Avanza entre los docente uruguayos
El síndrome de Burn Out
por Freddy da Silva Rodio*

El síndrome Burn Out saltó nuevamente a la opinión pública, porque días pasados se conoció que en cinco años casi se duplicó el número de consultas psiquiátricas entre los docentes uruguayos pasando de 295 en el año 2000 a 563 en el 2005. El diario Ultimas Noticias, al difundir la información, dice que  el Consejo Directivo Central que gobierna la educación pública está preocupado por entender que las causas del síndrome "Burn-Out" seria uno de los problema que afecta a estos profesionales. La información consigna que existe un informe oficial en mano de las autoridades de la Educación que dice que "No hay duda que el desempeño de la labor docente está expuesto, en el ámbito en que desempeñan sus funciones, a una serie de factores externos adversos, que actúan como favorecedores o desencadenantes de la patología psiquiátrica". Lo que se puede leer a continuación es el trabajo del director del  Post-Grado de drogodependencias de la UCUDAL Freddy da Silva Rodio, donde se analiza el origen de este síndrome, publicado por la  asociación científica  e investigación “Castilla”  de psicoanálisis de los procesos colectivos.

(Titular de La ONDA digital)

 

Historia. Definiciones

El síndrome del Burn Out puede considerarse un capítulo dentro del más amplio del estrés laboral. No es cualquier tipo de estrés laboral sino que afecta sobre todo a los profesionales sanitarios que trabajan directamente con personas con las que mantienen una  relación  de  ayuda  y  comparten  con  ellas  situaciones  vitales  emocionalmente fuertes. Además, para poder diagnosticarlo con certeza, debe ser crónico, esto quiere decir, a los efectos diagnósticos, con más de seis meses de evolución.  En 1991 se lo consideró “un grave y creciente problema social que afecta a más del 10% de los médicos” y que constituye “un reto diagnóstico y, sobre todo, terapéutico para los psiquíatras” (Fawzy y Pasnau). Algunos se refieren a él como a una pandemia.

 

El cuidado de la salud de los profesionales es un problema que abarca múltiples niveles de abordaje, incluye las características de la  noxa social estresora, los aspectos de la vulnerabilidad  personal  al  estrés,  las  enfermedades  derivadas  de  las  fallas  den  la adaptación, los programas de profilaxis y tratamiento (N. Koster)

 

Las traducciones más adecuadas para el término anglosajón Burn Out serían las de “estar  o  sentirse  quemado” o “quemarse”. 

 En  muchos  lados  se  encuentra  como “síndrome de desgaste profesional”o “síndrome de quema profesional”, también como

“desmoralización”. En principio se puede plantear que se trata de una reacción que comporta  tanto  alteraciones  somáticas  como  psíquicas  y  que  se  da  en  aquellos profesionales que de alguna manera proveen una relación de ayuda; como educadores, asistentes  sociales  y  operadores  sanitarios,  este  último  grupo  de  trabajadores  y  en particular  aquellos  que    operan  en  el  ámbito  de  la  higiene  mental  y  de  las drogodependencias han sido los  más estudiados. No solo es la mera exposición a los estresores sino  aún más importante, la  calidad del afrontamiento de las demandas psicosociales a las cuales está expuesto por la tarea clínica que realiza ya sea a nivel individual o institucional. (como veremos más adelante)

 

Se  trata  de  un  síndrome  clínico  descrito  en  1974  por  Herbert  Freudenberger,  un psiquiatra  (psicoanalista)  que  trabajaba  en  la  Clínica  Libre  de  Nueva  York  para toxicómanos. Observó en ese momento que los voluntarios “jóvenes e idealistas” al año de  empezar  a  trabajar  sufrían  en  su  gran  mayoría  una  pérdida  de  energía,  una desmotivación así como varios síntomas de ansiedad y depresión que podían llegar hasta   el   agotamiento. 

 

 Describió   que   estos   se   volvían   menos   sensibles,   poco

comprensivos  y  hasta  agresivos  en  su   relación  con  los  pacientes,  con  un  trato distanciado y cínico, con tendencia a culpar al paciente del problema que padecía. Para describir este patrón conductual homogéneo eligió la palabra B que también se usaba para referirse a los efectos del consumo crónico de las drogas. Ya de alguna manera se hace referencia a esta entidad como un proceso más que un cuadro sintomático definido como veremos luego.

 

En 1976 la psicóloga social Cristina Maslach  estudiando las respuestas emocionales de aquellos profesionales de ayuda a personas utilizó el mismo término –B-  que tomó del utilizado por los abogados californianos para referirse al proceso gradual de pérdida de responsabilidad  profesional,  al  desinterés  y  al  desarrollo  de  un  cinismo  con  los compañeros de trabajo. Ella decidió usar  este término pues los afectados se sentían fácilmente identificados y sin estigmatización como con los diagnósticos psiquiátricos.

 

El término B se hizo popular en el ámbito anglosajón y apareció repetidamente en publicaciones profesionales de médicos, enfermeras, trabajadores sociales, docentes y abogados. En estas primeras publicaciones se destacaba más que nada la importancia de la personalidad previa (perfeccionismo, idealismo, excesiva implicación con el trabajo, dificultad para poner límites).

 

Paralelamente se popularizaron talleres y seminarios de prevención y de intervención terapéutica. El término perdió precisión conceptual y culminó en un cajón de sastre sin consistencia científica.

 

En 1980 Freudenberger lo definió como “un estado de fatiga o de frustración que se produce por la dedicación a una causa, forma de vida o de relación que no produce el esperado refuerzo”. Se lo llama también síndrome de desgaste profesional.

