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100 años de su
nacimiento
Una pasión que rompió todos los
moldes de la moral, llamada Frida Kahlo
por Sara Lovera López
El Amor a la Vida "Según lo establece
Raquel Tibol,
el mito Frida Kahlo es sólo una
parte de la integración
excepcional entre arte y vida, entre
la
intensidad pública y privada".
México y el mundo celebran por estos
días el centenario del nacimiento de una artista que
se convirtió en mito. Militante comunista,
transgresora, bisexual, el amor controvertido de y
por Diego Rivera, Su vida y su arte, se reviven en
su país con varias exposiciones: la principal, se
presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes,
con 354 piezas (cuadros, fotos, cartas y
documentos), luego recorrerá el mundo. Conferencias
seminarios debates y nuevas biografías intentan
acercarse Frida Kahlo a esta mujer trasgresora de la
moral de su época.
Lo que sigue es un artículo de Sara
Lovera López publicado inicialmente por el periódico
mexicano Criterio.
Frida Kalho fue una
mujer singular. Para acercarse a ella, dice su mejor
y más profunda biógrafa, no es admisible "la
simpleza extrema". Frida "demostró con su existencia
y su obra que las taras sociales son mucho más
agobiantes que las taras físicas".
Desde los 16 años
estuvo en la lucha social. Y apenas unas horas antes
de morir hizo, como Benita Galeana, su última
incursión pública al participar en una manifestación
de protesta contra el golpe militar en Guatemala. No
tuvo reparos desde que era joven. Deseaba la
justicia y odiaba el abuso.
Era además una mujer
libre, sufrida, sí, pero esencialmente libre, en
cada uno de los terrenos de su desarrollo, unida a
la gran corriente renovadora y avanzada de las
mexicanas del siglo XX. Leerla, conocerla más allá
del mito y la publicidad, es para las mujeres
contemporáneas algo obligado. No se podría entender
la historia, nuestra historia, sin asomarse a sus
reflexiones.
Tampoco podríamos
armarnos un futuro, si no entendemos esa frase de
Raquel Tibol: Frida de-mos-tró para aprehenderlo,
con sus existencia, y sus obras, que "las taras
sociales son muchos más agobiantes que las taras
físicas", desprendiéndose de si misma, en la pintura
y actuando como su convicción le dictaba.
Nunca fue
convencional, no se mimetizó con el poder y los
poderes, no se unió al estado de cosas reinante, y,
a cambio, transgredió todas las reglas, todas las
ataduras, que se le fueron presentando. Hizo, con
Diego, al menos, más allá de los chismes, una vida
diferente que rompió la idea simplista y romántica
de la pareja. Esa es la Frida que nos tiene que
acompañar, en esta hora de festejos míticos y
desviados de la vida real.
Y es esa a la mujer
que Tibol rescata en su biografía. Es a esa mujer,
humana y profunda, de convicciones y retobos, de la
vida agitada, llena de luces, estridente y creativa,
a la que nos llama a conocer. Más allá del mito.
Artista, intensa,
sabia
En los años 20
existía en México la agrupación de los Pioneros
{rojos y la Federación Juvenil Comunista, donde se
afilió Frida. Fue amiga de Concha Michel, una de las
luchadoras por los derechos de la mujer y de los
campesinos, quien a la hora de la muerte de Frida,
porque cantaba, dirigió sin tapujos La
Internacional.
Amiga de Tina Modotti
y de otras muchas activistas de la Liga Internación
Pro-Luchadores Perseguidos. Frida fue muy activa en
las campañas contra el fascismo. Y aunque Tibol
señala que no era visible entre las izquierdas de la
época, sus escritos, su autobiografía dicen otra
cosa.
Raquel Tibol, la
polemista y crítica de arte basó la biografía en una
extensa entrevista que le hizo a Frida en 1954, a
unos meses de su muerte, fue la secretaria de Diego
Rivera y durante más de 30 años investigó sobre
Frida y su época, ha compilado sus cartas
personales, escritas por Frida desde que tenía 17
años. Nos muestra a una Frida mujer y artista,
intensa y sabia.
