Exiliados e insiliados:
la historia no escrita
por Raúl Legnani

El miércoles 13 de junio se realizó en la Sala Oscar Maggiolo de la Universidad de la República, una mesa redonda sobre “Visibilidad y repercusión mediática del encuentro exilio e insilio”, que fue organizado por el Centro de Estudios Interdisciplinarios Uruguayos (CEIU), Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UdelaR,

Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, UdelaR

Instituto Mora, CONACYT, México DF.

Lo que sigue es la intervención del periodista Raúl Legnani.

 

No me resulta un tema sencillo, esto de la “Visibilidad y repercusión mediática del encuentro exilio e insilio”, porque temo que me voy a confundir y en algunos momentos voy a hablar como exiliado y en otros como comunicador.

 

Ante todo soy un exiliado-desexiliado.  Estoy marcado por esa corta pero intensa experiencia de ocho años de ausencia del país, 23 años de “retornado”, más dos años y medio de militancia ilegal durante la dictadura.

 

El exilio y el insilio existieron y son parte de la dolorosa experiencia histórica de nuestra sociedad. Los uruguayos no tuvimos hasta el golpe de Estado del 27 de junio de 1973 situaciones similares, aunque hubo ciertos insilios y algunos exilios,  pero de una duración y una intensidad menor a las vivida en los 70 y 80. Es que antes hubo dictaduras - solo contradicciones en las fracciones de la burguesía-, ahora lo que sufrimos en esos años fue el terrorismo de Estado, contra la irrupción de la clase obrera, el pueblo y la intelectualidad.

 

Quizás los historiadores me deban corregir pero creo que solo el Exodo del pueblo oriental, pudo haber tenido más impacto en la configuración del carácter de los uruguayos. Si tomamos el inicio del Exodo y nos vamos hasta el retiro o prisión de Artigas en Paraguay, van solo 9 años mientras que la dictadura duró once años.

 

El insilio fue mucho más masivo que el exilio, en tanto abarcó a casi toda la sociedad que no estaba vinculada a los centros de poder cívico-militar.

 

Digo casi toda la sociedad porque hubo gente que siguió sintiendo la vida en dictadura de la misma manera que la vivió en democracia,  o lo que es peor: vivió mejor en dictadura.

 

El insilio fue más masivo que el exilio y cualitativamente distinto, porque no fue solo de izquierda, como ocurrió en el 98% de los casos de los exiliados.

 

El libro “Detenidos Desaparecidos” muestra que 300 mil uruguayos fueron fichados por los servicios de inteligencia de la Policía de la dictadura, casi el 10% de la población uruguaya, lo que es mucho más si tomamos solo la población adulta, mayor de 18 años de edad.

 

Esto y otros datos muestran que la dictadura uruguaya fue la más sofocante de las vividas o sufridas,  después de la de Paraguay, en el Cono Sur. Haití es el mayor drama del Caribe.

 

Uno se sorprende como en Brasil muchos patriotas caían presos y al año y medio eran liberados y estaban estudiando en las universidades.

 

La dictadura de Chile fue cruel en los comienzos, solo basta leer la novela del chileno Volodia Teitelboim, La Guerra Interna, o preguntarle a Belela Herrera, como fueron aquellas primeras horas.

 

Pero después, con el paso de los años, todo fue más blandengue sin dejar de ser represivo, al grado que Michel Bachelet, la actual presidenta de Chile, ingresa legalmente mucho antes de la caída de la dictadura, a pesar de que su padre – un militar demócrata – había sido muerto en la tortura.

 

De Argentina ni hablemos. Hay amigos que me han dicho que desaparecían no solo los patriotas, sino hasta sus casas enteras. Bueno, el combativo presidente Néstor Kirchner y su hermosa esposa, a pesar de haber sido de las agrupaciones juveniles del peronismo y filo montoneros, nunca les pasó nada.

 

En nuestro país, como decía Wilson Ferreira Aldunare, iban presos o eran expulsados de sus trabajos los comunistas, los tupamaros, pero también los amigos de los amigos de los parientes de los militantes.

 

En Brasil, Argentina y Chile fue relativamente más fácil abrir espacios democráticos. Es que cada dictadura tuvo sus formas de expresar el terrorismo de Estado, que fue parte de la contraofensiva de Estados Unidos para frenar la izquierdización de América Latina, a la luz del empuje de la revolución cubana.

