Crisis financiera:
la hora del Sur
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
 

Liberales en las ganancias, estalinistas en las pérdidas.

Esa parece ser la máxima del dogma imperante, vista la crisis desatada en y desde la Nueva Roma, a partir de la más burda e irracional performance de los mercados bursátiles con sus productos que, como en la actualidad, más incertidumbres generan: los del mercado inmobiliario en particular y los fondos de riesgo, en general.

 

Ha tenido lugar la más burda especulación, sin que mediare entre los actores análisis serios de la capacidad de repago ni menos aun estudios contables que indicaran si una empresa, por ejemplo, podía soportar un pasivo diez veces superior a su activo, como ocurrió en un connotado caso, registrado informativamente incluso por el New York Times.

 

Más que un “choque de civilizaciones”, recordando el ensayo que luego convirtieran en pieza de estudio, escrito por Samuel P. Huntington, donde por vía de un reduccionismo preacadémico se busca contraponer credos y culturas, sería bueno tener presente, como lo hizo el brasileño Leonardo Boff en su columna del pasado 22 de agosto en Carta Mayor (www.agenciacartamaior.com.br) que habría que ir pensando, y actuando, sobre los parias de este mundo, seres humanos que en un porcentaje superior  75% de las poblaciones de los países pobres, viven en asentamientos, favelas y villas-miseria.

 

Hacer esto y comparar hacia dónde va y desprovistos de cuántos controles, el dinero virtual, el casino global que se estimula desde los centros de poder, facilitándoles el continuar viviendo en la más burda, grosera y pagana fiesta donde luego regurgitan sus malas digestiones en las poblaciones de la periferia del mundo.

 

Y a ese proceso del bolo alimenticio de estos parias, pensar que suele llamársele “liberalismo”. ¿Qué tendrá que ver, ciertamente, con un liberalismo centrado en el respeto a la individualidad de la persona y, a la vez, ocupado en la solidaridad con sus congéneres? Nada. Pura falacia del dogma imperante.

 

Vengamos hacia nuestra región, por favor.

 

La Oficina de Prensa de la CEPAL nos comunicó, en su informe a la prensa de fecha 22 de agosto pasado sobre comercio internacional, que: “Si bien el ritmo de crecimiento y la economía mundial siguen siendo superiores a la media de los últimos 20 años, existen algunos riesgos latentes. En primer lugar, la posibilidad de una desaceleración más fuerte de Estados Unidos, derivada de las crisis del sector inmobiliario en Estados Unidos. Luego, una mayor volatilidad en los mercados financieros derivada de esta misma crisis, así como nuevas amenazas en el mercado petrolero que podrían repercutir en rebotes inflacionarios, y, en general, la probabilidad de un ajuste desordenado de los desequilibrios externos a nivel mundial.”

 

Quizá, pensamos nosotros, la expresión “ajuste desordenado” sea un eufemismo para no significar que, en verdad, no tienen la menor idea de cómo actuar por la sencilla razón de que han creado, en miles de vectores de autores casi anónimos, una burbuja que, por consiguiente, al no poder hacer un seguimiento efectivo y eficaz de su evolución, es imposible de predecir y, consecuentemente, delinear redes de contención, modos de aterrizaje, para una escalada de precios absolutamente irracional e inmoral que viene teniendo lugar desde los centros de poder, en los últimos lustros.

 

Ahora bien, en lo que hace a la salida de productos de la región, la CEPAL, en dicho informe, establece inmediatamente que: “Sin embargo, en todos estos casos, la región de América Latina y el Caribe se encuentra menos vulnerable que en momentos anteriores, dados sus excedentes en cuenta corriente, amplias reservas internacionales, menores niveles de endeudamiento externo, mayor solidez fiscal y políticas cambiarias más flexibles”.

 

Lo que, estimo, da paz pero que no nos debe apartar de un comportamiento que haga cada vez mayor la importancia en las propias acciones, en el crecimiento de la base productiva, con buen valor agregado, mientras que se atienden los vencimientos externos sin recurrir, salvo en excepcionales y contados casos, a refinanciamientos que conlleven no sólo a postergar sino y principalmente a aumentar el endeudamiento global de nuestros países.

 

Ahora bien, seamos franco, al hablar de un comportamiento tal de la “región”, hay actores que, en este espacio y en tal proceso son por sí mismos, luego por su economía, decisivos. Tal el caso del Brasil.

 

El profesor Antonio Delfim Netto, ex ministro de Hacienda, Agricultura y Planeamiento del Brasil, escribía lo siguiente el pasado 21 de agosto, en un artículo intitulado “La irracionalidad inmanente” y publicado en el diario “Valor Económico”: “(...) El fin de la fiesta del “subprime” del mercado inmobiliario norteamericano que estamos asistiendo es apenas un ejemplo más de la irracionalidad inmanente de los “mercados”, cuando la situación dura el tiempo suficiente para que los agentes se sientan seguros mientras embolsan fantásticos (y, por eso mismo, pasajeros) lucros. Paralelamente, desnuda la inmoralidad del sistema financiero, que usó la misma “fantasía contable” que hace pocos años desmoralizó grandes empresas americanas, como prueba la ausencia en sus propios balances de los riesgos de intermediario (“conduits”) no revelados.”

 

Y con su estilo, convengamos que tan ácido como efectivo, Delfim Netto, agrega: “Cuando fui economista (en la Edad Media), los “subprimes” tenían un nombre menos elegante: “junk bonds”, que en buen (español) significa “papel desechable”, que en el corto plazo puede hasta tener precio, pero que, en el largo plazo, ciertamente no tendrá valor. Conviene agregar que el subrayado es de mi responsabilidad.

