“El arte es una
práctica compleja,
pero su escritura debe ser clara”
Robert Store director de la 52 Bienal de arte Venecia

Desde el 10 de junio esta abierta la 52 edición de la Bienal de Venecia: Se mantendrá abierta hasta el 21 de noviembre. Robert Store, es el director de esta 52 Bienal de arte. Es el primer estadounidense que dirige en más de cien años de historia la Bienal, Crítico y dirigente del MOMA. “Piensa como sientes, siente con la mente”  es el lema de esta cita que fue creada para coleccionar y ahora, también, para contemplar. Están presente 97 artistas y 76 pabellones nacionales.

 

Los periodistas que han seguido el proceso de este evento, opinan que Storr organizó una muestra “con el aire de una colección de museo”, en la que pasa revista a más de 100 artistas.  “El conjunto, reposado y decantado, carece del aire irreverente e incluso caótico de otros años, además los premios de la Bienal se denominarán León de Oro, como los del festival de cine. El arte bajo un mismo dosel de agasajo”, añaden.

 

La Bienal de Venecia es hoy  el tercer, y tal vez, el más importante evento de arte de cuarteto que se realizan en Europa, los otros cada uno con su perfil es; Art Baselm en Suiza, Documenta Kassel, en Alemania, y el Proyecto de Escultura Muestren. Lo más significativo de Venecia  es que se convierte cada año en una sita para ciento de miles de visitantes que asoma su rostro a escena.

 

Lo que sigue es parte de distintos diálogos de  Robert Store, director de esta 52 Bienal de arte, publicado en diversos medios de comunicación.

 

-El lema de su propuesta tiene un doble filo: parece que el arte contemporáneo ni siente ni piensa.

-Lo que quiero expresar es que debemos utilizar nuestras facultades emocionales e intelectuales para entender el arte y el mundo. Pero la tendencia normal es montar contradicciones. Por ejemplo: Duchamp decía que la pintura sólo es retinal, pero Duchamp y Picasso también hicieron un arte con sustancia conceptual. Esta es una división impuesta por la crítica. Richter o Bruce Nauman hacen unas obras con fuerte presencia física, directa, pero también llena de ideas.

 

 -A lo mejor se escibe mal de arte.

-Es que el problema del arte contemporáneo es la crítica. Ha intentado imponer una manera de escribir donde no hay un vocabulario de la experiencia, la del espectador que se pone delante de una obra. El arte es una práctica compleja, pero su escritura debe ser clara. Bastante oscuro es ese mundo para que se oscurezca más. Cuando era joven estudié en Francia y leí a Pascal. Ahora entiendo el esfuerzo que hizo por hablar de las cosas complejas con sencillez. En el «Opuscule» sobre los jesuitas pidió disculpas porque el texto le había salido demasiado largo, pero si hubiera tenido más tiempo habría sido más breve, dijo.

 

-¿La complejidad del arte y de los textos que le acompañan es lo que provoca la confusión de ideas?

-El mundo no es simple, pero la única manera de aprenderlo y de comprender el arte es evitando la confusión, producto de la vanidad.

 

 -Hace meses pronunció una conferencia en Madrid, en la Fundación ICO. Dijo que los Salones del arte del siglo XIX y principios del XX son como las bienales. ¿Piensa lo mismo ahora?

   -Ha cambiado algo mi opinión. Lo que quise es recordar que una muestra como ésta donde se pone en evidencia el arte que se está haciendo en ese momento era como un Salón. Sé que es una definición estrecha sobre todo porque una bienal como la de Venecia no es una estructura decadente, pero tampoco olvidemos que en un principio los salones mostraban el arte más sofisticado. Quiero decir que en la época moderna también hay Academia. Duchamp es academia, el Informalismo es academia, la instalación es academia.

 

-¿Todo el arte contemporáneo es académico entonces?

-La cuestión es que no hay vanguardia, algo sin precedentes. La vanguardia son artistas con una gran visión capaz de cambiar nuestro modo de ver el mundo, y además hoy no se escriben manifiestos.

 

-Lo dice como si fuera irreversible.

