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El actor Villanueva Cosse
rompe el silencio
Un grupo importante
de actores del teatro uruguayo se vio obligado por
la dictadura (1973-1984) a emigrar. Buenos Aires fue
uno de los destinos. Villanueva Cosse es uno de los
grandes actores que se fue en aquel momento y se lo
recuerda por sus destacadas actuaciones en diversas
obras del Teatro El Galpón, entre ellas Arturo Ui.
Recientemente el periódico digital Info Región le
realizó una entrevista en su casa de Barrio Norte.
Lo que sigue a continuación el diálogo de Villanueva
con los periodistas argentinos.
Casi
tan alto como la puerta, Villanueva Cosse aparece en
escena, esta vez en su casa de la calle Juncal,
donde recibió a Info Región. Respondió cada
respuesta en forma pausada, con gestos, con
inflexiones, con actitudes de mimo, uno de sus
oficios, y con pensamientos profundos que descubren
a un actor enorme en cuerpo y alma, y a un hombre
que sufrió las crueldades en Suramérica, como la
prohibición durante la dictadura en Uruguay, su país
natal, hechos que lo trajeron a Argentina
definitivamente.
-Nació en Melo, pero
luego se fue a Montevideo. ¿En ese momento pensó que
iba ser un actor premiado, que iba a ser director?
- El teatro me atraía
por conocer nueva gente, para estar en un universo
femenino, me capturó inmediatamente, me costaba
hacer teatro porque tenía problemas de equilibrio,
siempre hay declive en el escenario y el de El
Galpón tenía cinco centímetros de declive por cada
metro. Después fui mimo y fui a Francia, estuve casi
dos años en París con una beca para ser mimo pero
quería usar las cuestiones físicas para aplicarlas
al teatro. Cuando estaba por llegar Marcel Marceau a
Montevideo me llamaron de la Alianza Francesa porque
se enteraron de que estudiaba mucho. Me devoraba los
libros de Pantomime, miraba las fotos, imitaba esas
poses y di una conferencia ilustrada y hacía
movimientos para demostrar esos movimientos. En ese
momento pasó el embajador de Francia y dijo: Dénle
una beca para ser mimo.
-¿Allí empieza a
aparecer la actuación?
-La actuación me
costaba muchísimo, me decían en broma que me quedaba
chico el escenario. Fui a Francia cuando tenía 33
años, era un veterano, yo siempre fui un atrasado
porque la tuberculosis que tuve en la infancia me
llevó a atrasar todo, una niñez estirada, una
adolescencia estirada. Tengo que mirarme al espejo
para darme cuenta de que soy un anciano.
-¿Cuál es la
importancia que le otorga al reconocimiento de
recibir infinidad de premios?
-Yo quedo muy
contento cuando recibo un premio, no me mando la
parte porque a nosotros lo que nos sobra es
silencio, sobre todo en estos países en donde la
gente que dispone del dinero no nos ayuda en ningún
aspecto y cuando lo hacen lo hacen de forma
electoral. El premio es bueno pero es malo porque me
lo dan a mí y no se lo dan a otro. No me gustan las
ternas. Antes no había ternas entonces ahora hay
perdedores, yo tengo algunos premios pero usted no
sabe la cantidad de ternas que tengo, soy más
perdedor que ganador. Me produce contento, uno hace
las cosas para los otros, yo no hago teatro para mi
contento sino que mi contento es que las cosas que
hago les guste a los demás. El teatro es poner mucho
de uno, sino haríamos teatro sin público, lo que le
pido a mis actores y a mí mismo es lo que me
gustaría ver desde la butaca. Hago lo que a mí me
gusta, yo no copio, hago lo que me gusta. El arte es
arreglártela como puedas.
-¿Por qué eligió
Buenos Aires?
-Porque me llamaron,
porque no podía más con esa vida esquizofrénica de
siete horas de Banco de Seguro y el resto para el
teatro. De repente acá tuve la oferta de trabajo,
hice la prueba y pedí licencia sin goce de sueldo y
al año fui a renunciar. Pero después vinieron las
prohibiciones de 1975 al 1982, sin trabajo ni en
televisión ni teatros, y ahí empecé a dar clases
para vivir. Fue la época del arroz y el fideo.
-Y se quedó
- Me quedé en Buenos
Aires, no podía volver a Montevideo porque estaba
prohibido y no era broma. El 5 de noviembre de 1975
se firmó un decreto que decía que a Juan Manuel
Serrat, Alfredo Zitarrosa y China Zorrilla, entre
otros, se prohibía darles trabajo en Uruguay y
mencionarlos. Cuando empecé de vuelta ya habían
pasado ocho años.
-Un nuevo atraso.
-Sí, otro atraso más
pero lo viví, cuánta gente no tuvo una chance de
vivir y cuánto tiempo nos va a costar recuperarnos
de esas barbaridades.
-El
último trabajo en televisión fue la novela Sálvame
María protagonizada por Andrea del Boca y Juan
Palomino. ¿Cómo fue la experiencia?
-Acá fui usado por
una manga de ladrones. Fui humillado, maltratado,
era un trabajo de baja calidad pero si hubiese sido
de alta calidad no hubiéramos podido hacerlo bajo el
clima que nos brindaban, uno piensa que estaban
buscando un negocio de otro tipo, yo reniego de eso,
no me di cuenta y entré por cuestiones de dinero, no
tengo jubilación, se me viene una vejez difícil. En
ese trabajo me enfermé, me somaticé.
-¿Cómo ve el
escenario cultural en estos tiempos?
-Hay muchos eventos
teatrales, y existen grandes teatros para albergar a
los cientos de artistas que hay. Estamos muy lejos
de tener una enseñanza, de tener un país promisorio
en ese sentido. Basta con ir a la escuela para
darnos cuenta de que nos hacemos los distraídos en
algunas cosas. El arte es útil, convoca, hace
pensar. Todo lo cultural está librado a lo
descartable. Cuando aparece alguien que hace algo
por los Derechos Humanos, como Néstor Kirchner, lo
quieren matar.
-Tiene de veinte
películas filmadas, y varias tiras en televisión
¿Cuál es el balance?
-El balance es que me
lleva mucho trabajo hacer lo que hago pero igual es
la vocación que no vino conmigo sino que la adquirí
culturalmente. El cuerpo siempre lleva ventaja al
espíritu.
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