Tibol se ha opuesto
al mito y a la comercialización de la marca Frida, a
cuyo empresario mostró recientemente la periodista
Laura Castellanos, en un espléndido reportaje
publicado por la Revista
Y como bien señala
Monsiváis, Raquel Tibol, en Frida Kahlo en su Luz
más íntima, (Random Hause Mondadori, 2007), nos
mostró la maravillosa posibilidad de cabalgar por el
mundo sin dividir la vida pública y privada.
Tibol afirma que con
esa vida Frida le dio la razón a Carlos Marx, a
Freud y a Jeremías, porque pasó sus cuarenta y siete
años cantando cuando tuvo voz, bailando cuanto tuvo
piernas, gritando cuando tuvo ira. Sin complacencias
y sin posposiciones. Hizo lo que tenía que hacer y
vivió a sus anchas.
Humana a rabiar
Frida nació en la
Villa de Coyoacán el 6 de julio de 1907. Le pusieron
Magdalena Carmen Frida; su padre Guillermo
(fotógrafo de monumentos históricos) y su madre
Matilde.
A los once años la
poliomielitis le baldó levemente y dejó su pierna
derecha un poquito más corta y delgada que la
izquierda. Estudió en la Escuela Nacional
Preparatoria; a los 18 años sufrió un gravísimo
accidente del cual salió con la columna vertebral,
la pelvis y la matriz afectadas definitivamente. Se
supo, desde pequeña pintora. Fue surrealista, antes
de conocer a Adré Bretón.
Se casó con Diego
Rivera a los 22 años, él tenía 42.
Tibol rememora lo que
de ella escribió en 1947, en un catálogo de la
exposición de cuarenta y cinco autorretratos de
pintores mexicanos que presentó el Instituto
Nacional de Bellas Artes.
"Realmente no sé si
mis pinturas son surrealistas, pero sí sé que son la
más franca expresión de mí misma, sin tomar jamás en
consideración ni juicios ni prejuicios de nadie. He
pintado poco, sin el menor deseo de gloria ni
ambición, con la convicción de, antes que todo,
darme gusto y después poder ganarme la vida con mi
oficio".
Un dato revelador de
la biografía de la maestra Tibol es el hecho de que
Frida, que nunca habló de una temprana vocación
literaria, a los 15 años publicó en el Universal
Ilustrado del 30 de noviembre de 1922, una prosa
poética titulada Recuerdo, en cuyo contenido habla
de la gente, de los indios, y los rebozos de bolita.
Este fue el comienzo
de una obra escrita permanente. Publicó en revistas,
hizo discursos, tenía temple e ideas. Las cartas
reunidas en esta biografía, que sirven a Tibol para
armar su vida pública privada, muestran a Frida
siempre debatiendo.
No era, como el mito,
llena de pulseras, anillos, con su traje tradicional
de tehuana, sino una mente alerta. El diario de
Frida, publicado en español por Editorial Norma en
1995, es apenas una muestra de sus dotes expresivas
y literarias.
Fuera del mito
A Frida a los 100
años de su nacimiento, luego de muchas y variadas
biografías --siempre basadas en la que publicó
Raquel Tibol en 1954--, se la habría de recordar
como eso, como una mujer capaz de recorrer una vida
llena de dolores físicos, de pasiones infinitas, de
deseos asociados a su arte, y humana a rabiar.
No es fácil ni
pretencioso hablar de Frida, en ocasión de los cien
años de su nacimiento, si no fuera por las
deformaciones que se han hecho de su vida íntima y
pública. Si no fuera porque las generaciones por
venir, de miles y miles de mujeres, no requirieran
de acercarse a Frida, la real. Tibol en la biografía
explica, pone en duda hechos y dichos, incluso por
Frida, tratando de acercarse a ella, sin simpleza
extrema.
LA
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