 

En 1981 aparece como culminación de años de trabajo el Maslach Burn Out Inventory (MBI). En 1984 Brill propone como definición más precisa la de “un estado disfuncional y disfórico  relacionado  con  el  trabajo  en  una  persona  que  no  padece  una  alteración psicopatológica mayor, en un puesto de trabajo en el que antes ha funcionado bien tanto a nivel de rendimiento objetivo como de satisfacción personal, y que luego ya no puede conseguirlo de nuevo, si no es por una intervención externa de ayuda o por un reajuste laboral y que está en relación con las expectativas previas”

 

En  1986  se  redefine  el  término  por  Maslach  y  Jackson  como  un  “síndrome  de agotamiento emocional con deshumanización e insatisfacción personal que aparece en individuos  que  trabajan  con  personas”  también  lo  describían  como  “una  respuesta inadecuada a un estrés emocional crónico cuyos rasgos principales son un agotamiento físico y/o psicológico, una actividad fría  y despersonalizada en  la relación con los demás y un sentimiento de inadecuación a las tareas que ha de realizar”.

 

Incluye las tres dimensiones básicas descritas:

1)  Agotamiento  físico  y  psíquico:  incluye  disminución  y  pérdida  de  recursos emocionales.

 

2)  Despersonalización:  en  el  sentido  de  deshumanización:  incluye  indiferencia,  un sentimiento  de  distancia  emocional  y  el    desarrollo  de  actitudes  negativas  de insensibilidad y cinismo hacia los receptores del servicio prestado. Garden describe cuatro  factores  dentro  del  ítem  de  despersonalización:  distanciamiento,  hostilidad, despreocupación por los demás y rechazo y falta de interés por los otros.

 

3) Falta de realización personal  (bajos sentimientos de realización  personal) incluye vivencia de insuficiencia personal, sentimientos de fracaso y baja autoestima con una tendencia a evaluar el trabajo realizado de manera negativa (y con auto reproches por no haber alcanzado los objetivos propuestos.) Para Maslach este síndrome se da exclusivamente en las profesiones de ayuda sobre

todos los educadores y los sanitarios  y dentro de estos los de la salud mental y de las unidades de alto riesgo.

 

En 1988 Pines y Aronson proponen una definición más amplia, no restringida a los profesionales  de  ayuda.  “Es  el  estado  de  agotamiento  mental,  físico  y  emocional producido por el involucramiento crónico de trabajo en situaciones emocionalmente demandantes”. El agotamiento físico se caracteriza por baja energía, fatiga crónica, debilidad  general  y  una  amplia  variedad   de  manifestaciones  psicosomáticas,  El agotamiento   emocional   incluye   sentimiento   de   incapacidad,   desesperanza   u   de alineación con el trabajo, El agotamiento emocional se refiere al desarrollo de actitudes negativas hacia uno mismo, hacia el trabajo y hasta hacia  la vida misma.

 

Básicamente es un síndrome de agotamiento físico, emocional e intelectual derivado de un recargo de trabajo de tipo cuantitativo y cualitativo, que lleva a la persona a tener un concepto negativo de sí misma, actitudes negativas hacia su trabajo y hacia personas con quienes interactúa, perdiendo simpatía y eficiencia.

 

Kielholz  describió una patología que llamó “enfermedad de los  managers” con los siguientes síntomas: ansiedad, preocupaciones hipocondríacas, astenia, desconfianza, y explosiones afectivas inadecuadas.

 

Loewenstein ha descrito 25 campos de actividades diferentes donde la característica común es la de configurar un grupo específico de profesiones de ayuda en las cuales los síntomas suelen aparecer en los primeros 5 a 10 años de actividad al no poder dar una respuesta suficiente a las demandas de los diferentes usuarios. Entre estos se encuentran además de los profesionales sanitarios los maestros, profesores, abogados, sacerdotes, bomberos.

 

Para Henri Ey probablemente estuviera dentro de las depresiones por agotamiento. Para Selye que en la década del 30 creó el concepto de  estrés  estaría inscripto dentro del Síndrome  General  de  Adaptación  que  comprende  tres  estados  sucesivos:  alarma, resistencia y agotamiento. Se dejaría el término estrés para la pérdida por agotamiento de  la  adaptación  adquirida  con  caída  de  las  defensas  biológicas  y  eclosión  de  los trastornos psicoorgánicos    (digestivos,            cardiovasculares, soriasis, bruxismo, depresiones, crisis de pánico, abuso de sustancias, etc.)

 

La O.M.S. y la O.I.T. consideran al  estrés como uno de los problemas de salud más graves del Siglo XX, y seguramente del nuevo milenio.  Cooper psicólogo laboral inglés refiere que: “el estrés laboral causa enfermedades físicas, sobre todo dolencias cardíacas y  gastrointestinales.  Afecta  la  conducta:  el  individuo  se  vuelve  irritable,  agresivo, ansioso, con dificultades de concentración...se tiende a fumar más, beber más, padecer insomnio, comer en exceso”, agregaríamos el uso creciente de drogas psicoactivas incluyendo los psicofármacos.

 

Clínica del Burn Out.

Para Edelwisch y Brodsky hay 4 etapas fácilmente identificables en el desarrollo del síndrome:

 

1) Fase de entusiasmo dada por un inicio idealista del trabajo, con motivación y expectativas, sin límites de sacrificio. El riesgo en esta etapa es la de una  sobre- identificación con el enfermo y el gasto excesivo e ineficaz de energía.

 

2) Fase de estancamiento caracterizada por una toma de conciencia y percepción de la realidad, hay un enlentecimiento de la actividad frente al desequilibrio entre lo ofrecido y la recompensa recibida.

 

3) Fase de frustración como primera manifestación de Burn Out, que se expresa al dejar la   persona   de   participar   tan   activamente   como   acostumbraba,   aparecen   los cuestionamientos más profundos y el inicio de la desmotivación.

 

4) Fase de apatía observada en el retiro absoluto del individuo (mecanismo de defensa para  evitar  el  daño  emocional)  producto  de  episodios  sucesivos  de  frustración  y desilusión.  Es  aquí  que  aparecen  agotamiento  emocional,  desinterés,  alejamiento, cinismo, etc.

