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UE: Francia tenía razón
Usuarios Vs. Ciudadanos
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
Hay
momentos en la vida de los pueblos en que es dable
escuchar la voz de la razón, más allá de la
propaganda de sus gobiernos. Tal es, creo yo, el
caso de Francia.
La Francia del NO,
como quisieron muchos rotularla -intentando
achacarle un aire retrógrado y negador-, supo
detener, en mayo del 2006, el burdo intento de hacer
pasar un tratado de 347 páginas donde se promovía al
usuario en detrimento del ciudadano, por una
Constitución digna de su nombre.
Luego Francia, es
decir su pueblo, como también el pueblo holandés -y
seguramente por lo menos otros tres pueblos
europeos, si se los hubiera consultado- dieron un
portazo a aquel tratado que no era otra cosa, algo
que hoy es dable percibir con extrema claridad, que
un acuerdo entre tecnócratas.
Y lo es, en tanto
busca ser, a título expreso, un acuerdo entre
determinados países, con sus intereses comerciales
comunes, en detrimento o a espaldas de sus
ciudadanos, toda vez que hay gradaciones entre los
países integrantes del conglomerado de naciones
llamado Unión Europea.
Todo este preámbulo
para decir que en la noche de San Juan -en pleno
Solsticio de Verano en aquel Hemisferio-, la ocasión
ha permitido ver cómo esa sumatoria de castillos de
naipes que es la UE, temblaba al punto de casi caer,
apenas algunos de sus miembros se atrevían, con
variadas motivaciones, a poner en jaque la lógica
mercantilista que anima a esta endeble unión de
mercados.
Esta entelequia de
mercados no puede avanzar hacia una comunidad de
naciones, como los hechos vividos en la noche de San
Juan, en Bruselas como en Varsovia, han puesto en
evidencia la necesidad apremiante que tiene la UE de
buscar en sus ciudadanos, la senda de un camino que
sus líderes, tantos los de hoy como los de un ayer
largo en el tiempo, no han sido capaces de ver.
La incapacidad del
liderazgo europeo en ver la cuestión vital que la
ciudadanía es a todo intento de proyección creciente
en materia de integración, nace en la cosificación
misma de las capas dirigentes, convengamos que no
sólo en Europa sino en los EUA también, al haberse
dejado llevar por los cantos de sirenas de la
economía financiera.
Esta economía, que
se retroalimenta de la especulación, descreyendo del
trabajo humano, se saltea por innecesario al
hombre y a la mujer de a pie, a los ciudadanos y
ciudadanas de los Estados, creyendo que basta con
atender las necesidades de funcionarios y
corporaciones, con miras a avanzar en el camino
del crecimiento sustentable.
Vano intento de
avanzar en el aire sin un piso que proyecte, mida y
prevenga tanto la huella como la senda que le sigue.
Asimismo, en esta
queda de los funcionarios y el maximalismo de los
mercados, uno cree percibir, también, un
reforzamiento del Estado-Nación en detrimento,
reitero, de los regionalismos que intentan afirmarse
sobre el pilar que constituye al primero: el
ciudadano.
Los regionalismos que
bien pueden ser un poderoso factor geopolítico que
permita crecer al ser humano, toda vez que intentan
avasallar al hombre y a la mujer de a pie, al
atribuirse potestades que descreen de estos, ven
trastabillar su endeble formación, como hoy lo
vuelve a ver la UE, por ejemplo.
No es prudente
olvidar, menos en estas circunstancias, que la
propia Europa tiene un discurso decididamente
democrático, y un hacer francamente autocrático
esto es, donde sólo unos pocos deciden por muchos-,
como así también los EUA -y el mal llamado tratado
del NAFTA que integra junto a México y el Canadá,
que no pasa de ser un acuerdo con miles de
artículos.
De esta forma el
llamado Primer Mundo, mantiene una desleal y
antidemocrática realidad con el resto del Mundo.
Asimismo, nosotros,
los del llamado Tercer Mundo, no hemos aprendido a
que sólo emancipándonos, en unión con nuestros
pueblos hermanos, en democracia, con rigor y desde
una solidaridad responsable, podremos avanzar en el
camino de la satisfacción plena, por justa y
equitativa para todas nuestras gentes.
En todo caso hoy,
luego de San Juan, dos solsticios se confrontan y
uno ya no sabe dónde comenzó la noche y dónde la
mañana.
Que la mañana haya
comenzado para los hombres y para las mujeres de a
pie, en defensa de la dignidad, de la
responsabilidad, en la certidumbre que de ninguna
manera debemos quedarnos en la denuncia, esto es en
la enumeración de Derechos violentados, sino que es
imperioso avancemos, desde nuestras propias
realidades, en pos y a caballo de nuestras
Obligaciones.
Aprendamos a ver cómo
y por qué la calle toma distancia de Bruselas;
por qué sucedió esto en la Unión Europea.
Preguntarnos, así,
cuándo fue que los funcionarios gubernamentales de
las naciones originarias de la UE, comenzaron a
olvidar la voz de sus pueblos, es decir la voz de su
conciencia.
Hacerlo, vamos, para
que nosotros, a nuestra vez, no hagamos lo mismo:
cosificarnos y anularnos en nuestra capacidad y
determinación de ser y actuar como servidores de
aquellos: de los ciudadanos.
En todo caso, y para
finalizar, las penas de la UE son o serán las
alegrías de las gentes de los países que la
integran, toda vez que los funcionarios, tarde y
mal, habrán de aprender que no pueden avanzar con
ropaje democrático, al menos- desconociendo las
reales necesidades existenciales de sus pueblos.
En suma, que un
ciudadano acepta la diferencia pero no la
discriminación, en tanto que un usuario tan sólo es
un consumidor sin voz ni espíritu; apenas una boca
grande, abierta y desdentada.
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