 

El Corto Buscaglia, reinvindicador del insilio, me ayudó a conocer en profundidad las peripecias de aquellos años, que parecían lustros, a pesar de que pude en los personal construir desde México cientos de puentes con la sociedad uruguaya, tanto del punto de vista de lo que era la resistencia política, pero también lo que fue la resistencia cultural, familiar y en algunos casos hasta individual.

 

Creo que la construcción de la memoria del insilio duró muy poco, muy pocos años, pero se construyó fundamentalmente por el lado de la cultura y del arte. Después eso se fue agotando lentamente.

 

En cambio el exilio se quedó sin memoria al poco andar la democracia, a pesar de que volvieron los artistas, los escritores, los universitarios, los militantes sindicales exiliados, muchos de ellos dirigentes,

 

Si me apuran diría que todo esto pasó porque existió ese sentimiento sano de reconocer que habían otros que la habían pasado peor: los presos, los torturados, los asesinados, los desaparecidos y los expulsados de sus trabajos. Incluyo sus familias.

 

Sentimiento sano, pero que con el transcurrir del tiempo se transformó en un factor negativo, porque una parte de la izquierda y de la sociedad se quedó sin historia, sin saber exteriorizar sus sentimientos y experiencias.

 

Esto fue tan así que cuando hablamos de insilio, por lo general no hay referencias a los militantes clandestinos que soportaron toda la dictadura sin ser detenidos. Estos, para la cultura política de la izquierda de entonces eran “los mejores”, pero a pesar de ello no están en el relato cotidiano.

 

No existen, aunque convivimos con ellos. De tan clandestinos, ellos siguen siendo clandestinos y muchas veces por su propia decisión.

 

En el caso del exilio, las fuerzas de izquierda no tuvieron en cuenta esa experiencia en el exterior del país. Muy pocos sabe que Maggiolo no solo fue el rector que enfrentó al pachecato y a la dictadura desde la Universidad, sino que en Buenos Aires se puso al frente de la lucha contra la dictadura y que después, en Venezuela, fue el primer impulsor de la reconstrucción del Frente Amplio en América del Sur y el Caribe.

 

No hay novelas, ni videos, ni obras de teatro suficientes sobre la huelga general que enfrentó al golpe de Estado, quince días que conmovieron al mundo y que redujeron la represión feroz al período que va entre 1975 y 1983. Tampoco se recuerda las elecciones universitarias de 1973, en plena dictadura, donde la izquierda y los blancos arrasaron. Casi nada hay del plebiscito de 1980, otro ejemplo de una gesta maravillosa, distinta.

 

La generación 83 fue opacada por los presos liberados, por los exiliados retornados. Como la dictadura duró muy poco tiempo - si la comparamos con la española, incluso con la chilena- , los presos y los que se pudieron exiliar volvieron “demasiado pronto” – perdonen la ironía -, quitando del medio a los nuevos protagonistas.

 

Tampoco están en el relato las vivencias de quienes participaron del poder o que se beneficiaron de él de forma permanente o temporaria. Me refiero a cómo fue su vida, sus costumbres, sus sentimientos. Cómo fue la cotidianeidad y la vida privada, de esos uruguayos.

 

No conozco un trabajo sobre cómo nuestras clases altas, esas que no aparecen en las listas de candidatos de los partidos políticos y que eluden a los fotógrafos en las grandes fiestas sociales – son los que no salen en las sociales de El País, pero sí salen en los avisos mortuorios- , no tienen un solo hijo o no hay un solo matrimonio con integrantes de las Fuerzas Armadas, de cuyos integrantes aún no sabemos como son sus estructuras mentales.

 

Si miramos para atrás hay demasiadas zonas oscuras y demasiados secretos. Hay como una nebulosa que no nos deja ver toda la complejidad de la vida de los uruguayos en dictadura. Y esto es grave, porque el pasado no pasa. Por eso el esfuerzo por enseñar la historia reciente es saludable y quizás ayude a despertar a los exilios y los insilios que están adormecidos.

 

Hay que reconocer que la lucha por la búsqueda de los compatriotas desaparecidos – mujeres y hombres con caras de niños y con escasa o nula capacidad de fuego -, ha creado un nuevo clima que junto a la voluntad del Presidente Tabaré Vázquez de conocer la verdad, está permitiendo que florezcan nuevas historias terribles y quizás otras no tan dolorosas, pero seguramente mucho más masivas y que hacen al conjunto de la sociedad.