 

En 1980 Chernis describió en detalle tres etapas evolutivas en la primera hay un estrés psicosocial dado por el disbalance entre las demandas y los recursos, en la segunda se produce un estado de tensión  psicofisiológica y  en la tercera ocurren una serie de cambios conductuales: tendencia a tratar a los clientes de forma distante y mecánica, afrontamiento evitativo y retirada personal o alejamiento.

 

Decíamos que se trataba de un proceso que refleja el hecho de que una situación laboral, familiar o social ha sobrepasado a una persona agotando su capacidad de reacción de manera adaptativa, es la etapa final en  un continuo de tensión  y estrés (Álvarez y Fernández 1991).

 

Helliwel trata de resumir las características etiopatogénicas del Burn Out en una sencilla ecuación: Susceptibilidad individual + sobrecarga laboral y/o crisis vital = Burn Out.  A. Rodríguez López agrega el término “personalizada” a la sobrecarga laboral  ya  que  según  plantea  es  la  vivencia  de  sobrecarga  que  tiene  el  sujeto  lo característico  del  cuadro.  De  todos  modos  no  toda  disminución  en  el  rendimiento laboral es sinónimo de Burn Out.

 

1.-Manifestaciones mentales: Predominan los síntomas psicológicos de tipo disfóricos y sobre todo el agotamiento emocional. De  forma característica la persona se siente nerviosa, con una inquietud psicomotora, con incapacidad para concentrarse y olvidos frecuentes, agotada, atrapada en el desempeño del rol profesional y con sentimientos o sensación  de  vacío. 

 

También  se  han  descrito  vivencias  de  fracaso,  impotencia  e insuficiencia. Un 20% de los médicos del Hospital de Salamanca presentan síntomas psicopatológicos compatibles con trastornos psiquiátricos. En el editorial del N° 334 de la revista  Lancet de 1994 se destaca que los médicos tienen una presión psicológica superior a la de otros profesionales de igual nivel ocupacional y un riesgo doble de suicidio respecto de la población general. Anteriormente, en 1983, Hochschild  refería que al “trabajo instrumental” se la añadía un “trabajo emocional” que él llamaba “fatiga de la interacción personal”.

 

2.- Manifestaciones   físicas:   Se   han   descrito   una   gran   variedad   de   síntomas psicosomáticos tales como cefaleas, trastornos gastrointestinales desde alteraciones del apetito hasta úlceras, mialgias, dolores osteo-musculares (sobre todo a nivel de columna lumbar), dermatitis, disfunciones sexuales, trastornos del ritmo cardíaco, hipertensión arterial, alteraciones del sueño fundamentalmente insomnio de conciliación y perdida o disminución  notoria  de  la  libido.  Suele  estar  presente  una  depresión  del  sistema inmunitario por lo que gripes y resfríos reiterados son  frecuentes. Hay estudios que demuestran  la  asociación  de  B  con  enfermedad  coronaria  al  mismo  nivel  que  los indicadores  de  riesgo  de  enfermedad  cardiovascular  (Melamed,  Kushnir  y  Shirom 1992). Appels y Shouten (1991) han demostrado  el mayor riesgo de sufrir infarto de miocardio en trabajadores con B que en aquellos que no lo tienen. En sujetos que han sufrido I.A.M. una vez controlados la edad, la tensión arterial, el tabaquismo y el nivel de colesterol la prevalencia de enfermedades psicosomáticas en médicos se asocia con la de los niveles de estrés laboral. Trabajo italiano N° 26.

 

3.- Manifestaciones conductuales:  Destacan las alteraciones de la conducta en el rol asistencial y sobre todo la despersonalización en la relación con el paciente entendiendo como tal la pérdida de interés por las personas con una suerte de retiro de las energías motivacionales en el trabajo. Las muy frecuentes quejas y crítica se asocian con la reacción cínica ante cualquier intento o sugerencia de ayuda que es descalificada desde esa  posición.  A  nivel  conductual  se  han  observado  un   consumo  aumentado  de estimulantes como café y té así como de sedantes, bebidas alcohólicas y otras drogas. También  se  asocia  con  sedentarismo  y   mala  dieta  nutricional. En  la  búsqueda bibliográfica referente a los médicos encontramos que en estos es mayor el consumo de café ( más de 5 tazas de café  diarias implica doble riesgo de infarto de miocardio), tabaco y alcohol ( tres drogas legales de  amplia aceptación en nuestra cultura cuyo estudio  no  provoca  mayores  resistencias),  también  los  problemas  de  alcoholismo, depresión,  suicidio,  conflictos  matrimoniales  y  enfermedades  cardiovasculares  son mayores que en la población general; sobre todo por encima de los 40 años. (D. Vega 1995 en España, Juntunen 1988 en Finlandia, Robinowitz 1983).En  el caso de las mujeres médico es aún más notorio, por ejemplo, la tasa de suicidio es tres a cuatro veces superior a la esperado, a su vez en ellas se han encontrado más frecuentemente los siguientes elementos de origen de estrés: prejuicio externo, sobrecarga y conflicto de roles (fragmentación de la mujer-médico entre el rol ocupacional y el tradicional) y conflicto de valores.

 

4.- Manifestaciones socio-laborales: Los problemas interpersonales pueden darse con los  pacientes,  los  compañeros  los  superiores  o  los  subordinados,  Se  destaca  el distanciamiento afectivo individual de los contactos sociales, a veces acompañado de un excesivo distanciamiento defensivo el llevar a la casa los problemas laborales como un desplazamiento   negativo,   que   puede   aumentar   los   conflictos   de   pareja.            El hipercriticismo  y  la  desconfianza  hostil  así  como  la  insensibilidad  y  el  excesivo distanciamiento  defensivo  que  se  puede  presentar  como   aburrimiento  cínico  y estereotipado  o  amarga  insatisfacción  con  los  logros  profesionales  está  en  agudo contraste  con  los  buenos  propósitos  de  un  humanismo  ideal,  bien  intencionado  y empático con los que comenzó su carrera profesional.  La persona “quemada” no se siente querida o valorada por los colegas o por la organización y por eso se defiende pagando con la misma moneda con la que él se siente pagado.

