El Medio Oriente no es tan simple como
los gobiernos occidentales
intentan hacerlo aparecer

por Entrevista Robert Fisk

En el marco de los recientes acontecimientos de Medio Oriente tiene marcado interés el dialogo que sigue a continuación de Sergio Dávila para Folha de San Paulo con el corresponsal de guerra del diario “The Independent”,  Robert Fisk, que hace cuatro décadas vive y trabaja en esa región. Fisk, próximamente presentará dos libros en Brasil y participará de la Feria Literaria de San Paulo.

 

- La política oficial del gobierno Bush para Medio Oriente es esparcir la democracia en la región.  Los palestinos eligieron democráticamente el Hamas, lo que llevó al actual conflicto. ¿Usted cree que haya un modelo único de democracia?

– (Irónico) Pero ellos votaron a las personas equivocadas, estos palestinos! Mire, el Hamas no fue electo porque ellos querían un grupo extremista en el poder, sino porque querían acabar con la corrupción del Fatah. No es el modelo de democracia el problema, y sí lo que está por detrás de él.  Lo mismo ocurrió aquí en el Líbano, que era considerado por Bush como el ejemplo de que la democracia funciona en la región. El Hizbollah atravesó la frontera de Israel y capturó soldados el año pasado. En vez de tratar eso como un incidente, serio pero no a nivel de una nueva Guerra Mundial, los israelíes comenzaron a bombardear pesadamente este país, haciendo de los miembros del Hizbollah héroes y permitiendo que ellos finalmente destruyesen un gobierno democráticamente electo. Y ahora nosotros estamos viviendo las consecuencias de un país sin ley.

 

O sea, a nosotros nos importaba tanto la democracia del Líbano, hasta que el país comenzó a ser destruido por Israel, a partir de ahí no nos interesó más.  Ahora, nos volvió a importar.  Una libanesa xiita amiga mía me dijo: “Yo nunca más confiaré en un extranjero”.  Yo le respondí: “Si ustedes, los libaneses, confiasen en ustedes mismos, en sus vecinos, tanto como confiaron en Teherán, Washington, Tel-Aviv, estarían más seguros.

 

- Uste vive ahí hace algunas décadas. ¿Cuál es el problema con el Medio Oriente? ¿Hay un solo problema en un solo Medio Oriente, como parece imaginar la mayoría de los occidentales?

– Las personas van a decir que “es algo tan complicado que usted no va a conseguir entenderlo”.

 

No es verdad. El Medio Oriente es claro, la historia es clara, ellos están intentando salir de 100 años de colonialismo, imperialismo, o como usted quiera llamarlo. Al mismo tiempo, no es tan simple como los gobiernos occidentales intentan hacerlo aparecer. Es un caso de justicia básica.  Nosotros queremos llevar la democracia a ellos, pero llegamos con nuestros vehículos blindados, nuestros ataques aéreos, como siempre hicimos, desde 1917, cuando intentamos primero “liberar” Bagdad.

 

A las personas les gustaría vivir en democracia, pero quieren un tipo diferente de libertad, ser libres de nosotros, y no tenemos la intención de darles eso a ellos. No queremos tener una relación seria con el Medio Oriente, no queremos darles el control a ellos. Ubicamos a nuestros dictadores en el poder, nosotros les pagamos, nosotros los armamos, pero nosotros los controlamos.

 

- ¿Pero ¿usted exime al radicalismo islámico?

– El islamismo tiene problemas, es una religión literal o de interpretación literal, si usted prefiere.  No se puede cuestionar el Corán, mientras podemos debatir el sentido de la Biblia cuando queramos. Una de las razones para esta visión radical, creo, es que por centenas de años el Medio Oriente estuvo bajo la presión de Occidente. Y usted no puede ponerse a discutir con Dios cuando tiene al enemigo en la puerta.  El Renacimiento no se dio de la misma forma aquí. Pero cuando el mundo musulmán intentó modernizarse, bajo el Imperio Otomano, ¿qué hicimos nosotros? Los destruimos. Varias veces nosotros jugamos estos juegos con nosotros mismos y con el pueblo de Medio Oriente.  Yo sé que la libertad de prensa, educación del pueblo no están en los padrones que deberían estar en esta parte del mundo – tal vez usted pueda decir eso de algunos lugares de América Latina, también.  Pero el hecho es que las personas quieren construir sus propias sociedades. Pero nosotros queremos estar con ellos, guiarlos, enseñarles que deben hacer, garantir que nuestro petróleo esté protegido. A nosotros no nos importan ellos y  creo que las personas aquí lo perciben.

 

- ¿Es la “Guerra por la Civilización”, de la cual trata su libro?

