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Las controvertidas
propuestas de Sarkozy
por Adrián Mac Liman
Los
dramáticos acontecimientos que han sacudido
recientemente los frágiles cimientos de la "kemalista"
Turquía, la consulta electoral del pasado mes de
julio y la dificultosa elección del titular de
Exteriores, Abdulá Güll, han puesto de manifiesto el
deseo de la clase política del país otomano de
seguir por la senda de la integración europea. No
cabe duda de que el objetivo final de la casi
totalidad de los partidos, salvo la ultraderechista
Acción Nacional, es la adhesión de Turquía al "club
de Bruselas". Y ello, a pesar de las maniobras
dilatorias de algunos Estados miembros de la UE,
empeñados en obstaculizar las ya de por sí difíciles
negociaciones con Ankara.
Los
mayores detractores de la integración del país de
Mustafá Kemal Atatürk siguen siendo Alemania y
Francia, las locomotoras de la economía del Viejo
Continente. Pero tanto Berlín como París prefieren
recurrir a discursos diferentes.
Si
para la canciller alemana, Angela Merkel, la
presencia física en suelo germano de más de dos
millones de musulmanes, en su gran mayoría de origen
turco, constituye un obstáculo para la integración
social. Para el presidente galo, Nicolas Sarkozy, el
problema se convierte en un sofisticado ejercicio de
póquer geopolítico. El inquilino del Elíseo no
pierde ninguna ocasión para demostrar su espíritu
innovador. En el caso concreto de Turquía, adopta
una postura bastante ambigua, que trata de ocultar
el rechazo al ingreso de Turquía en las estructuras
comunitarias. Hasta ahora, la velada negativa de
Sarkozy se escuda en argumentos de índole "geografíca".
Mientras el "padre" de la malograda Constitución
europea, Valery Giscard d'Estaing, aludía a aspectos
"socioculturales" -"Turquía no es Europa", "
los
turcos son musulmanes", etc.-, Nicolas Sarkozy
prefiere recurrir a consideraciones de carácter
estratégico: "Hay que definir los confines de
Europa".
El
presidente francés no duda en ofrecer a los
políticos de Ankara un sinfín de soluciones
alternativas, de soluciones "airosas". Según él,
Turquía podría o debería ocupar un lugar clave en su
controvertido proyecto de Unión Mediterránea, que
consiste en el establecimiento de lazos
privilegiados entre los cinco países mediterráneos
de la UE, Italia, Francia, España, Portugal y Malta,
y sus vecinos de la cuenca meridional del Mare
Nostrum.
Los
politólogos franceses estiman que la creación de la
Unión Mediterránea implica una serie de ventajas
para las relaciones entre las dos cuencas del Mare
Nostrum. Entre las más importantes, citan la
capacidad de delimitar las distintas zonas del mundo
árabe-musulmán y de definir sus peculiaridades; la
necesidad para los países del Mediterráneo oriental
de buscar nuevos mecanismos de convivencia para la
solución del conflicto israelí-palestino
-reconocimiento del Estado de Israel por los países
de de zona, etc.-, la existencia de un antecedente
que podría facilitar la ulterior creación de otras
instituciones de ámbito regional, como por ejemplo
una Unión Eurasiática, que podría agrupar a Rusia,
Ucrania y las antiguas repúblicas de Asia Central,
etc.
La
aceptación de este proyecto, criticado de antemano
por los grandes países del Magreb, Argelia y
Marruecos, implica el alejamiento de Ankara de las
negociaciones con Bruselas. Sin embargo, prevé un
papel importante para Turquía en la edificación de
otras estructuras regionales, donde el ejemplo de la
revolución kemalista desempeñaría un papel clave
para el desarrollo sociopolítico de unos países que,
hoy por hoy, tienen que luchar contra la amenaza del
islamismo radical.
Pese a la aparente ambigüedad de sus declaraciones,
Sarkozy parece estar persuadido de que Turquía
podría convertirse en un ejemplo para muchos países
de cultura musulmana. ¿Ejemplo o gendarme? De todos
modos, esa perspectiva no acaba de convencer a los
políticos del país otomano, que descartan por ahora
la posibilidad de liderar agrupaciones de segunda
fila, recordando que el kemalismo constituye una
apuesta por el europeísmo y los valores éticos de la
Revolución francesa.
Hay
que reconocer que su peculiar visión de Europa nada
tiene que ver con los cánones tradicionales, con la
imagen etnocéntrica del Viejo Continente. La
política de Sarkozy desconcierta; la visión de
Sarkozy genera miedo.
ccs@solidarios.org.es
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