 

5.- Manifestaciones   organizacionales:  En  estudios  longitudinales   el   B   presenta intención de abandonar el trabajo, de cambiar de puesto y un importante ausentismo y/o  incumplimiento  del  horario  laboral  (Firth  y  Britton  1989)  además  de  una disminuida productividad individual (Golembiewski y Munzeurider 1988). La idea del abandono del puesto de trabajo para el que se han invertido grandes esfuerzos de todo tipo y de cambio radical de vida se asocia a las ideas de frustración laboral con los resultados consiguientes.

En mayo de 2000 un artículo español realizado en base a un estudio en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid encontró que más de la mitad de la población encuestada (58.8%) estaba considerando dejar su trabajo en el  futuro.

 

También se ve con gran frecuencia una  rigidez excesiva en el  cumplimiento de los reglamentos, toda innovación se descarta como inalcanzable y no válida, se descalifica. Disminuye notoriamente la capacidad de tomar iniciativas.

 

Los profesionales sanitarios bajo el efecto de B no son conscientes del cambio de comportamiento y deterioro de las relaciones interpersonales, atribuyéndolo en general a factores externos de la esfera laboral: acumulación de horas, multiplicidad de tareas, etc.  Intentando  una  compensación  que  muchas  veces  suele  ser  el  consumo  de medicación psicoactiva.

 

Por ultimo, pero no menos importante, recordar que no solo se ve afectado el individuo sino  también  el  paciente  a  través  de  la  relación  con  su  médico.  Diversos  autores comunican un mayor riesgo de accidentes y errores en el trabajo más frecuentes con el riesgo consiguiente para el usuario.

 

Esta situación es de riesgo para los pacientes pues en estudios realizados por los mismos autores estos no solo están más insatisfechos con la calidad de la asistencia, sino que

 

tienen  peor  evolución  médica  y  tienen  más  posibilidades  de  llegar  a  tener  una complicación psiquiátrica en su evolución.

 

Conclusiones parciales

Las investigaciones realizadas en el campo del síndrome del Burn Out o simplemente de B no siempre son fáciles de  interpretar  debido  a  varias  razones, entre  ellas  la complejidad de las    relaciones involucradas con variables individuales    y organizacionales.

 

Se trata de un síndrome clínico general en relación con el afrontamiento de extrusores ocupacionales crónicos, derivados del trato con personas,  con manifestaciones tanto en el ámbito individual como organizacional.

 

Como antecedente de B está la acumulación de extrusores propios del rol laboral, mal afrontados, tanto a nivel personal como institucional, y los rasgos de personalidad previa. Como consecuencias de B están los síntomas físicos, psicológicos y organizacionales. Los trabajadores de la salud “de ayuda” son los más vulnerables ya que la urgencia y la atención de los pacientes posterga la urgencia en la escucha, contención y apoyo de los equipos; nos enfermamos en nuestra tarea curadora.

 

Factores  demográficos:  En  EEUU  ocurre  con  más  frecuencia  entre  los  30  y  40 años y entre aquellos con relativa poca experiencia laboral. En Europa toma población de  mayor  edad. 

D. Vega  (Universidad  de  Salamanca  tesis  doctoral  de  1995)  no encuentra diferencias de edad ni de sexo en los niveles de desgaste profesional salvo en la despersonalización que es mayor en los médicos más jóvenes y luego disminuye con la edad, hecho constatado por otros autores (Mingote, Rallo, Baca).

 

Las  relaciones  entre  la  persona  y  su  trabajo  cambian  a  lo  largo  del  tiempo,  las investigaciones disponibles en el campo de la Psicología Industrial y Organizacional evidencian que las personalidades de los técnicos se modifican en función del tipo de trabajo y de la experiencia  en su carrera profesional.  El ajuste entre la persona y su trabajo es un proceso dinámico a lo largo de su desarrollo biográfico. En general, en los países del primer mundo que es donde obtuvimos las investigaciones, el aumento de la satisfacción laboral con la edad es una relación lineal continua, que es mucho más evidente por encima de los 45 años de edad. ¿ Sucede lo mismo en nuestro medio?  Por otro lado, también se comunica, que a medida que aumenta la edad se incrementa la insatisfacción del médico con su trabajo y se percibe con menor maestría y capacidades profesionales.

 

Se detectó la existencia de un mayor porcentaje de personas de edades más jóvenes con contratos eventuales en las unidades de hospitalización de pacientes graves, con  altas tasa  de  mortalidad  mientras  que  los  servicios  centrales  y  de  pacientes  con  baja mortalidad predominan los profesionales de mayor edad y contratos fijos de trabajo.

 

Referido al sexo  no hay datos definitivos, en un principio se planteó que las mujeres presentaban mayor estrés laboral que los hombres (roles múltiples, conflictos de rol) en las mujeres el mayor riesgo para su salud proviene de los múltiples roles que aumentan notoriamente el conflicto y la sobrecarga.  Investigaciones posteriores mostraron que no existen  diferencias  significativas  pero  recientemente  hay  algunos  trabajos  de  auto evaluación donde las mujeres aparecen con menor estrés laboral existiendo sólo dos diferencias significativas con respecto a los hombres: estos están más interesados en el liderazgo y en los ingresos económicos.

 

El varón médico tiene mayor nivel de autoridad, orientación al éxito por el esfuerzo y riesgo de enfermedad coronaria. Las mujeres médico, en comparación con otras mujeres profesionales, presentan más emociones negativas de hostilidad o de tristeza en el trabajo (y también mayores trastornos en el sueño).

