Mercosur, una pausa
para la reflexión
por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis *

A pesar de ciertos avances que el MERCOSUR ha ido logrando en sus 16 años de creado, aun se presenta como un esquema de integración no consolidado. Algunos gobiernos, tentados por los Estados Unidos, priorizan la relación bilateral a la comunitaria. Las tensiones entre los socios mayores  y los menores respecto al poder de decisión, permanecen presentes. La incorporación de Venezuela  -tras su idea de crear el ALBA (Alternativa Bolivariana parea las Américas) – aun no ha sido plenamente aceptada. La Comunidad Sudamericana de Naciones (MERCOSUR-CAN) se presenta como un simple TLC, no como proyecto de plena integración. A tres meses de creado el Parlamento del MERCOSUR, no se advierten un avance real en el “Plan de Acción MERCOSUR 2000”

 

Para cualquier observador, sin necesidad de ser un analista especializado en temas de integración regional,  le resulta fácil comprobar cómo los países ricos del denominado Primer Mundo,   practican  en forma intensa  y permanente, una política cada vez más proteccionista, levantando todo tipo de barreras legales o arancelarias que, exponiendo pretextos de variada especie, impiden el ingreso a sus mercados de los productos del Tercer Mundo.

Previsible era el fracaso de Doha y reales  las incógnitas que presenta el debate en la Organización Mundial del Comercio (OMC)  por hallar una solución satisfactoria a temas críticos, basada la misma  en el respeto y la equidad.

 

Pese a que pocos estadistas del selecto grupo de países industrializados se privan de destacar las ventajas de la economía de mercado, sería oportuno saber respecto a qué mercado  se refieren. Seguramente el mismo no comprende un “mercado  mundial libre”, orientado a contemplar y servir al “bien común” de todas las naciones del planeta tierra, de modo tal que ellas puedan participar en igualdad de condiciones y oportunidades. Quizás las naciones ricas consideren  un mercado mundial organizado, solamente en función  de un   mezquino interés particular, cuyas voluntades asociadas ( club Bilderberg; G-7 ampliado; “Pacto Mundial” presentado en Davos) son las que finalmente determinen,  discrecionalmente, la producción cuantitativa y cualitativa en diversas áreas del mundo.

 

Tal situación se hace más evidente al comprobar el permanente retaceo que dichos países industrializados practican en contra de los países en  vías de desarrollo  -como es el caso de los que integran el MERCOSUR-  a quienes se les niega la transferencia de tecnologías de punta, además del conocimiento  para poder avanzar y alcanzar, paulatinamente, hacia un lugar más preeminente dentro de la concepción contemporánea de progreso mundial con justicia social.

 

Sólo el conocimiento conduce al desarrollo

Gustavo Capdevila  -analista argentino- nos destaca  desde Ginebra que la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), dictaminó que “la única tabla de salvación de 767 millones de personas que viven en los 50 países más pobres del mundo, es obtener conocimiento para aplicarlo a sus economías y promover el progreso tecnológico”. Esas naciones, identificadas por Naciones Unidas como los países menos adelantados, van camino a seguir monopolizando la pobreza extrema (“un dólar por día” en 2015), cuando venza el plazo fijado por el Foro Mundial para alcanzar los “Ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio”.

           

Si bien considero –en líneas generales- que los integrantes fundadores del MERCOSUR y de aquellos que lo quieren integrar, no se encuentran en la mencionada  categoría crítica, hay que reconocer que los índices de pobreza en ellos vienen aumentando en los últimos tiempos.

 

La extrema pobreza viene alcanzado una magnitud insospechable.   Para salir de tal situación  -a juicio de Supachai Panitchpakadi, secretario general de la UNCTAD- tanto los países más pobres, como los menos adelantados y los aun en vías de desarrollo  -como es el caso de los miembros del MERCOSUR- están obligados a innovar en base al conocimiento y el aprendizaje tecnológico, que no son lujos sino elementos necesarios.

           

Un severo análisis, destaca la pérdida que algunos países vienen sufriendo en los últimos años, de cerca de la mitad de sus profesionales universitarios que emigran a naciones industrializadas en busca de mejores condiciones. En el 2004, la UNCTAD calculó que cerca de un millón de personas capacitadas, en cualquiera de las tres categorías de países señaladas anteriormente, vivían y trabajaban en naciones industrializadas. Esta situación lleva a que los altos niveles de desocupación en los países iberoamericanos desaten los lazos que deben existir  entre individuo y sociedad.

 

MERCOSUR, un lugar en el mundo

No cabe duda alguna que el MERCOSUR debe enfrentar un gran desafío : alcanzar un lugar en el mundo, que podrá lograr  en la medida que se vincule con los mercados internacionales, en especial con el comercio, la inversión extranjera directa y la concesión de licencias.

 

El saber, considerado como herramienta que debe ser compartida en este esquema globalizado del acontecer mundial, es cada vez más monopolizado por quienes vienen advirtiendo que el mismo constituye un auténtico resorte de poder.

 

En las recientes reuniones Cumbres del MERCOSUR  (presidenciables, de Ministros, de técnicos) se viene hablando de la necesidad de aplicar cambios al sistema regional. Es muy ciento que la iniciativa que a mediados de la década del ´80 se insinuara como expresión de una nueva voluntad política de largo plazo -ante  el fracaso de viejas utopías- aun no ha logrado establecer un itinerario a cumplir. El MERCOSUR no se ha adaptado a las tendencias  económicas ni  a las políticas mundiales vigentes.

 

Rehabilitar, reconstruir, renovar, reinventar, cualquiera sea el término que se utilice, responderá a una ineludible demanda que parte tanto de los sectores académicos, como políticos, como empresariales, como sindicales. Es necesario modelar la realidad. Como en cierta oportunidad expresara Jacques Delors -uno de los más activos titulares de la Comisión Europea: “El retorno de la política debe ser el retorno de la comprensión de la sociedad”.

 

Se trata de establecer una política seria, lejos de toda demagogia.    Es necesario un relanzamiento del verdadero objetivo. Es prioritario  establecer una estrategia consensuada de integración sudamericana    -en su más amplio contenido, económico, político y cultural- que    será eficaz en tanto se le incorporen dos propósitos fundamentales: contribuir a la gobernabilidad del sistema  mundial y, buscar nuevas opciones para el desenvolvimiento de nuestras sociedades.

 

Helio Jaguaribe  -lúcido pionero de la integración regional, ha fijado con claridad: “MERCOSUR no es para sus miembros, únicamente un sistema que les proporcione una ampliación de mercados, sino también un instrumento fundamental de política externa. Su importancia internacional depende, por un lado, de la medida que logre formular una política externa común y el ejecutarla satisfactoriamente. Por el otro lado, esta importancia dependerá de la alternativa de orden mundial que llegue a prevalecer”.  Para este sociólogo brasileño, tal política externa común del MERCOSUR, debería orientarse en procura de un orden mundial multipolar, situación que en la actualidad no parecería ser lograda ante la presencia unipolar de los Estados Unidos y dadas claras diferencias en las conductas  seguidas por algunos sectores del sistema. 

No puede existir una política externa común cuando, respecto al ordenamiento interno, en el MERCOSUR se viene hablando de “ejes” políticos (en realidad ideológicos)  claramente contradictorios entre sí.

 

Cuando a los obstáculos que minaron por un tiempo las relaciones entre Argentina y Brasil, se suman actualmente  incomprensibles actitudes -como las protagonizadas por el presidente Chávez contra el Senado brasileño- que sólo sirven para minar la base de   necesaria confianza que debe regir en cualquier sistema asociativo.    Cuando, como en el caso argentino, se violan pautas de convivencia internacional, postergando la responsabilidad  de buen  gobernante, al bajo precio de una ambición “coleoneísta”.

 

Una pausa para la autocrítica

La necesidad de un nuevo escenario  llega a la mesa del MERCOSUR  con sus debates. Respuestas serias, responsables, son necesarias para satisfacer a un conjunto de interrogantes acumuladas en el corto camino compartido en el MERCOSUR. Éste debe diseñar eficaces herramientas para contrapesar las desventajas de sus frágiles economías frente a las del  mundo altamente industrializado.

 

Luego de una  pausa, la continuidad del sistema regional  deberá conducirse para recuperar el tiempo perdido y a favor de lograr una capacidad para establecer la  convivencia de dos marcados  dilemas estructurales que vienen aflorando, uno de naturaleza económica y otro de contenido esencialmente político.

 

De gran política. No de demagogia política, pues los pueblos, sabiamente, han sentado a ésta  en el banquillo de los acusados.

 

(*) Secretario Gral. Asociación Sudamericana de Geopolítica

Presidente Academia Uruguaya de Geopolítica

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