– Saqué el título de una medalla que me dio mi padre, que luchó en la Primera Guerra Mundial, cuyo lema era este.  Es un lenguaje de estudios de TV. “Terror”, “civilización”, “ellos”, “nosotros”, “bien”, “mal”.  No sé de qué manera nos afecta el lenguaje cuando lidiamos con las complejidades de un mundo extremadamente peligroso y violento, pero somos.

 

Durante la Segunda Guerra, (el premier británico Winston Churchill y el presidente americano Franklin Delano Roosevelt) hablaron mucho más elocuentemente que los Bushes y los Blairs.  Y era una guerra de verdad, 60 millones de personas muertas entre 1939 y 1945. ¡Sesenta millones! Entonces creo que ellos tenían un sentido de realidad más agudizado que el que tenemos hoy.

 

Churchill dijo una vez que la verdad es tan preciosa que debe ser protegida por una armadura de mentiras. Pero creo que entonces había una integridad en la política, aún en la guerra, que no existe ahora, y que el uso de palabras como “civilización” y “terror islámico” son monedas cuestionables.  Así como las palabras de los dictadores árabes, “madre de todas las batallas” y otras.  ¿Qué puedo decir?  A nosotros nos gusta este lenguaje, nosotros luchamos por este lenguaje.

 

- Usted afirma que se rehúsa a seguir la narrativa de la historia. ¿Por qué esa rebeldía?

– Fue la manera que elegí para ser periodista.  Nosotros muchas veces nos tornamos meros repetidores, como en el “El primer-ministro dijo…”, “El Departamento de Estado cree que…”.  Basta mirar una conferencia de prensa en Washington con el presidente. “Sr. Presidente! Sr. Presidente!” “Sí, John”. “Sí, Bob”. Una relación amigable, casi narcisista, entre periodistas y el poder.  No deberíamos dejar que nuestros periodistas o nuestros presidentes o nuestros primeros-ministros nos digan qué es historia y qué no lo es. Vea lo que estamos aceptando ahora, que Irán es peligroso porque tiene armas nucleares.  El verdadero peligro está en Paquistan, que ya tiene armas nucleares de verdad. ¿Pero está “de nuestro lado”, verdad?  Y estas personas nos alimentan con los reportajes.  Hoy, “Crisis en el Golfo”.  Mañana, “Guerra al Terror”.  Vea que rápido adoptamos las palabras, recogemos esas palabras de la basura, las repetimos y las tornamos verdaderas.  Hacemos lo mismo con todos estos líderes, personas que en muchos casos no tienen ningún conocimiento sobre lo que hablan.

 

- Una de las críticas más frecuentes y bien fundamentadas hechas a usted es la de que su trabajo es muy pro-Oriente en general y que usted es muy rápido en culpar a Occidente por todos los males. ¿Cómo responde a esto?

– Vea lo que escribí sobre los Saddams y Arafats de la vida. Soy bastante crítico de ellos. Así como de la mayoría de los regímenes árabes. Como periodista, usted tiene que estar del lado de la justicia, del equilibrio, de la decencia, tiene que posicionarse. El Medio Oriente no es un juego, donde usted puede darle un tiempo equivalente a cada equipo.  No es un juicio público, es una inmensa tragedia humana. Si estuviésemos cubriendo el tráfico de esclavos en Brasil en el siglo 17, ¿daríamos el mismo espacio al esclavo y al traficante?

 

En agosto de 2001, cuando un joven palestino se inmoló matando niños israelíes, ¿yo le di el mismo espacio a los jihadistas islámicos?  Claro que no.  La idea de que nosotros tenemos que conducir la cobertura de la política extranjera como si fuese un juego matemático es absurda.

 

Tenemos que tener una identidad moral como periodistas. Cuando veo personas inocentes siendo bombardeadas, escribo con simpatía por los primeros.  Como debería, por ser un ser humano. Tengo que tener el derecho.  Esto no quiere decir que usted sea pro-árabe, o pro-Israel o pro-cualquier otra cosa.

 

- Uno de los casos citados como argumento para las críticas es aquella situación durante la Guerra de Afganistán, en 2001, cuando usted casi fue linchado por un grupo de afganos y escribió que entendía lo que habían hecho y, en lugar de ellos, habría hecho lo mismo. ¿Aún piensa así?

– La situación es simple; mi auto se rompió en el medio de un grupo de refugiados cuyas familias acababan de ser masacradas por un ataque de bombas de B-52s norteamericanos. Y yo escribí, de manera franca, que si estuviese allá también le daría una paliza a Robert Fisk.  Esto ha sido repetido sin hacer referencia al bombardeo de los B-52s, como hace el “Wall Street Journal”. En otras palabras, yo paso a querer que los musulmanes linchen a los occidentales…

 

Traducido para La ONDA digital  por Cristina Iriarte

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