 

Por su parte, la editora de América Latina de la consultora británica “Economist Intelligence Unit” (EIU), la señora Érica Fraga, en un artículo publicado el pasado 25 de agosto por el diario Folha de São Paulo, que lleva por nombre “Después de la tempestad”, manifiesta respecto de la crisis bien como de las evaluaciones que dicha consultora viene realizando, lo siguiente: (...) La EIU mantiene su escenario central de una desaceleración moderada del fuerte crecimiento económico global de los últimos tres años para una media anual aun robusta de un 3,5% en 2007-09 (medida a tasas de cambio del mercado) si bien haya revisado su proyección de expansión en los Estados Unidos en el 2008 de 2,4% a 2,3%. Esas proyecciones son basadas en la suposición de que el impacto de la corrección del mercado inmobiliario norteamericano sobre el consumo privado del país será relativamente moderado.”

 

Bien. Si bien preferimos eso realmente se de, veamos también, luego de apuntado el problema central, ver otros dos actores cruciales, uno en lo mundial y otro en lo regional.

 

En lo mundial, convengamos, el contrapeso es o dejará de ser, la China. A lo que la EIU, apunta dos acontecimientos que tendrán lugar en el 2008 y con ellos una atenuación esperada –practicada por los chinos- de posibles impactos negativos en la economía norteamericana.

 

Tales acontecimientos son, por un lado la celebración del 17º Congreso del Partido Comunista chino, en octubre próximo, y los Juegos Olímpicos de Pequín, en agosto del 2008. A lo que el EIU, coherente con su nombre, alega que para garantizar el suceso de ambos eventos, China utilizará, de ser necesario, su gran poder de fuego (medido, apunta la EIU, entre otros indicadores, por impresionantes reservas internacionales) para intentar evitar un colapso de la economía global.

 

Y, finalmente respecto del informe de la EIU, manifiestan que, en lo regional: “(...)Tal vez el peligro más significativo para el Brasil en los próximos meses, si la aversión al riesgo empeora más, sea una posible fuga abrupta de capitales, considerando los grandes flujos de inversiones de corto plazo que el país atrajo recientemente.

 

Pero, casi de inmediato,  concluye Érica Fraga, editora para América Latina de la EIU, que: “(...) Pero, dentro del escenario central de la EIU, el Brasil debe crecer a una media anual de un  4% entre el 2007 y el 2011. Y, en el balance entre los factores positivos y los riesgos, el país parece estar bien preparado para enfrentar un agravamiento de las recientes turbulencias financieras. Mismo en el caso de una eventual recesión en los Estados Unidos, ciertamente el Brasil no volvería a figurar en la lista de los diez países más perjudicados, como ocurrió en el año 1991.” Algo que, además de los brasileños, lo sufrimos, y cómo, los otros países de la región.

 

Ahora bien, sin medias tintas, quien dice, y dice bien, cómo y por qué el Brasil podrá sortear un posible mal momento en las finanzas del mundo, es ni más ni menos que el economista Luiz Carlos Mendonça de Barros, ex presidente del BNDES y ministro de Comunicaciones del Brasil. Y lo dice, medularmente, en una frase con la que finaliza su artículo intitulado “La crisis financiera y el Brasil”, que fuera publicado el 24 de agosto por el diario Folha de São Paulo: “(...) Pero, incluso en un cuadro más perverso, no espere una crisis grave como vivimos en el pasado. Los US$ 160 mil millones de reservas serán un eficiente guardaespaldas para todos nosotros.”

 

Más joven y también precavido, el economista Paulo Nogueira Batista Jr, aunque favorable también a que el Brasil podrá capear en buena forma esta “situación” que nos toca vivir en el mundo, no deja de dar un último y sabio consejo, dado a través del diario “O Globo”, de fecha 25 de agosto y bajo el título “¿Brasil blindado”: “(...) Conviene, por tanto, completar el trabajo de reducción de la vulnerabilidad externa. Eso significa, básicamente, mantener una tasa de cambio competitiva, regular los movimientos de capital y acumular reservas adicionales, aumentando la razón reservas/ pasivos externos de corto plazo.” Tal la situación hasta un par de días atrás.

 

Vale aclarar que no nos referimos a dos países: la Argentina y el Uruguay. La primera por estar en un proceso y en una situación electoral muy singular, que hace conveniente, por aquello de la hermandad de los pueblos, que aun la sentimos, nos abstengamos de visitar su cruda actualidad.

 

Y, respecto de nuestro país, el Uruguay, porque de vez en cuando, hacemos –como hago esta vez- que el silencio tome la centralidad de mi mensaje. A veces la ausencia de palabras suele ser un látigo mayor que el peor de los epítetos. Y uno, convengamos, quiere para su país, lo mejor, eso que, por ahora, es tan esquivo como errático en materia de economía nacional.

 

Finalmente, el MERCOSUR, esa gran no ya apuesta, sino realidad regional.

 

Mientras algunos medios aun insisten con pegarle a su estructura, a sus modos de crecer y de avanzar, lo cierto es que el dínamo de la integración sudamericana avanza, y avanza en su relación para con el mundo a través de sus múltiples actores, singulares como plurales, nacionales como regionales.

 

Mientras esto sucede, en la Nueva Roma aun se sigue velando la mayor de las incertidumbres: ¿cómo atenuar esta crisis?

 

Proseguiremos atentos a la evolución de los acontecimientos.

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