 

El estar casado es un factor de protección para el varón médico, no así para la mujer pues  incrementa  su  fragmentación  personal  por  los  requerimientos  de  sus  roles múltiples sobre todo en un ambiente laboral no facilitador y sin el adecuado apoyo. Según un estudio de Cartwright un 20% de la mujeres médico casadas padecen un nivel de  estrés  intenso  y  solo  un  30%  cree  que  ha  conseguido  un  adecuado  nivel  de integración de sus roles. Los porcentajes son mayores en la etapa de hijos pequeños o en edad escolar.

 

Características  del  trabajo: El  Burn  out  se  asocia  en  sus  génesis  con  algunas características laborales objetivas tales como:

 

A) Sobrecarga de trabajo se asocie o no a valoración subjetiva de demanda laboral. Se incluyen  aquí  los  horarios  de  trabajo  prolongados  (sobrecarga  cuantitativa,  multi- empleo tan frecuente en nuestro medio) o mal distribuidos, existen trabajos específicos sobre el efecto del régimen de guardias sobre el padecimiento del Burn Out.

 

B) Malas condiciones de trabajo y sobre todo uno de los factores determinantes más importantes  para  la  desmotivación  que  es  la  mala  remuneración  económica  y  las condiciones materiales  del lugar de trabajo (incluida la seguridad física) la primera directamente relacionada con renuncias. En este ítem, y especialmente vinculado a las características laborales de nuestro medio, podemos citar algunos trabajos españoles, que definen al multi-empleo como una importante variable en la salud del profesional

 

C) Estrés laboral médico por la “ambigüedad y el conflicto de rol”. En médicos que emplean más tiempo en  trabajo clínico las puntuaciones son mucho más altas por lo que Maslach y Jackson sostienen como “estrés interpersonal”. Dentro de la Medicina es más  alto  entre  aquellos  que  atienden  enfermos  con  patologías  graves,  crónicas, incurables o terminales, lo que implica una sobrecarga emocional.

 

De  los  resultados  de  una  recopilación  de  investigaciones  realizadas  en  España  se destacan que los psiquíatras presentan mayor nivel de desgaste que otros trabajadores de la salud. Los siguen en el área de la salud los psicólogos y las asistentes sociales, por último el personal de enfermería. Según este estudio tienen mayor grado de B los profesionales  que  trabajan  en  Servicios  o  Unidades  de  Salud  Mental  que  los  que trabajan en Hospitales Psiquiátricos. La causa estaría en el disbalance entre la demanda

percibida por el técnico y los recursos disponibles para el manejo de los pacientes ambulatorios. Además, en estos casos, la presión psicológica sobre  el profesional es mayor. El padecimiento de B en médicos del Hospital de Salamanca se asoció con un consumo de más de 20 cigarrillos de tabaco diarios y peor salud general.

 

D) Inadecuado liderazgo, supervisión y/o soporte de los superiores.(Factores asociados al descenso en los sentimientos de realización personal ). También es este ítem podemos poner  la falta de adecuada estimulación motivadora por parte de los superiores ya signada por Chernis en 1980. Hostilidad y  mala calidad en las relaciones entre los pares.

 

E) Falta de participación en la toma de decisiones  y aún falta de autonomía personal para el cumplimiento de muchas de ellas. Falta de comunicación tanto horizontal como vertical. (Manchester, U.K. marzo 2000).

 

F) Entrenamiento insuficiente. Destacamos que el entrenamiento fue el único factor que se  puedo  determinar  sin  dudas  como  preventivo  del  agotamiento  emocional  en  un trabajo de marzo del 2000 de la Universidad de Nueva Zelanda. En un estudio realizado por el Servicio de Psicología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston y publicado en octubre de 2000 identifica, sin lugar a dudas, al déficit en la educación y en el entrenamiento de los psicólogos un  factor etiopatogénico fundamental. Varias investigaciones, fundamentalmente realizadas en  EE.UU., demuestran que los déficit en la educación y en el entrenamiento durante la formación de los psicólogos son factores de gran importancia para el desarrollo de B en los servicios de emergencia en casos de pacientes víctimas de violencia, con conductas suicidas y violentas

 

G) Desconocimiento de la estructura organizacional del lugar de trabajo (factor que se ha identificado como preventivo de la despersonalización). La ausencia de un programa de introducción y orientación  para los nuevos empleados a  demostrado ser un factor negativo (Chernis 1980).

 

H) El mediar entre intereses de la Institución prestadora de los servicios y los pacientes y sus  necesidades, sobre todo cuando, además,  hay una discrepancia entre los objetivos institucionales y los valores individuales del profesional. José Bleger en 1996 escribió: “Toda  empresa  tiene  como  objetivo  fundamental...un  incremento  de  utilidades...en ningún caso el psicólogo debe ubicarse como  agente o promotor de la productividad, porque no es esa su función profesional, su  objetivo es la salud y el bienestar de los seres   humanos,  el   establecimiento y/o            creación de   vínculos   saludables y significantes...en Psicología  la ética forma parte del encuadre...ninguna tarea puede ser llevada  a  cabo  correctamente  si  el  terapeuta  rechaza  los  objetivos,  los  medios  o procedimientos de la institución”

 

I)  La  sobrecarga  que  significan  las  tareas  administrativas  sobreagregadas.  En  una revisión de la bibliografía hecha en enero de 2000 en el Reino Unido se aportan sólidas evidencias de que  estrés y Burn Out están creciendo  considerablemente e identifica como factores específicos el incremento en el trabajo y las tareas administrativas, el manejo del tiempo, el conflicto de roles, la ambigüedad de los mismos, la falta de supervisión, el insuficiente tiempo para estudiar y perfeccionarse y las condiciones generales (infraestructura, fondos, etc.).

