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El mismo día: crisis de la burbuja
inmobiliaria, Rusia sobrevuela la base de
Guam y coloca una bandera en el Ártico
por el profesor José Luis Fiori
Todo lo que vemos esconde alguna cosa,
René Magritte
Según
la mayoría de los analistas económicos
internacionales, la explosión de la burbuja
inmobiliaria americana no se transformará en una
crisis sistémica. Se limitará, y alcanzará apenas
la credibilidad de los títulos y de los fondos de
segunda línea, inflados por el exceso de crédito, y
por la exuberancia especulativa de los inversores
inmobiliarios americanos. Además de esto, los
Bancos Centrales de Europa, Estados Unidos, Japón y
Canadá reaccionaron de forma rápida y coordinada, e
hicieron intervenciones superiores a las del 12 de
setiembre de 2001. Y lo que es más importante, la
explosión de la burbuja ya se esperaba hace mucho
tiempo, y se dio en un momento extraordinario de la
economía mundial, con una previsión de crecimiento
de su PBI, de más del 5%, y de su comercio, de cerca
del 10%, incluso en 2007. Hasta el momento, no
existen grandes bancos en la línea de tiro, y casi
todas las economías emergentes parecen a salvo,
resguardadas por sus reservas acumuladas en el
período reciente de crecimiento global.
Afortunadamente, el
Banco Central de China y el propio Banco de
Inglaterra, no participaron de la operación conjunta
de inyección de recursos en los mercados resecos,
caracterizando una situación de estress concentrado
en el eje Euro-Dólar, donde llama la atención el
papel decisivo que viene siendo cumplido por
Alemania, como prestamista en última instancia.
Asimismo, del punto de vista estrictamente
financiero y bursátil, según estos analistas, la
nueva crisis se restringiría a una turbulencia
pasajera, de ajuste de mercados que perdieron el
sentido del riesgo.*
Pero existe otra
manera de observar estos mismos acontecimientos,
cuando se sabe que por detrás de todo título o
hipoteca, existe una deuda y una moneda, y que
las monedas no son sólo un medio de pago o de cambio
del mercado. Y menos aún, en el caso de las
monedas de referencia de los Sistemas Monetarios
Internacionales, como la Libra, el Dólar o el Euro.
En verdad, las monedas nacionales son una creación,
y una imposición soberana del poder de los estados
modernos. Y las monedas internacionales, siguen
siendo monedas nacionales, que lograron imponerse
fuera de sus fronteras junto con el poder de sus
estados y de sus capitales privados. En este
sentido, todas las monedas internacionales
victoriosas, además de su papel básico, cumplen la
función de frontera del territorio
político-económico supranacional de sus estados.
Como consecuencia, se puede hablar de la existencia
de una jerarquía de monedas que corresponde más o
menos a la jerarquía de poder de sus estados
emisores y de sus capitales de inversión. Y también
se puede decir que las monedas son un instrumento de
poder en la lucha entre las naciones, por la
supremacía mundial. Por esto, su grado de
aceptación externa, es siempre un buen indicio de
poder internacional acumulado por su estado emisor.
Y por esto también, los sistemas monetarios
internacionales, pueden ser leídos como un retrato
bastante fiel de la correlación de fuerzas
existente, en un determinado momento, entre las
grandes potencias.
Fue así, en el caso
del patrón oro-libra, y en el caso del sistema
dólar-oro de Bretton Woods. Y sigue siendo así, en
el sistema monetario internacional dólar-flexible,
que se consolidó después del fin de la Guerra Fría,
con base apenas en la credibilidad del poder
americano. Desde este punto de vista, la crisis
financiera de los últimos días puede tener una
dimensión menos visible a primera vista, y menos
relevante para los especuladores, pero de efectos
más prolongados. Si no veamos: durante la
década de los 90, en el auge de la globalización
financiera, el dólar se transformó en una moneda
internacional casi global o imperial. Pero desde
2003, el poder americano vive una verdadera
pesadilla, después de su fracaso en el Oriente
Medio. De una sola vez, los Estados Unidos se
quedaron sin un proyecto estratégico para el
Oriente Medio, y sin capacidad de imponer su
voluntad unilateralmente en otros puntos
conflictivos, del escenario internacional. El mundo
convive hoy sin el liderazgo de los Estados Unidos,
y ya absorbió la idea de un año más de inamovilidad
del gobierno Bush. Tal vez por esto mismo, se
multiplican por todos lados, en este momento, las
fuerzas y los países que ponen sobre la mesa, de
forma cada vez más explícita, sus reivindicaciones
expansionistas.
El mismo día
de la crisis de la burbuja inmobiliaria, la
aviación rusa sobrevoló la base militar americana de
Guam, en el Pacífico, por primera vez desde el
fin de la Guerra Fría. Y en la misma semana, puso
una bandera rusa de titanio en el lecho del mar
Ártico, en un gesto simbólico de disputa
territorial, energética y militar, con Canadá,
Noruega, Dinamarca y Estados Unidos. Casi a la
misma hora que anunciaba su decisión de reiniciar la
carrera armamentista con los Estados Unidos, China,
Gran Bretaña y Francia, y de forma menos explícita,
con Alemania y Japón. Esta misma disputa
territorial y competencia energética y militar, se
repite en este momento, en Asia Central, en el
Sudeste Asiático y en África, e incluso en América
Latina.
En una línea de
deterioro de las relaciones internacionales, que
pasa por la crisis de las instituciones
multilaterales y por la competencia y por la
militarización cada vez más rápida de los
territorios, mares y espacios. Por esto, no sería
de extrañar que esta competencia ya estuviese
alcanzando el mundo de las monedas internacionales.
Alguien ya dijo alguna vez, que toda crisis
monetaria esconde siempre una disputa entre varias
monedas con pretensiones internacionalizantes y que
estas luchas monetarias por su parte, esconden
siempre el aumento de tensión entre sus poderes
emisores.
Para los economistas
de diarios y de bancos, estos hechos no tienen la
mayor importancia, y no deben alterar sus análisis e
inversiones. Pero, para los gobiernos y los
economistas que piensan a largo plazo, sería bueno
que prestasen atención a los desdoblamientos
geopolíticos de la coyuntura actual, para no ser
sorprendidos, como en el célebre caso del ciudadano
que estaba en el baño, en el momento de la bomba
atómica norteamericana, y atribuyó la explosión y la
burbuja sobre Hiroshima, a la válvula sanitaria que
había acabado de utilizar.
(*)Traducido para La ONDA digital por
Cristina Iriarte
Este
trabajo no puede ser reproducido sin la
autorización expresa de La ONDA digital
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