborotan, y no se oye en aquella
frontera viva, sujeta sólo por la tropa vigilante,
más que el grito de saludo del miserable que empieza
a ser dueño, del especulador que ve espumas de oro,
del pícaro que saca su ganancia del vicio y de la
muerte...Ya campea por fin el blanco invasor en la
tierra que se quedó como sin alma cuando murió en su
traje de pelear ...los ganaderos que tendían cercas
por ella como si la tierra fuese suya y los colonos
que la querían para sembrados y habitación, y no
para que engorden con oro puro esos reyes del mundo
que tienen amigos en Washington De los bordes de
la tierra famosa han ido echando sobre ella
ferrocarriles... cuadrillas de jinetes que traen en
los dientes la baraja, la pistola al disparar, y la
bribona a la grupa... andan sueltos mil vaqueros
tejanos, se oyen pistoletazos y carcajadas roncas:
¡ah, si esos casadotes de las carretas se les ponen!
¡para el que tenga el mejor rifle ha de ser la mejor
tierra! ¡Si me ponen un niño delante, Enriqueta, te
lo traigo de beefsteak! y duermen sobre sus
náuseas Bajan de los caminos más remotos, pueblos
de inmigrantes, en montones, en hileras, en
cabalgatas, en nubes... Así se ha poblado aquí la
soledad, y se ha levantado la maravilla de los
Estados Unidos...Pasean por la multitud los
hombres-anuncios, con nombres de carpinteros, de
ferreteros, de agrimensores a la espalda. En el piso
no se ve la tierra, de las tarjetas de anuncios.
Cuando cierra la noche, la estación roja del
ferrocarril es una ciudad viva. Cuarenta mil
criaturas duermen en el desierto. Un rumor, como de
oleaje, viene de la pradera.
Otra crónica se
centra sobre el voto, el fraude y su contexto: En
Nueva York cazan a los socialistas por las calles o
poco menos, pero en Boston se juntan los pensadores
a meditar sobre los males públicos, y una reunión de
gente rica y aristocrática declara que las
relaciones actuales entre los hombres son bárbaras y
temibles, y que es preciso que los ricos de Boston
estudien el modo de distribuir mejor la riqueza
nacional porque sobre las pilas de votos comprados
va mal la república, y no se ha de acabar por
levantar aquí los dos montes que se han ido haciendo
en todos los pueblos, uno de oro, y otro de cólera.
Es necesario, dicen de Boston, que lo que es de
todos por la naturaleza no pase a ser propiedad
particular de unos cuantos... Hay que ordenar mejor
el mundo, dicen de Boston, si no queremos que el
mundo se nos venga encima.
La crónica siguiente
describe las playas y... la silla eléctrica, sin
dejar de hacerlo, extensamente, con un personaje
político siniestro, Simón Cameron, ... de pimpín de
pueblo... a amigo de potentados políticos, a
potentado. Contrapuesto a ese personaje Martí dice:
Sobre las manos enlazadas de los hombres se levanta
el mundo. Sin embargo, Todas las tiranías tienen a
mano uno de esos cultos, para que piense y escriba,
para que justifique, atenúe y disfrace, o muchos de
ellos, porque con la literatura suele ir de pareja
el apetito del lujo, y con éste, viene el afán de
vender a quien pueda satisfacerlo. Por casa con
coche y bolsa para queridas vende la lengua y la
pluma mucho bribón inteligente.
Una nueva crónica
presenta el casi inefable mundo de los Colleges
...es la juventud que sale de los colegios graduada
para la vida... en muchas universidades es más la
pompa que la ciencia, y el pelotear que el leer...
Esas universidades, que son las más favorecidas
entre los ricos, le consumen al estudiante los pesos
por miles en fruslerías perniciosas; y se ve claro
allí, en Harvard, en Yale, en Princeton mismo, que
acá hay como un censo tácito en la nación, que da o
quita derechos según tenga más o menos, por lo que
el estudiante que pueda llevar a sus amigos en coche
de a cuatro, con bocina y champaña, trata como a
lacayo al que no tiene más oro que el de sus
espejuelos de bachiller asiduo. Y conjuntamente con
sus observaciones sobre las universidades las hace
también, de manera imperdible, sobre la educación de
la mujer. Y vuelve al contenido de la enseñanza
universitaria ..el de Princeton, de Pennsylvania,
que enseña más metafísica que ciencia... Progreso no
quiere decir más que acumulación. Señala asimismo
al pasar el caso del demagogo Butler que propone la
anexión de Canadá a los Estados Unidos. No se trata
de un discurso exclusivamente crítico por más que
esas críticas sean fundadas, sino que intercala aquí
y allá observaciones y propuestas que sirvan para
nuestras repúblicas, y no se priva, aún con textos
cortos pero para nada efímeros, La libertad
palabrera, la que pide derechos y no los prepara y
asegura con las prácticas, es como salir por un
espinar a tirar piedras a las plumas Porque el
único modo de vencer el imperialismo, en los pueblos
mayores, y el militarismo en los menores, es ser
todos soldados
Y, casi al final,
muestra Martí en 1889, cosas que más tarde van a ser
repetidas obsesivamente: ...los dos de
espejuelos...defendiendo ella las razones de Kant, y
él alegando con empeño que ya ésas son vejeces y
granos de maíz en nubes de humo, que la filosofía no
es más que relación, como de la botella que se
quiebra con el licor que se evapora; que lo bueno es
la lógica de las ciencias que leen en su clase...
