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Dos Palestinas y el futuro del proceso
de paz en Medio Oriente, una reflexión
en la B´nai Brtith Uruguay
por José Luis Martinez
La
B´nai Brtith Uruguay, en el marco de sus reuniones
institucionales que culminarán con la elección de
sus nuevas autoridades, invitó al periodista José
Luis Martínez especialista en temas
internacionales- para brindar una conferencia
titulada Dos Palestinas y el futuro del proceso de
paz en Medio Oriente.
La
disertación del periodista fue seguida luego por una
serie de preguntas de los participantes de la
reunión, entre los que se encontraban también
miembros de la B´nai Brtith de países vecinos. Esta
fue la reflexión que realizó el periodista durante
su interveción.
Un
golpe de Estado derrocó al presidente de la
Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas en Gaza. Y
los golpes de Estado deben ser condenados.
Con las
armas en las manos, Hamas acabó con las ideas del
líder histórico de los palestinos, Yasser Arafat.
Los
seculares perdieron y ganaron los islamistas. Los
palestinos no sólo se disparan entre sí en una
guerra civil. Se ejecutan unos a otros.
El
utópico modelo palestino que pasaba por la creación
de un Estado laico, democrático y multiconfesional,
con estructuras sociopolíticas muy parecidas a los
países occidentales, es hoy historia.
Palestina podría iraquizarse y la paz estaría
nuevamente cada vez más lejos. Y las consecuencias,
como ha ocurrido históricamente, la pagarían los
israelíes.
Las
fraticidas luchas en el Mundo Arabe terminan siempre
cuando Israel es el blanco. Atacar a Israel es un
factor de unidad para las facciones y países más
diversos que se cobijan bajo el velo del Islam.
Disparar
contra los israelíes parece ser siempre la solución,
ante la incapacidad histórica que tienen para
convivir. Durante la primera Guerra del Golfo,
cuando se enfrentaron Irak y Kuwait, los cohetes de
Saddam Hussein cayeron en Israel.
Hoy el
problema para Israel se multiplicó por dos. Hay
dos Palestinas.
A
lo que se suma la injerencia de Irán, Siria y
también de las redes terroristas de los salafistas
de Al Qaeda, que se extienden en la región.
Como expresó el presidente israelí,
Shimon Peres, no hay
ninguna diferencia entre Hamas y Al Qaeda.Por eso
Peres, en una entrevista que publicó Corriere della
Sera, insistió en la necesidad de apuntalar la
combinación Abu Mazen-Salam Fayyad (el presidente y
el primer ministro palestino). A diferencia de Hamas,
son serios, racionales y quieren la paz, sostuvo el
presidente israelí.
Hoy es necesario apoyar y promover la
moderación y el pragmatismo ante el fanatismo
fundamentalista. Se debe
recompensar a los moderados y castigar a los
extremistas.
Hoy hay algunas lecciones que deben
ser aprendidas.
Israel cometió el mismo
error que cometió Estados Unidos con los talibanes
afganos: creer que Hamas era un fenómeno menor y
sobre todo controlable.
Claro está que en la
dinámica de Guerra Fría, nadie podía imaginar que el
problema del mundo, en pocas décadas, se llamaría
integrismo islámico.
La
expansión del proyecto jomeinista, tras la llegada
al poder del movimiento islamista Hamas es
constante.
La
destrucción del proyecto nacional palestino sólo
servirá para incrementar la inestabilidad en Oriente
Medio y por supuesto para intentar la destrucción de
Israel. El presidente iraní considera a Israel la
capital de los infieles y la ultima frontera del
endemoniado Occidente, y proclama su eliminación. En
Gaza ese proyecto está en marcha.
Hamas
está bien financiado. Tiene a Irán detrás. Es más
peligroso que Fatah, porque es el encargado de
retomar el proyecto panárabe devenido en
panislámico. Han conseguido el objetivo primordial:
no habrá Estado palestino por mucho tiempo, y lo que
proponen como alternativa no formal, porque nadie
quiere asumir responsabilidades de Estado, es una
república islámica de modelo iraní.
Hamas es
partidario de la instauración de un Estado islámico
en el conjunto de Palestina, desde el Mediterráneo
hasta el Jordán, es decir, que englobe a Israel,
para lo que proclama la destrucción del Estado
judío.
Hamas es un elemento
más de un problema totalitario que reta a la
libertad y la democracia. En este caso usa la causa
palestina con eficacia probada. Pero su horizonte es
mucho más lejano y no ahonda en las raíces de la
libertad, sino en las entrañas siniestras del
fundamentalismo.