 

Las cosas pasan cuando tienen que pasar. No es casualidad que en este año y medio hayan surgido dos videos por el exilio, un libro, seminarios, mesas redondas, próximamente habrá una obra de teatro, apareció un libro sobre el papel que jugó el Frente Amplio en el exterior que, al igual que la Feuu y la CNT, estuvo organizado en los cinco continentes.

 

Solo un paréntesis: Uruguay desperdició la experiencia del exilio en materia de relacionamiento con el mundo político universal. Muy pocos saben que Enrique Pastorino, dirigente de la CNT y presidente de la FSM, se reunió una vez con el Papa y tenía frecuentes contactos con el Vaticano.

 

Esta experiencia la despreciaron blancos y colorados por razones políticas, pero también lo desperdició este gobierno progresista, también por otras razones políticas.

 

Quizás la designación de Korzeniak (hijo) haya sido la mejor designación de un embajador político, en este caso de México, aunque por edad era muy joven en aquellos años aztecas. Otra buena designación fue la del capitán Gerónimo Cardoso en Venezuela, un hombre con mucho mundo sobre su espalda. También fue buena elección la de Juan Raúl Ferreira en la embajada argentina, aunque no haya sido todo lo exitosa que esperábamos.

 

La propia reparación a presos, exiliados y clandestinos – fíjense que siempre se nombran en ese orden - , muestra la “jerarquía” que cada uno tiene en la sociedad. A los presos se les reparó con 12 mil pesos, a los exiliados y clandestinos solo se le reconoció los años que estuvieron fuera del mercado laboral. Cuando se jubilen podrán optar entre una jubilación de 5770 pesos u otra mayor, si les llegara a corresponder por los años trabajado. Perseguidos clase A, perseguidos clase B o C.

 

También están los clase Vip (lo digo con respeto), lo que ha permitido que un teniente que cayó preso durante la dictadura, hoy tenga una jubilación de general. ¡Bien podrían haberme jubilado de director o de inspector de escuela, porque en algún momento fui maestro!

 

Hoy el tema del exilio y del insilio no está en la agenda de los medios de comunicación, porque el tema no está en la sociedad. No traslademos la culpa a los medios, porque si fuera tema ya lo habrían encarado, aunque más no fuera por joder, como decía un gallego amigo.

 

No dudo que hoy las preocupaciones son otras: desempleo, bajos salarios, jóvenes que se van del país, aumento del número de procesados por delitos comunes, la epidemia de la pasta base, en su gran mayoría jóvenes.

 

No creo que el país pueda vivir del pasado, creo que no debe hacerlo y que tiene que vacunarse contra ello, porque lo que importa es que salimos de la crisis del 2002 y están en marcha cinco reformas de fondo de nuestra sociedad, a la que hay que agregarle la que propone Rodrigo Arocena en la Universidad.

 

Hay que reconocer también que este gobierno ha colocado en la agenda todo el tema de la salud colectiva e individual. Hoy los uruguayos sabemos que no somos tan sanos y que comemos poco y muy mal y que a la vez nos cuidamos poco. Eso no es poca cosa, en materia de la nueva agenda de la sociedad.

 

Estoy de acuerdo que éstas y otras son las preocupaciones fundamentales, pero si la academia no se mete de lleno en esto del exilio y el insilio, no creo que los medios de comunicación se metan a  investigar sobre estos asuntos, porque falta gente especializada, falta que trabaje más gente, no puede ser que un movilero de TV tenga que cubrir, en el mismo día, el drama de una abuela que perdió su gato, junto a una entrevista al Presidente del FMI.

 

Incluso fíjense cómo en la discusión de la historia reciente, todo se politiza y lo único que importa es quien tiró el primer tiro – eso es prostituir la historia - , para ir a buscar al culpable y así responsabilizarlo del golpe de Estado, cuando todo fue mucho más complejo que identificar la primera bala.

 

Hay gente que dice que en el libro “Detenidos Desaparecidos” no hay nada nuevo. Eso me da bronca. Lo nuevo y los trascendente es la documentación de los hechos por parte del Estado, la posibilidad de saber que al Partido Comunista lo observaban los servicios desde 1947, que 300 mil uruguayos  estaban fichados, que el imperialismo y el terrorismo de Estado no fueron un invento de la izquierda. Está todo documentadito, pero no es noticia, porque hoy la noticia requiere que tenga el contenido del dolor, el color de la sangre y la textura de los huesos.

