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Elena Poniatowska: Viajamos en un
tren que avanza rumbo a un destino que
mucho tiene que ver con la esperanza
Discurso al recibir el premio
Rómulo Gallegos
La escritora
mexicana Elena Poniatowska resultó ganadora de la XV
Edición del Premio Internacional de Novela Rómulo
Gallegos, con su obra El tren pasa primero . La
novela fue escogida por mayoría de tres votos sobre
los cinco emitidos por el jurado.
El jurado
destacó en su veredicto en primer lugar la densidad
temática y estilística de esta obra, que compendia
la narrativa intimista y la novela coral, combinado
con rara maestría la tensión poética con un lenguaje
certero y coloquial, y la austeridad descriptiva. Se
trata de una obra compleja, de personajes bien
dibujados y construidos. En esencia, una epopeya
colectiva por la dignificación del trabajador,
mediante la reconstrucción ficcional de hechos
reales.
Poniatowska
se hizo acreedora de la cantidad de cien mil
dólares, medalla de oro, diploma y la publicación de
la obra ganadora con Monte Ávila Editores
Latinoamericana.
El premio fue
entregado a la ganadora el dos de agosto, dia
conmemorativo del natalicio de Rómulo Gallegos, en
la sede de la Fundación Centro de Estudios
Latinoamericanos Rómulo Gallegos en Caracas,
Venezuela. Lo que sigue es el discurso de la
escritora mexicana Elena Poniatowska al recibir el
premio.
En
la edición de Domingo Miliani de Doña Bárbara leí
que en 1905, don Rómulo Gallegos ingresó a trabajar
en el Ferrocarril Central de Venezuela como jefe de
estación y mi gusto fue grande porque la novela
ganadora del premio con su nombre le rinde tributo a
los ferrocarrileros mexicanos.
El tren está ligado al destino de
México pero también al de Venezuela y al de nuestros
países latinoamericanos. Las vías del tren, los
rieles son nuestros paralelos y nuestros meridianos.
Cubren la gran llanura de América Latina como antes
la marcaron las pequeñas huellas de los pies en los
códices prehispánicos. Para muchos ferrocarrileros,
el mundo es el interior de una locomotora y la
fuerza de la locomotora lo es todo, su amor, su
actitud ante la vida, su política. En México
decimos: Se le fue el tren cuando un hombre
fracasa. Aquí en Caracas, confirmo que a don Rómulo
Gallegos no se le fue el tren.
¿Estarían contentos Rómulo
Gallegos y Mariano Picón Salas al ver que ahora la
novela El tren pasa primero recibe el Premio
Rómulo Gallegos? Tuve el privilegio de
entrevistarlos durante su exilio mexicano,
Mariano Picón Salas en el Centro Médico, unos días
antes de su salida del hospital, Rómulo Gallegos en
su casa de Polanco, unos días antes de su regreso a
Venezuela en 1958, después de un largo exilio
mexicano. En otra ocasión hablaré de Mariano Picón
Salas pero ahora quisiera contarles de un señor
escondido tras su periódico. Cuando la sirvienta de
su casa le anunció mi presencia su rostro surgió
tras de las hojas, huraño, hosco. Se levantó del
sillón en donde estaba doblado y se irguió alto, tan
alto como su alta talla intelectual, estiró una mano
de dedos más largos aún y me saludó sombrío, con
severidad. Recordé al director del Liceo que nos
mandaba llamar para castigarnos y se lo conté. De
repente, don Rómulo sonrió una inesperada sonrisa y
perdió su aspereza. Aunque desconfiaba de los
periodistas, le sonreía a mi juventud. Escuché su
voz que parecía surgir del centro de su tiempo,
oscura, breve y profunda porque Rómulo Gallegos es
hombre de pocas palabras aunque su voz esté puesta
al servicio del beneficio colectivo. Para lograr
entrevistarlo lo vi tres veces y en cada visita, don
Rómulo creció.
En 1959, Rómulo Gallegos tenía
que ir al aeropuerto a despedir a los exiliados
venezolanos y cada tercer día, como un padre de
familia, acompañaba a los refugiados que regresaban
a su patria con sus niños vestidos de charros niños
mexicanizados-, que gritaban al ver los aviones:
¡Qué padre, manito¡ en vez de Mira tú, chico.
Los periodistas lo asediaban con
preguntas acerca de su propio regreso e inquirían
una y otra vez ¿Volverá a ser presidente de la
república como en 1948? Yo cumplí mi deber cuando
mi pueblo depositó en mi su confianza pero ahora le
tocará a otro venezolano elegido por el pueblo,
cumplir ese deber.
Claro que yo también le pregunté
por la época en que fue primero presidente fundador
del Partido de Acción Democrática y después
presidente de la república y me respondió irónico:
--Si, ser presidente es otra de
las cosas raras y distintas que he hecho.
