La construcción sudamericana
en la incertidumbre, ser
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

Es tiempo de reflexión, porque es tiempo de acción. En lo personal, tenía in mente la redacción de una meditación respecto a actores de la minucia burocrática en algunos de nuestros países. La constatación de hechos, inmediatos, terribles y también de los otros, solapados y hasta encubiertos, llevaron a que optara por establecer una pausa para tal meditación, lo que no obsta diga como preámbulo, cuestiones que siento y entiendo deben ser dichas, en nuestro contexto sudamericano.

 

El filósofo italiano Norberto Bobbio, ese maestro tan necesario para todos quienes pretendemos pensar con libertad, decía respecto de la tarea del hombre de cultura, o intelectual para algunos, en una acepción tan genérica como tramposa, que ante todo debía sembrar dudas antes que recoger certezas.

 

Con este comentario, a su vez, el italiano Umberto Eco, en una conferencia proferida en Turín, allá por el mes de septiembre del 2004, respecto del citado Norberto Bobbio y “la misión del docto revisitada”[i], realizaba su propia reflexión al respecto.

 

Y argüía Eco, recordando tanto a Bobbio como al propio filósofo alemán Fichte (en trabajos de 1794), que el hombre de cultura debía aunar a la “función intelectual”, una creatividad crítica, con lo cual, al decir de Eco, “la función intelectual se desarrolla por innovación, pero también mediante la crítica del saber o de las prácticas anteriores, y sobre todo a través de la crítica del propio discurso.”

 

A lo que debía agregársele, afirmaba más avanzada su alocución, un elemento clave para que tal hombre de cultura no fuera un pequeño granuja o un gran delincuente: la conveniente autocrítica. Algo que Eco manifiesta de mejor forma, claro está: “(...) en la noción de función intelectual que propongo el momento innovador nunca va separado del crítico y autocrítico. Hitler no era creativo porque no demostraba capacidad autocrítica.”

 

Lo que nos llevaría, obvia y naturalmente, al maestro Hegel y aquella afirmación que encontramos en su obra “Fenomenología del Espíritu”, cuando, por ejemplo, y respecto de la autoconciencia, afirmaba lo siguiente: “La conciencia sólo tiene en la autoconciencia, como el concepto del espíritu, el punto de viraje a partir del cual se aparta de la apariencia coloreada del más acá sensible y de la noche vacía del más allá suprasensible, para marchar hacia el día espiritual del presente.”[ii]

 

En todo caso, fijemos como adecuado el que cada uno de nosotros, antes que neutral la suficiente entereza de, habiendo tomado para sí una posición ante la vida y por ende desde lo político, no por ello sea incapaz de advertir falencias hacia un lado –el supuestamente “propio”, es decir, partido, tienda política, sector-, como hacia el otro –esto es, sin demonizarlo, pudiendo advertir incluso y especialmente, los aspectos receptivos en cuanto a principios como a sus resultantes acciones éticas conducentes con nuestra idea de la cosa en sí.

 

Es decir, importa que uno sea crítico, autocrítico, desde una función intelectual que, junto a la suficiente y necesaria creatividad crítica, nos permita ir en pos de aproximaciones mayores a metas comunes a todas las personas socialmente responsables.

 

Para ello, recordémoslo, es ineludible la lectura de la realidad desde una posición tan abierta como crítica, estemos o no de un lado como del otro. Lo importante es ser serios a la hora de auscultar esas primeras realidades que nos presentan los medios y que tantas veces, mansamente, tomamos como finales.

 

Dejo un ejemplo al respecto que espero sea de utilidad reflexiva, críticamente reflexiva, para todos:

 

En el suceso mediático en el que interviniera un funcionario uruguayo ante un selecto auditorio al otro lado del río que llamamos mar: ¿qué es lo sustantivo? ¿La respuesta o la pregunta?

 

O sea, ¿quién es el protagonista? ¿El que responde o el que pregunta? Y ¿quién fue el que preguntó aquello que motivara la respuesta “inarmónica” del funcionario uruguayo? ¿Fue acaso un ex colaborador del militar argentino bajito y bigotudo y luego permanente colaborador de factores continentales hegemónicos?

 

¿Quién? ¿Por qué y para qué?

¿Acaso son o pueden ser, consciente como inconscientemente, peones de jugadas ajedrecísticas en donde vestirían el color negro  del visitante –factor externo, la Nueva Roma-  en un tablero que desde las blancas –América del Sur- parece recibir ataques ahora sí, orquestados en el marco de  un plan a largo plazo?

 

Evidentemente, no tengo las respuestas pero sí las dudas. Y tengo dudas porque hay casualidades forzadas y eso me lleva a cuestionar la primera realidad que me presenta un noticiero televisivo. ¿Podremos llegar más adentro?

 

Quizá sea este un buen ejercicio para una semana fría de un julio inhóspito en esta ciudad de Montevideo. No tanto porque encontremos las respuestas, sino para permitirnos el aproximarnos a una aprehensión críticamente superior sobre los escenarios que en la vida vemos pasar. Y en estos, cuando se trata de marionetas, poder descubrir quién en verdad mueve los hilos. Luego, comprender, si cabe tal comprensión, quiénes son efectivamente los títeres y quiénes, creyéndose titiriteros no son más que otra especie de títeres, con sus propios hilos y en tarimas más altas.

 

Y a esto atención que a veces ni uno mismo puede escapar, porque las más de las veces el uso y el abuso son, o dejamos que lo sean, inconscientes.

 

A no ser, claro está, que podamos ser hombres y mujeres de cultura que, además y especialmente, tengamos autocrítica, pudiendo así desplegar una creatividad crítica que nos permita construir junto a los otros, mejores caminos de vida, socialmente hablando, se entiende. Y para el bien de todos, los de aquí, los de nuestra América del Sur.

 

[i] Eco, Umberto, A paso de cangrejo, editorial Debate, Buenos Aires, año 2007, Págs. 74-87.

[ii] Hegel, G.W.F., Fenomenología del Espíritu, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., Pág. 113.

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