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89 años del manifiesto estudiantil de
Córdoba y las actuales
resonancias del corazón

El 21 de junio de
1918 los estudiantes toman la Universidad de Córdoba
e izan la bandera argentina; culmina así un largo
periodo luchas estudiantiles y comienza lo que se
conoce como la Reforma Universitaria de 1918.
El movimiento de
reformas universitarias que se inició en la
Universidad Nacional de Córdoba liderado por Deodoro
Roca y otros líderes estudiantiles, se extendió
luego a las demás universidades del país y de
América Latina, entre ellas Uruguay.
Tenía entre sus
primeras reivindicaciones la autonomía
universitaria, el cogobierno, la extensión
universitaria, la periodicidad de las cátedras, y
los concursos de oposición y antecedente.
El Manifiesto de
Córdoba, es un documento que muy rápidamente se
convirtió en la guía intelectual para todos los
universitarios progresistas del continente
sudamericano, donde rápidamente se suceden
movimientos y revueltas estudiantiles con las mismas
reivindicaciones.
Si bien este
movimiento reformista tiene causas y motivaciones
propias, está inscrito en un proceso mundial de
comienzos del siglo XX, donde un fenómeno recorría
el mundo la revolución socialista.
Hacia 1918 los
estudiantes universitarios ya han materializado sus
Centros de Estudiantes, desde los que impulsan
huelgas, manifestaciones y petitorios con amplia
adhesión. No es extraño que desde Córdoba en
particular surjan los reclamos más insistentes.
Es en esta
Universidad donde los rasgos conservadores de la
enseñanza superior se hallan más acentuados. Desde
su creación, en 1613, permanecía inmutable y teñida
de clericalismo.
Si bien en Córdoba
los rasgos de conservadurismo tenían características
extremas, hacia principios de siglo, en la mayoría
de las Universidades ejercía un viejo modelo
autoritario insoportable ante los nuevos vientos de
cambio: la cátedra como feudo personal del profesor
donde éste determinaba los programas a seguir, la
orientación de los mismos, la forma de promoción y
aún su sucesor, el ocultamiento deliberado de
teorías científicas etc., solo podían presagiar
estallidos revolucionarios como finalmente sucedió.
Al cumplirse en este
junio de 2007, 89 años de aquel manifiesto, es
importante leer nuevamente este documento, y cotejar
con nuestra realidad para ver cuanto hemos avanzado
y cuanto nos falta. Cuanto de aquel espíritu y
energías innovadoras aún deberíamos mantener en
alto.
Acercarse una vez mas
con a la lectura que proponía La juventud argentina
de Córdoba a los hombres libres de Sud América, es
también un homenaje a quien tanto nos dejaron.
El actual rector de la Udelar, doctor
Rodrigo Arocena, instalará este 21 de junio
el
Comité para la promoción de la Reforma
Universitaria.
Lo que sigue es el
texto completo del manifiesto.
Creemos no equivocarnos, las
resonancias del corazón nos lo advierten
Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria -
Córdoba 1918
Hombres de una República libre, acabamos de romper
la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a
la antigua dominación monárquica y
monástica.
Hemos
resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que
tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para
el país una vergüenza menos y una libertad más. Los
dolores que quedan son las libertades que faltan.
Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón
nos lo advierten: estamos pisando sobre una
revolución, estamos viviendo una hora americana.
La rebeldía estalla
ahora en Córdoba y es violenta porque aquí los
tiranos se habían ensoberbecido y era necesario
borrar para siempre el recuerdo de los
contrarrevolucionarios de mayo. Las universidades
han sido hasta aquí el refugio secular de los
mediocres, la renta de los ignorantes, la
hospitalización segura de los inválidos y -lo que
peor aún- el lugar en donde todas las formas de
tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra
que las dictara. Las universidades han llegado a ser
así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que
se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una
inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia frente
a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o
entra mutilada y grotesca al servicio burocrático.
Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los
altos espíritus es para arrepentirse luego y
hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es
que dentro de semejante régimen, las fuerzas
naturales llevan a mediocrizar la enseñanza y el
ensanchamiento vital de los organismos
universitarios no es el fruto del desarrollo
orgánico, sino el aliento de la periodicidad
revolucionaria.
Nuestro régimen
universitario -aún el más reciente- es anacrónico.
