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Pensar el Uruguay
Gobierno, Ciudadanía e Historia
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
Es bueno advertir
que, pese a todos los pesares, buenos e
importantes cambios se han venido operando en la
vida del Uruguay, a comienzos del siglo XXI.
Por ejemplo, en
materia laboral con importantes innovaciones, por
ejemplo, en el trabajo doméstico, por ejemplo en el
fuerte regreso de los Consejos de Salarios, modo
lícito e inmejorable de propender a una relación
trabajador-empresario, justa, digna y, a la vez,
productiva para la mejor marcha de la economía del
país.
También, adviértase,
en materia de política interna, en lo que hace a
prevención de delitos, a políticas preventivas, en
general, que refuercen acciones tendientes a un
mejor seguimiento de los sectores más desposeídos de
la población, no en aras de su control y
achatamiento sino y por el contrario, en la
búsqueda, franca, organizada y socialmente digna, de
considerarlos o mejor dicho de reconsiderarlos como
lo que son: seres humanos.
Asimismo, según creo
advertir también, en lo que hace a Relaciones
Exteriores el Uruguay, merced a su Canciller y a
quienes respaldan a la persona que, permítaseme
decirlo, es un respaldo tácito como explícito a una
política que lleva decenios en la izquierda y
también en el país, en la defensa de una política
exterior coherente no sólo con la mejor historia del
Uruguay, que es decir en la defensa de la América
del Sur, sino y especialmente en el afianzamiento de
la única salida posible, elevada y generadora de
esperanzas para nuestras gentes, hacia una
convergencia cada vez mayor en las relaciones
Sur-Sur.
En materia de
educación, si bien se mantienen grandes
expectativas, como también, grandes incógnitas, hay
una voluntad abierta y firme en su mejora
cualitativa, que diga relación con un derramamiento
no sólo de saber sino de buscar inquietar
conciencias, en el sentido de promover el espíritu
crítico en nuestros chicos y en nuestras chicas,
desde la más tierna infancia hasta, por qué no, los
niveles terciarios.
Recordar, a este
respecto, a referentes como María Eugenia Vaz
Ferreira, Paulina Luisi, Reina Reyes, Carlos Vaz
Ferreira, Julio Castro, Antonio Grompone, entre
tantos otros y otras que permanecen en nuestra mejor
historia, por ejemplo, es bregar y hacer fuerza
porque otros laboren tanto o más a efectos de lograr
una educación que además de porcentajes busque
excelencias desde una concepción universalista,
luego no utilitaria, en la formación del educando.
Y hay más logros como
así también mayores esperanzas en otros y diversos
campos de la acción societaria que parten y
partirán, digámoslo, no sólo desde uno de los
Poderes del Estado, sino también de los otros dos e
incluso, obviamente, de la sociedad comprometida con
su presente y su mejor historia.
Hay incógnitas
también, claro está.
La pesca, por
ejemplo, ese gran debe histórico del Uruguay,
permanece en su centro.
Seguimos dándole la
espalda al mar, mientras miramos de frente a una
porción de asado, y no del mejor, convengamos.
En general,
exportamos casi lo mismo que en la época colonial y,
casi de igual manera, si me permite la licencia no
poética, para el mismo pequeño grupo de
beneficiarios.
El trabajo informal
campea, al igual que los bajos sueldos. Veamos, sino
el recordado éxito de la reforma tributaria, que
consiste en que el 82 por ciento de los uruguayos y
uruguayas en actividad no se ven comprendidos en las
nuevas deducciones. Y si no lo son, es porque están
malamente remunerados. ¿O, no es así?
La clase dominante,
sus espejos y sus límites
Por tanto,
indudablemente, la mediocridad laboral, reina y con
ella el edificio del libre mercado y las
potencialidades de los emprendedores, hijos,
sobrinos y nietos de antiguos empresarios,
socialmente bien ubicados cunde, porque permanece
prácticamente inalterada .
¿Como dejar de
nombrar y de recordar, a este respecto, la
ilustradora obra de K. Marx y F. Engels, intitulada
La ideología alemana, donde está claramente
explicado en qué consiste la clase dominante?
Recordémoslo, pues:
la clase dominante. Todos ellos, todos juntos,
renovándose y viéndose en las mismas publicaciones,
algunas nuevas otras no tanto, siendo como son
apenas una muestra más de lo que aquí digo: los
apellidos casi sin excepción, permanecen: Se
renuevan entre ellos.
Para peor, la clase
dominante criolla ha perdido, desde larga data, la
facultad de pensar críticamente, al haberse
apropiado del discurso que inventaran, otros pero en
otras latitudes, para el común de la gente, o quizá,
en este contexto, debiera hablar de consumidores,
aquellas bocas grandemente abiertas a la espera del
maná descompuesto que cae desde el Norte.
Y ha perdido la
facultad de pensar porque la relación con otros
similares es ya una relación entre parias. Las
élites lo son: son parias.