Hamas no sólo es una
organización integrista islámica cuyo método de
trabajo es el terrorismo y cuya filosofía profundiza
en las bases aterradoras del totalitarismo
nihilista. Su prestigio macabro se asienta en tres
compromisos innegociables: no a la paz con Israel,
sí a la destrucción de Israel y sí a la creación de
una república islámica.
El
consejo central de la Organización de Liberación de
Palestina (OLP) encargó al presidente Mahmud Abas
que organice elecciones anticipadas.
Los 132
diputados del Parlamento actual, dominado por los
islamistas de Hamas, fueron elegidos en enero de
2006 para un mandato de cuatro años.
La
responsabilidad de ese triunfo fundamentalista la
tuvo Fatah,
quien fue su primer gran aliado. Corrupción, métodos
autoritarios, cultura de la confrontación y
enriquecimiento personal dejaron desamparados a
miles de palestinos a su suerte, sobre todo a la
suerte de un Hamas que los cuidaba con su interesada
beneficiencia.
El
gobierno de Hamas fue destituido el mes pasado tras
tomar el control por la fuerza de la franja de Gaza
y, en su lugar, el presidente Abas, apoyado por la
comunidad internacional, designó a un gabinete
marcadamente independiente.
Los
islamistas se oponen a la celebración de elecciones
anticipadas, y prometieron que las harán fracasar.
La falta
de institucionalización en el lado palestino sólo
generan violencia interna y sufrimiento. Pero es
necesario aportar a la paz. Una paz que hay que
impulsarla, apoyarla, y ayudarla a madurar y crecer.
No se puede ser indiferente al conflicto del Medio
Oriente. Y se debe tomar posición.
No se
puede ser neutral.
Estamos
hablando de la vida de israelíes y palestinos. Dos
pueblos destinados a vivir como vecinos. Pero
estamos hablando de la democracia y la libertad. De
la lucha contra el terrorismo, contra los kamikazes
que matan a civiles inocentes.
Creo, y
en esta reunión en especial, que no se necesita
profundizar en el tema. Los judíos saben lo que es
el terrorismo. El mismo terrorismo que cruzó el
Mediterráneo y llegó a Madrid y Londres, o el que
desembarcó en el Río de la Plata, en la embajada de
Israel y en la AMIA.
Israel y
el Cuarteto respaldan el proceso de paz. El ex
primer ministro Tony Blair se sumó a ese esfuerzo.
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush,
propuso una conferencia internacional, con el apoyo
de Olmert y Abas.
El final
del camino es un Estado Palestino que pueda convivir
en paz con Israel, como ya lo hace Egipto y
Jordania. Dos pueblos, dos Estados.
El
gobierno de Israel está trabajando para eso. Ha
liberado el dinero retenido de los palestinos y se
los entregó al gobierno de Abas. Ha liberado a unos
256 presos palestinos, juzgados y condenados por
actos terroristas, incluso al autor del asesinado de
un ministro israelí. Hasta ha permitido que desde su
territorio lleguen armas para defender al presidente
Abas.
El
gobierno del primer ministro Ehud Olmert a puesto
más que un grano de arena para buscar la paz con sus
vecinos, más allá de los cohetes kassami que caen en
el sur de Israel entre la población civil.
El
Estado judío, la democracia israelí, apuesta
nuevamente como lo ha hecho históricamente en los
acuerdos de paz firmados con la OLP- a una solución
negociada con sus vecinos. Quiere sentarse en la
mesa a dialogar, pero con una condición
irrenunciable. El derecho a la existencia del Estado
de Israel.
Algo que
los que queremos la democracia y la libertad
compartimos, sin medias tintas.
En una
entrevista con el diario Haaretz, Olmert aseguró que
va a ofrecer a los palestinos un acuerdo de
principios para crear su propio Estado en gran parte
de Cisjordania y Gaza. En una primera etapa, la
negociación abordaría aspectos como las
instituciones, la economía y las regulaciones
aduaneras entre Israel y los territorios palestinos.
Sólo más
adelante se delimitarían las fronteras y la libertad
de movimiento entre las dos partes del futuro Estado
palestino, que se haría, según la visión de Olmert,
a través de un túnel y no de una carretera elevada
como se planteó en el pasado, según se reveló en las
últimas horas.
Desfanatizar Medio Oriente es una necesidad. El
problema no es Israel. Los problemas están en el
Líbano, Argelia, Sudán, Afganistán, Pakistán, Irak,
Irán, Indonesia, Chechenia... Y la lista podría
seguir.
La
democracia israelí no puede ser criminalizada por la
situación en Gaza y Cisjordania. El problema de los
palestinos viene de su riñón. El problema es Hamas,
es el fundamentalismo islámico, la falta de libertad
y de democracia.
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