Está fundado sobre una especie de derecho divino: el
derecho divino del profesorado universitario. Se
crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene
un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria
de Córdoba se alza para luchar contra ese régimen y
entiende que en ello le va la vida. Reclama un
gobierno estrictamente democrático y sostiene que el
demos universitario, la soberanía, el derecho a
darse el gobierno propio radica principalmente en
los estudiantes. El concepto de autoridad que
corresponde y acompaña a un director o a un maestro
en un hogar de estudiantes universitarios no puede
apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la
sustancia misma de los estudios. La autoridad, en un
hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino
sugiriendo y amando: enseñando.
Si no existe una
vinculación espiritual entre el que enseña y el que
aprende, toda enseñanza es hostil y por consiguiente
infecunda. Toda la educación es una larga obra de
amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una
paz fecunda en el artículo conminatorio de un
reglamento o de un estatuto es, en todo caso,
amparar un régimen cuartelario, pero no una labor de
ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes
a gobernados es agitar el fermento de futuros
trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser
movidas por fuerzas espirituales. Los gastados
resortes de la autoridad que emana de la fuerza no
se avienen con lo que reclaman el sentimiento y el
concepto moderno de las universidades. El chasquido
del látigo sólo puede rubricar el silencio de los
inconscientes o de los cobardes. La única actitud
silenciosa que cabe en un instituto de ciencia es la
del que escucha una verdad o la del que experimenta
para crearla o comprobarla.
Por eso queremos
arrancar de raíz en el organismo universitario el
arcaico y bárbaro concepto de autoridad que en estas
casas de estudios es un baluarte de absurda tiranía
y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa
dignidad y la falsa competencia. Ahora advertimos
que la reciente reforma, sinceramente liberal,
aportada a la Universidad de Córdoba por el doctor
José Nicolás sólo ha venido a probar que el mal era
más afligente de lo que imaginábamos y que los
antiguos privilegios disimulaban un estado de
avanzada descomposición. La reforma Matienzo no ha
inaugurado una democracia universitaria; ha
sancionado el predominio de una casta de profesores.
Los intereses creados en tornos de los mediocres han
encontrado en ella un inesperado apoyo. Se nos acusa
ahora de insurrectos en nombre de un orden que no
discutimos, pero que nada tiene que hacer con
nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se
nos quiere seguir burlando y embruteciendo,
proclamamos bien alto el derecho sagrado a la
insurrección. Entonces la única puerta que nos queda
abierta es la esperanza, es el destino heroico de la
juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo;
la redención espiritual de las juventudes americanas
nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras
verdades son -y dolorosas- las de todo el continente
¿Que en nuestro país una ley -se dice-, la ley de
Avellaneda, se opone a nuestro anhelos? Pues a
reformar la ley, que nuestra salud moral lo está
exigiendo.
La juventud vive
siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es
pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se
equivoca nunca en la elección de sus propios
maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito
adulante o comprado. Hay que dejar que ellos mismos
elijan sus maestros y directores, seguros de que el
acierto ha de coronar sus determinaciones. En
adelante, sólo podrán ser maestros en la futura
república universitaria los verdaderos constructores
de almas, los creadores de verdad, de belleza y de
bien.
La juventud
universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora
de plantear este grave problema a la consideración
del país y de sus hombres representativos.
Los sucesos acaecidos
recientemente en la Universidad de Córdoba, con
motivo de la elección rectoral, aclaran
singularmente nuestra razón en la manera de apreciar
el conflicto universitario. La Federación
Universitaria de Córdoba cree que debe hacer conocer
al país y a América las circunstancias de orden
moral y jurídico que invalida al acto electoral
verificado el 15 de junio. Al confesar los ideales y
principios que mueven a la juventud en esta hora
única de su vida, quiere referir los aspectos
locales del conflicto y levantar bien alta la llama
que está quemando el viejo reducto de la opresión
clerical. En la Universidad Nacional de Córdoba y en
esta ciudad no se han presenciado desórdenes; se ha
contemplado y se contempla el nacimiento de una
verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto
bajo su bandera a todos los hombres libres del
continente. Referiremos los sucesos para que se vea
cuanta razón nos asistía y cuanta vergüenza nos sacó
a la cara la cobardía y la perfidia de los
reaccionarios. Los actos de violencia, de los cuales
nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como
en el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que
representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos
para poder levantar siquiera el corazón sobre esas
ruinas. Aquellos representan también la medida de
nuestra indignación en presencia de la miseria
moral, de la simulación y del engaño artero que
pretendía filtrarse con las apariencias de la
legalidad. El sentido moral estaba obscurecido en
las clases dirigentes por un fariseísmo tradicional
y por una pavorosa indigencia de ideales.