-No lo es. Si hay artistas, habrá una necesidad de organizar una vanguardia. En los años 60 y 70 se organizaron para contrarrestar el mercado. Es necesario que haya una vanguardia, pero debe aparecer como fenómeno natural que utiliza un lenguaje racional. Estoy viejo para formar parte de esa barricada.

 

-¿No cree que más que amor al arte lo que existe es su utilización?

 -Es cierto que el amor al arte es algo a lo que hay que llegar. El arte requiere reconocerlo poco a poco: es como un buen matrimonio. Internet sirve para mostrar las imágenes, pero no enseña la experiencia, que es lo básico. Hay que partir de la conciencia de lo que se siente. Lo que me propongo hacer es evitar el cinismo del público que cree que la Bienal es una rama del mercado porque eso no es cierto.

 

-Algunos dicen que un comisario norteamericano -conservador del MoMA- atrae a los patrocinadores. En la exposición que ha comisariado mezcla generaciones y procedencias, los del centro con los de la periferia.

-Si voy a una librería encuentro a Lorca y a Cortázar al lado de Chinua Achebe y Amadou Hampate Ba, que es candidato al Nobel. Es curioso que en literatura y cine nadie se sorprenda de que los artistas de la periferia, como los ha llamado, también cuentan, sobre todo porque están haciendo arte en el presente.

  

-¿La Bienal es un concepto anticuado o aún tiene algo que decir?

-Sí, desde luego. La Bienal es una estructura, y si la usas bien hay muchas cosas que decir. Lo más complicado es dejar atrás los significados previos, pero es siempre una posibilidad de decir algo, por el contraste entre lo que la gente recuerda o lo que espera.

 

 -¿Qué ha querido decir con esta Bienal?

-He intentado presentar una aproximación al arte y a cómo pensamos sobre él. Que las categorías, las divisiones, los términos críticos, académicos, son un impedimento para entender y experimentar. Que las divisiones entre lo conceptual y lo perceptivo es un malentendido. No existe una buena pintura sin una idea ni una buena idea sin una forma.

 

-¿Cómo hace para sentir como piensa y pensar como siente, tal como propone en el título de este año?

-Tú piensas con tus sentidos, los usas para tener ideas, no nacen de algún punto en tu cerebro que es estrictamente lógico, vienen de tu modo de comprender el mundo. Y luego las ideas tienen afectos, no son neutrales, la gente se apasiona por las ideas, y no existe una pura idea lógica, están cargadas de emociones. Lo que yo digo es que esto ocurre y se debe considerar, no fingir que una cosa tiene prioridad sobre la otra.

 

-Es el primer norteamericano en la Bienal ¿le causa presión o cree que puede aportar algo distinto?

-No, no me causa ninguna presión. Cuando Rauschenberg fue el primer americano en ganar el gran premio en 1964 sí significó algo, abrió el mundo a las vanguardias americanas. Yo aporto dos cosas, creo yo. Una, que he vivido y trabajado en México, Holanda, no soy un norteamericano provinciano. La otra cosa es que mi definición de EE UU no es la que suele tener la gente. Es más Ginsbgerg, Whitman o Cage que John Wayne.

 

-También ha ido a África, ha sido el primer director de la Bienal.

-Sí, no creo que haya sido el primero en ir, pero sí en ir de forma específica para buscar y pensar sobre el arte en África.

 

-¿Por qué este interés?

-Es muy simple, por ser americano: la cultura americana viene de los conquistadores, inmigrantes europeos, los indígenas y... los esclavos. Nuestra cultura es una mezcla de culturas y yo crecí en Chicago al lado del gueto, tenía muchos amigos allí. Es decir, la diáspora de África está en mi vida. Y además, en los últimos años ha habido muchas cosas interesantes en África, y la Bienal es la oportunidad de darlo a conocer.

 

-¿Qué dice de las críticas al pabellón africano por el origen dudoso de la fortuna del coleccionista?

-Yo no quería decidir qué galeristas africanos participarían y quise dar una oportunidad a todos. Hicimos una selección y un jurado eligió. La colección es el vehículo para mostrar unos artistas y la polémica es por el cuñado del cuñado del coleccionista, no sobre él. Nadie pregunta por los recursos financieros de Pinault o de muchos otros.