Son parias, puesto
que desde hace unos decenios su lugar es el mundo y
su país, apenas un barrio privado que o bien lo es o
bien buscan lo sea. Por suerte, mejor dicho: por
leyes expresas que felizmente este país se dio hace
unos cuantos años, hasta ahora aquí no lo han
conseguido.
Hablo de privatizar
la vida pública, desde las propias calles sin nombre
de un barrio guetizado.
La clase dominante ha
dejado de pensar y con ello, advirtámoslo, ha
sentenciado su permanencia como tal. Luego, es una
oportunidad propicia para que avance la razón
sensible y con ella, el bien superior de la
República: el de todos sus habitantes.
Se han negado
históricamente, porque el negocio era deber y por
tanto tener hacía al deber y no al hacer, se han
negado, digo, a pensar en grande y así aupar
proyectos productivos importantes.
Ahora, que ya es
tarde, porque nuestro mercado es marginal, si no
residual, especulan con lo que ganaron endeudándose.
Y lo ganaron porque
hubo funcionarios de diversos gobiernos que, por el
mejor interés de la patria, condonaron deudas, bien
sea comprándolas, bien con groseras quitas,
desdibujando un pasivo del Estado hasta convertirlo
en pérdida largamente asumida.
Lo cierto fue y es,
en definitiva, que en tanto la clase dominante, en
su mayor parte, porque aun los hay que trabajaban
productivamente, pero son cuantitativamente los
menos entre ellos, lo cierto digo es que ha dejado
de pensar para crecer y ahora sólo piensan para
permanecer.
Y pensar para
permanecer tiene el supuesto beneficio de salvar el
hoy, pero el raro beneficio de perder el mañana. Y
uno ya cree atisbar que el mañana les es y será
progresivamente esquivo.
Si de logros
societarios se refiere aquello que nos ocupa y
enaltecerá como Nación, logros los habrá cuando
mujeres y hombres de niveles socioeconómicos más
bajos, puedan efectivamente acceder al empresariado,
sea éste de la índole que fuere pero que uno siente
que en asociación con otros, sería y les iría-
mucho mejor e incluso también al propio Uruguay.
Los habrá, también
sea dicho, cuando en el Uruguay la pelea mayor no
sea por una nueva refinanciación, por un nueva
búsqueda de salvamento a tal o cual gremial o
asociación, casi siempre vinculada a la economía
financiera, activa o pasiva, sino cuando se luche
por instancias de creación, societariamente
efectivas, abiertas y , por ende, superiores.
¿Alguien dijo éxito?
Luego, y en lo que
hace relación directa a la conducción económica, el
funcionario a cargo de la misma ha tenido éxito al
trasladar el foco de atención a si es o no es buena
y luego, determinar buena o no buena para quién o
quiénes- la reforma tributaria, quedando en el cono
de sombras el gran debe de este gobierno no sólo
para con el electorado que lo votó sino para con el
país todo: propender, efectiva, sistemática y
decididamente hacia un Uruguay productivo.
Un Uruguay productivo
no como slogan, no como cliché, sino como el pensar,
aplicar y seguir un plan maestro, tendiente a abrir,
es decir a ampliar horizontalmente, la llegada, con
el consiguiente levante económico, de muchos
ciudadanos y ciudadanas a la categoría de
empresarios quizá, recordémoslo una vez más, a
través del cooperativismo.
Idear modos y maneras
para que el hombre y la mujer de a pie, además de
soñar, pueda vivir una esperanza alcanzable en su
dimensión existencial. Esto no sólo no se logró sino
que, a partir de los elementos disponibles, a casi
tres años de gobierno, parece no haberse buscado
decidida y sistemáticamente.
En lugar de esto, se
profundizó la búsqueda de quimeras integracionistas,
sin que tampoco aun se halla logrado retomar
beneficios que antes el país poseía, por ejemplo con
los Estados Unidos de América, en algunos productos
sensibles para nuestra producción.
Asimismo, cada nueva
colocación de deuda uruguaya, que se dice, y uno
acepta, no incrementa el total de la misma, se la
publicita como inmejorable respuesta de los mercados
a la seriedad del Uruguay, extremo que tampoco
descarto, sólo que me formulo una pregunta, ante
tanto éxito:
¿Cómo hace un país
como el nuestro, casi inactivo en bienes exportables
con valor agregado, como también casi inexistente en
materia de plaza financiera aquella vieja quimera,
que luego tanto padecimos, de Vègh Villegas y
comandita-, para colocar en el lapso de pocas horas,
deuda pública a tasas muy similares a las del Tesoro
de los Estados Unidos de América?
¿Qué beneficios
reciben los felices compradores?
No lo indagué, es
decir, me falta conocer qué facilidades de
movimiento tiene el agente intermediario para la
colocación efectiva de los mismos, algo que,
ciertamente, presumo no será en demérito de la
institución uruguaya que lo promueve.