--Gracias a esa rareza lo tuvimos
nosotros aquí en México.
Nadie mejor que Rómulo Gallegos
ha demostrado que la pluma puede erguirse al lado de
la espada. El New York Times escribió en 1948:
(
) Han elegido como presidente
de su país no otro rudo y despótico general sino un
civil, un novelista de alta reputación, un guerrero
de la pluma, el señor Rómulo Gallegos, una de cuyas
novelas, Doña Bárbara lo ha convertido en líder de
la literatura contemporánea de su país y le ha dado
renombre en donde quiera que se habla español. En
esta elección, la voz de Venezuela ha sonado alta y
clara; ha sido como si esos centenares de millares
de votantes venezolanos hubieran querido proclamar
ante el mundo que en Venezuela, por fin, la espada
ya no es más poderosa que la pluma. Quienes creen en
la verdadera democracia se felicitarán.
Rómulo Gallegos resultó
presidente en 1948 por la elección popular más
extraordinaria que se ha dado en América y su talla
moral equivale a la de José Martí. Como él, también
conoció el destierro y la ingratitud. Y mientras
unas botas militares pateaban tercamente Venezuela,
un hombre herido escogía Morelia, en México, para su
exilio, sin pensar que, años más tarde, el pueblo
asumiría su actitud porque la actitud de Rómulo
Gallegos es ahora, en 1959, la actitud de todo un
pueblo.
Venezuela -dice Rómulo Gallegos,
se ha conquistado el derecho de hacerse respetar.
Las sublevaciones ocurridas en mi país últimamente
no fueron por hambre. ¿Cómo puede darse una
revolución habiendo dinero, obreros bien pagados y
un aparente bienestar? No sólo de pan vive el hombre
y la revolución se hizo por reservas morales. He
visto fotografías de muchachos de quince y dieciséis
años con picos, piedras y botellas en contra de
armas de fuego. Todos participaron. Las mujeres
tiraron macetas y pedazos de madera y hasta los
niños aventaron sus juguetes al paso de las botas
militares, pero lo más extraordinario es que la
gente dejó su trabajo el viernes para ir a la
reconquista de sus derechos y el lunes todo el mundo
estaba en su puesto listo para seguir adelante en su
labor cotidiana como si nada hubiera pasado.
La actitud de mi pueblo es
realmente alentadora. La situación se ha esclarecido
y tengo la esperanza de que nuestro país volverá a
la vida institucional; tener un gobierno legal.
-¿Se trata ahora de un duelo a
muerte de los pueblos en contra de sus malos
gobiernos?
(Rómulo Gallegos asintió y
aumentó el temblor de sus manos).
--De todos modos, yo tengo una
gran inquietud por la situación de Venezuela.
--¿Es cierto que se va usted de
México el día 20, don Rómulo?
--Partiré a fin de mes.
Así como lo dijo Bolivar: Este
país caerá infaliblemente en manos de la multitud
desamparada para después pasar a tirañuelos casi
imperceptibles, de todos colores y razas. Juan
Vicente Gómez no fue un tirañuelo imperceptible sino
uno de los más feroces caudillos que ha tenido
Venezuela. ¡Y ni hablar de Marcos Pérez Jiménez!
Juan Vicente Gómez, el
benemérito, ejerció la dictadura treinta y dos años.
A lo largo de setenta años en Venezuela, Joseph
Barthelemy contó 104 revoluciones importantes sin
hablar de simples sublevaciones.
Don Rómulo me explicó: Cuando
era joven para escribir Doña Bárbara publicada en
1929 después de La Coronela recorrí el llano.
Fui al hato de La Candelaria y a otros en el
llano de Apure. Teníamos una revista Actualidades
que fue de Aldo Baroni y en la que publiqué varios
cuentos. Quise dedicar un número a cada uno de los
estados de la República y fui a Las Delicias para
tomar notas para el reportaje sobre el estado de
Aragua. Cuando llegué el dictador Juan Vicente Gómez
veía ordeñar a las vacas en compañía de sus amigos.
Fue muy campesino. ¡Siquiera tuvo ese mérito! Una de
sus distracciones era ver la ordeña en su finca de
Maracay. Cuando me llamaron para que lo saludara no
pude dar un paso. La tierra venezolana echó sus
raíces y me impidió moverme. Me quedé alejado
No
pasé la tranquera.
Juan Vicente Gómez que tenía el
rencor de los mediocres- no olvidó jamás el desaire.
