Mientras en Uruguay hacemos la plancha,
China sigue conquistando el mundo
por Jorge García Alberti
Desde Nueva York

Para muchas personas que viven en Uruguay, resulta difícil comprender y aplicar el significado de la palabra globalización, en el sentido que el mundo ya no es solo nuestro propio territorio, las fronteras se eliminaron, las oportunidades que se presentan para un país están en cualquier parte y lo que para algunos resulta un beneficio para otros puede resultar la ruina.

Esta ley forma parte de la realidad actual y no es posible escapar de ella, menos para un minúsculo país como el nuestro.

 

El pasado martes, el diario estadounidense The Wall Street Journal, publicó un artículo donde se hacía mención a la nueva situación del mercado automotriz  tras el ingreso a la competencia de las marcas de lujo y de utilitarios que se fabrican en China.

 

Lo curioso e interesante del tema es cómo influye en ello la globalización y cómo lo aprovechan los fabricantes de  automóviles chinos para experimentar y aumentar la calidad de sus productos para luego conquistar mercados más exigentes, como los de Estados Unidos y la Unión Europea.

 

Los que operan de conejillos de Indias son los mercados africanos donde hoy es posible comprar una camioneta 4 x 4 de origen chino , por 32 mil dólares, ocho mil dólares menos que una camioneta Toyota Land Cruiser, del año 2003.

Africa y América Latina son muy pobres para los precios  de los automóviles de las mejores marcas del mundo y solo se venden pocas unidades.

 

Los fabricantes chinos se dieron cuenta que allí estaba su oportunidad de experimentar y hacer buenos negocios. En los primeros cinco meses, se lograron colocar 61.000 unidades de automóviles chinos en los mercados en desarrollo., especialmente de Africa,  pese a que el continente mantiene índices generales de pobreza extrema , existen sociedades como la de Sudáfrica, Senegal o Nigeria que cuentan con grupos de alto poder adquisitivo que prefieren pagar menos por un cero kilómetro que más por un auto usado.

En Sudáfrica, la empresa china Great Wall Motors tiene 20 sucursales abiertas desde comienzos de 2007 y espera llegar a 30 en el 2008.

 

A modo de ejemplo, en Dakar un local  llamado Espace Auto vendió en el último año 103 automóviles de fabricación china contra 116 Volkswagen.

A Senegal la cifra de autos chinos importados trepó de  2727 a 9446 y ya se suspendió la importación de vehículos usados de más de cinco años de antigüedad. Otros países africanos están adoptando medidas similares.

Otro elemento interesante es que la fabricación de automóviles chinos no se reduce sólo a su país. La marca Chery estableció una planta en Irán y también logró un acuerdo con Daewoo para producir en Egipto.

 

Todo esto ha impulsado a las grandes marcas mundiales a generar automóviles de bajo costo, que no superen  los 3000 dólares de venta al público pero, a priori, parece que no se puede frenar el impulso que viene de China.

 

La preocupación principal ahora la tienen los revendedores de autos usados en Estados Unidos y Europa, que descargaban en Africa todos los modelos de segunda mano que la era del consumo proporciona.

 

Esto puede significar, en el corto plazo, la ruina para miles de personas, la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo y  parece ser el principio del fin para la pujante industria automotriz japonesa, estadounidense y europea.

Algunos estiman que en un plazo no mayor a cinco años, China estará produciendo automóviles de calidad suficiente como para competir con precios menores ante los usuarios más exigentes de los países del primer mundo, después de haber conquistado a los consumidores de los países en desarrollo.

Así es la globalización que los uruguayos nos negamos a comprender y aceptar.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital