Digamos con franqueza, no logramos
combinar ciencia y tecnología con la
mejora de la calidad de vida de la gente

Rector Rodrigo Arocena

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“Digamos con franqueza, no logramos
combinar ciencia y tecnología con la
mejora de la calidad de vida de la gente”
Rector Rodrigo Arocena

Del 18 al 21 de junio se desarrolló en Montevideo el lll Encuentro de Ciencia, Tecnología y Sociedad  del Mercosur, organizado por la Sociedad Uruguaya para el Progreso de la Ciencia y la Tecnología. El evento contó con la participación de decenas de científicos mercosurianos en distintos campos del quehacer científico y tecnológico, que durante tres días discutieron y reflexionaron sobre el rol de la

ciencia y la tecnología en nuestras sociedades.

El evento fue inaugurado en el salón Rojo de la Intendencia de Montevideo con la presencia de las autoridades de SUPCYT Uruguay, el Ministro de Cultura Jorge Brovetto y representantes científicos de los países integrantes del Mercosur. Lo que sigue es la intervención inaugural del Rector de la Universidad de la Republica Dr. Rodrigo Arocena, en dicho evento.

 

“Quiero muy brevemente decir como nos aproximamos a esta temática. Hay tres grandes tradiciones en la materia, la tradición que piensa en los impactos de la ciencia y la tecnología sobre la sociedad, que ha dado lugar a extensos estudios.

 

Otra tradición que piensa en cómo la sociedad condiciona la ciencia y la tecnología. Mejor conocida como los estudios sociales de la ciencia y la tecnología.

 

Hay una tercera tradición, en la que nos reconocemos, más amplia, que es la tradición interactiva. En la cual ciencia y tecnología y sociedad es un espacio de influencias reciprocas y mutuas, que por lo tanto llama a pensar en un conjunto de actores, que son los actores propiamente dichos de la ciencia y la tecnología.   

 

Sobretodo llama  a pensar en las dimensiones ciudadanas del problema. En que medida ciencia, tecnología y sociedad son cada vez más cuestiones que afectan a personas que están ubicadas mucho más allá de bibliotecas, laboratorios y Claustros y se trasforman en los grandes problemas de nuestro tiempo.

 

Por cierto en esta tercera tradición  se reconocen autores y estudios que van mucho más allá del campo de la ciencia y tienen que ver (entre otras cosas) con una que nos preocupa centralmente, que es la contribución del conocimiento al desarrollo.

 

En esta perspectiva queremos enfatizar nuestra convicción de que los temas que ustedes van a tratar aquí son los grandes problemas de nuestro tiempo. No solo por las posibilidades que abren (bien conocidas por ustedes) sino también por los riesgos que generan.

 

Nadie puede cerrar los ojos al hecho que el potencial destructivo sobre la humanidad ha crecido tan rápido, como el potencial productivo. No puedo obviar una referencia personal. En los primeros meses de este año falleció en Buenos Aires mi maestro Mischa Cotlar, uno de los grandes científicos latinoamericanos, tenia más de 90 años y continuaba haciendo matemática entusiastamente. Pero su gran preocupación en los últimos años de su vida no era la matemática a la cual había dedicado lo mejor de sus esfuerzos, sino la construcción de un centro para la unidad de la ciencia y la ética, porque lo angustiaba profundamente en qué medida el conocimiento puede estar siendo utilizado y podría estar siéndolo mucho más en el futuro para fines poco éticos.

 

En ese sentido tenemos que encausar a la vez las promesas y los peligros de la ciencia y la tecnología. A la vez que vemos avenidas que se nos abren, tenemos que tener en cuenta las desigualdades que se van generando a esos logros.

 

 A comienzos de los años 90 quien era en aquellos años el secretario de trabajo del Presidente Clinton, Robert Reich, hizo una clasificación ocupacional muy distinta a las habituales y señaló un conjunto de actividades que denominó los analistas simbólicos, esencialmente la gente que de alguna manera utiliza conocimiento avanzado, permanentemente y renovable en sus actividades, los señaló como el conjunto ocupacional que iba ocupando los lugares de privilegio. Catorce años después en el 2006 volvió sobre su clasificación y dijo “lo que veía como tendencia se completó”. Aquí Arocena hizo alusión a la postura crítica de Reich a que se le da desde las aulas a los jóvenes en función de lo que requieren en concreto en el mundo de hoy determinado por la ciencia y la tecnología.