Quizá el Uruguay
ejerza un magnetismo ciertamente atrapante en los
compradores internacionales de deuda pública de
países como el nuestro.
Nos falta pensar el
país y pensarlo en grande.
Pensarlo en grande no
se lo pensará jamás si partimos de las consabidas
sandeces del libre mercado y toda esa cantinela
neoliberal y economicista que lo único que logra es
la queda del espíritu crítico en los seres humanos.
Nos falta a todos,
absolutamente a todos, seriedad, osadía y amor a lo
nuestro y a los nuestros.
Esto no es decir
patria y patriotismo sino la defensa de nuestra
circunstancia de vida, por la vía de la búsqueda,
genuina, creativa y osada de nuevas y mejores formas
para que nuestros suelos tengan algo más que pasto,
taperas y árboles.
Hay veces que el
éxito en sí mismo, resulta hueco si no hallamos las
vías para que los de a pie puedan, de por sí, pero
también mancomunadamente, asociadamente, propender a
una mejora genuina, activa y también de provecho
para el país todo.
Abandonar, pues, la
quimera de la economía financiera, con su hijo
bastardo: la especulación, sería un primer y
grandioso paso que el país reclama y algunos en el
gobierno piensan. Falta, claro está, que los que lo
piensan puedan pasar a la fase del hacer.
Debemos pensar el
Uruguay no desde el éxito o el fracaso de un átomo,
de un individuo, sino desde lo profundo de nuestra
historia que es otro modo de percibir un presente
activo, a la vez que llevamos a la fragua el
inquietante porvenir de los que nos sucederán.
Debemos atrevernos,
entonces, a no dejar de lado nuestras
responsabilidades y no esperar, sentados, lo que
fulano o sutana nos digan o les manden decir, desde
los informativos, no.
Es a nosotros a
quienes nos compete, junto con el Gobierno y desde
nuestras obligaciones como desde nuestros derechos
ciudadanos, el bregar por un Uruguay mejor.
Parar la sangría
También percibimos y
esto es cierto y no propaganda contra el Gobierno,
que los nuestros siguen abandonando el país. Y este
serio perjuicio en poco tiempo, de mantenerse, será
gravísimo.
Esta sangría se
detiene no sólo con osadía y buenos planes sino todo
ello salpimentado con grandeza, con el ánimo franco
de quien, mejor dicho quienes, quieren, como doy por
sentado todos queremos ver un Uruguay mejor, en
solidaridad, en producción, en calidad de vida,
inteligente, ilustrada y abierta a las mejores
perspectivas en creatividad artística y en invención
científica, por ejemplo.
En suma, pensar el
Uruguay
Pensar el Uruguay, me
atrevo a argüir, se pensará, toda vez que
abandonemos soberbias innecesarias, arrogancias
fuera de lugar y faltas de todo sentido, en tanto
vamos en busca atenta y sincera del pensar de los
otros, de los pequeños productores, de los micro
empresarios, de los desempleados, de los jóvenes
subempleados, de las mujeres sumergidas en una
sociedad aun abiertamente machista.
Asimismo, dar
muestras de un espíritu crítico y comprometido
socialmente, refiere sin duda alguna a participar
activamente en las cuestiones más caras, y sin duda
más difíciles, en la búsqueda de soluciones.
Todo nucleamiento
humano, y el Uruguay por supuesto no escapa a ello,
se contempla, establece y realiza desde ambas
márgenes del pensamiento, toda vez que el pensar sea
un pensar que propenda a la búsqueda de logros
societarios comunes a todos quienes habitamos este
país.
O sea que, en
democracia, se tenga la postura que se tenga, hay un
punto, hay un modo y habrá siempre un instante en
que podamos bajar los brazos, abrir nuestros puños
crispados y dando muestras de una entereza que nace
del mutuo interés por progresar en bien de todos,
estiremos la mano para engarzarla con la ajena,
incluso y por sobre todo, la del rival de ocasión.
Ya que rivales permanentes los hay y esos están bien
identificados.
A veces, también sea
dicho, los principales enemigos se esconden en el
propio espíritu de uno. Reflexionar, y reflexionar
críticamente no sólo hace bien a la salud mental y
personal sino y particularmente, a la familiar y por
extensión, a la social. No descuidar este ejercicio,
por consiguiente, sería algo que, aunque obvio,
nunca está demás el recordarlo.
Pensar un país para
un nuevo siglo que ya comenzó;
tal nuestro desafío y
nuestro destino.
Esto sucederá, claro
está, si nos atrevemos, por fin, a caminar al mismo
paso de los que ya vienen haciéndolo, tanto desde el
Gobierno, como desde la sociedad misma, como se
debe: erguidos, decididos y sin estridencias. Esos
que no piensa en éxitos vanos sino en bienes
superiores para la sociedad toda.
El
Uruguay es un bien superior al que debemos no
sólo mejorar sino y primeramente, preservar.
Preservémoslo. Ese es nuestro deber primero.
Que nunca lo olvidemos.
LA
ONDA®
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