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Europa volvió a moverse,
hasta el Papa exageró
por el profesor José Luís Fiori
Como
era de esperar, el largo impasse europeo se está
transformando en un conflicto abierto. Dos años
después de que Francia y Holanda rechazaran el
proyecto constitucional de la UE, Berlusconi, Aznar,
Chirac, Shroeder y Blair se fueron para casa, y el
futuro de Europa está ahora en las manos de
Angela Merkel, Gordon Brown y Nicolas Sarkozy,
pero las divergencias son cada vez mayores.
Hace pocos días, el
presidente de la Comisión Europea, José Manuel
Barroso, comparó la creación de la UE, con un
gran imperio, y enfureció al primer-ministro
británico. No podría ser diferente, porque
inmediatamente después de la asunción del nuevo
gobierno laborista, su secretario de relaciones
exteriores, David Miliband, declaró al diario
Financial Times, que Gran Bretaña se transformó en
un global hub entre los principales puntos y
pueblos de la humanidad, y que por lo tanto, no
puede desistir de su condición de potencia global,
y de puente entre los EUA y la Unión Europea. O
sea, Miliband anunció al mundo, con todas las
letras, que el gobierno de Gordon Brown no se
someterá al sistema monetario europeo, ni
aceptará ningún tipo de soberanía imperial, o de
política externa unificada, bajo el comando de
Bruselas.
Del otro lado del
Canal, el nuevo presidente francés, Nicolas Sarkozy,
que asumiera en el mes de mayo, ya hizo
declaraciones y tomó decisiones que ubican a Francia
en un enfrentamiento directo con Alemania, y con
casi todos sus pares de la UE. En una misma semana,
anunció la decisión de retrasar el
cumplimiento francés del acuerdo de eliminación de
los déficits presupuestarios, establecido para 2010,
y de llevar adelante políticas proteccionistas, para
defender el empleo de los franceses amenazado por
la globalización liberal. Y lo que fue más grave,
defendió la politización de la política monetaria
del Banco Central Europeo, que según él, debería
someterse a una estrategia europea de largo plazo.
Además de esto, la
nueva ministra de hacienda, Chistine Lagarde,
sugirió a los banqueros y financistas a que
cambiaran a los Estados Unidos y Gran Bretaña
por Francia, para transformar a París en un gran
centro financiero global, situado en el liderazgo
de una economía nacional vibrante, y en
declarada competencia con Londres y Frankfurt.
La respuesta alemana
fue inmediata y dura: su ministro de hacienda, el
social-demócrata Peer Steinbruck, declaró en
Bruselas, el día 10 de julio, con tono ligero, que
él no tenía nada contra el fortalecimiento de la
moneda europea, por el contrario, él amaba el
euro fuerte. Y además de esto, afirmó en tono
imperativo, que todos los estados miembros de la
UE tendrán que llevar a cero sus déficits
presupuestarios al 2010, sin ninguna excepción.
La propia ministra Angela Merkel salió a la luz y
dio una entrevista seca a la televisión alemana,
exigiendo que el presidente francés pare de
desestabilizar el euro, y la independencia del
Banco Central Europeo. Y dejó circular,
paralelamente, la información de que su gobierno
está preparando una legislación especial - igual
que en los EUA, Gran Bretaña y Francia - para
impedir la desnacionalización de sectores
económicos estratégicos para la seguridad nacional
alemana, como las telecomunicaciones, la energía y
el sector bancario.(*)
Paradójicamente, esta
pelea está clarificando el escenario, después de dos
años de parsimonia generalizada. El gobierno de
Angela Merkel unificó la elite política y
empresarial alemana, y pasó a la ofensiva,
asumiendo el liderazgo agresivo de la unificación
europea, y de la ocupación económico-financiera de
Europa Central. Además de esto, aceleró su proyecto
de integración económica con Rusia, independiente
del resto del continente, y volvió a su
posición de sheriff del rigor fiscal y monetario de
los demás países europeos, con una retórica
económica ortodoxa y liberal, característica de las
potencias hegemónicas. Pero el juego no terminó, y
Francia parece dispuesta a doblar su apuesta.
Mientras Angela Merkel criticaba al gobierno
francés, el presidente Sarkozy viajó para Argelia y
Túnez, y propuso la creación de una Unión
Mediterránea, incluyendo los países de la costa de
África del Norte, y Turquía, bajo el liderazgo
francés, y con costas para la Europa germánica, y
para el global hub británico. Y al mismo tiempo,
el día 12 de julio, lideró un manifiesto de los
países mediterráneos de la UE, favorable al cambio
de posición occidental, frente a la cuestión
palestina, por encima de las decisiones e instancias
oficiales de Bruselas. Cabe saber si Francia está
en condiciones para salir del plano retórico.
Pero de cualquier
manera, es cierto que el distanciamiento entre
Alemania, Francia y Gran Bretaña se está confirmando
también en el plano de la disputa energética.
La AIE difundió en los últimos días, un informe
previendo problemas graves de oferta de petróleo
y gas, en los próximos cinco años, y el aumento
continuo de su demanda y de sus precios. Y frente a
esto, cada una de las potencias europeas está
buscando solución por su lado: Francia, con el
petróleo del norte de África; Gran Bretaña, con el
de los países nórdicos; y Alemania, con el petróleo
y gas, de Rusia.
Como si fuese poco,
los Estados Unidos insisten en instalar su escudo
anti-misiles en Polonia y República Checa, y no
desisten de la independencia de Kosovo. Con esto
los norteamericanos consiguen irritar a Rusia,
y recolocarla en la tradicional posición del
príncipe negro, que asusta a los europeos, desde
los tiempos de Iván el Terrible. Primero, los
rusos hablaron de abandonar el Tratado de las
Fuerzas Convencionales en Europa, firmado en 1990.
Pero ahora, el gobierno Putin anunció que
responderá al escudo norteamericano, con la
instalación de un nuevo sistema de cohetes en
Kalingrado, el enclave ruso situado entre Lituania
y Polonia, que ya fue la capital de Prusia Oriental
y tierra natal de Immanuel Kant, el filósofo de la
paz perpetua. Todos estos movimientos recuerdan
pasos de un minuet, simétricos y previsibles. Pero
no hay duda que Europa volvió a moverse, y
está cada vez más parecida consigo misma y con su
larga historia pasada. Hasta el papa alemán resolvió
entrar en la danza, y atacar a los protestantes
y a la Iglesia Anglicana, por razones de
antiquísimas divergencias teológicas. Pero en este
punto, por lo menos, la prensa y todos los gobiernos
europeos están de acuerdo: como ya se está
transformando en un hábito, una vez más, el papa de
los católicos exageró en la dosis.
(*)Traducido
para La ONDA digital por
Cristina Iriarte
Este trabajo no puede ser reproducido
sin la
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