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El legado de Silvia Bleichmar
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
Ha
partido una mujer superior y, sin embargo,
permanecerá por siempre en la memoria de nuestros
pueblos.
Hace
un tiempo, la psicoanalista y escritora argentina
Silvia Bleichmar, afirmaba a un medio de
comunicación de su país, lo siguiente: "Entre
el país que queremos y el posible, hay uno que es
necesario y urgente"
(Colsecor Revista
www.sitiocooperativo.com.ar),
y de eso se trata la porfía de una persona humana,
como de eso, precisamente, se trató la propia vida
de esta gran mujer sudamericana.
Grandes pensadores y
hombres de cultura de nuestros países, se han
ocupado no sólo de atender sus disciplinas sino de
hacerlo desde y a partir de una premisa común:
desentrañar la necesidad elemental de nuestro ser
colectivo, con las diferentes idiosincrasias que
cada pueblo tiene, desde la raíz de los mismos, es
decir, desde la de los desposeídos como la de las
personas oriundas, por originarias, de estos suelos
con estos cielos.
Es decir, uno puede pensar, y no errar, en el
geógrafo brasileño Milton Santos, en los
antropólogos Rodolfo Kusch, Darcy Ribeiro y Renzo Pi
Hugarte, por ejemplo, brasileño, argentino y
uruguayo, respectivamente.
Ellos, como Silvia,
por ejemplo, pensaron y piensan el mundo desde
nuestra circunstancia, desde nuestra lacerante
cotidianidad y de ahí, ciertamente, parten a una
visión crítica del resto del mundo.
Pero, entonces, todos
ellos, hoy Silvia en primer término, jamás renegaron
ni reniegan de atender el cotidiano de su propia
circunstancia.
Cuando Silvia habla
del Dolor País (título de su último libro), ella
dice relación a lo que todo hombre y mujer de
cultura, a quienes algunos llaman intelectuales,
tiene un deber que es una acuciante necesidad de ser
críticamente reflexiva.
Silvia Bleichmar,
quien lamentablemente no conocí personalmente, pero
uno puede sentirla como de su vecindad toda vez
aprehende y comprende tanto su verbo cuanto su
acción, supo tener para con el otro, para con el
diferente, como para con todos, una aguda mirada
favorecida por una escucha atenta que le permitió,
como permite ahora desde legado, llegar a aquel y a
aquella para regresar a sí misma y de ahí colegir,
con hondura, con densidad y con certidumbres,
procesos vastos que el cotidiano tiene y que a
resultas de los mismos es dable arribar a instancias
de realizaciones de respeto y de esperanza para con
todas las gentes.
Esta noble mujer,
esta aguerrida intelectual, no precisó favorecer al
poder de turno para ser ella misma, factor clave en
el pensamiento argentino como sudamericano y hacer,
al mismo tiempo, lo que toda mujer como todo hombre
consciente y comprometido socialmente, debe hacer:
participar en las cosas y en los dichos de su
comunidad.
Ella lo hizo con
dignidad, con profundidad y con trascendencia. Una
trascendencia que, si recuerdo al maestro Max
Horkheimer, dice de un certidumbre en el anhelo en
que no quede todo en la injusticia que atraviesa
este mundo, que la injusticia no tenga la última
palabra.
Por ello, con este
mismo anhelo, reforzado por el ejemplo de vida que
nos lega la espléndida mujer y pensadora argentina,
a nosotros y al mundo, decimos una vez más que
estamos ante la manifestación de aquellos que los
alacranes de todas las horas jamás podrán comprender
aunque abran sus fauces simulando risas ante un
hacer trascendente: la ética es posible. Silvia
volvió a demostrarlo.
Quedan a mi costado,
en esta fría mañana de domingo, desde una Montevideo
silenciosa, libros y artículos de Bleichmar; serán
para comentar y reflexionar en otro momento, en otra
circunstancia, pues el legado y el hacer ético
tienen esa manifestación superior: queda mucho por
decir y mucho más por aprender, que es también el
aprehenderlo críticamente, de lo reflexionado y dado
por Silvia Bleichmar.
Hoy apenas hay
espacio para el saludo, para el reconocimiento; para
la asunción de nuestra propia e indelegable tarea:
ser hombres y mujeres de la cultura, éticamente
comprometidos con el otro, junto al otro y por los
otros.
La
luz de Silvia ilumina el camino: avancemos.
¡Avancemos!
LA
ONDA®
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