 

En un trabajo reciente (julio 2000) Grunfel y Cols. de la Universidad de Ottawa sobre un Servicio   de   Oncología   en   Notario   encuentran   que   la   prevalencia   de   B   es significativamente mayor entre médicos (53%) que entre técnicos colaboradores (37%) y  que  en  el  staff  (30%)  .  Un  grupo  importante  de  estos  médicos  (42%)  estaban considerando seriamente  la  posibilidad  de  dejar  el  trabajo  o  disminuir  el  horario. Reflexionan de que esto es particularmente grave en Canadá donde hay carencia de personal de salud experiente y entrenado, especialmente en ésta área.

 

En Agosto del 2000 se comunica desde la  Centro Académico de Ámsterdam que los odontólogos con mayor riego de Burn Out  experimentan mayores quejas somáticas y presentan  comportamientos  menos  sanos  (no  deportes,  mala  dieta,  consumo  de alcohol.

 

También en agosto de 2000 desde la Universidad de Oldenburg en Alemania se publica un trabajo sobre el Burn Out y las nurses en el cual el interjuego entre los recursos y  las demandas del trabajo aparecen como elemento fundamental para la génesis del Burn Out y con  el sentimiento de satisfacción con la vida. Sin lugar a dudas éste se encuentra vinculado en estos casos a las condiciones de trabajo.

 

En septiembre de 2000 desde California  EE.UU. se comunica que los consejeros y terapeutas de pacientes con problemas de abuso de droga y VIH  presentaban  los tres síntoma cardinales del Burn Out: agotamiento emocional, despersonalización y pobre desempeño personal, relacionados con el porcentaje de clientes con VIH.

 

En noviembre de 2000 un estudio italiano de  Grasi y Magnani de la Universidad de Ferrara refiere que el Burn Out y los síntomas de estrés son un problema mayor entre profesionales de la salud y que la  prevalencia de morbilidad psiquiátrica es del 23%, los síntomas de B agotamiento emocional están presentes en un 28%, despersonalización en un 25% y baja realización personal en un 13%.

 

Mallet y Cols (1991)  en una investigación comparada entre enfermeras de centros de tratamiento intensivo y de residencias de ancianos enfermos, con igualdad de soporte social y de condiciones generales de empleo, constata la importancia de os valores y de la cultura laboral. En los centros intensivos hay mayor estrés ocupacional aunque en las residencias hay mayor tasa de mortalidad. La exposición al sufrimiento y la muerte son claros estresores ocupacionales.

 

Para terminar con este punto es interesante destacar los hallazgos de Leppanen y col. que en 1987 revisan la literatura europea sobre la satisfacción en el trabajo en los trabajadores de la salud y encuentran datos similares a los de EE.UU. en el sentido de que mientras los médicos encuentran su trabajo pleno de sentido y con oportunidades de crecimientos personal, las enfermeras manifiestan que están  frustradas en relación con sus tareas y sus calificaciones profesionales.

 

En 1996 Wright y Roberts  un estudio sobre la edad media de la muerte de los médicos: los anestesistas son los más precoces  66.4 años, los de asistencia primaria los más tardíos 77,5 años, los psiquíatras tienen una edad media de 70.8 años, los ginecólogos

73.1 y los radiólogos 78.1.

 

Vinculación con el trabajo: El síndrome B se  asocia  positivamente  con  excesivas  e inadecuadas  expectativas  sobre  el  trabajo.  Un  compromiso  irreal  con  la  profesión aumenta  el  riesgo.    De  forma  característica  se  da  en  personas  muy  fuertemente involucradas con su tarea y que trabajan con pacientes no colaboradores y difíciles. La insatisfacción laboral  está asociada de manera consistente y positiva con el Burn Out. Este agotamiento se produce especialmente en quienes iniciando su trabajo con energía, idealismo  y  motivación  se  ven  expuestos  a  situaciones  repetidas  de  insatisfacción, frustración y desilusión. También está descrito como más frecuente en los llamados trabajólicos.

 

Los jefes despersonalizan menos la relación asistencial y perciben más características intrínsecas positivas en el trabajo, además hacen menos guardias al mes y tienden a tener puntuaciones más altas en las personalidades competitivas: PCTA (patrón de conducta tipo A). Belfer  en  1989  estudió  los  estresores  inherentes  a  la  práctica  del  médico  clínico proponiendo la “hipótesis del estrés del rol médico” según la cual los médicos han de funcionar siempre al máximo nivel de competencia (responsabilidad, posibilidad de errores, etc). Garden, también en 1989, se refiere a las excesivas demandas emocionales en casos como el de los médicos psiquíatras donde existe una relación más prolongada y frecuente con los pacientes, así como, muchas veces, ser el proveedor del soporte psico emocional del paciente lo que daría lugar a  un mayor estrés laboral y actuaría como factor etiopatogénico del Burn Out en esta especialidad.

 

Uno de los elementos claves en este ítem es que más allá de la actitud hacia el trabajo que vive como una realidad negativa o intolerable el B siente que no puede evitarla, no pudiendo realizar un esfuerzo adaptativo eficaz o escapar de esa realidad.

 

El ambiente o clima social en el que acontece el Burn Out incluye no solo a los pacientes sino a los compañeros de trabajo, a los subordinados y a los supervisores. Numerosos trabajos demuestran una relación negativa entre estrés laboral, Burn Out y soporte social. Bajo soporte (pobre apoyo del entorno) es asociado a niveles más altos de estrés en todas las categorías laborales  en el área de la salud y a mayor incidencia de cuadros depresivos (Revicki y May 1983). La asociación de bajo soporte social con alto estrés en el trabajo se asoció a los niveles más alto de Burn Out (sin diferencias de género, pero sugiriendo que en el sexo masculino se asocia en mayor grado la satisfacción laboral con la sensación de satisfacción personal).