La última crónica
para el diario La Opinión Pública de Montevideo
encara, entre otros temas, los de la discriminación,
la horca y otras formas de la justicia. Pero
quita el gusto para estos cuadros de placer, el
frenesí del verano que en los felices extrema el
gozo, lo que se lee de todas partes: aquí un
linchado, allí un juez que intenta matar a otro, acá
cuatro uxoricidas que mueren juntos en la horca...
el blanco del Sur, en cuanto ve que el negro se le
iguala en lo real de la vida, lincha al negro...En
Nueva York todos los viernes hay horca, y suele ser
más de uno el muerto... El verdugo a la luz de un
fósforo, ve si la cuerda está donde debe para que el
hacha la corte. El verdugo no tiene más que dos
ideas, de donde los de los periódicos no lo pueden
sacar: las dos ideas le dan vueltas en el cráneo,
como las mulas en una noria: que él hace el trabajo
bien, que no le debían maltratar a sus hijos, porque
ellos no tienen la culpa de que él sea lo que es.
Respecto a los
aparatos electorales Martí dice: Es sencilla,
curiosa esta máquina de Tammany. Todos trabajan para
encumbrar a uno pero éste reparte luego entre todos
las ganancias del encumbramiento... Como que Tammany
pone jueces lo mismo que alcaldes, a Tammany
acusaron de tener a la ciudad envenenada, hasta en
el reparto de la justicia...
Ciertos pasajes son
imperdibles, ...tanto caballo y coche y pedrería de
la mujer y lujo de las barraganas, venían de que por
cada bono válido había otro falso en prenda a los
bancos con el mismo número, así que levantaba un
empréstito sobre los bonos buenos, y otro sobre los
repetidos, y con este robo vivía de filete a la
bordalesa, y no ponía más que Tokay sobre los
manteles, y las amigas iban por las calles como
joyerías vivas rizadas como un faldero, y con tapa
de oro en el pomo de las sales...
3. En el primer
semestre de 1891 tiene lugar, en Washington, la
Conferencia Monetaria Internacional Americana. El
gobierno uruguayo envía un telegrama a Martí
encargándole representarlo en aquélla y poco después
le da instrucciones muy amplias indicándole que del
congreso podían emerger sólo recomendaciones y ellas
ad referéndum del propio gobierno, cosa que Martí ya
sabía. La conferencia buscaba acuerdos en relación
con la adopción de patrones monetarios. El oro y la
plata como patrones se hallaban allí en pugna y,
como es obvio, no pocos intereses, algunos genuinos,
los más espurios, estaban detrás de las
deliberaciones. Martí muestra en su informe final
tanto la agudeza de un observador preciso, como sus
principios irrenunciables, como su astucia. Cuando
muchos decenios después Bertold Brecht mostrara,
entre otros elementos, la astucia necesaria para
quien quiera lograr y difundir la verdad, ello se
aplicaba retrospectivamente en forma magnífica para
señalar uno de los aspectos de la actitud de Martí
en la conferencia. Nos dice éste en la carta en que
entrega el informe final: El reconocimiento justo y
sereno de las hermosas conquistas materiales que con
la ayuda incesante de la energía universal
inmigradora han realizado los Estados Unidos de
América, el estudio íntimo y desapasionado, sin
recelo y sin deslumbramiento, de la Organización
política del Norte, en que la publicidad y la
frecuencia del turno salvan el régimen republicano
de la mayor parte de sus propios vicios y
degeneraciones, y el esmero con que el representante
de una nación, siquiera sea en puesto humilde, ha de
cultivar, con sinceridad cordial y expresa, la
simpatía del país en que ejerza sus funciones, no
podían confundirse, en la mente del Delegado, a la
hora de prueba de la Conferencia, con la necesidad
por ningún modo útil, ni oportuna, de seguir
precipitadamente, en los asuntos de la Conferencia
Monetaria, una iniciativa que pudiera, en tiempos de
delicadas relaciones, atraer sobre la República la
animadversión de sus contratantes habituales, o
entrabar, por obligaciones no compensadas, los
tratos futuros del Superior Gobierno, y los
individuales de los ciudadanos, con los países que
demuestran de hecho su fe en el progreso del
Uruguay, y consumen sus frutos
Martí en
representación del Uruguay no sólo formó parte de la
comisión encargada de informar sobre las
proposiciones de Estados Unidos sino que también la
presidió y redactó su informe final. Frente a la
propuesta de mantener la conferencia en forma
permanente, como proponían los Estados Unidos, Martí
logró que ...con poca compañía al principio, y al
fin con el voto unánime de la Conferencia, que
debían declararse terminados como se declararon, los
trabajos de la Conferencia Monetaria Internacional
Americana. Martí había obrado pues ...en acuerdo
con las instrucciones del Superior Gobierno, y los
intereses de la República, y de los pueblos
Americanos... Las conclusiones de la Conferencia
fueron: 1. que aún reconociendo la importancia para
el comercio de una moneda internacional, no se
estima conveniente por ahora recomendarla, 2. que
