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Muchacha con cama
La doble moral de los uruguayos
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
En el Uruguay, desde
el 25 de junio de 2007, al firmarse el Decreto
224/007, que pone el marco operativo a la Ley
18.065, de fecha 27 de noviembre de 2006, el trabajo
doméstico tiene, finalmente un marco legal propio,
ahora completo, pues antes lo había pero genérico y
de escasísima aplicabilidad.
Con esto, que no es
poco, convengamos en que comienza un proceso,
esperemos lo menos extenso posible en el tiempo, que
culminará en el respeto para con el otro y con la
otra, desde el mismo ámbito privado donde este o
aquella ejerce su labor.
La sociedad uruguaya
es, y lo ha sido históricamente, hipócrita. También
poseedora de valores positivos y trascendentes pero
junto con miserias que hieren y hieden
miserablemente.
La labor doméstica es
una de estas miserias. No el realizarla sino el cómo
solían ser y siguen siendo aun, aunque en menor
grado, contextualizadas.
Repasemos algunas
frases de estilo en nuestra sociedad:
-
Es como de la familia (pero si
muere su empleador o empleadora, va a la calle sin
más);
-
Es una monada de persona, siempre
dispuesta (claro, porque nunca se la respeta no
proponiéndole tareas insalubres o lindantes con lo
servil, sino que se les impone por vía, implícita,
de una orden no cuestionable);
-
El pater familias es, como
sabemos, hacia adentro, un tirano y hacia fuera,
en el tuteo con lo público, un liberal de pura
cepa, que respeta la individualidad, o un
izquierdista defensor a ultranza de las clases
populares. Pero hacia adentro, lo repito por obvio
y lacerante: un bruto que demanda e impone gustos y
obsesiones sin posibilidad de ser cuestionado;
-
¡Qué bandida! ¡Me denunció ante el
Ministerio de Trabajo! ¡DESAGRADECIDA;
-
Solía y suele jugarse al señor o a
la señora feudal, puertas adentro, para adquirir
lo que generalmente, cuando se practican tales
teatralizaciones, uno no logró por sí mismo en la
vida: altura, vuelo social;
Y la lista seguiría,
seguramente, pero creo que esta muestra, aunque
convengo lo reitero- que es muy dura, resulta un
pálido reflejo de lo que vivieron y viven, no pocas
muchachas con cama en nuestra sociedad.
Bueno
es, entonces, que mientras uno lamenta la pobreza
espiritual, intelectual y operativa de algunos
funcionarios, y me refiero a lo económico desde el
Estado, se salude y promueva mayor conocimiento, a
medidas que, como ésta, son
de cambios realmente estructurales en
la base y entrelazamiento de nuestros vínculos
sociales.
Esto llevará tiempo,
pero tuvo un comienzo serio, profundo y notoriamente
bien definido, tanto en la ley cuanto más en el
propio decreto reglamentario que la pone en
funcionamiento.
El Uruguay así,
verdaderamente avanza en conquistas sociales y es
nuestro deber, y nuestro deseo como ciudadanos,
saludar tal arribo y promover su mayor difusión, sea
esto dicho cuantas veces fuere menester el hacerlo.
La moral de un pueblo
comienza en la moral, desde su código ético, del
hombre y de la mujer en la intimidad de sus vidas.
En fin, qué mejor que
recordar a ese estupendo ciudadano del mundo y uno
de los más grandes pensadores del siglo XX, como lo
fue y sigue siendo Bertrand Russell, cuando afirmaba
lo siguiente, al hablar de los Ideales Políticos:
Los
ideales políticos deben estar basados en ideales de
la vida individual. El objetivo de la política
debería ser el hacer la vida de los individuos tan
buena como fuese posible. El político no ha de
considerar nada, aparte o por encima de los hombres,
las mujeres y los niños que componen el mundo.
Y al momento de
entrar a definir de qué ideales y para quiénes se
está refiriendo, Russell, lo aclara así: No
es un ideal para todos los hombres, sino un ideal
distinto para cada hombre distinto, lo que ha de
conseguirse, si es posible. Cada hombre lo tiene en
su ser, para desarrollarlo en algo bueno y malo; hay
un mejor posible para él, y un peor posible. Sus
circunstancias determinarán si sus capacidades para
el bien se desarrollarán o se ahogarán, y si sus
malos impulsos serán fortalecidos o llevados
gradualmente por mejores caminos.[i]
Se trata, en suma, de
cuidar cómo nuestra circunstancia de vida se recrea
y cuánto de aire damos para que en la misma,
prosperen ambientes para que el individuo, desde
cualesquiera de los lugares en que se halle
involucrado, pueda devenir en persona, en sujeto
socialmente responsable y respetado. Y así,
consecuentemente, la Nación toda, se invista de un
carácter y un talante, trascendentemente
democrático.
Este ha sido un gran
paso dado en tal sentido. A los hacedores del mismo,
desde el ámbito del Legislativo, como del Poder
Ejecutivo: ¡Salve!
Ahora la tarea es
nuestra, la de los ciudadanos de a pie: hacer que la
letra tenga vida.
¿Lo haremos? Hacerlo
será, en definitiva, un modo noble y sano para que
la hipocresía pierda cuerpo al quitarle una de sus
cartas constitutivas: la tiranía que se despliega
desde la sombra.
[i]
Russell, Bertrand, Ideales Políticos,
Editorial Aguilar, Madrid, año 1963, Págs.
12 y 13.
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