Al ver a don Rómulo es imposible
no pensar en el maestro: Daba yo clases de
matemáticas, álgebra, trigonometría, geometría y
ciertas personas se sorprenden cuando saco mis
tablitas de multiplicar. Entre las cosas raras que
he hecho es vender máquinas registradoras de la
National Cash Register durante cinco años en
España pero yo nunca he podido vender nada con
provecho. No sé vender un peso por ochenta centavos.
Sin embargo, me pusieron a instruir a algunos
jóvenes acerca del funcionamiento de las máquinas.
Desde luego que mis discípulos jamás vendieron una
sola máquina. Cuando fui subdirector del Liceo
Andrés Bello, daba clases de filosofía, pero no me
alcanzaba el dinero y para completar los ingresos de
la familia trabajé como tenedor de libros en una
zapatería judía propiedad de un tal señor Levy y en
La equitativa empresa funeraria propiedad de
Manuel Lander Gallegos.
Cuando le pregunté entre otras
muchas cosas por su método de trabajo respondió:
--Yo no puedo escribir frente a
otra persona. A mí mujer, que era la mitad de mi
persona, le leía yo todo lo que escribía pues aunque
no era sino una mujer sencilla tenía buen gusto y
buen sentido de las cosas. Cuando por alguna razón
llegaba y se sentaba frente a mí mientras yo
escribía yo protestaba: No chica, te vas, yo no
puedo. Para escribir necesito estar solo. Un
encierro. Ha de ser un rincón del cuarto, un ángulo
de la pared. No podría hacerlo en medio de un cuarto
como estoy ahora. Ha de ser un rincón, no, ni
siquiera frente a una ventana. Una pared y nada más.
Escribo a máquina y me es absolutamente imposible
pensar sino frente a la máquina.
--¿Y las cartas?
--Soy tan perezoso para el género
epistolar que nunca contesto cartas.
El hombre que fue presidente de
la república Bolivariana de Venezuela de febrero a
noviembre de 1948 y fue derrocado por un cuartelazo
nunca dio su mano a torcer.
--El destierro - dice don Rómulo-
es una escuela política de observación muy
importante.
Cuando a veces lo critican en la
prensa don Rómulo comenta: Naturalmente eso lo tomo
como se lo merece pues algo tiene que costarle a uno
el aprecio de la gente verdaderamente estimable.
(Al oír a don Rómulo, no sé
porque pienso en doña Teo, Teotiste Arocha Egui su
mujer muerta en 1950 y la imagino leyendo el texto
de su marido mientras él espiaba sus reacciones en
la expresión de su rostro. Sin duda alguna, al final
ella exclamaría: ¡Chico, esto está muy bueno!
--¿Y por el momento ¿está usted
escribiendo don Rómulo?
--No, por el momento estoy
holgazaneando. Tengo que trabajar un poco más la
segunda parte de mi novela mexicana: La braza en el
pico del cuervo. En ella aspiro a demostrar el
interés que me inspira México como tierra propia, y
el deseo de que sus problemas encuentren siempre
rápida y feliz solución.
Dón Rómulo habría de morir en su
patria diez años más tarde, el 7 de abril de 1969.
Para Rómulo Gallegos la tierra no
tenía límite, el llano que tiene por lindero el
horizonte escribió Andrés Bello. Él conoció el
llano, como él lo llamaba y como también lo llamó
Juan Rulfo. Rómulo Gallegos supo muy pronto que el
paisaje o sea la tierra determina al hombre. La
llanura es bella y terrible a la vez, en ella caben
holgadamente hermosa vida y muerte atroz. La acecha
por todas partes pero allí nadie le teme.
La dicotomía:
civilización-barbarie, belleza-fealdad,
bondad-maldad campea en sus novelas. Cuando el
principal personaje de Doña Bárbara Santos Luzardo
vuelve a su tierra, primero quiere venderla para
volver a la civilización o sea a la ciudad pero
después de unos días el llamado de la tierra es tan
poderoso que se queda en Altamira La tierra es
suya y va a demostrarlo cercándola con una inmensa
alambrada.
Para el llanero es imposible
ponerle barreras a la tierra ancha y soleada tendida
frente a sus ojos, la tierra no tiene límites, el
ganado, los rebaños bravíos tienen que caminar
libres sobre la sabana sin fin, siempre por delante,
siempre abierta al horizonte, enorme, indómita,
salvaje. Los llaneros pasan volando al galope sobre
sus monturas, son bragados, saltan por encima de las
tranqueras así como lo hace doña Bárbara, la
devoradora de hombres, la que se apropia de todo. Lo
primero que busca el civilizado Santos Luzardo el
que viene de la ciudad- es cercar su propiedad para
poner límites. Los peones le dicen que la bruja de
doña Bárbara ejercerá sobre el sus sortilegios pero
el no es supersticioso y la confronta. La única ley
de doña Bárbara es la venganza. Doña Bárbara rompe
todos los moldes, cabalga, fustiga, abusa, lastima,
hiere. Violada de niña, ahora es ella quién viola
leyes, es ella la que manda, es ella a quienes
temen. En América Latina la subida de uno implica la
destrucción del otro. El hecho de que Doña Bárbara
se apropie de la tierra implica quitársela a otros.