 

¿Y la familia? ¿Y la cultura? ¿Y la música? ¿Y el trabajo? ¿Y el sexo? ¿Y el periodista y el periodismo?  ¿Y el deporte? ¿Y la religión y la Iglesia? Hay un libro del periodista José Luis Martínez, amigo mío, sobre monseñor Partelli, que es excelente, pero no tuvo apoyo de los medios de comunicación. Mucho menos de la sociedad católica, con la excepción de Mario Cayota que hoy es el embajador en el Vaticano.

 

¿Por qué creció la matricula en la enseñanza privada, si no fue por el rechazo a la escuela pública de la dictadura? ¿Esto fue así? ¿Por qué no se estudia eso?

 

En nuestro país la política partidaria se come todo, lo tritura. Esto lo está diciendo alguien que es político-dependiente (soy adicto a la política), pero que también cree que la vida va por mil caminos y no solo por la política partidaria, aunque la política y el poder son fundamentales para construir futuro, democrático y de progreso.

 

Durante un año se discutió la historia reciente como si fuera la madre de todas las batallas. Ahora nadie dice nada o están esperando que a un profesor se le vaya la boca, para volver a politizar todo y pedir la cabeza del docente y tratar de transformar a Yarzábal en un neo Stalin o Hitler. ¿No fusilaron a Carlos Demasi? ¿Nos olvidamos de eso, aunque se pueda polemizar con Carlitos?

 

En más de veinte años de democracia no hay un censo de los que fuimos exiliados (me hubiera gustado haber sido un “fichado” de la democracia, por lo menos para que me preguntaran qué sabía hacer), mucho menos hay un registro de nuestros hijos que vinieron con otras culturas, con otros hábitos, con otras imágenes en sus retinas. En mi casa mantenemos el gusto por la comida mexicana y eso no es poca cosa.

 

A mí nunca me preguntaron si había estudiado comunicación. Ingresé al periodismo gracias a los amigos, no por mi preparación a la que nadie le importó. Hoy me río del Ministerio de Educación porque dice que establecería relaciones con el ILCE, instituto de la UNESCO y la OEA, del cual soy egresado.

 

Una pareja de educadores uruguayos participó en la elaboración de libros para la educación en México: ella es investigadora en matemáticas para la enseñanza en Secundaria, donde sorpresivamente algunos de sus trabajos aparecen circulando en Montevideo como si fueron escritos por autores uruguayos en Uruguay. Ni modo, dirían los mexicanos.

 

Su esposo fue fotógrafos y de alguna manera asesor pedagógico del departamento gráfico de la SEP de México, donde se elaboraron unos 8 millones de libros de texto gratuito para la enseñanza primaria. Esta experiencia se la llevó la chingada, macho.

 

Mirando al futuro

 

Pensando para adelante: hay que platearse grandes ideas, como podría ser un archivo de la palabra, como el que existe en el Museo Antropológico de México con la voz de los exiliados españoles en ese país. Pero para eso se necesitan especialistas, dinero, infraestructura e imaginación. Y tiempo, mucho tiempo. Es que en este país solo se come si se trabaja todo el día y en mil trabajos a la vez.

 

La academia, el periodismo y el Estado bien podrían trabajar juntos en proyectos de este tipo, pero para eso hay que eliminar el vedetismo de los investigadores y los comunicadores.

 

Quizás esto sea un sueño y haya que creer que las iniciativas individuales son las únicas que van a construir la historia. Me he preguntado: ¿por qué no hay un blog para que la gente cuente sus historias durante la dictadura? ¿Por qué el parlamento y las intendencias no aportan a esta reconstrucción histórica?

 

Lo que voy a decir es tráfico de influencia: ¿por qué no hay recursos para que mi amigo Roger Rodríguez pueda publicar un libro sobre los desaparecidos?

 

Con razón las organizaciones que defienden los derechos humanos quieren conocer los documentos de la dictadura, pero nadie se propone conocer las cajas con cartas que hay en los hogares, tanto de clandestinos, presos, exiliados o insiliados.

 

Yo tengo esas cajas y no me animo abrirlas. Me hago responsable de ello, porque sé muy bien que en esos escritos de la vida privada, como ha dicho Barrán hasta el cansancio, está parte de la vida de todos los uruguayos.

 

El pasado, en nuestro querido país, aún está reprimido y no hay un solo responsable. Asumir esto es un paso de gigantes.

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