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Alberto Kornblihtt: las universidades
privadas son nada más que enseñaderos
Salvo
honrosas excepciones, las universidades privadas (en
Argentina) no son de buena calidad, porque no hacen
investigación. Son nada más que enseñaderos, dice
el doctor en Ciencias Químicas Alberto Kornblihtt en
una entrevista de Any Ventura para el diario
argentino La Nación.
Kornblihtt es, de 53 años, es uno de
los científicos más prestigiosos de argentina
Egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires,
realizo su doctorado en el Instituto de la Fundación
Leloir, y el posgrado, en Oxford. Es investigador
principal del Conicet, profesor titular plenario con
dedicación exclusiva y director del Departamento de
Fisiología, Biología Molecular y Celular de la
Facultad de Ciencias Exactas. En 1991, obtuvo la
beca Guggenheim, y en 2000, la beca Antorchas. Ha
dirigido ocho tesis doctorales, aprobadas con
sobresaliente.
-El común de
la gente no tiene muy en claro el sentido de muchas
investigaciones científicas. Esto incluye la
información acerca del ADN. ¿Para qué sirvió haberlo
descubierto?
-Por empezar, un
descubrimiento no tiene un para qué. El ADN se
conocía desde 1860. Pero lo que descubrió Watson en
1953 fue la estructura del ADN. Ese fue un hito en
la historia de la humanidad, porque permitió
comprender cómo a partir de una célula se producen
dos iguales, cómo se efectúa la reproducción. O,
como dice Serrat, por qué a veces los hijos se nos
parecen. Por otro lado, tuvo una utilidad práctica,
porque al conocer las bases moleculares de la
herencia y de la información genética se pudo
comenzar a modificar esas bases en función de
necesidades humanas. Hay miles de aplicaciones en la
vida cotidiana: en la medicina, en la agricultura,
que tienen que ver con ese conocimiento básico que
significó la estructura del ADN. La ciencia y la
religión son dos inventos del hombre, porque ningún
otro animal los practica, pero la ciencia es algo
inevitable, porque la curiosidad por descubrir cómo
ocurren las cosas es inherente al hombre.
-A ver: ¿quiere decir
que muchas veces ciencia y religión son
contradictorias?
-Las células vivas
responden a las leyes de la física y de la química.
Están compuestas por átomos que existen en el
universo. La materia que compone un árbol o un ser
humano está basada en lo mismo: en átomos que forman
moléculas que interactúan entre sí. No hay ninguna
fuerza espiritual, como planteaba el vitalismo.
-Entonces, ¿ciencia y religión son
contradictorias?
- Sí, porque la
religión no permite averiguar el origen de las
cosas. Lo da por sabido y lo relata. La ciencia, en
cambio, intenta averiguar el origen y el
funcionamiento de las cosas. La explicación que da
la ciencia acerca del mundo nada tiene que ver con
la que da la religión. Esta se basa en dogmas,
creencias o actos de fe, que satisfacen necesidades
espirituales, pero, por no poder ser puestas a
prueba, no pueden reemplazar la evidencia
experimental, la argumentación racional y el
pensamiento crítico.
-¿Pueden existir
sectores a los que no les convenga que avance la
ciencia en la Argentina?
-Creo que los
sectores que tienen el poder económico han
despreciado el desarrollo científico. Porque el
pensamiento científico está constantemente expuesto
a cuestionar las verdades absolutas. Otro argumento
de ciertos sectores para no apoyar a la ciencia es
que piensan que no produce nada útil. Eso es una
falacia, porque si no se apoya a la ciencia básica
es muy difícil que haya desarrollos tecnológicos que
sean transferibles a la industria o a bienes y
servicios para la sociedad. Por ejemplo: fabricar
vacunas en nuestro país en lugar de importarlas no
es una prioridad científico-tecnológica, sino
política y económica.
-Este tipo de
argumentos, ¿es entendido por los políticos?
-La decisión política
depende del Estado y, en el nivel de las empresas,
depende de los controles que les imponga el Estado.
Ahora bien: es cierto que la ciencia es un factor
importantísimo para un desarrollo independiente. Sin
embargo, la justicia social y económica no se
consiguen con la ciencia, sino con decisiones
políticas.
-¿Todavía es motivo
de orgullo la Universidad de Buenos Aires?
-¡Por supuesto!
Las universidades públicas argentinas siguen siendo
los grandes centros de excelencia y generación de
conocimiento. La proliferación de las
universidades privadas, promocionadas por personajes
muchas veces cuestionables, era un negocio. Salvo
honrosas excepciones, las universidades privadas no
son de buena calidad, porque no hacen investigación.
Son enseñaderos.
-¿Cuáles rescataría?
-Algunas de Economía
y de Ciencias Sociales.
-En una charla, usted
dijo que todas las células tienen los mismos genes y
que la memoria depende de qué genes se encienden y
qué genes se apagan en las neuronas. ¿Esta puede ser
una metáfora de la Argentina?
-[Piensa] No sé
exactamente en qué sentido usted lo dice. Puede ser,
porque ésta es una sociedad que mayoritariamente
guardó grandes silencios, que fue cómplice o que
tomó como algo natural la idea de los golpes de
Estado. Por eso creo que la política de derechos
humanos del Gobierno es muy positiva, porque implica
una denuncia explícita, focalizada y didáctica de
las atrocidades de la dictadura. En este punto, el
Gobierno está a la izquierda de la sociedad.
-Se dice que la época
de oro de la UBA fue de 1956 a 1966. ¿Usted
coincide?
-No, no coincido,
porque hay que tener en cuenta dos elementos
importantes: primero, que la universidad era mucho
menos masiva que ahora y segundo, que representaba
una reacción cultural frente al peronismo. Era un
país con proscripción política. Esa universidad que
murió con la Noche de los Bastones Largos era muy
buena, pero en esta universidad de hoy hay
expresiones de mayor jerarquía. Esta universidad
de hoy tiene su entusiasmo y su excelencia. Por eso
merece un presupuesto mayor, y no sólo uno que
alcance para pagar los sueldos.
-¿Por qué hay un
cuestionamiento tan fuerte de los productos
transgénicos? ¿Son realmente tan perjudiciales?
-La transgénesis es
un método para obtener una variante vegetal o
animal. Por ejemplo, se introduce un gen que hace
que las plantas sean resistentes al ataque de un
virus o que sean resistentes a un herbicida, lo que
implica que si trato al terreno con ese químico
mueren las malezas, pero no la planta que estoy
cultivando.
-A ver si entendí
bien: la manipulación genética no es necesariamente
mala.
-No. Pero hay que
tener cuidado en el control del producto. Ahora, una
cosa es una planta o un animal de granja y otra es
un ser humano. Yo no estoy de acuerdo con manipular
el genoma de los humanos para producir variedades
que sean mejores que otras. Eso sí me lleva a los
nazis...
-Adrián Paenza dijo
en una entrevista que usted debería ser presidente
de la Nación. ¿Por qué cree que lo dijo?
-Aparte de ser mi
amigo, él está pensando en que los cargos más altos
de la política deben ser llevados adelante por gente
que no provenga ni de la política profesional ni de
abogacía, sino que tenga una formación científica.
Un científico tiene un pensamiento crítico y es
capaz de admitir errores y de ver que las cosas
deben ser explicadas. Por ejemplo, no creo que el
crecimiento económico produzca un derrame que
solucione los problemas de la sociedad. Si no se
tocan los intereses de los grandes capitales, es
difícil que se logre una justa distribución de la
riqueza. Pero no me interesa ser presidente...
Tomado de GACEMAIL Nº 218
(Fuente: diario "La Nación")
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