Sube pisoteando a los demás, y en nuestros países
son siempre los de abajo quienes llevan las de
perder. Según doña Bárbara, en el llano sólo se
respeta a quien explota, a quien mata, a quien se
enriquece y se encumbra. Por mucho que aparezca el
hombre civilizado, estamos abocados a la violencia,
al atropello que se paga con el atropello, esta es
la ley de la sabana.
Si después de la Conquista de
España, Martí, Bolívar, Sucre, hablaron de la
necesidad de unirnos, las guerras fronterizas por
salidas al mar o por territorios, nos minaron. Ya no
supimos querernos. ¿No eran aconsejables los
tratados entre nosotros? Esas guerras nos minaron.
¿No éramos los mismos los que luchamos contra los
españoles? ¿No era justo retomar el espíritu de
Bolívar? Europa lo ha entendido muy bien y ha
unificado sus fronteras, su moneda, que es muy
fuerte ¿Por qué no hacer lo mismo con nuestros
países de América Latina que comparten economía,
costumbres, religión, gustos, el mismo rencor contra
Estados Unidos, el mismo idioma? ¿Cuáles son los
latidos del corazón que nos separan? En vez de ser
una fuerza centrífuga, América Latina es
separatista, cada quién gira por su lado. Claro que
para los europeos es más fácil desplazarse porque en
América Latina las distancias no sólo son infinitas
sino azarosas. En México, por hambre, buscamos al
país que nos de de comer. Algún campesino mexicano
exclamó Yo voy a mudarme a dónde me vaya mejor, no
a un país que este tan fregado como el mío. En
México, hemos acuñado la frase: De Guatemala a
Guatepeor.
¿Irse a Estados Unidos es
abandonar el barco? La migración es hoy por hoy un
fenómeno mundial. A España, a Francia, a Alemania
viajan en busca de una oportunidad, no sólo los
árabes sino los uruguayos, los ecuatorianos que
estarían mejor en su tierra y no arrimados en país
ajeno sin papeles, esclavizados y muriéndose de la
nostalgia.
Tal parece que no fuéramos dueños
de nuestro destino y no pudiéramos decidir. Los
países europeos son dueños de sus decisiones. Suiza,
Inglaterra, Suecia pueden optar por pertenecer a la
Unión Europea , en cambio nosotros y hablo de
México, solo podemos decidir irnos a Estados Unidos
a pesar de la crueldad de nuestras circunstancias
que siempre serán menos que las del hambre en
nuestro propio país.
América Latina es racista en
contra de si misma. Si el indio y el mestizo no se
respetan a si mismos, tampoco el país va a
respetarse. Si uno no se respeta a si mismo ¿cómo
puede esperar un trato de respeto del vecino?
Las grandes corporaciones son
ahora fuerzas de la naturaleza, tienen el mismo
poder, equivalen al fuego que quema las cosechas, al
granizo que acaba con el maíz. Maldición del siglo
XX siguen siéndolo en el XXI.
La brujería en América Latina
tiene un sitio preponderante. ¿Qué hago para salir
de la pobreza? Indudablemente me evado, me dedico a
la santería, a la brujería del narcotráfico, al
hechizo de la droga que asalta y destruye la
conciencia.
El narcotráfico hace que los
drogadictos se pierdan a si mismos, se reduzcan a
cenizas. Dentro de la práctica del consumo de drogas
el viaje es un escape, conjura a la suerte y tiene
mucho que ver con las supersticiones que Rómulo
Gallegos estudió para describir a una hembra que en
la Edad Media habría sido quemada en la hoguera, así
como ella enterraba viva a toros y becerros para que
le trajeran suerte a sus grandes propiedades.
Hace más de 150 años, Alexander
von Humboldt escribió que en ningún lado existe
una diferencia tan atemorizante en la distribución
de la fortuna, civilización, cultivo de la tierra y
población que en América Latina y por desgracia
su frase sigue vigente. Sin embargo América Latina,
México y Brasil viajamos en el mismo tren, un tren
de muchos vagones que atraviesa paisajes
fantásticos, paisajes a veces también desolados pero
si en el futuro nos tocan jefes de estación de la
talla de Rómulo Gallegos, podremos tener la
seguridad de que vamos bien y de que nuestra
locomotora de miles y miles de caballos llaneros
avanza sobre durmientes sólidos y vamos montados en
rieles de buen hierro rumbo a un destino que mucho
tiene que ver con la esperanza.
LA
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