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El MERCOSUR y Sudamérica
En nombre de los pueblos
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
El proceso histórico
de los pueblos que integran el MERCOSUR ha ingresado
en una nueva y mejor fase de maduración, de
sustanciación de la base democrática-republicana de
los Estados que lo componen.
Así, poco a poco, no
sólo se avanza en justicia social, distribución de
la renta y readecuación del diálogo y la acción
societarios sino que, además, propenden nuestras
naciones a una mejor inserción en el concierto
mundial.
Todo esto, como
siempre y aunque resulto obvio destacarlo, matizado,
salpimentado a veces, por las variables de la
conducta humana pero que, en los últimos años ha
evidenciado un sistemático encaminamiento a lo que
antes apuntábamos: a la toma de posición de la
persona humana, de sus ciudadanos, más justa y por
tanto también, más responsable.
Cuatro vertientes
históricas, por lo menos, conforman tanto el
inconsciente colectivo de nuestros pueblos, sigo
refiriéndome a los Estados-Parte del MERCOSUR, que
citarlas nunca está demás:
1)
la ibérica-castellana;
2)
la portuguesa y
3)
la africana.
Las que a su vez se
tutearon en su momento y en las condiciones que
todos recordamos, con la presencia de los habitantes
primeros de estas regiones.
Asimismo, los flujos
inmigratorios que luego fueron dándose,
principalmente desde Europa, matizaron y ampliaron
la base étnica y cultural de estas regiones.
Pero siempre y desde
el poder, pareció primar la fuerte ascendencia
ibérica, sea por vía de una España que legara el
caudillismo, sea por la portuguesa y su preeminencia
del poder por sobre una real incidencia de la gente
común en los asuntos públicos.
Es a partir de la
presencia africana en nuestra región, en su tuteo
además con lo originario de la misma, que otra
lectura de la realidad y visión de vida comienza a
gestarse, al aportar todo su bagaje cultural, desde
lo religioso, pasando por lo musical como también
por la oralidad que tanto y tan hondo ha calado y
signado el ser y el estar de nuestra región.
En fin que sin
pretender ingresar en este contexto de una lectura
geohistórica tan necesaria como vital, dejándola
para otra oportunidad, nunca debiéramos olvidar
siquiera a vuelo de pájaro, cómo se fue dando el
pasaje del liderazgo, del caudillismo, de la
conducción de la cosa pública sin tener en
consideración al otro, a lo que hoy comenzamos en
muchos casos y recomenzamos en algún otro también a
vivir como un despertar de la conciencia ciudadana.
Somos un crisol de
pueblos jóvenes, que vamos avanzando en el tuteo de
nuestras cuestiones con la imperiosa asunción de
nuestros derechos como de nuestras obligaciones.
Podemos incluso medir
en decenios y hasta en lustros, determinados
avances.
Por ejemplo, cuando
se creara el MERCOSUR, aun regía o así parece
registrarlo cierta mirada histórica, el caudillismo,
el liderazgo y, con ellos, los estadistas, esos
supuestos grandes hacedores (¿magos?) de mejores
tiempos.
Pocos años después, y
en estos más que escasos meses vemos, aun con
resistencias por partes de aquellos magos y sus
aprendices, cómo y cuán vital es el abrir esclusas
para que los pueblos dialoguen entre sí.
Me refiero, claro
está, al Parlamento del MERCOSUR, por ejemplo y en
primer lugar.
Que hay otras
construcciones harto necesarias, también es cierto,
pues antes que la Secretaría del organismo, está la
Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI),
verdadera fragua del porvenir latinoamericana.
Asociación tan preparada en las especificidades que
trata, como representada por los mejores niveles
técnicos y burocráticos de sus miembros, que da
marco y sustento al andamiento de los más variados
proyectos e instancias que dicen relación a un
objetivo común: lograr que la región crezca y que lo
haga en abierto y junto al resto del mundo.
