Los errores propios
comienzan a pesar
por Jorge García Alberti

Al promediar el  actual período de gobierno, por primera vez en mucho tiempo, la aprobación de la gestión del Presidente Vázquez se situó en el orden del 51%, según la encuesta difundida por la empresa Factum.

 

Hace pocos días, en una reunión política de la Corriente de Acción y Pensamiento,  sector que lidera el senador Eleuterio Fernández Huidobro dentro del MPP, argumentó sobre la leve diferencia que se obtuvo para lograr la mayoría absoluta en las últimas elecciones y lo cerca que puede estar la oposición para revertirla. En ese sentido, señaló que “vamos a decir que desde el punto de vista de ellos es una tarea simple y, desde el punto de vista de nuestra estupidez, si la tenemos, también puede ser accesible para la derecha. Y vaya que vemos, cada dos por tres, que estas estupideces prosperan en beneficio de la derecha y en contra, a veces, de la izquierda”.

 

Y más allá de los calificativos, se aprecia hoy que numerosos temas que era necesario que fueran abordados en el país, no eran tan simples como muchos dirigentes de izquierda creían y ya comienzan a ser contraproducentes para sus propios intereses.

 

Se agrega, además, que el impacto sufrido por la oposición ante la derrota electoral se ha revertido, en primer lugar por el propio el tiempo transcurrido y también por haber asumido el rol que le correspondía frente a los numerosos huecos para el accionar político que se le otorgaron y se le otorgan desde el Partido de gobierno.

 

El oficio político pesa y algunos miembros de la oposición lo están aprovechando al máximo. Por otra parte, se aprecia cierta apatía en algunos de los integrantes de las propias fuerzas integrantes del Frente Amplio y, en algunos casos,  ha quedado demostrado que algunos dirigentes no estaban preparados para afrontar la responsabilidad de los cargos que ocupan.

Los dirigentes del Frente Amplio reconocen que existe “desmotivación y desmovilización” en la población, pero son incapaces de preguntarse por qué.

 

La ciudadanía no está en otro planeta, está atenta a las contradicciones en que suelen caer los propios integrantes del gobierno cuando uno dice que es necesario incrementar la relación comercial con EE.UU y el otro dice que en realidad se apunta para otro lado. Sigue con atención cómo se resuelven los temas políticos de primer orden, como la creación de fuentes de trabajo o la administración de los recursos a través de la Rendición de Cuentas donde desde el Poder Ejecutivo se envía un mensaje y los legisladores propios cambian el sentido con toda clase de argumentos y al final quedan todos contentos, es decir no existen responsables políticos.

 

La ciudadanía se debe asombrar cuando se fomenta desde el primer día una Reforma Tributaria, como forma de justicia distributiva de la riqueza, y se castiga al que gana más por trabajar más. Y más se debe sorprender cuando los legisladores que la votaron, siendo miembros del gobierno, dicen estar arrepentidos de haberlo hecho o no quieren pagar el IRPF de las partidas de secretaría, que son parte de los ingresos que recibe el legislador.

 

La ciudadanía está atenta también a los problemas de inseguridad que existen y que parecen superar la estadía de un ministro u otro en la cartera, porque no se termina de acordar cómo ir a fondo en el tema.

 

La ciudadanía ve también que la fuerza política de gobierno no está libre de los problemas de corrupción y mira con atención los episodios confusos en distintas áreas de la administración pública. Jerarcas de izquierda que fomentan la colocación en cargos de confianza de familiares directos en su entorno de poder; disputas y denuncias de todo tipo en las administraciones municipales de los departamentos dónde la izquierda es gobierno.

 

Tampoco la ciudadanía parece estar ajena a los problemas de la emigración. Creo que no existe un uruguayo que no tenga cerca un familiar, un amigo o un conocido que se fue del país, se está por ir o se quiere ir y ve que se hace poca cosa por retener a los jóvenes más preparados, que son los que deberían apostar a construir un futuro en Uruguay.

 

Con esta serie de mensajes contradictorios que llegan a la opinión pública, promovidos desde los propios sectores que integran el gobierno, se le hace difícil a cualquier ciudadano que participa de una encuesta decir algo distinto a que las expectativas eran otras y que esperaba otra cosa del cambio.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital