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Estreno
cinematográfico uruguayo
El baño del Papa,
entrañable tragicomedia
por Oribe Irigoyen
Pagina del El
baño del Papa
Pintar bien la aldea
para retratar al mundo es un concepto estético
confirmado por la práctica artística a través de los
tiempos y de los más diversos medios expresivos.
Quizá las palabras del viejo sabio que las dijo no
son textuales, pero su sentido es el mismo.
Cuando ocurre una
operación estética de profunda inserción local que
logra convencer, emocionar, atraer hasta el aplauso
a públicos, lectores y oyentes de otros países que
el de origen, incluso situados en las antípodas. Esa
obtención de universalismo, de eso se trata, ha sido
obtenida por el joven cine uruguayo en algunas
oportunidades, con25 watts, Whisky, esta última
premiada en Cannes, de la dupla Rebella y Stoll, en
menor medida pero también con Viaje hacia el mar
de Casanova, que fueron galardonadas en numerosas
muestras internacionales.
Lo mismo sucede, ese
universalismo, con El baño del Papa, una
tragicomedia que hace ficción sobre hechos reales
ocurridos en la ciudad de Melo en 1988 con
oportunidad de la visita del Papa Juan Pablo II al
Uruguay y su estadía en aquella ciudad durante 2
horas. La película fue seleccionada para competir en
la sección Una cierta mirada del reciente festival
de Cannes, un galardón por sí mismo tal elección,
donde cosechó el cálido aplauso del público y los
elogios de la crítica internacional, que anticiparon
el entusiasta éxito popular en varios preestrenos,
que prosigue en el presente estreno montevideano con
una taquilla de 8.000 entradas vendidas en el primer
fin de semana, pese a la competencia de grandes
producciones de cine para niños que han dominado y
dominan la cartelera de julio y agosto, En ese fin
de semana sólo fue superada por los célebres Los
Simpsons con 20.000 entradas vendidas y toda la
parafernalia publicitaria. Es que para El baño del
Papa funcionó el imbatible boca a boca de quienes
se entusiasmaron con la película, quisieron volver a
verla con la familia o la recomendaron.
La ficción de los
hechos
Desde el anuncio de
la visita del Papa, la población de Melo se
alborotó, sobre todo entre sus sectores más
humildes, animados por las proclamas de un locutor
televisivo que prometía un gran acontecimiento con
tan ilustre presencia que convocaría, decía el
entusiasta, de no menos de 50.000 forasteros
uruguayos y del vecino Brasil para ver al Sumo
Pontífice. Los pobres de Melo alentaron la
posibilidad de mejorar su condición económica, acaso
salir de la miseria, hacerse ricos o al menos hacer
gran negocio convirtiéndose en vendedores de
chorizos, tortas fritas y pasteles. Hubo quien gastó
sus pequeños ahorros, hipotecó su vivienda, contrajo
grandes deudas para adquirir abundantes cantidades
de vituallas, conquistar a los visitantes con
sonrisas y alimentos. La realidad disipó tales
sueños de grandeza mostrando sólo la asistencia de
8.000 forasteros en las dos horas que estuvo el Papa
y la evidencia de chorizos y pasteles no consumidos
por doquier.
Enrique Fernández,
hombre oriundo de Melo, además de ser humorista y
cineasta como guionista de Otario de Diego Arsuaga,
camarógrafo y asistente de dirección en cortos y
documentales, conoció esos hechos y en 1999 hizo el
primer libreto de una comedia basada en ellos, a la
que sumó evocaciones y recuerdos de su infancia
sobre contrabandistas y murguistas melenses. Así
creó la figura protagonista de Beto, encarnado por
el actor César Troncoso, lo rodeó de compinches, los
convirtió en contrabandistas o quileros que
recorren 60 quilómetros en bicicleta a campo
traviesa entre Aceguá y Melo, para traer mercaderías
escapando de la policía, surtir a comercios melenses
y ganar apenas para sobrevivir.
Beto sueña con
aprovechar la visita papal para comprarse una moto y
mejorar su suerte de contrabandista. Para eso tiene
la disparatada idea de construir un baño público
pago frente a su modesta vivienda al servicio 50.000
personas. Convence a su mujer, la actriz Virginia
Méndez, y a su hija, encarnada por la aficionada
Virginia Ruiz, quien no quiere ser bagayera sino
locutora de televisión, para que lo ayuden en la
empresa. Instruye a ambas en cómo recibir, atender y
cobrar a los prometidos clientes, en una de las
mejores secuencias del film, y cuando peligra su
plan no trepida en engañar a su mujer, robarle
pequeños ahorros, hacer tratos dudosos con un
policía corrupto y verdugo, a cargo del actor Nelson
Lence, que siempre lo ha acosado en sus correrías
de contrabandista. También para Beto como a los
demás ilusos el sueño terminará en fracaso.
La empatia de dos
cineastas
Desde 1999, con el
primer guión en mano y sus sucesivas mejoras,
Enrique Fernández emprende la larga, tenaz y
ardorosa marcha tras el financiamiento, producción y
concreción de un largometraje en Uruguay. Que llega
a feliz término en el 2007, cuando logra interesar y
entusiasmar en el proyecto a César Charlone, otro
uruguayo, autor del documental Y cuando sea
grande, poseedor de una amplia experiencia de
fotógrafo y camarógrafo durante 30 años en Brasil y
hoy cotizado y prestigioso iluminador internacional
con títulos significativos, con Ciudad de Dios de
Fernando Meirelles, por cuya labor fue candidato al
Oscar de mejor fotografía, Hombre en llamas de
Tony Scout, Suker Free City de Spike Lee y
nuevamente trabaja con Meirelles en El jardinero
fiel sobre novela de John LeCarré. En El baño del
Papa, Charlone cumple las tareas de camarógrafo,
fotógrafo y codirector.
La empatía entre
ambos cineastas es total, acaso por similar
concepción artística, igualdad o complementación de
temperamentos, la misma sensibilidad social y humana
por los contenidos, o la semejante euforia vital por
hacer cine. Que se traduce en una entrañable y
divertida tragicomedia referida a gente sencilla con
sus sueños, inocencia, picardía, frustraciones y
debilidades humanas, en su lucha cotidiana por
mejorar su vida.
De hecho un material
creativo de gran potencial universalista, que al
estar profundamente anclada en la realidad puede
trascender el costumbrismo localista y al hacerlo de
verdad con mirada comprensiva, emoción escondida y
recatada, abundante humor simpático y sutilezas de
guión y realización, deriva en un drama universal
sobre los desheredados de tierra que trajinan en
todas partes.
Los indudables
valores de la película parten de la excelencia del
guión de Enrique Fernández, por la riqueza múltiple
de los numerosos personajes trazados con pocos
vigorosos y sintéticos rasgos, la autenticidad local
de sus dichos y gestos, la imaginativa creación de
muchas situaciones reideras y dramáticas, con
certeras anotaciones de inocencia y picardía, la
formidable pintura de ambientes humildes pero
dignos, el uso constante del humor popular con
peculiaridades locales, que atempera o encubre el
trasfondo dramático siempre presente sin el menor
énfasis ni desborde emocional.
Esas virtudes del
guionista Fernández son acompañadas por su
contribución en la realización del film, la cual se
acopla a la perfección y se enriquece con César
Charlone detrás de la cámara rodando y codirigiendo.
Este proporciona a El baño del Papa notable
colorido y naturalidad de las imágenes, pone su
vasta experiencia y talento de camarógrafo en
abundante tomas cámara en mano, en la búsqueda de un
constante ritmo brioso y vital de relato, con
encuadres nunca enfáticos y siempre naturales, un
superior manejo del corte de montaje que impide la
pérdida de interés en el espectador, siempre
seducido por el atractivo narrativo.
Donde el dúo de
Fernández y Charlone alcanza su mayor lucimiento es
en el asombroso y muy elevado rendimiento parejo del
numeroso elenco, donde se mezclan actores
profesionales y aficionados lugareños o no, para
obtener personajes creíbles y queribles, unos, los
profesionales Troncoso, Méndez o Lence, con
magistral mimesis y profunda inserción en el
ambiente pueblerino. Los otros, los aficionados sin
experiencia, todos y cada uno proporcionan una
naturalidad vivencial y una arrolladora humanidad a
lo que se narra. El resto del equipo técnico raya a
similar altura de convicción y talento en sus
cometidos.
LA
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