El espectáculo que
ofrecía la Asamblea universitaria era repugnante.
Grupos de amorales deseosos de captarse la buena
voluntad del futuro rector exploraban los contornos
en el primer escrutinio, para inclinarse luego al
bando que parecía asegurar el triunfo, sin recordar
la adhesión públicamente empeñada, el compromiso de
honor contraído por los intereses de la universidad.
Otros -los más- en nombre del sentimiento religioso
y bajo la advocación de la Compañía de Jesús,
exhortaban a la traición y al pronunciamiento
subalterno. (¡Curiosa religión que enseña a
menospreciar el honor y deprimir la personalidad!
¡Religión para vencidos o para esclavos!). Se había
obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio
heroico de una juventud. Se creía haber conquistado
una garantía y de la garantía se apoderaban los
únicos enemigos de la reforma. En la sombra los
jesuitas habían preparado el triunfo de una profunda
inmoralidad. Consentirla habría comportado otra
traición. A la burla respondimos con la revolución.
La mayoría expresaba la suma de la represión, de la
ignorancia y el vicio. Entonces vimos la única
lección que cumplía y espantamos para siempre la
amenaza del dominio clerical.
La sanción moral es
nuestra. El derecho también. Aquellos pudieron
obtener la sanción jurídica, empotrarse en la ley.
No se lo permitimos. Antes de que la iniquidad fuera
un acto jurídico, irrevocable y completo, nos
apoderamos del salón de actos y arrojamos a la
canalla, sólo entonces amedrentada, a la vera de los
claustros. Que esto es cierto, lo patentiza el hecho
de haber, a continuación, sesionado en el propio
salón de actos la Federación Universitaria y de
haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre
rectoral, la declaración de huelga indefinida.
En efecto, los
estatutos reformados disponen que la elección de
rector terminará en una sola sesión, proclamándose
inmediatamente el resultado, previa lectura de cada
una de las boletas y aprobación del acta respectiva.
Afirmamos, sin temor a ser rectificados, que las
boletas no fueron leídas, que el acta no fue
aprobada, que el rector no fue proclamado, y que,
por consiguiente, para la ley, aún no existe rector
de esta Universidad.
La juventud
universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo
cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra
un régimen administrativo, contra un método docente,
contra un concepto de autoridad.
Las funciones
públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas
camarillas. No se reformaban ni planes ni
reglamentos por temor de que alguien en los cambios
pudiera perder su empleo. La consigna de hoy para
ti, mañana para mí, corría de boca en boca y asumía
la preeminencia de Estatuto Universitario. Los
métodos docentes estaban viciados de un estrecho
dogmatismo, contribuyendo a mantener a la
Universidad apartada de la Ciencia y de las
disciplinas modernas. Las elecciones, encerradas en
la repetición interminable de viejos textos,
amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los
cuerpos universitarios, celosos guardianes de
dogmas, trataban de mantener en clausura a la
juventud, creyendo que la conspiración del silencio
puede ser ejercida en contra de la ciencia. Fue
entonces cuando la obscura universidad mediterránea
cerró sus puertas a Ferri, a Ferrero, a Palacios y a
otros, ante el temor de que fuera perturbada su
plácida ignorancia. Hicimos entonces una santa
revolución y el régimen cayó a nuestros golpes.
Creímos honradamente
que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que
por lo menos la elevación de nuestros ideales
merecía algún respeto. Asombrados, contemplamos
entonces cómo se coaligaban para arrebatar nuestra
conquista los más crudos reaccionarios.
No podemos dejar
librada nuestra suerte a la tiranía de una secta
religiosa, ni al juego de intereses egoístas. A
ellos se nos quiere sacrificar. El que se titula
rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su
palabra: Prefiero antes de renunciar que quede el
tendal de cadáveres de los estudiantes. Palabras
llenas de piedad y de amor, de respeto reverencioso
a la disciplina; palabras dignas del jefe de una
casa de altos estudios. No invoca ideales ni
propósitos de acción cultural. Se siente custodiado
por la fuerza y se alza soberbio y amenazador.
¡Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el
primer ciudadano de una democracia universitaria!
Recojamos la lección compañeros de toda América;
acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la
virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la
libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de
la autoridad universitaria, tiránica y obcecada, que
ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento
una semilla de rebelión.
