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Mercosur:
¿Salud o enfermedad?
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
Es
un momento de inflexión en la integración de nuestra
América del Sur. Su corazón, su centro irradiador de
específicas esperanzas en mejoras de vida de
nuestros habitantes, profundiza y mejora su estatura
ante los pueblos y regiones del mundo.
El Mercosur es antes
que un conglomerado de países en procura de poder,
un concierto de naciones, cada vez mayor hasta
constituir en plenitud la Comunidad Sudamericana de
Naciones, que va en pos de una relación mayor, por
mejor y más fructífera, para todos los pueblos con
sus diversidades en gentes, producciones e
idiosincrasias culturales y sociales.
Han pasado apenas
tres lustros y el Mercosur molesta cada vez más.
¿Por qué será? ¿Será porque languidece? ¿Será,
acaso, porque las disparidades que aun lo signan son
ya insostenibles?
¿O será, claro que
no tan simplemente, porque es un concierto de
naciones democráticas que han comprendido, y así lo
han comenzado a vertebrar, lenta pero
inexorablemente en sus mismas realizaciones
consensuadas, que sólo en el respeto irrestricto a
la libertad, a la equidad y a la solidaridad entre
pueblos que, fehacientemente, respeten y asuman la
democracia como sistema político y social de vida,
está sellada la suerte de todos ellos y aun más allá
de sus fronteras?
Este joven
adolescente de nombre Mercosur, reconozcamos que no
sin dolor y escollos, ha venido y sigue adelante,
sobrellevando instancias de notoria rispidez, ora
entre tal o cual nación, ora entre otras pero que, a
la postre, prima la centralidad de metas y objetivos
superiores a sus pueblos, antes que vectores
inarmónicos, casuales y hasta personales que pasan y
siguen, esfumándose en la letra chica de algunas
reuniones.
Hemos también dado,
porque nosotros, ciudadanos y ciudadanas, somos sus
protagonistas, toda vez que atendamos y valoremos
nuestra obligación, que es nuestro derecho, de
vigilar y estar ahí, en el centro de la plaza
pública.
Al estar y hacerse
oír la ciudadanía, podrá desplegar, por vía de su
manifestación libre y respetuosa, que aquellos
funcionarios que tienen tareas asignadas para
defender posturas nacionales, lo hagan
efectivamente. Así, cada quien en su puesto de lucha
y de trabajo, velaremos y haremos, conscientemente,
un trabajo superior para que esta construcción
tenga, como tiene hoy, instancias inusuales,
desusadas y que hablan, vaya con qué fuerza, de la
voz de los pueblos.
Hablo, claramente, de
la creación del Parlamento del Mercosur.
Construcción ésta que fuera objeto de reacciones
virulentas desde sectores de las respectivas clases
dominantes de nuestros países, toda vez que mella,
erosiona, porque lo permea, al totalitarismo
mediático que continúa impertérrito en nuestra
América.
Así, entonces, el
Parlamento del Mercosures al ciudadano y a la
ciudadana de cada uno de los países que componen el
núcleo de la integración de la América del Sur toda,
un ámbito de indiscutible jerarquía para hacer oír
su voz a través de los Representantes Nacionales de
cada Estado-Parte, a él asignados.
¡Vaya si esto no es
un avance, y además cualitativo, para la salud
democrática de nuestros pueblos!
Por cierto que hay
imperfecciones, impurezas, inarmonías que deben ser
corregidas, pero partamos de un consenso que la
realidad pone ante nuestras retinas: esto vino para
quedarse, y para quedarse en democracia.
Porque el Mercosur es
una relación entre Estados-Nación, con sus
autoridades democráticamente electas y
democráticamente controladas por los diversos
estamentos que cada Constitución y su respectivo
cuerpo de leyes así lo dispone. Y esta obviedad,
nunca está demás reiterarla, porque la relación es
entre Estados y no entre individuos.
Los individuos, las
personas que tienen, temporal y democráticamente, la
investidura que las habilita a firmar por su propia
Nación, los diversos documentos que hacen a la
institucionalidad de un grupo de naciones, son no
sólo representantes sino y por sobre todo, a
término, a término de una temporalidad reglada por
un pueblo que se precia y delega así, por un período
equis de tiempo, su representatividad en una persona
pero no cede -no debiera hacerlo convengamos- su
responsabilidad de contralor efectivo y permanente
para que esos funcionarios hagan lo que al pueblo
conviene sea hecho.
Por ello, todo
cántico solitario, toda entonación fuera del
pentagrama, está llamada a pasar de largo y salirse
de la partitura para no volver a hallarla en otra
hoja de las ya muchas que tiene escritas y bien
musicalizadas este núcleo de la integración
sudamericana que es el Mercosur.
El Mercosur además,
no es ni una construcción resultado de la mala
digestión que podría haber causado, en uno como en
otro sector, la ya histórica Guerra Fría, ni tampoco
es, ni busca ser, la respuesta contestataria a
ningún imperio como a ninguna otra potencia que del
recuerdo de las colonias que tuviera, buscara hoy a
través de un gatopardismo que nunca está demás
dejemos de considerarlo como una posibilidad,
reinstalarse en la región.
NO. El Mercosur es
tanto la idea como la acción de una región, cuyo
corazón está en el sur pero su cuerpo hace y dice
respecto de toda la América del Sur.
El Mercosur no es una
respuesta sino una afirmación de vida y de potencia
de hacer, en libertad y de cara al mundo, buscando
su complementariedad desde su misma especificidad.
Esta especificidad,
la del Mercosur, que nace de un crisol hermanado y
latente de culturas, étnicas, lenguas que recrean
una atmósfera y se avienen a conjugar el ESTAR de la
circunstancia de nuestra Amerindia (recordando la
incomparable labor docente de, por ejemplo, tres de
nuestros más grandes antropólogos: el brasileño
Darcy Ribeiro, el argentino Rodolfo Kusch, y el
uruguayo Renzo Pi Hugarte).
Amerindia es, pues,
el estar y el Norte, el ser. La conjugación y
complementariedad entre unos y otros hace y hará,
crecientemente, como el avance significativo que el
Brasil acaba de tener en sus conversaciones y
primeros acuerdos con la Unión Europea, a la mejor
vida de nuestras gentes.
Buena cosa es, creo
yo, atendamos estas cuestiones y, si convenimos en
la certidumbre que las anima, nos dispongamos a
continuar, con responsabilidad, presencia y
disposición de ánimo, a colaborar en la mejor
maduración de un grupo de naciones que antes que
buscar el protagonismo mesiánico, creen y procuran
la mejor suerte para sus gentes, esas gentes que
comienzan aquí y allí: donde caminan y sueñan esa
mujer y ese hombre, que hoy parecen no tener
porvenir pero que a poco nos dispongamos a ver
cuánto de posible tiene toda esta idea
integracionista, podremos, porque podrán ellos
mismos llevarlo a lo conciente por vía, ¿por qué
no? de ese Parlamento tan indispensable- y ver que
el Mercosur no sólo es el mañana sino que debe ser
el mismo presente.
El Mercosur, en
definitiva, podrá ser toda vez que lo caminemos, en
el hoy activo y responsable, con energía y vigor de
cara al otro, en la defensa irrestricta del otro,
celebrando acuerdos, aumentando producciones, desde
la gente y para con la gente. Es posible. Y que
nadie se burle, porque el mañana se reirá de él,
como de todo individuo que piense y sueñe que por sí
y ante sí, será posible cambiar la historia,
cambiando la voluntad de naciones, por la vía,
menor, mezquina y por tanto, ilusa, de una
ensoñación.
LA
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