|
La política exterior no es solo manejo de
intereses, es también escenario de debate
de principios y de las ideas
por el profesor Gerardo Caetano
El 14 y 15 de agosto
se realizo por parte de la Cancillería de la
República y la Facultad de Ciencias Sociales un
seminario sobre la Inserción internacional del
Uruguay. El seminario fue abierto por el canciller
Reinaldo Gargano y el historiador y doctor en
Ciencias Política, profesor Gerardo Caetano. Lo que
sigue es su intervención inaugural de ese evento.
No
puedo dejar de celebrar esta convergencia de
esfuerzos entre la Cancillería de la República y la
Universidad de la República y a través de su
programa política internacional y relaciones
internacionales de nuestra Facultad de Ciencias
Sociales.
En América Latina uno
de los imperativos es calificar la política,
calificarla para reivindicarla, para reivindicar el
espacio de la política, y en pocas áreas de la
política la calificación de la política hoy es más
necesaria que en el área de la política exterior, en
el marco de un cambio de época vertiginoso y muy
profundo.
Quiero manifestar
también mi complacencia particular, por ver este
auditorio de la Cancillería de la República lleno
de jóvenes, lo cual en este país donde muchas veces
es tan difícil ser joven, viene a echar aire fresco
a esta reflexión.
Es una reflexión que
nos viene desde la historia y que siempre estará
entre nosotros, porque reflexionar sobre la
reinserción internacional de Uruguay es reflexionar
sobre Uruguay. Uruguay no es pensable, no es viable,
sin esa reflexión permanente, el Uruguay no tiene
destino puertas adentro, cerrado en si mismo.
El Uruguay en sus
mejores momentos fue un país que supo procesar el
pluralismo. Asumiendo principios de manera
inteligente, pragmática sobre rumbos de cómo estar
en el mundo, de cómo tener una visión del mundo. En
este sentido el dialogo, el intercambio, entre
política y academia, entre gobierno, partidos y
universidades es absolutamente central.
Para calificar la
democracia, para calificar y reivindicar la
política, sobre todo en estos tiempos donde
padecemos muchas veces también en nuestro país, la
política de la antipolítica, que es la peor de
todas. Reivindicar la política, es reivindicar no
en forma irresponsable la existencia de
restricciones, sobre todo para un país como el
nuestro, tomador de precios, tomador de reglas.
Reivindicar el
espacio de la política, es entre otras cosas
reivindicar este espacio de dialogo o de discusión
en donde la frontera de lo que se puede hacer y lo
que no se puede hacer, entre lo que se debe hacer y
lo que no se debe hacer, es una frontera discutible,
debatible, nunca está marcada previamente, nunca hay
un solo camino, que esta establecido y que nos esta
marcando vaya a saber desde dónde. Lo que hay que
hacer, hay que discutirlo.
Qué mejor que
discutirlo en un ámbito libérrimo, Republicano y en
una comunicación recíprocamente exigente entre
políticos y académicos. En este caso este seminario
es un muy buen escenario para impulsar este debate,
que se me ocurre absolutamente imprescindible.
El tema de la
inserción internacional de Uruguay es tal vez la
premisa del Uruguay. El Uruguay es internacional o
no es, el Uruguay nació históricamente con un
mandato de vocación regional e internacional. Nació
y en el siglo XIX y XX, hay muchos episodios que
marcan de alguna manera la vocación inherente de
este país, respecto a su vocación por la región.
Hoy tenemos nuevos
motivos, para apostar a la región, pero ya tenemos
una larga tradición, que nos lleva a indicar una vez
más ese rol histórico del Uruguay. Aquello que
Alberdi decía en el siglo XIX, Uruguay tiene la
suerte y la desgracia de ser imprescindible, por su
ubicación geopolítica, nada menos que para
Argentina y para Brasil.
Nosotros estamos en
un lugar geopolíticamente muy importante, en la
desembocadura del Río de la Plata, en la
desembocadura de una gran Cuenca, con tres grandes
sistemas hídricos. Que hoy configuran la Cuenca del
Plata, que es la Cuenca más importante del mundo. No
solo a nivel de su superficie, sino a nivel de sus
dos grandes acuíferos.
Tenemos
necesariamente una vocación de integración que nos
viene de la historia. Que significa la necesidad de
articular políticas que ya no pueden sino ser
regionales. Política energética, de recursos
naturales, política medioambiental, más allá de las
coyunturas. De las coyunturas criticas que ya hemos
tenido. Esto lleva a que Uruguay sea internacional o
no sea.
No quiere decir que
Uruguay se consuma en cuanto a su política
exterior, en discutir y articular con la región.
No, porque entre otras cosas la región no nació para
encerrarse en si mismo. La región nació de una
vocación de regionalismo abierto, previa al
MERCOSUR. De plataforma para pelear el mundo. De
búsqueda de construir, no solamente un mundo donde
encontrar comercio, interlocutores para la
complementación productiva, sino para construir un
mundo mejor.
La política exterior
no es solo el imperio del manejo de los intereses.
Es también el escenario del debate de los principios
y de las ideas. Tal vez hoy más que nunca, cuando
los problemas que nos aquejan, son problemas de
dimensión mundial. El cambio climático no es un tema
que se resuelva frontera adentro de ningún país. La
paz, requiere hoy más que nunca escenarios
multilaterales, comunidad internacional, derecho
internacional.
Uruguay siempre supo,
desde el siglo XIX, que su propia existencia,
necesita del derecho internacional. De allí que su
vocación por la comunidad internacional y el derecho
internacional, tiene que ver con su propia
existencia, pero además tiene que ver con muchos de
sus ideales más queridos en términos de lo que el
Uruguay también es; una comunidad de valores.
Esto, hace que la
política vertebral de todas las políticas en el país
sea la política exterior. Esto nos lleva además, a
la exigencia que una buena política exterior debe
tener siempre, y que Uruguay supo tener en momentos
claves de su historia, la anticipación, salir de la
coyuntura, y ver más lejos, no pensar en iniciativas
que tienen supuestamente un resultado dado positivo
en el corto plazo, para la próxima elección. Sino
pensar quince o veinte años adelante.
Hay temas, que el
Uruguay no puede sino asumir en una perspectiva más
larga. El Uruguay no puede pensar su horizonte
energético sin ese enclave regional y mirando lejos.
No puede pensar su inserción internacional en
función de coyunturas que cambian, sino mirando
lejos. Buscando sus mejores versiones, sus mejores
socios.
Esa es una tarea que
le corresponde a la política, pero en que la
academia puede ofrecer insumos, justamente para que
en un dialogo exigente con la política se mejore la
mira, la calidad de las iniciativas.
Este es en parte el
objetivo de este seminario, nosotros desde la
Universidad de la República concebimos el rol de los
académicos no como un rol que se autosatisfaga, se
auto complace solamente en la búsqueda del
conocimiento, por el conocimiento en si mismo.
Asumimos como intelectuales un compromiso público,
un compromiso público por la suerte de la República,
pero además hoy más que nunca, un compromiso público
con la suerte de la región, por la suerte de América
Latina, porque sabemos que nuestros compromisos son
universales, al mismo tiempo que están afincados en
la defensa de la República.
LA
ONDA®
DIGITAL |