Pero los magos, ya
sin varitas cargadas, continúan perorando por ahí,
tratando de llevar, en algunos casos, pues tampoco
son todos, convengamos, un poco de oscuridad a la
luz que en el amanecer de nuestra región comienza a
resplandecer más y más, un día sí y otro también.
Estos agoreros que
van en la vía al olvido, ocupando cargos tal como
las palomas saltan pasito a pasito en busca de su
mendrugo de pan, no dejan de gritar y, aunque sus
gritos son cada vez menos audibles, uno entiende del
caso salir y enfrentarlos no con otros gritos, sino
con los hechos, esos incómodos testigos que vuelven
a aquellos a la órbita de lo común, pudiéndoseles
ver, al contraponer su prédica con las acciones,
vulgares pregoneros de falaces discursos.
Como no hay peor
mentira que una media verdad, su alforja va llena
-todo lo llena que sus cargadas espaldas pueden
acarrear- de medias verdades que siempre comienzan,
a su modo, con la luz del momento en que ellos
mismos -faltaba más- tuvieron a su cargo el control
de la cosa pública.
Conocidos por sus
iniciales, les denominares los R.I.P.´s, en el deseo
que en verdad puedan descansar en paz y dedicarse a
pensar pero a hacerlo críticamente, mirándose, de
vez en vez, en el espejo de su recámara como en el
de la historia de su pasado.
Algo más tienen en
común nuestros R.I.P.´s: cuando quieren gritar lo
hacen extramuros, desde medios de comunicación
europeos como norteamericanos, por ejemplo. No
podemos negar que, en esto también, siguen la
primera línea histórica de nuestros pueblos, la que
dice que aun no hay podido desembarcar en el llano
de nuestras gentes, en el diálogo colorido y
caluroso de nuestras mujeres como de nuestros
hombres de a pie. Ellos son diferentes, ellos son
VIP. O lo fueron.
A nuestros R.I.P.´s
ahora les pagan también por hablar. Y hablan con el
estilo de una retórica en la que cada vez más sus
acciones son el eje y las de los otros, lo
periférico. Pero su habla refiere a un canto de
retirada, no de murga precisamente, sino de un
alarido que se pierde en las fauces de la tierra.
Mientras tanto, el
MERCOSUR avanza, societariamente, comercialmente,
estratégicamente. Y continuará avanzando, en un
camino de sentido contrario al de aquellos, porque
la hora de los pueblos, el momento en que se habla y
se articula en el nombre de los nuestros, de todos,
ha comenzado. Y comenzó como todo comienzo, con
brusquedades, con tropiezos pero en un hacer en el
que la construcción prima por sobre los roces entre
unos y otros.
Quien quiera
informarse, tiene elementos de juicio como para
avalar lo antes expresado. Hoy la intención es decir
que si bien escuchamos los alaridos quejumbrosos y
cada vez más lejanos de nuestros R.I.P.´s, también
tenemos ojos e intelecto para ver y discernir sobre
lo que en verdad ocurre.
Pero no les vamos a
nombrar por sus respectivos nombres propios como
ellos tampoco quieren nombrar a las cosas por su
nombre.
Hoy la región ya no
busca brujos ni aprendices sino gentes responsables
para construir un porvenir venturoso desde un
presente activo que dice de quiebres y oscilaciones,
pero que en medio de tales acciones, teje una
institucionalidad y una sincronicidad industrial y
comercial que va a más, para mejor suerte de todos
los habitantes de nuestros países.
Por ello, antes que
nombres propios, digamos los nombres que dicen más
por representarnos a todos, en su orden alfabético:
la Argentina, el Brasil, el Paraguay y el Uruguay
van construyéndose, cara a cara, en abierto y hacia
el mundo.
El resto, el resto es
cosa de brujos y el pensamiento mágico, por qué no
recordarlo, nunca es conveniente para una
racionalidad con sensibilidad que nos lleve hacia
una madurez plena. Madurez que, cuando hablamos de
pueblos, dice a su hacer democrático y republicano.
Y de esto, de democracia y libertad, nuestros
pueblos hoy saben que son merecedores de mejores
logros. Y hacia ellos van. Hacia allá vamos.
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