Entre los precios y la
inflación… la santa estadística
por Félix Duarte

Don Atahualpa Yupanqui, pensando en esta sociedad, decía en su canto que…”Unos trabajan de trueno y es pa’ otros la yovida…” Un querido amigo insiste en sentenciar que…”El topo de la Historia no cesa en su trabajo, pero se toma su tiempo…”  Don Ata citaba una realidad que así permanece hoy, como si tal cosa.

El amigo piensa en un tiempo que vendrá, que es ineludible que venga pero está lejos todavía. Y como escribimos esto cerca de otro 23 de setiembre, que diferente sería que la realidad de hoy en el país, fuera lo que aquel gran visionario soñaba para su patria, cuando dijo…”que los más infelices sean los más privilegiados…”

 

Somos parte de una sociedad que sufre hondas fracturas. Las causas se hermanas a otras muy parecidas, que hacen a un mundo injusto al que le falta mucho para estar a la medida del ser humano. A veces los gobiernos creen que la vida late en las estadísticas y no es así. La vida –el misterio más grande sin descifrar– va por otros rumbos. Las máquinas –parte de una tecnología que cada vez  nos asombran más– no se equivocan. Nunca. Son infalibles en base a lo que reciben. Al otro lado del charco, hoy se acusa de falsear niveles de inflación, porque se van andando las finales de una elección. ¿Puede pasar solo en la Argentina?.

 

El tema de los precios hace un tiempo que anda por los medios, por comentarios de economistas, etc. Y en la gente de a pié. En esa gente que hace equilibrios y a veces trabajando de magos o milagreros, para llegar al fin de cada mes. Lo sabe en carne propia quien frecuente los negocios del ramo. O provee de recursos a la economía hogareña. Esa parte de la población sabe (a la otra parte no le hace mella o bien lucra con la situación) que antes del primero de julio, poco a poco, con un pesito hoy y otro mañana y otro después, se produjo una suba generalizada en el precio de todos los productos de consumo diario. Y en aranceles de profesionales.

 

La gente lo sufrió. Todos hablaban de eso. Nadie que podía hacer algo lo hizo. Es así que la leche –artículo popular si lo hay– que costaba $10,50 hoy bordea los $15.   Y “como digo una cosa digo la otra…” algún ministro habló de medidas, pero al parecer la tal medida pagó tributo al mayor Poder del Uruguay –dijera el “Ñato” Don Huidobro– que es la Santa Inquisición de la Burocracia. Y la Reforma Tributaria llegó puntual en el día señalado. Pasó algo más de un mes y del llano se hacían oír fuertes voces justicieras: “¡Que espantoso!” “¡Como suben los precios!” “¡No se puede vivir¡” “La culpa es de la Reforma…démosle con el hacha al Ministro…!”

 

Los dos contendores se prepararon y en el Palacio de Mármol de Carrara, se encontraron frente a frente. El Ministro con el aplomo matrizado por años de cátedra. El desafiante con su moderno notebook que lo guiaba, sabía que no pasaría nada. Porque era un ensayo que importaba, porque…¡Si habrá de repetir el show en la campaña electoral Porque el tema va a ser estrella en esa contienda y él retador, un candidato al premio revancha. El Ministro también lo sabe. Por eso, cada uno y en sus adentros –dijera Don Verídico– maniobra y mueve las cartas. Y doce horas después termina todo. Para unos...”Fue paseo…” Para otros…”No explicó nada.”

 

El Ministro, rodeado de micrófonos que esperaban el final, explico que nada tenía que ver la Reforma con algunos aumentos, pero que él iba a tomar medidas para contener esas subas. Se cuidó de no pronunciar “inflación”. Y salió eso de baja en tarifas de Ute, Antel, combustibles… charamusca de un fueguito que se apagó en la siguiente madrugada. Cuarenta pesos de menos en la luz. Otros cuarenta en el teléfono, no hacen sombra en lo que se paga de más, cada día, para “parar la olla”.

Quienes más sufren la situación, esos no tienen coche. La bicicleta no usa nafta. Antel y Ute equivalen a suba de 18 litros de leche. Una semana a dos litros por día.

