Los Estados Unidos
viciados en guerra
por el profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira

Según el Instituto Internacional de Investigaciones sobre la Paz (SIPRI), con sede en Estocolmo, el gasto mundial en material bélico 2006, superando U$S 1,2 millón de millón, creció en cerca de 3,5% con relación a 2005 y 37% con respecto a 1997.  Este incremento fue impulsado por los Estados Unidos y la tendencia es aumentar aún más, mientras este país, “el país que destina más dinero al sector militar en el mundo”, continúe en guerra.  En efecto, la economía de los Estados Unidos está militarizada, lo que socava sus cimientos, internamente, porque los armamentos no son reproductivos.  Y, al dedicar gran participación de su poder industrial a los gastos de armamentos improductivos, su base económica nacional corre el riesgo de erosión, especialmente vis-à-vis de los Estados, que concentran mayor participación de su renta en inversiones productivas a largo plazo.  Pero su producción de armamentos no puede parar.  Los Estados Unidos son viciados en guerra, dependientes de guerra, y no son sólo “viciados en petróleo”, según la expresión usada por el presidente George W. Bush.

 

Así, después del desmoronamiento de la Unión Soviética y el fin de la guerra fría, el Pentágono, la CIA y demás servicios de inteligencia buscaron y magnificaron nuevas amenazas – terrorismo y narcotráfico – para justificar la continuidad de los inmensos recursos, destinados al complejo industrial-militar.  Y Washington, al contrariar los entendimientos que pusieron fin a la guerra fría, trató de expandir la OTAN, incorporando seis antiguos miembros del Pacto de Varsovia (República Checa, Hungría, Polonia, Rumania, Bulgaria y Eslovaquia) y tres repúblicas antes integrantes de la extinta Unión Soviética (Lituania, Letonia y Estonia).  Mientras tanto, la Nacional Endowment for Democracy, Freedom House y otras agencias americanas, después del bombardeo de Servia (1999) y la intervención en Kosovo, pasaron a alimentar la oposición en Ucrania y en Georgia, tendiendo a derrocar los gobiernos pro-Moscú y sustituirlos por otros favorables a Washington.

 

Con Georgia y Azerbayán, repúblicas que integraron la Unión Soviética, los Estados Unidos entonces negociaron la construcción de un oleoducto Baku-Tiblisi-Ceyhan, terminado en 2005, para transportar el petróleo a través del Cáucaso hasta el Mar Negro y Turquía, sin pasar por el territorio de Rusia.  Y los neo-conservadores actualmente procuran atraer a Ucrania y a Georgia para la OTAN, lo que tornará muy probable una futura confrontación nuclear, en torno de la soberanía de Crimea o de Ossetia del Sur, provincia separatista de Georgia, que desea ser anexada a Ossetia del Norte, integrada en la Federación Rusa.  Este, posiblemente, constituye uno de los factores por los cuales el presidente George W. Bush pretende instalar en Polonia y en la República Checa un sistema anti-balístico, bajo el pretexto de impedir un eventual ataque de “Estados fuera de la ley”, léase, Irán y Corea del Norte.  ¿Quién, sin embargo, está fuera de la ley?  ¿Los Estados Unidos, que invadieron Irak infringiendo el Derecho Internacional, sin el respaldo de la ONU, o Irán y Corea del Norte, que no pretenden promover guerra contra ningún otro país?.  ¿Permitiría Washington que Rusia y/o China instalasen bases y sistema anti-balístico en Venezuela, Nicaragua o Cuba?  En verdad, ningún país amenaza concretamente a los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN.

 

Ningún país – ni Irán ni Corea del Norte – osaría lanzar ningún misil nuclear contra los Estados Unidos, cuya capacidad de revancha es infinitamente mayor, devastadora, y  podría arrasarlos.  Pero el objetivo del sistema anti-misil, entre otros, es saciar los intereses del complejo industrial-militar, sustentáculo de la economía americana, financiándolo con nuevas encomiendas de material bélico, y preservar la hegemonía de los Estados Unidos de cara a la emergencia de China y de la recuperación económica de Rusia.  El general Colin Powell, como jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, ya había dejado este objetivo bien claro, en 1992, al recomendar al gobierno americano, en un documento sobre  estrategia militar, la preservación de la “evidente capacidad de evitar que cualquier adversario compitiera militarmente” con los Estados Unidos, impidiendo a la Unión Europea convertirse en una potencia militar, fuera de la OTAN, la re-militarización de Japón y de Rusia, y desestimulando cualquier desafío a su preponderancia o tentativa de revertir el orden económico y político internacionalmente establecido, i.e., el orden unipolar.

 

Sucede que la Unión Soviética no fue derrotada militarmente en la guerra fría.  Su sistema económico y social, un socialismo burocrático, fue el que se tornó inviable, dentro de un mercado mundial capitalista. E implotó. Pero la Federación Rusa heredó todo su potencial bélico convencional y nuclear, y trata de modernizarlo.  El riesgo de un enfrentamiento con los Estados Unidos se vuelve real, pues, según constata el Instituto Internacional de Investigaciones sobre la Paz, la diferencia con lo que sucediera durante la guerra fría consiste en el hecho de que, antes, el armamento nuclear era considerado un elemento disuasivo, y actualmente los países comienzan a considerar que los pertrechos nucleares pueden ser utilizados efectivamente.

 

Traducido para La ONDA digital  por Cristina Iriarte

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