La juventud ya no
pide. Exige que se le reconozca el derecho a
exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos
universitarios por medio de sus representantes. Está
cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz
de realizar una revolución en las conciencias, no
puede desconocérsele la capacidad de intervenir en
el gobierno de su propia casa.
La juventud
universitaria de Córdoba, por intermediario de su
federación, saluda a los compañeros de América toda
y les incita a colaborar en la obra de libertad que
inicia.
- El
texto del Manifiesto fue redactado por Deodoro Roca
y apareció en Córdoba el 21 de junio de 1918. Las
firmas que siguen pertenecen a los miembros de la
comisión directiva de la Federación Universitaria de
Córdoba.
- Enrique F. Barros, Horacio Valdés,
Ismael C. Bordabehere, presidentes Gumersindo
Sayago Alfredo Castellanos Luis M. Méndez
Jorge L. Bazante Ceferino Garzón Maceda Julio
Molina Carlos Suárez Pinto Emilio R. Biagosh
Angel J. Nigro Natalio J. Saibene Antonio Medina
Allende Ernesto Garzón.
Libro de Deodoro Roca
Una mirada sobre la universidad y la Reforma del
18
Acceda aquí al prólogo
completo del libro.
El intelectual y
redactor del Manifiesto Liminar dejó sentado en sus
escritos un análisis crítico de la realidad
universitaria y social de la época. Parte de su
pensamiento se ofrece en el libro "Escritos sobre la
Universidad", obra presentada por el historiador
Diego Tatián y el ex rector del Colegio Nacional de
Buenos Aires, Horacio Sanguinetti, en el marco del
89º aniversario del histórico movimiento de 1918.
(15.06.2007)
El pensamiento y las
inquietudes de Deodoro Roca en torno a la
universidad y su papel en la sociedad quedan de
manifiesto en estos siete textos que conforman "Deodoro
Roca. Escritos sobre la universidad", una
compilación del historiador de la UNC, Diego Tatián.
Con la intención de mantener vivo el nombre y el
espíritu de este protagonista de la Reforma de 1918
e incentivar a su estudio, el libro recorre casi 20
años de historia universitaria a través de sus
discursos, que -con un vocabulario ameno y
comprensible- plantean críticas agudas sobre la
realidad de las casas de estudios superiores antes
del movimiento revolucionario y su legado.
El redactor del
Manifiesto Liminar del '18 nunca escribió libros,
por eso todas las publicaciones existentes son
compilaciones póstumas de sus ensayos, discursos de
ocasión, retratos, polémicas o apuntes filosóficos.
En este caso, se recopilan conferencias y artículos
desde 1915 a 1936.
En las 83 páginas de
esta obra se integra la mirada de Roca sobre la
universidad en diferentes momentos, lo que permite
recorrer de la mano de uno de los protagonistas, las
distintas aristas del movimiento universitario más
importante de Latinoamérica: los fundamentos, las
acciones que lo hicieron posible y el balance de los
resultados.
Cada uno de los
artículos es el reflejo de sus observaciones sobre
el papel social de las entidades educativas, los
inconvenientes de una enseñanza basada en el examen
sin reflexión del alumno, el análisis de los ideales
que marcaron el camino de la reforma y sus
consecuencias, entre otras temáticas que se
convierten en material necesario para la reflexión
sobre la universidad actual.
Deodoro Roca fue, en
palabras del ex rector del Colegio Nacional de
Buenos Aires, Horacio Sanguinetti, "el gran verbo de
la Reforma y un intelectual destacado de la época".
Además, lo describe como un hedonista, quien "se
encendía en el diálogo con los demás, y por eso, no
podía sentarse a escribir un libro".
Esta figura
fundamental para la Reforma Universitaria, defensor
de las ideas izquierdistas democráticas y liberales,
falleció a los 52 años y, según recuerda Sanguinetti,
"su muerte provocó un inmenso dolor. A su entierro,
uno de los más grandes de Córdoba, asistieron sus
verdaderos amigos y enemigos".
TÍTULO: "Escritos
sobre la Universidad".
EDICIÓN:
Publicaciones de la Universidad Nacional de Córdoba.
Mas sobre la Reforma:
http://www.hoylauniversidad.unc.edu.ar/portada/notas/archivo/
040610entrevistatampieri.html
http://www.unc.edu.ar/uploads/File/Documentos/
Deodoro_Roca_Escritos_sobre_la_Universidad_II.pdf
LA
ONDA®
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