Las teorías económicas y la
realidad, en los últimos 200 años
por el profesor José Luís Fiori

“Si el capital se distribuyese en partes iguales entre

 todos los individuos de la sociedad, nadie tendría

interés en acumular más capital del que

 pudiese emplear por sí mismo.”

E.G. Wakefield,  England and America,

Londres 1833,
(cit
K.Marx, el Capital, FCE, ed.1958, p: 652 )

 

Las teorías económicas clásica y neo-clásica se equivocaron rotundamente, al prever que la universalización de los mercados, y la internacionalización del capitalismo producirían una convergencia de la riqueza de las naciones. Lo que sucedió, en los últimos 200 años, fue exactamente lo contrario: en el inicio del siglo XIX, la diferencia de renta entre los países  ricos y  pobres, era de apenas 1 a 2;  un siglo después, en la víspera de la 1ª Guerra Mundial,  era de 1 a 4; y en el final del siglo XX,  ya era de 1 a 7. Pero también se equivocaron las teorías de la dependencia y del subdesarrollo, que en el siglo XX, apostaron a la imposibilidad del desarrollo capitalista, en las ex-colonias europeas, o en los países que fueron o son objeto de la dominación imperialista de las grandes potencias.

 

En este período, hubo industrialización y desarrollo sustentado en varios territorios que fueron verdaderas “perlas” del colonialismo y del imperialismo europeo y norteamericano. Primero, en los años 70 y 80, fueron los “tigres” y los “gansos” del sudeste asiático, y después, a partir de los años 90, fue el crecimiento exponencial de China y de India que puso boca abajo todas las teorías ortodoxas y heterodoxas del desarrollo económico. Lo que no deja de ser extraño, porque son estos mismos casos de suceso económico que están explicitando, de forma cada vez más nítida, las grandes regularidades y tendencias de largo plazo del desarrollo mundial, que no entra, mientras tanto, en la cabeza de la mayoría de los economistas. Así, por ejemplo,  de forma sintética, y por tópicos: 

  1. A pesar de la globalización de los mercados y de la internacionalización de los capitales, que se profundizó en la segunda mitad del siglo XX, el sistema económico mundial sigue funcionando con base en “organismos económicos nacionales”, con grados muy diferentes de desarrollo y  riqueza.
     

  2. Dentro de este sistema mundial, el liderazgo del desarrollo económico siempre estuvo en las manos de un número limitado de economías nacionales que se articulan de forma dinámica y expansiva, con  el movimiento imperialista de  sus estados nacionales.
     

  3. Estas “organizaciones económicas nacionales” que lideran el desarrollo económico mundial mantienen entre sí fuertes lazos de complementariedad, al lado de una competencia intensa y permanente por la primacía económico-financiera, y por la supremacía política regional y mundial.
     

  4. Por esto mismo, en estas “economías líderes”,  la guerra, o mejor, la permanente preparación para la guerra, ocupan un lugar central, por el lado de la demanda efectiva, de la innovación tecnológica y de la acumulación financiera, pero también, como factor movilizador, y como principio organizador de sus principales políticas nacionales.

El comportamiento de estos “estados-economías líderes”, entre tanto, no explica la riqueza de países que nunca fueron grandes potencias expansivas y militarizadas. Pero incluso en estos casos, el éxito económico tiene que ver con el “efecto en cadena” de la competencia y del crecimiento de los “estados-economías” que lideran el desarrollo mundial, y depende de la  estrategia de respuesta adoptada por sus gobiernos.

 

Las “economías líderes” son transnacionales e imperiales, por definición, y su expansión genera una especie de “rastro”, que se alarga a partir de su propia economía nacional. Cada “estado-economía imperial” produce su propio “rastro”, y dentro de él, las demás economías nacionales se jerarquizan en tres grandes grupos, según sus estrategias político-económicas.

 

En un primer grupo, están las economías nacionales que se desarrollan bajo el efecto protector inmediato del líder. Varios autores ya hablaron de “desarrollo por invitación” o “asociado” para referirse al crecimiento económico de países que tienen acceso privilegiado a los mercados y a los capitales de la potencia dominante. Como sucedió con los antiguos dominios ingleses del Canadá, Australia y Nueva Zelanda, después de 1931, y también, con Alemania, Japón y Corea, después de la II Guerra Mundial, cuando fueron transformados en protectorados militares con ligaciones preferenciales con la economía norteamericana.

 

En un segundo grupo, se sitúan los países que adoptan estrategias de catch up para alcanzar las  economías líderes.  Por razones ofensivas o defensivas, aprovechan los períodos de bonanza internacional para cambiar su posición jerárquica y aumentar su participación en la riqueza mundial, a través de políticas agresivas de crecimiento económico. En estos casos, en general, el fortalecimiento económico antecede al fortalecimiento militar y el aumento del poder internacional del país. Son proyectos que pueden ser bloqueados, como ya aconteció muchas veces, pero también pueden tener éxito y dar nacimiento a un nuevo “estado-economía líder”. Como sucedió exactamente con los Estados Unidos, Alemania y Japón, en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos   del XX,  y está en vías de acontecer con China, India y Rusia, en este inicio del siglo XXI.

 

Por fin, en un tercer grupo mucho más amplio, se localizan casi todas las demás economías nacionales del sistema mundial, que actúan como “periferia económica” del sistema”, suministrando insumos primarios e industriales especializados, para las economías de los “pisos superiores”. Son economías nacionales que pueden tener fuertes ciclos de crecimiento, y alcanzar altos niveles de renta per capita, como en el caso de los países nórdicos y de Argentina. Y pueden industrializarse, como en el caso de Brasil y de México, y seguir siendo hasta hoy, economías tan periféricas como las de Venezuela o de Chile, para mantenernos dentro del “rastro” inmediato de los Estados Unidos.

 

Concluyendo precipitadamente: la desigualdad de desarrollo y riqueza entre las naciones es un elemento esencial del crecimiento de la economía de mercado, y del sistema capitalista mundial. Pero existe la posibilidad selectiva de movilidad nacional dentro de este sistema, dependiendo de la estrategia económica y de poder de cada país.

 

Traducido para La ONDA digital  por Cristina Iriarte

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