 

-¿Qué le parece el arte en España, sólo ha seleccionado un artista?

-Ya, Ignasi Aballí está porque lo que hace me resulta muy interesante. Sigo la escena española, pero en este caso había que elegir.

 

-Hay obras con carga política

-Sí, pero no con un determinado mensaje, no trabajan como ideología. No dicen qué pensar, si no una ocasión para pensar. La política es importante, es la mala política la que hace arte malo.

 

-¿Hay todavía un solo centro del arte? ¿Nueva York lo es?

-No, para nada. Es el centro del mercado, pero eso está cambiando. Hay muchos lugares, Londres, Berlín, Pekín,... Y no es sólo geografía: he pasado mucho tiempo buscando artistas latinoamericanos, que son muy interesantes, pero los encuentras sobre todo en la Bienal de Sao Paulo y en Arco.

 

-¿Cuál es el descubrimiento más interesante que ha hecho buscando por el mundo?

-Probablemente el grupo Morrinho, de Río de Janeiro, por un amigo. Trabajan en las favelas y sobre el universo de las favelas. Tienen un puesto central en la muestra, y también entre los pabellones: han montado entre ellos minúsculos barrios de favelas.

 

-¿Qué problemas han tratado de subrayar en la exposición?

-El modo en que respondemos a la violencia, a la cultura de la violencia. La nacionalidad, que es una estructura política, pero no está escrito en la tierra. La relación entre el placer y conocimiento...

 

-¿Qué es más importante hoy, una Bienal o una gran feria de arte?

-La Bienal es una fórmula democrática, donde el público puede entrar y tener una gran experiencia directa del arte. Pero mucha gente no se siente invitada o bienvenida en las galerías o en el mercado, es una barrera social dura de atravesar. La Bienal no, y por eso forma parte de la cultura visual, como el cine.

 

-Usted es el primer norteamericano que dirige la Bienal. ¿Le produce alguna presión?

-No. Cuando Rauschenberg fue el primer americano en ganar el gran premio en 1964 sí significó algo, abrió el mundo a las vanguardias americanas.

 

Yo aporto dos cosas, creo yo. Una, que he vivido y trabajado en México y Holanda; no soy un americano provinciano. La otra cosa es que mi definición de América no es la que suele tener la gente. Es más Ginsbgerg, Whitman o Cage que John Wayne.

 

-¿Por qué su interés por África?

-Es muy simple, por ser americano: la cultura americana viene de los conquistadores, inmigrantes europeos, los indígenas y... los esclavos. Nuestra cultura es una mezcla de culturas y yo crecí en Chicago al lado del gueto, tenía muchos amigos allí. Es decir, la diáspora de África está en mi vida, por tanto me interesa el arte africano.

 

En los últimos años ha habido muchas cosas interesantes en África, y la Bienal es la oportunidad de darlo a conocer.

 

-Hay críticas al pabellón africano por el origen dudoso de la fortuna del coleccionista.

-Yo no quería decidir qué galeristas africanos participarían y quise dar una oportunidad a todos. Hicimos una selección y un jurado eligió. La colección es el vehículo para mostrar unos artistas y la polémica es por el cuñado del cuñado del coleccionista, no sobre él.

 

Nadie pregunta por los recursos financieros de Pinault o de muchos otros.

 

-¿Qué le parece el arte en España? Sólo ha seleccionado a un artista.

-Ignasi Aballí está porque lo que hace me resulta muy interesante. Estoy muy interesado en la escena española, y la sigo, pero había que elegir.

 

-Hay obras con carga política.

-Sí, pero no con un determinado mensaje, no trabajan como ideología. No dicen qué pensar, sino que dan una ocasión para pensar. La política es importante, es la mala política la que hace arte malo.

 

-¿Qué es más importante hoy, una Bienal o una feria de arte?

-La Bienal de Venecia es una fórmula democrática; el público puede entrar y tener una gran experiencia directa del arte.

 

Fuente La Razón es y agencias europea.

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