 

Una mala cohesión interpersonal dentro del grupo así como la existencia de conflictos interpersonales se asocian positivamente con B. Cuando el estrés aumenta el personal de la  salud  siente,  percibe  que  el  soporte  de  los  compañeros  disminuye,  y  que  la contribución al trabajo de los colegas no es igual a la propia.  No debemos olvidar que el  Burn Out es la vía final común, el resultado del estrés en la  vida profesional de médicos y cuidadores.

 

Los  médicos  casados  tienen  mejor  calidad  de  vida  y  mayor  apoyo  social  que  los solteros. La calidad de vida de los médicos se asocia directamente con la satisfacción laboral. La caída significativa con la edad de la satisfacción laboral y de la autoeficacia percibida    por  los  médicos  son  importantes  índices  psicométricos,  que  también  se asocian a la   morbi-mortalidad elevada de estos.

 

Características de personalidad: Son varios los rasgos de personalidad  que  se  han asociado con B, tales como ansiedad, patrón de conducta tipo A (tema complejo pues incluye factores constitucionales junto con    enfermedad coronaria), rasgos de carácter narcisista y obsesivo-compulsivo (Gabbard los ha destacado en médicos vulnerables al estrés ocupacional). Pérez Lozano refiere que el perfil de personalidad en cierta manera es determinante. Así, por ejemplo, los individuos que tienen una conducta de tipo A son más vulnerables a padecer trastornos  relacionados con el síndrome de desmoralización.

 

Freudenberger considera que”personas con alta realización, perfeccionismo, con un alto esfuerzo e implicación en el trabajo, que no pueden  decir  que  no,  competitivas,  que ambicionan más de lo que pueden ejecutar, son fácilmente vulnerables al síndrome de desmoralización”. 

 

El patrón de conducta tipo A estaría configurado por: 1) competitividad y motivación de logro manifestados en forma de persistencia (capacidad de desarrollar más horas de trabajo), constancia, tenacidad (perseverante, infatigable), deseos de reconocimiento y competitividad.

2) Impaciencia: urgencia temporal, intenta hacer varias cosas a la vez. 3) Hostilidad, agresividad, irritabilidad, irascibilidad, intolerancia.

 

Aquellos con mayor percepción de sí mismo como religiosos o creyentes tienen un nivel de B menor, esto ha sido confirmado en múltiples investigaciones, la última  publicada en  noviembre de 2000 según  un trabajo realizado entre oncólogos en EE.UU. Como dato interesante los baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964) y los de la generación X (nacidos    entre  1965  y  1981)  tienen  diferentes   issues   y  percepción  del  estrés ocupacional.

 

El sufrimiento o estrés del médico se origina por un lado por la identificación con la angustia  del  paciente  enfermo  y  de  la  familia,  por  la  reactivación  de  sus  propios conflictos personales y por la frustración de sus expectativas diagnósticas y terapéuticas La motivación altruista  surge cuando se puede observa la necesidad de ayuda de la otra persona y se experimenta la  reacción emocional de empatía. Pero cuando la exposición a las necesidades de los demás es  continua y muy intensa, a la vez que  las necesidades personales  no  se  sienten  satisfechas,  disminuye  la  motivación  pro-social  y  pueden aparecer conductas defensivas “de escape o  huida” o de afrontamiento desadaptativo por  implicación laboral excesiva (trabajólicos).

 

Desde la perspectiva psicoanalítica, se ha destacado la importancia de las necesidades emocionales insatisfechas desde la infancia y el propio sufrimiento que además ha incidido    en  la  elección  de  una  profesión  de  ayuda.  A  través  de  varios  posibles mecanismos inconscientes de defensa se transforma la propia  ansiedad en la motivación de  ayuda  a  los  demás  ya  sea  en  el  mejor  de  los  casos  a  través  de  mecanismos reparatorios sanos.

 

Siempre desde esta perspectiva existe un conflicto entre la representación del yo ideal (como persona dinámica, hiper-competente, inagotable) y el limitado ser real que se manifiesta primero por una lucha irrealista  a  través  de  un  esfuerzo  mantenido  para conseguir un objetivo no siempre real, y que más tarde acaba por agotar los recursos emocionales  disponibles. 

No  olvidar  la  importancia   de   la   discrepancia  entre  las expectativas  y la realidad.

 

En el caso de las personalidades narcisistas ven al receptor de los servicios como un proveedor de valoración personal, de forma sobre compensadora el candidato a B trata de realizar una ilusión de grandiosidad personal que le cure las heridas narcisistas abiertas  a  través  del  comportamiento  de  rol  se  intenta  alcanzar  una  homeostasis narcisista,  que  fracasa  porque  no  lo  puede  sostener:  objetivos  difíciles  de  lograr, esfuerzos que resultan insuficientes, frustraciones. Esta situación de duelo se puede elaborar a nivel depresivo sano, de forma creativa o se puede padecer con vivencias de incapacidad de fracaso, con disminución de recursos emocionales de forma paranoide, con vivencias de amenaza y de daño personal desde el exterior (pacientes, compañeros, institución).

 

En los últimos cinco años comienzan a aparecer trabajos psicoanalíticos que los asocian con los conceptos freudianos de la teoría  de la angustia, el trauma psíquico y las neurosis  actuales.  Desde  el  punto  de  vista  psicoanalítico  el  estrés  puede  aparecer

“cuando en ocasión de la llegada de estímulos externos o internos al aparato psíquico, este puede descargar o ligar el quantum de excitación y los mecanismos de defensa del Yo operan eficazmente, estamos en el territorio  del  estrés  o  Síndrome  General  de Adaptación  en  sus  dos  primeros  estadios.  Si  la  intensidad  de  las repercusiones provocadas rompe la barrera de la protección antiestímulo y el Yo pierde su capacidad de ligadura y cualificación, nos encontramos en una situación diferente, llamada distress o

 

Estadio de Agotamiento del Síndrome General de Adaptación” el concepto de estrés, entendido en estos términos, puede vincularse con el concepto freudiano de “trauma psíquico”, donde el Yo se ve desbordado y pierde su capacidad defensiva y el aparato psíquico no puede cumplir con su tarea primordial de dominar, ligar y controlar el monto de excitación que le llega, perdiendo la capacidad de pensar, y significar.