A fines de agosto, la inflación oficial indicaba 8,12 %. La mayoría de los gremios empiezan medidas, porque dicen que eso consumió los aumentos logrados en los Consejos de Salario. Se anunció batiendo parche que…”las verduras bajaron hasta un 90 %” En el propio Mercado, se desmintió eso mostrando pizarras con los precios diciendo que…”hubieron pocas bajas, no de esa magnitud, pero ese mismo día subieron todas las frutas”. Un Ministro, ante una pregunta de por que estaba tan cara la papa, no puede responder “y bueno, yo que se…que coman arroz…” La tortuga en el pozo mira donde caerá el balde. El gobierno no esta para hacer eso. ¿O sí?

 

Un diputado del grupo mayoritario del FA, ante una consulta sobre los pecios dice: “deben reunirse los vecinos, hacer una pancarta que diga ‘No compre aquí que remarcan precios’ y se ubican delante del supermercado…” ¿Doña María va a dejar de cocinar para el marido y los gurises para ir con las otras vecinas y la pancarta? Otro diputado, este del cuadro de Don Tabaré, propuso crear Comités barriales y hasta el PIT CNT (fue titular de portada de un matutino) declaró que con el Instituto Cuesta Duarte iban a “declarar la guerra a las subas” controlando los comercios de la capital. Ministros, diputados, compañeros... dejemos los sainetes para el teatro.

 

Habría muchos ejemplos, pero no más. El drama se instala ante estas situaciones porque la gente de a pié, que tiene algún trabajo, cobra salarios deprimidos, con un poder adquisitivo por el suelo. Es muy vulnerable ese sector que, sin embargo le sirve al Gobierno para jactarse de las ventajas de la Reforma, porque no pagan. IRPF. ¿Con que van a pagar? Y lo mismo los jubilados. Y es vulnerable la sociedad entera, pues en tres millones y poco, un millón está condenado en vida, en esas “categorías” que para determinarlas están las estadísticas, que a los desplazados los acomoda cada cual en su lugar. Los “pobres”, los “marginados”, los “indigentes”.

 

Desde muchos sectores de la fuerza política que gobierna, empiezan a surgir voces que alertan en la necesidad de atender las realidades sociales. El último fue el planteo de los compañeros de la calle Soriano, en ese sentido. Antes fue de otro sector planteando al Gobierno que se debe aumentar el salario mínimo. Los salarios que se cobran y los que se ofrecen, no permiten sostener una familia. Conocemos el caso de un hogar. Ella es maestra, trabaja en escuela pública y en una privada, El en dos trabajos. Tienen tres hijos. (Liceo, Facultad y Guardería). Entre los cuatro ingresos, hacen $23 mil. ¿Somos parte de una sociedad fracturada o no somos?

 

Por todos los medios, todos los días, oímos a los jerarcas del Gobierno hablar de lo que bien que le va al país en su macro economía. Como elogian al Uruguay los  organismos internacionales. Cuanto y que bien se está vendiendo la carne. No importa que haya un sector de la población que come la mejor carne, pero la mayoría ya casi no tiene acceso a la carne en su propio país. Cuando se empezó a exportar miel, hace como un año, esa misma parte del país se olvido de la miel.

 

Ahora tal vez empiece eso con los lácteos. ¿Esta bien que pasen estas cosas? El gobierno debe celebrar los indicadores en la “macro”. Pero ¿Y la gente de aquí?

Lo último por hoy. Hay otro punto nada despreciable. Es cierto, es poco el tiempo para haber podido solucionar bastantes de estas cosas. Pero este Gobierno es responsable de lo que recibió. De algo que se fue edificando piedra tras piedra en mas de treinta años. Y le fue entregado a este Gobierno y “Que no se olvide el cantor…” como dijera Guaraní… es la esperanza de la gente…en algunos carritos de hurgadores se ven aun banderitas rojas con letras negras. Ese hurgador tal vez sueñe con otra cosa para sus gurises, sucios hoy de mugre y basura. Esa es la esperanza que este Gobierno no puede malograr. Ni rifar. Quedan dos años y medio para reacomodar algunas cosas. Grave será si se prefiere empezar con lo electoral.

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