muchas de las dificultades para ello podrían
evitarse con el bimetalismo y el establecimiento de
una relación entre el oro y la plata, y 3. que sería
conveniente la realización en Londres o París de una
Conferencia Monetaria Universal y que se recomienda
la asistencia a ella de todas las repúblicas. En la
propia conferencia que tenía lugar se dio la curiosa
circunstancia de que la posición norteamericana
estuvo dividida entre tesis contradictorias. Al
respecto dicen Martí y la Comisión atrás suyo: Ni
podrán desconocer los Delegados latinos, porque era
su deber conocer, las hondas escisiones que
señalaron los debates de la delegación de los
Estados Unidos... Martí leyó en el pleno de la
Conferencia el informe de la Comisión, en la que él
había tenido intervención decisiva, primero en
castellano y luego en inglés. La Comisión actuaba
dispuesta a ...cuanto contribuya al bienestar y paz
de los hombres...El oficio del continente americano
no es perturbar el mundo con factores nuevos de
rivalidad y de discordia, ni restablecer con otros
métodos y nombres el sistema imperial por donde se
corrompen y mueren las Repúblicas. El oficio del
continente americano no es levantar un mundo contra
otro, ni amasar con precipitación elementos diversos
para un conflicto innecesario e injusto... Y nos
dice al pasar, pero con firmeza, Todo acto
equitativo en provecho de la masa laboriosa
contribuye a afirmar la seguridad pública. Y,
agrega más adelante: La América ha de promover todo
lo que acerque a los pueblos, y de abominar todo lo
que los aparte. En esto, como en todos los problemas
humanos, el porvenir es de la paz.
También la prudencia
resulta aquí para Martí esencial: ...por el acuerdo
confiado y sincero de todos los pueblos trabajadores
del globo, para que la uniformidad de la moneda
tenga base que dure, y no por los recursos violentos
del artificio llevado a la economía, que fomentan
rencores y provocan represalias, y no pueden
durar... Las puertas de cada nación deben estar
abiertas a la actividad fecundante y legítima de
todos los pueblos. Las manos de cada nación deben
estar libres para desenvolver sin trabas el país,
con arreglo a su naturaleza distintiva y a sus
elementos propios... No debe haber prisa censurable
en provocar, ni en contraer entre los pueblos,
compromisos innecesarios, que estén fuera de la
naturaleza y la realidad.
Terminemos con una
cita de Martí que el Che Guevara hiciera en la
Conferencia del Consejo Interamericano Económico
(1962), heredera de la conferencia de 1891, claro
que sin Martí pero con el Che, en Punta del Este:
Quien dice unión económica, dice unión política. El
pueblo que compra, manda. El pueblo que vende,
sirve. Hay que equilibrar el comercio, para asegurar
la libertad. El pueblo que quiere morir, vende a un
solo pueblo, y el que quiere salvarse, vende a más
de uno. El influjo excesivo de un país en el
comercio de otro, se convierte en influjo político.
La política es obra de los hombres, que rinden sus
sentimientos al interés, o sacrifican al interés una
parte de sus sentimientos. Cuando un pueblo fuerte
da de comer a otro, se hace servir de él. Cuando un
pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a
la alianza y al servicio a los que necesitan de él.
Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar
a otro, es separarlo de los demás pueblos. El pueblo
que quiera ser libre, sea libre en negocios.
Distribuya sus negocios entre países igualmente
fuertes. Si ha de preferir a alguno, prefiera al que
lo necesite menos, al que lo desdeñe menos. Ni
uniones de América contra Europa, ni con Europa
contra un pueblo de América. El caso geográfico de
vivir juntos en América no obliga, sino en la mente
de algún candidato o algún bachiller, a unión
política. El comercio va por las vertientes de
tierra y agua y detrás de quien tiene algo que
cambiar por él, sea monarquía o república. La unión
con el mundo, y no con una parte de él; no con una
parte de él, contra otra. Si algún oficio tiene la
familia de repúblicas de América, no es ir de arría
de una de ellas contra las repúblicas futuras.
(Publicado
inicialmente en la Revista Arjé).
* Mario H. Otero
Doctor en Lógica y
Metodología de las Ciencias,
Université de Paris, 1960,
Ex decano de la Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educación
BIBLIOGRAFÍA BASICA
1965 José Martí. Páginas escogidas.
Editora Universitaria, La Habana.
1987 José Martí. Política de nuestra
América. Siglo XXI, México.
1988 Martí y el Uruguay; crónicas y
correspondencia, Universidad de la República
(Facultad de Humanidades y Ciencias, Montevideo
1991 José Martí en la prensa
periódica de Montevideo y en la Conferencia
Monetaria Internacional Americana (1888-1891),
Ministerio de Relaciones Exteriores, Montevideo
1991 La República del Uruguay y el
prócer cubano José Martí, Ministerio de Relaciones
Exteriores, Montevideo 8/02/05
LA
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