 

Para Maslach y Jackson la despersonalización resulta de un afrontamiento evitativo de la  sobrecarga  cuantitativa  y/o  cualitativa  del  trabajo  con  personas.  Se  trata  de  un síndrome multidimensional en el que se destaca el agotamiento emocional.

Desde la perspectiva cognitivo-social se trata de un desarrollo interactivo entre un individuo con baja expectativas de refuerzo  positivo y altas expectativas de refuerzo negativo,  por  lo  que  puede  llegar  a  tener  una  baja  percepción  de  control  y  de

 competencia por lo que se daña su auto eficacia o maestría percibida y se aísla del medio social que lo frustra.

 

Tratamiento y  Prevención

Junto con la descripción del Burn Out aparecen las primeras propuestas de prevención y tratamiento, culminando en las  intervenciones orientadas a la reducción del estrés laboral  de la O.I.T. en el año1992. Se plantea un modelo de intervención con varios componentes integrados de forma complementaria que utiliza técnicas orientadas al individuo, al grupo social y a la organización laboral.

 

A nivel individual el objetivo es mejorar los recursos de protección individual para afrontar adecuadamente los  estresores propios del rol laboral. Para esto se utilizan técnicas cognitivo conductuales (afrontamiento del estrés, reestructuración cognitiva y ensayo conductual), relajación, autorregulación. Control de gestión del tiempo, mejora de habilidades sociales, etc. Para los nuevos profesionales existen durante la formación curricular programas de afrontamiento y manejo del estrés laboral y sobre todo han demostrado  ser  muy  eficientes  los  programas  de  tutoría  y  orientación  profesional. Cursos específicos de formación continua  que incluyan el tema con el objetivo de aumentar la competencia y el manejo durante la tarea diagnóstica y terapéutica. Durante el ejercicio de la profesión se debe evitar el aislamiento, riesgo evidente ya que la medicina  es  una  profesión  liberal  de  trabajo  independiente  a  la  vez  que  generar creencias y actitudes positivas frente al trabajo cotidiano sin la necesidad patológica de reconocimiento  o  apoyo.  El  sano  y  solidario  apego  al  paciente,  la  concepción  de psicoterapia de R. Laing como el denodado esfuerzo de dos individuos por recuperar la dignidad de uno de ellos, el reconocimiento de que tanto tenemos deberes con nuestros pacientes como derecho a bregar por nuestro propio bienestar son bases sólidas de una estrategia de prevención. La Asociación de Psicología Americana trata el problema de B desde 1983, lo consideró  entonces como  distress en los profesionales del área de la salud mental. Las primeras investigaciones mostraron alcoholismo, adicción a drogas, desórdenes  mentales  y  problemas  personales.    Organizó  un  proyecto  de  ayuda terapéutica y de recomendaciones para los terapeutas y sus familias. , estas fueron publicadas en el libro “Professionals in Distress”

 

A nivel sociolaboral el soporte social es aquel que satisface la necesidad humana básica de  pertenencia  y  comunicación  además   de  proporcionar  información  técnica  y supervisión. Una buena calidad de relaciones interpersonales en el trabajo modera el nivel  de  B  y  media  en  la  satisfacción  laboral  aumentando  la  calidad  de  vida  del trabajador. Se debe fomentar el trabajo en equipo interdisciplinario (que hace al técnico, entre otras cosas, más flexible ante el error ajeno y las críticas a los propios), la psiquiatría de interconsulta y enlace puede contribuir a la calidad de vida laboral del médico y del resto del personal sanitario al potenciar los recursos disponibles para hacer frente  a  las  demandas  psicológicas  que  se  experimentan  en  el  desempeño  del  rol  profesional.(Mingote). Un fenómeno interesante que se ha dado en los últimos años es el del desprestigio social de la clase médica con idealización de la tecnología.

 

A nivel organizacional definición clara y explícita de objetivos sanitarios e indicadores para su evaluación, establecimiento de incentivos económicos y profesionales, aumento de la participación de los profesionales. Debemos aquí recordar que  el estrés laboral en el  área  asistencial  puede  llegar  a  comprometer  la  eficacia  de  las  organizaciones sanitarias  por  lo  que  estas  deben  protagonizar  la  intervención  psicosocial  en  la formación y el  control del estrés laboral.  Mejorar  la  comunicación  en  el  sistema sanitario a todos los  niveles, mantener una continuidad en la línea de gestión, respaldar a los técnicos por  parte de los superiores son factores descritos en la bibliografía como preventivos del Burn Out. También se citan la mejora del modelo de relación jurídico laboral de los médicos con los empleadores. En la actualidad existen, en otros medios, los recursos científicos y técnicos para mejorar la calidad asistencial en beneficio del usuario, así como la calidad de vida laboral del personal sanitario lo que repercute en la satisfacción de ambos y en la eficiencia del sistema sanitario.

 

Más allá de que la realidad socioeconómica repercuta sobre sus prácticas, incluida la psicoterapia, presionando sobre ellas de manera negativa el médico no debe ser un espectador  pasivo y   cansado   del   juego   sanitario, debe proteger su profesión, recuperar su vocación y sus ideales sin perder su salud.

* Director del  Post-Grado de Drogodependencias de la UCUDAL. Pp 57-77 del libro  Drogas, ética y trasgresión, Montevideo, Psicolibros, 2001

Páginas Vinculantes: 1, 2, 3

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