 

Agregando el Rector: “Si notamos como  notamos que no poco jóvenes tienen esas actitudes pensemos cuales son nuestras responsabilidades. ¿Que le estamos ofreciendo, en la incorporación al mundo del conocimiento?

 

Vemos a los países de alto nivel de vida que el 60 u 80 por ciento de los jóvenes acceden a la enseñanza terciaria y de alguna manera tienen posibilidades de que ciencia y tecnología sean herramientas para construir una vida mejor, individual y colectiva. ¿Qué pasa en nuestros países?, estamos muy lejos de ello.

 

Queremos hacer y queremos colaborar en políticas científicas y tecnológicas activas, nuevas.  Muchas veces se ha intentado en América Latina. Tenemos que reflexionar sobre nuestros fracasos del pasado para que esa reflexión sea la clave de nuestros éxitos del futuro.

 

Digamos con franqueza, no hemos todavía logrado combinar de la manera necesaria ciencia y tecnología con mejora de la calidad de vida de la gente en  general. Si queremos, como queremos, y vaya que por eso peleamos, obtener recursos sólidos, estables y considerables de la sociedad para la investigación científica y tecnológica, tenemos que mostrar que somos capaces de a través de esa vía de mejorar sistemáticamente la calidad de vida de nuestros compatriotas más desfavorecidos.

 

En este sentido vemos la idea de Universidad para el desarrollo como Universidad que colabora particularmente en todo lo que tiene que ver con ciencia y tecnología para las políticas sociales. Para afrontar las políticas sociales de nuestra sociedad.

 

Buscamos con toda modestia sumar esfuerzos. Vemos a la Universidad como un actor entre muchos otros de los procesos de desarrollo científicos y tecnológicos y con muchos otros queremos sumar esfuerzos.

 

 Estamos por ejemplo hoy haciendo lo mejor de nosotros para colaborar a la construcción de un verdadero Sistema  de Investigadores como el país nunca ha tenido y puede tener a corto plazo.

 

 Con el intendente de Montevideo hemos integrado recién un equipo “Universidad Ciudad” esto muestra una línea de trabajo, un equipo “Universidad Ciudad” que va a apuntar a buscar todo lo que la Universidad puede colaborar en las políticas municipales en sentido amplio. Pero también  lo que nosotros podemos aprender en esa colaboración y muy particularmente de cómo podemos integrar a nuestros estudiantes a esa colaboración haciendo de la tarea  una fuente de educación, que en el fondo  es nuestra idea Latinoamérica de extensión.

 

Vinculando la investigación con la sociedad y el estudiantado con su propia formación, todo lo vemos en una perspectiva que nos parece central, es hora que los veteranos de la enseñanza de la ciencia y la tecnología latinoamericana demos lo mejor de nosotros para incorporar una nueva generación.

 

Tenemos la impresión de que en América Latina volvemos a vivir la hora del futuro. Nuestro continente fue, y vaya sí lo fue en muchos periodos de su historia, el continente del futuro. Dejó de serlo en los años 90, para mucha gente para gran parte de sus habitantes. La migración es un testimonio de ello de alguna manera estamos volviendo a  serlo.  La integración regional, la integración regional que se hizo referencia aquí es una clave en ese sentido.

 

¿Que pasa con la integración? No podemos dejar de advertir, han sido señalados o esbozados con elegancia aquí ciertos problemas de la integración, la integración política.

 

 Por debajo de la integración política en estos años hemos asistido a lo que algunos han  llamado la integración societal, fortalecimiento de vínculos entre actores sociales que hacen de la integración un hecho irreversible. En ese sentido queremos felicitar a las ciudades que trabajan conjuntamente por esta integración societal. A las sociedades científicas y tecnológicas que trabajan conjuntamente por este tipo de integración.

 

Si uno mira en América Latina 7 u 8 años atrás era un continente de la desesperanza, hoy por hoy parecería que nuevamente tenemos una ocasión para pensar en el futuro, para pensar en un nuevo desarrollo, para pensar que ciencia, tecnología y sociedad sean una de las claves para el desarrollo integral de América Latina, con la convicción de que sea abierto. Una vez más una hora de futuro Latinoamericana.

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